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Portada de la novela Me Perteneces.

Me Perteneces.

Dentro de la cúpula del poder ruso, las hermanas Petrov exhiben naturalezas opuestas: Annia domina los negocios con mano de hierro y Arika revoluciona la moda con su valentía. Pese a su invencibilidad, el destino les depara un giro inesperado. Ismael Popova, el implacable jefe de la Mafia Roja, experimenta un cambio radical al cruzarse con Annia. Entre conspiraciones y ambición, se desata una red de deseos prohibidos donde el honor y la traición colisionan.
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Capítulo 2

*

—Buenos días, señorita Petrov —al salir de mi oficina rápidamente se da cuenta de mi presencia en la empresa—. El señor Popove la espera en su oficina, le pido disculpa, intenté llamarle, pero siempre me salía el contestador—su voz tembló, bajo la mirada y con nerviosismos empezó a arreglar su falda corta.

Enarqué una ceja y mi visión fue directo a su camisa desabrochada, mostrando su voluptuoso escote. 

—¿De qué tamaño la tiene? Espero que haya valido la pena porque en este momento estás despedida 

—No, espere… No es lo que está pensando, esto es, ash, la camisa está algo floja y los botones, por favor, necesito el trabajo, le juro que no me he acostado con él —y el drama no demora, la chica se suelta a llorar.

Mi secretaría es la típica chica facilona, esa que le urge el sexo flash. En este momento tengo dos opciones; discuto con ella o entro de una vez a mi oficina.

Maldita sea, no puedo reclamarle nada a él; mi padre quiere que lo convenza. 

—No es tan importe, ella es como una de tantas —escucho la voz ronca del hombre posándose detrás de mi secretaria—. ¿Pasarás?

Mis ojos no dejan de verlo; es un hombre alto, de hombros anchos, vestido con unos jeans oscuros y una camisa blanca abotonada con mangas arremangadas hasta los codos.

—Sí, entremos —le digo, poniendo una sonrisa fingida mientras me dirijo hacia mi oficina.

Respiro profundo, no puedo dejar que mis impulsos arruinen este negocio.

Entrando a mi oficina lo primero que hago es detenerme al lado de mi escritorio, ¡todo está de cabezas! Tuvieron sexo salvaje y me deprime eso porque lo que siento es envidia.

—Fue un desliz, espero que eso no arruine nuestro negocio.

—Empecemos por… Soy Annia Petrov —extiendo mi mano hacia él, sin planearlo, mi respiración se detiene por unos segundos, secuestrada en mis pulmones, sus ojos color avellana se encuentran con los míos.

No quiero verlo con otros ojos, pero no voy a negar que es apuesto y que mi frecuencia cardíaca está en las nubes. ¡Maldición! Trago grueso. Tiene altos y anchos pómulos, una nariz perfecta, su mandíbula es suficiente afilada.

—Ismael Popova —cerrando la distancia entre nosotros con pasos largos y suaves, extiende su mano hacia mí.

Mi vagina está sedienta por algo nuevo, quiere con desespero ese enorme paquete que se carga, a la vez me quejo porque es injusto que él se lo dé con mucha facilidad.

—Podemos ponernos cómodos —estupefacta, le estrecho la mano. 

Es grande y fuerte, su piel ligeramente bronceada se calienta mientras sus largos dedos se envuelven alrededor de los míos y aprietan con un poder cuidadosamente contenido. 

Un escalofrío recorre mi espina dorsal ante la sensación, mi cuerpo se calienta por todas partes, y se necesita todo lo que tengo para no balancearme hacia él mientras mis rodillas se vuelven gelatinosas debajo de mí.

¡Noooo…! No te puedes caer, tienes que tener el puto control.

Con un esfuerzo hercúleo, aparto la mano y alcanzo lo que queda de mi compostura. 

Entiendo lo que me está pasando, por qué estoy teniendo esta reacción con este hombre. Nunca he sido de las que pierden la cabeza por una mandíbula cincelada y unos abdominales como una tabla de lavar. Para mí, la química sexual siempre ha sido algo que se desarrolla con el tiempo en lugar de estar ahí desde el principio.

Por otra parte, nunca he conocido a un hombre que exuda un magnetismo animal tan crudo.

No sabía que existían hombres así.

¡Maldita sea, contrólate!

¿Qué diablos estoy haciendo? Necesito que él sea socio de mi padre y no mi amante. Esto no lo puedo arruinar.

—Pido disculpas —masculla con voz ronca, provocando que mi piel se erice, reaccionando a sus encantos—. Hay reglas que cumplir—susurra mientras pasea su boca por mi oreja—, no te ilusiones conmigo, y es mejor que iniciemos con la reunión, ¿dónde está tu padre?

Me quedo boquiabierta, pasmada, alucinada. El maldito tiene toda la razón, me siento insatisfecha. Sin dejar de provocarme, saca su lengua húmeda, la pasa por el lóbulo de mi oreja y, finalmente, me da un leve dulce mordisco…

No me muevo. ¡No puedo respirar! Al ver que mi respiración se agita, vuelve a sacar la lengua. Siento como su mano me aprieta el trasero y deseo darle una patada en los huevos.

Deseo gritar…

Sin decir, ni una sola palabra lo empujo hasta apartarlo de mi cuerpo. 

—No te creas el importante, mi estimado, mi padre no vendrá, yo soy la encargada de que tú trabajes con nosotros.

—Eres directa, y por eso me retiro, si quieres que la reunión que acordé con tu padre inicie, espera mi llamada —y en par de segundos me manda al diablo.

—¿Por ser directa te retiras? Noooo, eso es una locura e inmadurez de tu parte —reaccionó rápidamente, sin medir mi desesperación, tomo su mano—, no te puedes ir así, me debes una, sí, no es gratis, el a costón que te diste con mi secretaria—protesto.

—Tu padre hizo mal, ¿crees que soy cualquier persona? —trago grueso, su mirada seria me intimida.

—Soy su mano derecha, puedo cerrar el negocio —levanto pecho, mostrando mi armadura.

—Te equivocas primor, no te has dado cuenta, tu propio padre te ofrece como mercancía, ¿no sabes de qué se trata este negocio?

No, no puedo caer en sus palabras, miles de hombres han intentado manipularme, nadie podrá ponerme en contra de mi propio padre. Soy lo que soy por él y eso nadie me lo quitará.

—Todo tiene su precio y su propósito, suficiente, deja de comportarte en el salvador y mejor sé el socio que nosotros queremos tener.

Ya, debo de sonar como la chica que soy y no como la más necesitada. Él es igual que todo, su perfil de macho no cambia mi perspectiva de cada miembro del negocio.

—Mañana, te enviaré un mensaje, no intentes buscarme porque no soy fácil de encontrar, ah, antes que me vaya quiero darte un consejo; enfócate en el negocio, deja los sentimientos a un lado y no permitas que tu padre te ofrezca como una mercancía, me parece que no eres igual que tu secretaría, ella no tiene ni un valor, en cambio, tú, sí, tú tienes mucho que ofrecer y eso te lo demostraré.

—¡Esto debe ser una broma!

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