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Portada de la novela Me Enamoré de Ti

Me Enamoré de Ti

La estabilidad de Jenna Miller se tambalea cuando Ashton, el hermano de su mejor amigo, regresa tras años de ausencia. Aunque ella juraba haber superado el amor platónico que marcó su pasado, su reaparición desata un torbellino de emociones ingobernables. Forzados a convivir, la tensión entre ambos crece en medio de situaciones caóticas y sorpresas que cambiarán sus vidas. Es una historia de enredos donde el corazón se pierde en un laberinto de drama.
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Capítulo 3

Se dió la vuelta y comenzó a escribir en la pizarra. Sentí como un papelito arrugado cayó sobre  mi cuaderno.

Recorrí la mirada en busca del gracioso que me lo había lanzado. Observé que todos estaban concentrados anotando los apuntes de la pizarra. Pero sin saber porqué mi mirada se detuvo en Alex, que sonreía hacia mí de manera seductora.

Me hizo señas con los labios para que leyera lo que decía el papel. Como sabía que insistiría si no lo hacía, leí el bendito papelito.

Podemos hablar.

Era todo lo que decía, por lo que lo miré frunciendo el entrecejo.

¿Será que se disculparía por lo que me había dicho en la cafetería?

Pregunté internamente.

Imposible esperar eso de su parte. Pensé  y rodé los ojos.

Decidí ignorar el hecho de que Alex no apartó su mirada de mí, en todo lo que quedó del resto de la clase, cosa que hizo que no me dejó concentrar.

***

Caminé hacia la salida con los brazos enganchados a los de Matt y el de Claire, escuchaba como el castaño le iba contando a mí amiga lo que el idiota de Donovan me había dicho en la cafetería.

—A Alex le gusta Jen... —canturreó Claire haciendo que  rodara los ojos por milésima vez.

—Es estúpido que digan eso solo porque...

—¡Jenna! —la voz de Alex me detuvo.

Y hablando del rey de Roma. Pensé.

Giré lentamente y lo vi trotar hasta donde estaba. Traía todavía puesto el uniforme del equipo, lo que me hizo imaginar que aún no había terminado de practicar.

Se detuvo frente a mí, su respiración estaba agitada como si corrió todo un maratón.

Inflé las mejillas, preguntándome mentalmente que sería lo que que quería hablar conmigo.

—Iré al grano —dijo leyendo mis pensamientos. —Necesito tutorías para poder graduarme y pensaba que tú podrías ayudarme.

—Pues lo lamento, pero no pienso ayudarte —dije dándole la espalda y seguí caminando.

Su mano me tomó del brazo y me hizo voltear de nuevo.

—Por favor, te doy lo que tú quieras. —Insistió mirándome con ¿Súplica?

Eso si que me sorprendió.

—A ver, ¿Qué me darás a cambio?

—Dinero, un beso, una cita o lo que tú pidas. —Púse los ojos en blanco al escucharlo.

—Ahórrate lo último. Te espero mañana en la biblioteca y espero lleves el dinero —mascullé con los brazos cruzados en mi pecho.

—Así será, pequeña Minions —asintió y se fue antes de que pudiera responderle.

Él sabía que odiaba que me llamara así. Ojalá y no creyera  que porque acepté ayudarlo, eso nos convertía en amigos.

¡Jamás!

Claire movió su cejas de arriba abajo y una enorme sonrisa se dibujó en sus labios.

Mi semblante serio le hizo ver que no es lo que ella piensa.

—No lo sé Matt, pero aquí sucede algo muy extraño. ¿Desde cuándo Jen ayuda a su enamorado? —murmuró alto cuando pasé por su lado.

Bufé.

—Ugh, es estúpido.

—Tal vez... —agarró la correa de su mochila. —Todavía siente algo por Jen —comentó Matt.

Solté una risita burlona al oír semejante cosa.

—Déjense de idioteces sin sentidos —gruñí arrugando el entrecejo.

Mis amigos pensaban que Alex aún sentía cosas por mí. Lo que me parecería completamente ridículo, pues sus sentimientos hacia mí quedaron atrás, desde hace mucho tiempo.

Todavía no superaban de que había rechazado a Donovan, delante de todos.

¡Por Dios! ¡Solo tenía doce años, cuando eso pasó!

Era un mocoso caprichoso e insolente y además trató de besarme varias veces. Por supuesto que lo rechazaría.

Seguí caminando dejándolos atrás,  llegué al auto de Matt y subimos a el para salir del estacionamiento.

La casa de Matt quedaba a pocos minutos de la preparatoria. Por lo que llegamos rápidos a la enorme mansión.

Ingresamos al interior, nos dirigimos a la cocina por unos dulces. La señora Alene, madre de Matt, nos recibió con un caluroso abrazo.

—¿Se quedarán hoy? —nos preguntó

—No, Claire no podrá. Pero yo sí me quedaré para terminar el ensayo. —Expliqué.

Asentí y nos dijo que en el horno había galletas de chocolate recién horneadas.

¡Sí! Mis favoritas.

Fui la primera en correr a buscarlas, cuando Alene salió de la cocina.

Claire se quejó diciendo que Matt y yo nos tragamos todo lo que encontramos comestible.

Subimos a la habitación, no podíamos perder más tiempo del que necesitamos para terminar la obra.

—Bueno, ¡Manos a la obra! —gritó Claire.

—¿Tienes alguna idea? —negué hacia Matt.

—Umm... Yo pienso que hacerla de Cenicienta sería mucho más fácil.

Miramos a Claire como si tuviera cuatro cabezas. Solté una estruendosa carcajada sin poder creer lo que había dicho.

—¿Qué? —frunció sus pobladas cejas.

—No —negó Matt. —Es muy repetida y además necesitamos más personas para que representen a todos los personajes.

—Es cierto —opiné metiendo una galleta a mi boca.

Claire bufó sentándose al borde del colchón.

—¡Ya sé! —me sobresalté al oír a Matt.

—A ver...

Animó Claire con total interés. Me acerqué a dónde estaba y me tumbé de espaldas a la cama.

—Romeo y Julieta, como la hicimos en la escuela —comentó Matt.

—¡Sí! —Claire chilló de acuerdo.

Voltearon a verme esperando mi reacción.

—Me parece bien, pero nos hace falta dos personas que hagan el papel de los otros dos personajes.

—De eso yo me encargo. —Dice Matt —escriban el guión para ir adelantando.

—¿Y qué harás tú? —preguntó Claire.

—Llamaré a Brock —salió de la habitación con el móvil en la oreja.

Bajé de la cama agarrando la mochila que reposaba en la cómoda. Saqué el cuaderno y un lápiz.

—Yo seré Julieta —comenté escribiendo cada nombre de los personajes.

—Tocará disfrazarme de hombre —murmuró Claire sin importarle en lo más mínimo.

Corrimos por los pasillos como dos lunáticos. Habíamos llegado diez minutos tarde a la primera clase de la profesora Willow.

Todo fue culpa de la alarma de Matt que no le dio la gana de sonar a la hora fijada.

Me detuve a mitad del pasillo de la preparatoria con el corazón acelerado y la respiración errática. Correr nunca había sido mi fuerte y ha este punto ya no podía continuar, me sentía exhausta.

Matt sujetó mi mano y tironeó de mí para que siguiera corriendo hacia el aula, que estaba a pocos metros. Al llegar a la puerta, la profesora Willow nos miró con molestia por haber interrumpido su clase.

Ingresamos al aula con la mirada de todos puestas sobre nosotros.

Me senté en mi lugar y me dediqué a prestar atención a lo que quedaba de la clase de historia. Las horas pasaron lentamente, haciendo que pareciera una eternidad para mí.

El timbre sonó, me apresuré a guardar mis cosas y me levanté de mi lugar para salir del aula.

Esperé a que mis compañeros se retiraran y así no ser aplastada por los enormes jugadores del equipo de fútbol.

Me encaminé con Matt hacia la cafetería, donde una sonriente Claire nos hizo señas con las manos para ir a donde estaba ella. Llegamos a la mesa y nos sentamos.

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