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Portada de la novela Mi Alumna Favorita

Mi Alumna Favorita

La vida de Mía gira exclusivamente en torno a los museos y los lienzos, entregada por completo a su vocación por las artes plásticas. Sin embargo, su mundo da un giro radical tras conocer a Rhian. Bajo la guía de este profesor, la joven descubrirá el erotismo, una faceta que ignoraba. Durante todo un curso escolar, ambos se sumergirán en un viaje de deseo y placer, explorando la belleza del cuerpo humano en una vivencia que cambiará su realidad.
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Capítulo 2

Rhian y Mia se quedaron mirándose mutuamente mientras el resto de la clase continuaba con sus dibujos en silencio… El profesor observó los ojos celestes de la muchacha y ella sus ojos verdes claros. Le dedicó una media sonrisa y se acercó a ella.

—¿Nueva en clase? —le preguntó mientras Mia quedaba hipnotizada por la mirada del profesor—. No recuerdo haberla tenido entre mis estudiantes el año pasado.

—No… No, profesor. Soy nueva —susurró mientras bajaba la mirada—. Es mi primera vez en su clase.

—Entiendo. Las primeras veces suelen ser algo… traumáticas, si se está con alguien poco habilidoso —susurró Rhian—. Pero también pueden ser muy placenteras.

Mia no sabía si estaba hablando de su clase o de otra cosa. Abrumada por la penetrante mirada del profesor, decidió dirigir sus ojos hacia el lienzo en blanco y empezar a retratar la impactante figura de Trini, lo más fielmente posible.

Rhian dejó en paz a Mia mientas seguía caminando y dando consejos a sus estudiantes. Mia observó cómo el profesor se acercaba tanto a hombres como a mujeres y les daba sugerencias sobre cómo tenían que proceder. Muy pronto le tocó a ella ser aconsejada.

Rhian se puso a sus espaldas y observó los trazos de la estudiante.

—Hmmm… —musitó mientras su ojo crítico y entrenado para el arte observaba con detalle los trazos temblorosos e irregulares de la muchacha—. ¿Acaso está nerviosa?

Mia no supo qué responder, así que se guardó al silencio.

—Después de clase me gustaría hablar con usted, si es posible —le pidió el profesor.

Se alejó de ella y Mia suspiró, bastante afligida por la situación.

Los treinta minutos restantes fueron una tortura para ella. Pero, al final de la clase, guardó sus cosas y se acercó al profesor.

Rhian estaba ocupado con otros estudiantes que, claramente, estaban de acuerdo, o en desacuerdo, con los métodos de enseñanza del profesor. Mia esperó a que se desocupe, y cuando sus compañeros se retiraron, se acercó con timidez.

—¿Quería verme, profesor Insfrod? —le preguntó. Rhian la miró con una media sonrisa.

—Sí, claro que sí. Tome asiento, por favor —le pidió, acercando una silla para que la joven se siente.

Mia se sentó y puso sus manos entre sus rodillas, cerrando fuertemente sus piernas.

—Señorita… —empezó el profesor.

—Lacourte —completó Mia con las mejillas totalmente sonrojadas—. Mia Lacourte, profesor.

—Señorita Lacourte. Perdón si le hago una pregunta indiscreta, pero... ¿es usted virgen? —preguntó el profesor sin miramientos.

Mia quedó petrificada ante la inesperada pregunta del profesor. Sus ojos se abrieron desmesuradamente y sus mejillas ardieron aún más intensamente. El ambiente se volvió tenso, y el silencio se hizo opresivo en la habitación. Las palabras del profesor resonaron en su mente, y su corazón empezó a latir desbocado.

No podía creer lo que acababa de escuchar. La pregunta del profesor Insfrod era inapropiada, invasiva y completamente fuera de lugar. Mia se sintió vulnerable y avergonzada, como si hubiera sido expuesta frente a una multitud, pese a estar solos.

Tratando de recomponerse, Mia levantó la mirada y se encontró con los ojos verdes claros del profesor. Su mirada continuaba siendo hipnótica para ella, contrastando con el tono canela de su piel.

—Profesor Insfrod, lamento mucho si hay alguna confusión, pero considero que esa pregunta es completamente inapropiada…

—No es por un asunto personal por el cuál le hago esta pregunta —le aclaró Rhian—. Sino porque me percaté, por la consistencia de sus trazos, que estaba nerviosa luego de que estimulé a Trini. Señorita Lacourte, espero que entienda que en mi clase pretendo que traspasen los límites de lo “moralmente apropiado”. El arte es subjetivo, una demostración de anarquía y de subversión. Si usted es virgen, o no, no me interesa en lo personal, pero sí me interesa que usted pueda liberarse de sus propios tabúes y deje fluir su arte. Un cuerpo desnudo y estimulado no es lo peor que va a ver en mi clase, se lo aseguro. Esto sólo ha sido una muestra gratis de lo que les espera durante todo el año.

Mia se pudo aún más roja.

—Si puedo darle un consejo… —continuó Rhian, poniéndose de pie y juntando sus artículos personales—. Cuando vaya a su habitación, desnúdese completamente y trate de explorar su femineidad.

Mia lo miró sin entender a qué se refería.

—¿Está diciendo que…?

—Mastúrbese —dijo tajante—. El sexo es totalmente sano y natural. ¿Cómo se piensa que fue concebida? ¿Por un milagro de Dios? Ya sea que, haya sido de manera natural o gracias a la ciencia, hubo un hombre en el medio, que tuvo que masturbarse, o unirse carnalmente a otra mujer, para permitir que usted esté aquí. Tocarse es parte del autoconocimiento.

—Aprecio sus palabras, profesor Insfrod. Sin embargo, considero que es importante mantener un ambiente respetuoso y profesional en el aula...

—Si esas son sus intenciones, entonces la carrera no es para usted —dijo tajante el profesor—. Y no voy a obligar a un estudiante a hacer algo que no desea, pero tampoco voy a permitir que se me diga cómo dictar mi clase. Piénselo con detenimiento.

Se retiró del aula mientras Mia seguía allí sentada, masticando las palabras del profesor.

¿Qué iba a hacer? Tomó sus cosas y se retiró a la siguiente clase.

Cuando la jornada terminó, y cada estudiante regresó a sus hogares o habitaciones, Mia caminó lentamente hacia la habitación que compartía con su compañera de cuarto desde hacía tres años. Cuando entró no encontró a Cherry, pero sí encontró la mitad de la habitación totalmente desordenada, como de costumbre. Las pertenencias góticas, en color negro y violeta, convivían armoniosamente con los colores pasteles, las flores y la ornamentación “cute” y femenina de la parte que le correspondía a Mia.

Dejó su carpeta de dibujo en su escritorio y se sentó en el borde de la cama, recordando las palabras que el profesor le había dicho.

Claramente tenía la opción de abandonar la carrera, o de pedir un cambio de comisión… Buscar otro profesor que se adapte a lo que ella consideraba que tenía que ser un artista serio y profesional… Pero había algo en él que la animaba a tomar el desafío y a continuar en la clase.

Decidió hacer lo que el profesor le había sugerido. Puso seguro a la puerta para evitar que, cuando Cherry ingrese, la vea en una situación embarazosa.

Se quitó la ropa, quedando sólo vestida con sus bragas y su sostén, apartó las sábanas y las mantas de su cama y se metió en ella. Al menos así evitaba que Dios viera que estaba cometiendo un pecado. Se quedó un par de segundos quieta, sin saber por donde comenzar, pues jamás, en sus vientres años, había hecho algo así.

Con delicadeza y suavidad empezó a explorar su cuerpo, empezando por sus muñecas y sus antebrazos. La suave caricia de sus dedos en contacto con la piel tersa y blanca le gustaba… Era como descarga eléctrica, pero tan dulce y plácida que la relajaba y la llevaba a continuar con esas atenciones.

Continuó con su cuello… Sus dedos subían y bajaban, erotizando todos y cada uno de sus poros, haciendo que en ellos se desate una reacción química que pocas veces lo había sentido. Sólo en dos ocasiones: en su primer beso y cuando su exnovio le besó el cuello. Pero ella, temerosa de continuar, le puso el freno inmediatamente. Allí, como no había otra persona más que ella misma, se permitió dejarse llevar por la sensación que estaba viviendo.

Sus manos bajaron hacia sus senos, todavía sujetos y presos del sostén. Presionó su busto con suavidad, permitiéndose experimentar la fuerza de sus propios dedos contra ellos. Un gemido se escapó de sus labios en compás con la respiración agitada, que hacía que su pecho suba y baje. ¿Qué era esta sensación? No lo sabía, pero le gustaba… Le gustaba mucho.

Ahora sus dedos continuaron camino hasta su ombligo, y de allí a su entrepierna.

Sus dedos, torpemente por la nula experiencia que poseían en el auto placer, intentaron buscar el botón que Rhian les había enseñado. Pero no podía encontrarlo… Era como encontrar una aguja en un pajar… Pero en su búsqueda, encontró otra cosa: un par de gruesos labios, que al tacto reaccionaron de manera inmediata por las atenciones que estaba brindándose.

Poco a poco empezó a soltarse, y a soltar un néctar que pocas veces lo había visto… Ese mismo néctar que Trini les había enseñado, y que ahora ella estaba produciendo…

Uno de sus dedos acarició el interior de ser, untando hacia arriba un poco de esa dulce miel, y allí encontró su propio botón.

La sensación al hallarlo fue sencillamente única. Lentamente, empezó a acariciar ese punto sensible, sintiendo cómo su cuerpo reaccionaba con cada roce. Las sensaciones eran nuevas y abrumadoras, pero Mia se dejó llevar por el placer que estaba experimentando. Sus movimientos se hicieron más intensos y precisos, mientras su excitación iba en aumento. Mia cerró los ojos y se concentró en las sensaciones que recorrían su cuerpo.

Cada caricia en su clítoris provocaba oleadas de placer que se extendían por todo su ser. Su respiración se volvió agitada y sus gemidos escapaban de sus labios sin control. Mia se sentía liberada, entregada al autodescubrimiento y al disfrute de su propia sexualidad.

Conforme se acercaba al clímax, Mia intensificó la estimulación, aumentando la velocidad y la presión de sus movimientos. Sus caderas se movían en armonía con sus caricias, buscando maximizar el placer que recorría su cuerpo.

Y finalmente, en un instante de éxtasis, Mia alcanzó el orgasmo. Su cuerpo se estremeció con intensidad, mientras oleadas de placer la envolvían por completo. Un gemido de satisfacción escapó de sus labios, y su cuerpo se relajó en un estado de plenitud y satisfacción. Ahora entendía por qué le decían al orgasmo “alcanzar las estrellas con las manos”.

Después de unos momentos, Mia recuperó la calma y respiró profundamente, disfrutando de la sensación de bienestar que la invadía. Se sentía viva, por primera vez en su vida. No podía creer que había dejado pasar tantos años para descubrirse por primera vez. Se sentía más conectada con su propia sexualidad y más segura de explorar su cuerpo y sus deseos.

Con una sonrisa en su rostro, y una sensación extraña en el cuerpo, Mia se vistió nuevamente.

—Ahora voy a tener que agradecerle al profesor Insfrod —rio suavemente.

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