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Portada de la novela Matrimonio relámpago con el magnate, estoy muy mimada

Matrimonio relámpago con el magnate, estoy muy mimada

Elena desafía las críticas de la élite al unirse en matrimonio con el magnate más poderoso. Aunque el acuerdo inicial era de dos años, él se resiste a dejarla ir y la protege con fervor. En medio de este romance, se revelan las facetas ocultas de ella como hacker, experta en tecnología y artista de renombre. La intriga se dispara cuando un imperio del lujo busca a su heredera, quien posee un parecido asombroso con Elena. ¿Podrá ella proteger sus secretos?
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Capítulo 2

Una vez pasadas las cinco, Elena cerró la computadora portátil. Retiró la memoria USB y salió al exterior.

Se dirigía al Club Enclave, un establecimiento situado cerca de la Universidad de Bramville. Solo le tomaría un poco más de diez minutos llegar a pie.

A mitad de camino, una extraña sensación se apoderó de ella: alguien la seguía. Cuando se detuvo y se giró, dos hombres vestidos de negro aparecieron detrás.

Uno de ellos se inclinó hacia el otro y murmuró: "Es ella. ¡Vamos!".

La frialdad se expandió por los ojos de la chica al notar que la calle estaba abarrotada y los autos no dejaban de pasar. No quería armar un escándalo en público, así que aceleró el paso.

Luego, sin previo aviso, cambió de dirección y se metió en un estrecho callejón cercano. Los dos hombres corrieron tras ella. Cuando llegaron al callejón, se quedaron paralizados: era largo y estaba vacío, sin rastro de la chica por ninguna parte.

Se detuvieron donde estaban, con los rostros rígidos por la incredulidad.

"¿A dónde demonios se fue? ¿Cómo puede moverse tan rápido?".

"Tiene talento", comentó el otro. "Ahora entiendo por qué nos enviaron a los dos. Vamos a buscar adentro".

Al principio, pensaron que tratar con Elena sería sencillo. Parecía una estudiante universitaria corriente. Pero luego desapareció, como por arte de magia, justo delante de ellos.

Fue un golpe a su ego.

Para entonces, ella ya los había despistado. Dio un rodeo por otra calle y continuó su camino hacia el Club Enclave.

Sin embargo, las cosas simplemente no le salían bien. Poco después de deshacerse de los tipos que la perseguían, se topó con la familia Guerrero justo a la entrada del club.

Sophia Guerrero la vio primero, y su expresión se endureció de inmediato. "¿Qué haces aquí? ¿Quién te dijo que podías venir?".

Ambas estudiaban en la Universidad de Bramville. Estaban en el mismo año, aunque pertenecían a departamentos diferentes.

Sophia nunca la había soportado, y después de enterarse de que Elena podría terminar comprometida con su hermano, ese disgusto se convirtió en un abierto asco. Por suerte, su familia no tenía planes de concretar esa unión; si lo hubieran hecho, ella no habría podido tolerarlo.

La velada había sido planeada para celebrar su cumpleaños, y su familia y amigos se habían reunido para que fuera una noche animada.

No había pensado que se encontraría con esa mujer.

Uno a uno, los demás se concentraron en Elena. En cuanto reconocieron de quién se trataba, sus expresiones se volvieron abiertamente disgustadas.

Elena sostuvo la mirada de Sophia sin el menor atisbo de vacilación. "¿Este lugar pertenece a tu familia?".

Antes de que la otra pudiera responder, su madre, Lise Guerrero, se acercó. Sin hacer una sola pregunta, habló con firme certeza: "De verdad no entiendes tu posición, ¿verdad? Hasta nos seguiste aquí. Déjame ser clara, Elena. Ya le dimos quinientos mil a tu familia. Ese asunto está zanjado. En cuanto a cualquier compromiso con mi hijo, nuestra familia nunca lo aceptará. ¡Él no se casará con alguien como tú! ¡Así que deja de pensar en ello!".

En su mente, la futura esposa de su hijo tenía que ser de un nivel social adecuado. Alguien como Elena nunca había figurado en ese panorama.

A la joven se le escapó una leve risa fría y respondió: "Le das demasiadas vueltas. No tengo ningún interés en tu hijo, sobre todo con todos los escándalos vinculados a él".

Sophia se cruzó de brazos y la miró con una sonrisa burlona. "Si eso es cierto, ¿por qué viniste a mi cumpleaños?", cuestionó.

El club era uno de los lugares más exclusivos de la ciudad, conocido por ser el punto de encuentro de la clase alta. Alguien con el origen de Elena claramente no encajaba en un lugar así. En la mente de Sophia, solo había una razón por la que había venido.

Con una ligera mueca de desprecio, continuó: "Aunque vinieras por eso, no te servirá de nada. Mi hermano ni siquiera está en el país. No tendrás la oportunidad de lanzártele encima".

Otra mujer, vestida con elegancia, soltó una suave carcajada. "O no se ubica, o es una avariciosa. Quinientos mil no durarán para siempre. Si se casara con alguien de la familia Guerrero, todo cambiaría para ella. Viviría cómodamente toda la vida. ¿Por qué renunciaría a eso?".

Sophia volvió a reír, esta vez con abierto desdén. "Nunca aceptaríamos a alguien así".

Richard Guerrero, el padre de Sophia, miró a Elena con una expresión sombría. Verla lo irritaba. Después de todo lo que había pasado antes, no esperaba que volviera a aparecer delante de ellos.

Se volvió hacia su padre, Walter Guerrero, y habló en tono firme: "Papá, deberías entrar. Yo me encargo de esto".

Hoy se suponía que celebrarían a su hija. Si las cosas se ponían feas aquí, sería su familia la que acabaría avergonzada.

El mayor no respondió de inmediato. En lugar de eso, se acercó más y se detuvo frente a Elena. "Tu padre me ayudó una vez cuando lo necesitaba. Por eso acepté ese acuerdo para que pudiera descansar sin preocupaciones. Aun así, hay algo que necesitas entender".

Su voz se mantuvo tranquila, aunque la frialdad en ella era clara. "No eres adecuada para mi nieto. Aun así, nuestra familia no te dejará sin apoyo. Si te ocurre algo más adelante, puedes acudir a nosotros. Me aseguraré de que se solucione".

Luego bajó el tono. "Pero si causas problemas aquí y nos haces quedar mal, no esperes que te vaya bien".

Elena sintió una oleada de asco. Los recorrió con la mirada, aguda e inflexible, y espetó: "¿A todos les cuesta tanto entender lo que estoy diciendo, o solo ignoran lo que no les conviene? Ya les dije que vine a poner fin a ese compromiso la última vez. Y encontrarme con ustedes aquí no estaba planeado. No me importan en lo más mínimo".

Años atrás, su padre había llegado a un acuerdo con Walter: cuando ella cumpliera veinte años, se casaría con su nieto mayor.

Comprendía las intenciones de su padre. Él esperaba que tuviera a alguien en quien confiar. Aun así, ella nunca quiso casarse, y no necesitaba la protección de la familia Guerrero. Por eso mantuvo las distancias con ellos tras llegar a Bramville.

Ahora que había cumplido veinte años, fue a su residencia una semana antes con un único propósito: poner fin al compromiso. De alguna manera, ellos lo malinterpretaron y supusieron que venía a reclamarlo. No solo se negaron a recibirla, sino que ni siquiera le permitieron pasar de la entrada. Incluso hicieron que una empleada se burlara de ella.

Ese encuentro le mostró exactamente qué clase de personas eran.

En cuanto a los quinientos mil que no dejaban de mencionar, ella nunca recibió nada de eso, y de todos modos no le interesaba.

Sus palabras hicieron que se les oscureciera el rostro a todos los presentes.

Nadie le creyó. Para ellos, solo estaba intentando guardar las apariencias después de ser rechazada.

Richard soltó una fría burla y comentó: "Será mejor que lo digas en serio. Si te comportas como es debido, puedo asegurarme de que te quedes en Bramville. Si no, no esperes que me contenga".

La paciencia de Walter por fin se agotó. "Ya basta. Entremos", expresó.

Elena no tenía motivos para quedarse más tiempo. Sin decir una palabra más, se dio la vuelta y caminó hacia el club.

Sophia se adelantó en cuanto vio que la otra continuaba hacia la entrada. "¡Alto ahí! ¿Todavía piensas entrar? Mírate primero. ¿De verdad crees que este es tu lugar?".

Elena giró ligeramente la cabeza y la miró. Su voz sonó fría y cortante al soltar: "Quítate de mi camino".

Sophia abrió la boca, dispuesta a replicar, pero alguien se acercó antes de que pudiera hablar.

"Señorita Gómez", dijo con tono respetuoso. "Te estábamos esperando".

Elena desvió la mirada hacia él. "Señor Pozo, siento haberlos hecho esperar".

Con una sonrisa cortés, Jaycob Pozo hizo un gesto hacia el interior. "Todo está listo. Por favor, entra".

"De acuerdo".

Sophia se quedó paralizada, incapaz de reaccionar por un momento. ¡El propio gerente salió a saludar a Elena!

A su alrededor, su familia y amigos intercambiaron miradas. El asombro se reflejó en sus rostros.

Enclave no era un lugar cualquiera. Sus conexiones eran profundas, e incluso su gerente ocupaba un puesto que la mayoría no se atrevería a subestimar.

La familia Guerrero no tenía suficiente influencia como para recibir ese tipo de atención. Sin embargo, de alguna manera, Elena sí la tenía.

Sophia palideció al instante, pero un momento después se enrojeció de ira. "¿Qué demonios está pasando?".

Una de sus amigas se apresuró a hablar. "Probablemente trabaja aquí. Escuché que hace poco consiguió una pasantía. Quizá necesita el dinero".

Lise se acercó a su hija y le puso una mano en el brazo. "Olvídala. Es tu cumpleaños. No pierdas el tiempo con alguien insignificante".

A sus ojos, Elena no era más que una huérfana sin apoyo. Alguien así solo aparecía en lugares como este para trabajar, o para acercarse a hombres ricos. En cualquier caso, no sentía más que desprecio por eso.

Aun así, Sophia no podía dejarlo pasar. Rodeó con el brazo a su madre y habló con clara irritación: "Mamá, ¿no puedes hacer que la expulsen de la universidad? Estoy harta de encontrarme con ella".

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