Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela Me dejó ir y un multimillonario me tomó de la mano

Me dejó ir y un multimillonario me tomó de la mano

Tras ser abandonada en un accidente por su prometido para priorizar a otra mujer, Katherine decide cortar sus lazos afectivos y económicos. Sus hermanos, seguros de su fracaso, enfrentan la ruina al perder el talento que ella les brindaba. Mientras su antigua familia se desmorona, Katherine resurge con fuerza. Respaldada por un influyente multimillonario, la joven observa con desdén a quienes la traicionaron, negándoles cualquier posibilidad de redención.
Capítulos
Compartir

Capítulo 3

"Katherine, ¿a qué esperas? No pongas a prueba mi paciencia", soltó Preston, con la voz más aguda por la irritación.

Katherine se recostó en silencio en el asiento de cuero y miró detrás de él, hacia Emily.

Emily se aferró a la camisa de Preston, ocultándose aún más tras su figura.

La madre de Katherine había acogido a los tres chicos, incluido Preston, y los había criado con todas las ventajas posibles, les había dado las mejores escuelas, acciones en la empresa y un futuro con el que la mayoría de la gente solo podía soñar. Todo eso había sido por una sola razón: los tres debían estar al lado de Katherine y protegerla.

Pero ahora, todo ese cuidado y privilegio se había volcado sobre Emily, quien no era más que la hija del ama de llaves.

Ella vivía la vida que le correspondía a Katherine, pues la recogían en un auto de lujo a donde fuera, e incluso la propia Katherine tenía que cederle su asiento.

Katherine volvió la mirada lentamente hacia Preston. "Es obvio que estoy esperando algo", respondió con serenidad.

Preston levantó una mano para proteger a Emily del sol, con la impaciencia reflejada en el rostro. "Katherine, dejarte subir al auto ya es bastante generoso de mi parte. ¿De qué más te quejas?".

Sin decir nada más, Katherine extendió la mano y pulsó el interruptor de la ventanilla.

La ventanilla del auto subió y atrapó con fuerza el brazo de Preston contra el marco de la puerta.

Preston soltó un grito agudo y apartó la mano de inmediato.

"Porque ustedes dos siguen en mi auto", soltó Katherine con frialdad, y luego miró hacia el asiento delantero y ordenó: "Ricky, sácalos".

Ricky se desabrochó el cinturón de seguridad, salió del auto y se dirigió a la puerta trasera.

Sin vacilar, tomó a Preston por el brazo y lo apartó del vehículo.

Preston no estaba preparado para ello. Perdió el equilibrio y se golpeó con fuerza contra la barandilla de la carretera.

Emily soltó un grito ahogado y corrió hacia él, pero se le dobló el tacón y cayó sobre el pavimento.

Ricky volvió al auto, abrió la otra puerta, recogió el bolso de diseñador que Emily había dejado atrás y lo tiró al suelo junto a ella.

Luego cerró las puertas, regresó corriendo al asiento del conductor, cambió de marcha y pisó el acelerador.

El motor rugió con fuerza mientras el auto avanzaba. Una nube de humo blanco grisáceo le dio de lleno en la cara a Preston.

Agitó la mano para apartar el humo mientras tosía, y su expresión se ensombreció al ver las luces traseras perderse en la distancia.

¿Qué le pasaba hoy a Katherine?

Normalmente, se habría quedado callada en cuanto él se molestaba.

Hoy le había ordenado al conductor que lo echara del auto.

¿Acaso creía que con esa actitud conseguiría que él le prestara más atención?

Emily se frotó suavemente el tobillo y miró a Preston con los ojos llenos de lágrimas. "Katherine no está realmente enojada conmigo, ¿verdad?".

Preston bajó la mirada hacia su rostro bañado en lágrimas y la ayudó a ponerse de pie.

"No se atrevería", respondió con una risa despectiva. "Solo está haciendo drama. Dale un par de días y vendrá a rogarnos que la perdonemos".

Se sacudió el polvo de las mangas de la camisa antes de tomar a Emily de la mano.

El hospital era un centro privado construido a media montaña, y los taxis nunca llegaban tan lejos. Para marcharse, no tenían más remedio que caminar hasta la carretera principal, al pie de la colina.

Además, la finca de la familia Holt no permitía la entrada de vehículos ajenos, así que todavía les quedaba un largo camino por recorrer.

De regreso en la residencia Holt, Katherine se sentó en silencio en el porche y observó cómo las dos figuras agotadas subían lentamente la pendiente hacia la casa, con la camisa de Preston empapada en sudor y pegada a su espalda.

Emily se veía aún más miserable. Llevaba los tacones rotos en una mano y caminaba descalza por el pavimento, haciendo una mueca con cada paso que daba.

"Katherine, ¿acaso tienes conciencia?", gritó Preston antes incluso de llegar a la puerta principal.

Subió los escalones con furia, y su figura alta bloqueó la luz del sol frente a Katherine.

"¿Conciencia?". Katherine alzó los ojos hacia él. "Ese auto es de la familia Holt, y yo soy la única heredera. ¿Por qué debería sentirme culpable por viajar en mi propio auto?".

Preston se quedó atónito por un instante. Luego tiró de Emily para ponerla frente a él y señaló los raspones en los dedos de sus pies.

"Mira lo que le pasó a Emily por tu culpa. Y tú estás sentada aquí mirando como si nada de esto tuviera que ver contigo. Entrega los borradores de diseño que preparaste para el concurso y deja que Emily los use como compensación. Si lo haces, dejaremos pasar lo de hoy".

Katherine casi se rio ante lo ridículo que sonaba. "¿Por qué debería dárselos?".

Preston se quedó en silencio de nuevo.

Katherine nunca le había hablado en ese tono.

Según recordaba, sin importar lo que él le pidiera, ella siempre se lo entregaba por voluntad propia, incluso si era algo valioso para ella.

"Porque...", tartamudeó Preston durante un largo momento antes de forzar por fin una respuesta. "Si de verdad te importáramos, se los darías a Emily".

Katherine entendía muy bien por qué actuaban así.

Siete años atrás, los tres alcanzaron la mayoría de edad. Pasaron casi seis meses buscando a Emily y a su madre, Judith Wilson.

Katherine solo tenía quince años entonces. Ella creyó ingenuamente que estaban ayudando a alguien necesitado, por lo que se unió con entusiasmo a la búsqueda.

Más tarde, se enteró de que Judith había trabajado como cuidadora en el orfanato donde los tres habían crecido.

Un incendio provocado por un cortocircuito eléctrico había estallado allí años atrás. Judith se había lanzado a las llamas y los había sacado a los tres a un lugar seguro; en el proceso, se quemó gravemente las manos y le quedaron cicatrices permanentes.

Los tres habían cargado con esa gratitud desde entonces.

Una vez que finalmente encontraron a Judith y Emily, las llevaron a ambas a la casa de los Holt.

Se les dio todo lo que necesitaban según los estándares de la familia, mientras que la responsabilidad de saldar esa deuda fue recayendo poco a poco sobre los hombros de Katherine.

Era verdad que Judith había salvado a los tres chicos en aquel momento.

Pero también era la familia Holt la que los crio, pagó por su educación de élite y les dio acciones en la empresa.

Katherine había creído alguna vez que entendían la diferencia entre gratitud y obligación. Ahora se daba cuenta de que o no sabían distinguirla... o simplemente no les importaba.

"Dije que no", respondió Katherine con firmeza.

Preston se quedó mirándola, sintiendo de pronto que la persona que tenía delante era una extraña. La irritación que crecía en su interior se hizo aún más fuerte.

Por primera vez, se dio cuenta de que Katherine había cambiado de verdad.

¡Sigue viendo!
¡La historia se está poniendo intensa! Cambia a la App para seguir leyendo
Desbloquear todos los episodios
Abrir el sitio web oficial

También te puede gustar

Portada de la novela Cambiando mi destino.
8.4
Adriana explora las aplicaciones de citas con el plan de ayudar a sus amigas, pero termina hallando un romance inesperado. Así conoce a Michael, un poderoso magnate que protege su corazón con frialdad debido a traumas de su pasado. Para alcanzar la felicidad, ambos tendrán que derribar sus barreras internas, sanar viejas heridas y enfrentar sus miedos más profundos. Juntos vivirán una travesía emocional que cambiará sus destinos de forma permanente.
Portada de la novela Casada con el padre de mi hijo.
8.1
Myriam Bennett está dispuesta a todo por salvar su boda, pero su marido solo busca un heredero para ascender en su empresa. Debido a problemas de fertilidad, él la obliga a concebir con un extraño. En paralelo, el distante magnate Gerald Lennox acaba con una desconocida tras una apuesta perdida. A pesar del desprecio mutuo que sienten Myriam y Gerald, aquel encuentro forzado por la ambición y el destino unirá sus vidas de manera irreversible.
Portada de la novela El Heredero Oculto de los Santoro
8.3
Camila huyó tras una traición familiar, protegiendo un embarazo oculto. Años después, regresa para ayudar a su abuela y a su hijo Mateo, un niño brillante. Alejandro Santoro, obligado a casarse en un mes para asegurar su herencia, pacta con ella un matrimonio de conveniencia. Ignoran que ella es la mujer que él rastreó sin descanso y que Mateo es su hijo. Entre engaños y deudas, la verdad de su pasado compartido surge para transformar sus vidas para siempre.
Portada de la novela Gato escaldado, del agua fría huye
9.4
Después de morir en la soledad tras cinco años de humillaciones, Rylie renace justo antes de que Mathias, su marido, inicie su traición. Para evitar el destino fatal, ella exige el divorcio, pero él la retiene por la fuerza pensando que es un capricho. Tras una batalla legal, Mathias se arrepiente y deja a su amante, suplicando una nueva oportunidad. Rylie debe decidir si resguardar su alma herida o confiar en el amor que él ahora le jura.
Portada de la novela La falsa esposa del multimillonario
8.1
Hesheli Boli, el heredero indomable de los Malone, y Maya Hardy, una estudiante traicionada que lucha contra la enfermedad, firman un matrimonio por contrato para unir sus destinos. Aunque el abuelo de Hesheli se opone y existen secretos de identidad, él defiende su vínculo con firmeza. Lo que empezó como un fraude se convierte en una historia de amor real, donde él se dedica a ganar el corazón de Maya y a protegerla de toda la hostilidad familiar.
Portada de la novela Mi dulce Ceo
8.0
Nathaniel O´Donel es un magnate cuya vida gira en torno a sus negocios. Pese a su gran atractivo, su mundo es monótono hasta que sus amigos lo inscriben a traición en un portal de citas para Sugar Daddies. Es ahí donde conoce a Maeve, una joven impulsada por la necesidad económica. Este vínculo inesperado sacude la fría realidad del ejecutivo, dando inicio a un apasionado romance que transformará para siempre su desinterés por los sentimientos.