Portada de la novela Me dejó ir y un multimillonario me tomó de la mano

Me dejó ir y un multimillonario me tomó de la mano

8.1 / 10.0
Tras ser abandonada por su prometido, Katherine rompe con su pasado en esta historia de romance. Mientras sus hermanos enfrentan la ruina, ella resurge con el apoyo de un magnate. Lee Me dejó ir y un multimillonario me tomó de la mano, una de las mejores billionaire romance novels de este año.
Resumen de Me dejó ir y un multimillonario me tomó de la mano
Tras ser abandonada en un accidente por su prometido para priorizar a otra mujer, Katherine decide cortar sus lazos afectivos y económicos. Sus hermanos, seguros de su fracaso, enfrentan la ruina al perder el talento que ella les brindaba. Mientras su antigua familia se desmorona, Katherine resurge con fuerza. Respaldada por un influyente multimillonario, la joven observa con desdén a quienes la traicionaron, negándoles cualquier posibilidad de redención.
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Me dejó ir y un multimillonario me tomó de la mano Capítulo 1

"Deja de fingir que estás desmayada, Katherine. ¿Acaso crees que todavía quiero casarme contigo? Si no te disculpas con Emily, entonces nunca te aceptaré".

Katherine Holt se llevó una mano a la cabeza que le palpitaba y luchó por abrir los ojos al oír la voz de un hombre.

Miró al tipo que había hablado: su prometido, Preston Barnes estaba de pie junto a la cama.

Él frunció el ceño, con impaciencia en la mirada, mientras Emily Wilson se apoyaba en él, silenciosa y delicada.

Katherine tardó un largo momento en procesar lo que había sucedido.

Así que todavía estaba viva.

Unas horas antes, ella y Emily habían tenido un accidente de auto.

Le había gritado a Preston pidiendo ayuda, pero él había corrido a salvar a Emily, la hija del ama de llaves de la familia Holt.

El conductor del camión frenó bruscamente, hasta detenerlo en seco.

Katherine había quedado debajo del camión, con la pierna atrapada bajo el pesado parachoques. El hueso se le partió en cuanto el peso la aplastó.

El dolor le recorrió el cuerpo. El sudor frío le cubrió la piel mientras luchaba por respirar y miraba por el estrecho espacio bajo el camión.

Vio a Preston sostener a Emily en brazos, con preocupación en el rostro mientras le revisaba las heridas.

Esa mujer solo se había torcido un tobillo y tenía algunos cortes menores.

"Llamen a una ambulancia...". Katherine logró articular las palabras con las últimas fuerzas que le quedaban.

Sin embargo, nadie le respondió.

Poco después, se oyó acercarse la sirena de una ambulancia, y varios paramédicos bajaron con una camilla.

Preston no se separó de Emily mientras la ayudaba a subir a la ambulancia. Luego, les dijo a los médicos que se fueran con ellos.

Katherine quedó abandonada bajo el camión.

Si un transeúnte no se hubiera detenido a pedir ayuda, ella se habría desangrado al borde de la carretera mucho antes de que la policía y los bomberos llegaran a rescatarla.

En la cama del hospital, Katherine miró a Preston y a Emily, ambos en perfecto estado, y sintió cómo se le helaba el corazón.

Tras la muerte accidental de su padre, su madre no pudo soportar el vacío en su hogar. Acogió a tres niños de un orfanato, Preston, Carson Howard y Tyler Clark, y los crió como si fueran suyos.

Además, su madre decidió que, con el tiempo, uno de los tres se casaría con Katherine y heredaría con ella el negocio familiar.

Por absurdo que pareciera, ella, la heredera de la familia Holt, importaba menos para ellos tres que la hija del ama de llaves.

Katherine no dijo nada y solo lo miró. Por alguna razón, su silencio irritó a Preston.

Normalmente, en cuanto él mostraba el más mínimo enojo, ella se ponía nerviosa de inmediato, aferrándose a su brazo y disculpándose con lágrimas en los ojos.

Pero hoy permanecía en completo silencio.

¿Tanto la había asustado el accidente?

A sus ojos, solo había sido un pequeño accidente. El camión ni siquiera la había arrollado. No le parecía nada grave.

"Katherine, ya basta", espetó Preston. "Estás despierta, ¿o no? ¡Discúlpate con Emily ahora mismo!".

La mirada vacía de Katherine no pasó desapercibida para Emily, quien por dentro estaba encantada.

Si el accidente de verdad le había dañado la cabeza, entonces todo lo que pertenecía a la familia Holt terminaría en sus manos.

Se pegó a Preston y apoyó aún más su peso sobre él, y un suave quejido escapó de sus labios. "Me duele tanto el tobillo. Casi desearía ser yo quien estuviera ahí. Si pudiera cambiar de lugar con Katherine, ella no tendría que sufrir así".

Preston ya estaba irritado por el extraño silencio de su prometida, pero la dulce voz de Emily suavizó su expresión al instante. Inclinó la cabeza y le habló en un tono reconfortante: "Eres demasiado bondadosa. Nada de esto habría ocurrido si Katherine no te hubiera obligado a acompañarla hoy. Todo es culpa suya".

Luego se volvió hacia Katherine, con una evidente repulsión en la mirada, y dijo: "Espera a que Carson y Tyler regresen de su viaje de negocios. Cuando se enteren de que casi provocas la muerte de Emily, no te lo van a perdonar".

En el instante en que Katherine escuchó sus nombres, el último rastro de calidez en su corazón se desvaneció.

De niña, solía seguirlos a los tres a todas partes, llamándolos cariñosamente, como si fuera su pequeña sombra.

Su padre había muerto cuando ella todavía era una niña. Su madre pasaba la mayor parte del tiempo dirigiendo la empresa, por lo que los tres chicos se habían convertido en el centro de su mundo.

Pero todo había cambiado hacía tres años.

Su extraordinario talento para el arte le había valido una recomendación de su mentor para ingresar a una de las academias de arte más prestigiosas del país.

Tres años después, ella regresó a casa llena de ilusión, solo para descubrir que todo era diferente.

De algún modo, Emily se había convertido en el centro de sus vidas.

Ya no la recibían con afecto, ni siquiera les importaba que acabara de volver tras una larga ausencia. Lo único que esperaban de ella ahora era que obedeciera cada uno de los caprichos de Emily.

En los últimos meses, incluso habían llegado a ponerla en peligro con tal de proteger a Emily.

Cuando a esa mujer le diagnosticaron leucemia y necesitó una transfusión de sangre, los tres llevaron a Katherine a rastras al hospital y la obligaron a donar.

El médico les advirtió que extraerle demasiada sangre de golpe podría provocarle un shock. Aun así, le sacaron 800 mililitros.

Katherine perdió el conocimiento en la sala, mientras ellos tres se quedaban al lado de la cama de Emily, colmándola de atenciones.

En otra ocasión, durante un fuerte aguacero, Emily tosió y los tres se apresuraron a llevarla de vuelta a casa. Echaron a Katherine del auto porque su ropa empapada podía mojar los asientos, y la abandonaron sola en medio de la lluvia torrencial.

Después de eso, ella pasó tres días con fiebre alta y estuvo a punto de desarrollar una neumonía.

Luego, hace apenas dos semanas, a pesar de que Emily era alérgica al mango, lo comió a escondidas y terminó con urticaria por todo el cuerpo.

Sin siquiera preguntar, los tres decidieron que Katherine debía haber mezclado a propósito jugo de mango en la comida.

Como castigo, la encerraron en la caseta del patio trasero, con un perro alterado que se puso fuera de sí al verla.

Si uno de los sirvientes no la hubiera encontrado en medio de la noche, el animal le habría desgarrado la garganta.

Los recuerdos pasaron por la mente de Katherine, uno tras otro.

Lentamente, cerró los ojos.

En ese momento, se odió a sí misma por haber permitido que su madre acogiera a esos tres ingratos.

Si Emily era la única que les importaba, perfecto. Les daría exactamente lo que querían.

"Lárguense", dijo con frialdad.

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