Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela Matrimonio Forzado con el Mafioso

Matrimonio Forzado con el Mafioso

Paola, heredera del líder de la Cosa Nostra, ha vivido oculta en el campo italiano para evadir a la Tríada. Su aislamiento termina cuando su padre negocia su matrimonio con el jefe de la Yakuza, buscando una alianza estratégica. No obstante, el destino la golpea cuando Lee Mizushima, su adversario más letal, la secuestra antes de la boda. Prisionera de sus peores enemigos, la joven deberá luchar por su vida y encontrar una salida en medio de una guerra de mafias.
Capítulos
Compartir

Capítulo 2

Después de salir de los establos, fui a mi habitación donde afortunadamente estaba más fresco, aunque el aire fuera cálido. La casa era aireada y garantizaba más confort; me relajé sobre la cama, tumbada de espaldas para mirar el techo blanco.

Había decorado el cuarto a lo largo de los años de acuerdo con mi gusto. Había un lado bueno en tener que vivir encerrada y escondida: mis padres me daban cualquier cosa que quisiera; por suerte, nunca fui muy materialista. Cuando era niña, eso era genial tratándose de juguetes; hoy no tanto, se volvió indiferente y aburrido, principalmente cuando la única cosa que me gustaría tener sería la presencia de ambos, una participación un poco más activa en mi vida.

Sabía exactamente el motivo: habíamos asesinado a alguien importante de la Tríada y por eso había un conflicto entre ellos y la Cosa Nostra; ahora yo, mis abuelos y mis padres éramos objetivos. Como una familia que defiende mucho el honor y su propio valor, la Tríada no dejaría eso pasar, nunca. Ese era el principal motivo del exilio que sufríamos mis abuelos y yo. Y aun ante todo eso, no podía negar la nostalgia y las ganas de hablar con mi madre más que unas pocas veces al teléfono cada tres meses.

Un purgatorio, eso es lo que es. Leí esa palabra en un libro una vez y me asombré de cuánto me había identificado con ella. El sentimiento egoísta frecuente que siento es el de estar siendo castigada por un error que no cometí.

Mi madre, Isabella, se había esmerado en asegurar que, si iba a vivir la mayor parte de mi vida lejos de ellos, fuera con todo el confort posible. De esa forma, en una de nuestras llamadas trimestrales (a veces ese tiempo variaba; a veces eran cuatro o cinco meses, como también había pasado que transcurrieran solo dos; preferían no mantener una regla, pero casi siempre eran tres, y yo contaba los días en una agenda reservada especialmente para eso), pedí cambiar mi habitación. Una vez estaba aburrida, ya tenía 15 años y mi cuarto aún tenía la apariencia infantil de cuando tenía 10. Lo cambiamos poco a poco; todo era revisado.

Esas fueron las cosas en las que mi padre logró ser flexible. Un celular solo para mí era una posibilidad absurda; tenía que hablar con ellos por otro teléfono, no rastreable y usado solo para recibir llamadas de ellos y de nadie más.

Era una jaula de oro. Pero una jaula segura, donde no tenía que temer por mi vida, aunque no pudiera decir lo mismo de mis familiares. Creo que Isabella y Enrico nunca pensaron que su hija podría perder noches de sueño seguidas preocupada por si la próxima llamada ocurriría para poder escuchar una vez más sus voces, o la de alguien desconocido anunciando sus muertes.

Afortunadamente, ese día aún no había llegado. Me levanté de la cama y fui hasta el escritorio que estaba al lado de la ventana, tomé mi agenda y miré el conteo de días: un mes y algunos días más desde la última llamada, casi dos meses desde que hablé con mi madre por última vez... Generalmente tachaba el día al final de la jornada, pero estaba convencida de que no llamarían hoy, por eso me adelanté y anoté un día más.

Pasé el resto del día en mi habitación, mirando mis cuadernos de estudio, los cuales hacía en casa con dos profesoras diferentes. Mujeres, por supuesto, ya que jamás se permitiría que ningún hombre se quedara a solas conmigo. Les habían pagado muy bien para no comentar sobre mi existencia con nadie y, aparentemente, cumplieron su palabra. Casi no podía decidir si me sentía feliz o triste por eso. Si lo contaran, mis padres se verían obligados a mantenerme cerca... y ellas morirían, claro, por traicionarnos.

Desechando esos pensamientos, respondí al llamado de mi abuela para la cena, que estaba en la puerta diciendo que bajaría en seguida. Guardé todos los cuadernos en sus debidos lugares y bajé hacia la sala de estar. Me senté a la mesa y, tras la oración católica de mis abuelos, comenzamos a comer.

Aunque me parecía una hipocresía, nunca osé cuestionar la fe de mi abuelo. Aun siendo quien era, creía en algo y llevaba el símbolo de ello en un tatuaje en el antebrazo; mi abuela, en su collar largo que le llegaba al pecho con un colgante de cruz. Observé a la mujer frente a mí; estaba inquieta y con expresión preocupada, y mi abuelo, al contrario de lo que solía ser, estaba demasiado callado.

- ¿Qué pasa? -pregunté, incapaz de aguantar aquel silencio inquietante por más tiempo.

- Tu abuelo... -ella se aclaró la garganta-. Me contó sobre la conversación que tuvieron más temprano y... -miré en dirección a él acusadoramente; él se dignó a mirarme no más de unos segundos y, después, simplemente fingió que no era con él.

- ¡Debería haber sabido que no eras de confiar! -dije. Aquello no pareció surtir el efecto que me gustaría, ya que creí ver un atisbo de sonrisa de soslayo.

- No lo hizo por mal y, de cualquier forma, en el fondo sabía que lo preguntarías de nuevo... Son tus padres, después de todo. -La sonrisa compadecida hizo que se me encogiera el corazón. Era triste y patético al mismo tiempo.

Abrí la boca para responder, pero fui interrumpida por una de las empleadas, Maria, que traía el teléfono en la mano y se lo entregó a mi abuelo. Ni siquiera ellos tenían celulares aquí.

Me extrañó, pero me emocioné, porque las personas al otro lado solo podrían ser mis padres; era demasiado pronto para otra llamada, pero aunque llamaran todos los días no me importaría. Sin embargo, toda la emoción se fue cuando, al atender, mi abuelo sonó serio; irguió la espalda sin dejar traslucir nada en su expresión, pero pude sentir que algo iba mal. Miré a mi abuela, que frunció el ceño, también observando y esperando; parecía preocupada.

Cuando se vive aislada en una casa, uno empieza a preocuparse y a fijarse en cosas irrelevantes, como llevar el control de cuántas veces suelen llamarte tus padres. Pensé en lo patético que parecería visto desde fuera.

Mi abuelo se levantó, pidiendo permiso y saliendo de la cocina, pero se detuvo y miró a Simona, quien entendió de inmediato y se levantó. Ambos salieron de la habitación y todo lo que escuché antes de que desaparecieran por los pasillos fue: "Sí, ella ya está conmigo".

Nada bueno. Ciertamente algo malo, muy malo había pasado. Mi apetito para la cena, que ya no era mucho, se fue definitivamente por el desagüe. Lo que había ingerido dejó un sabor amargo en la boca y, para aliviarlo, tomé la copa de agua para mitigar el efecto externo que representaba exactamente cómo me sentía por dentro.

Pasaron largos e interminables minutos antes de que Simona apareciera de vuelta; mi abuelo no la acompañaba... Traía el teléfono en las manos, se sentó a mi lado y noté que evitaba mi mirada.

Aún sin mirarme, depositó el aparato en la mesa entre nosotras, activó el manos libres y acto seguido dijo:

- Ella está aquí, Isabella. Está escuchando. -Me pareció verla encogerse de hombros; parecía cansada y... ¿triste?

Continuará...

También te puede gustar

Portada de la novela Ciego por Amor, Vengador por Dolor
8.3
Armando Robles, un mariachi de gran talento, pierde la vista tras un brutal ataque que destruye su mundo. En su momento más vulnerable, descubre la traición de su prometida Sofía y de su hermanastro Ricardo. El dolor aumenta cuando Doña Elena confiesa haberlo cambiado al nacer para favorecer a su verdadero hijo. Tras ser abandonado por su familia y rescatado por amigos leales, Armando decide renacer. Ahora, su única meta es obtener justicia frente a quienes lo humillaron.
Portada de la novela Corazón Quebrado, Alma Incendiada
7.9
La celebración por el ingreso universitario de Luz María, la joven esperanza de su comunidad, se transformó en una tragedia sangrienta. Tras recibir dinero y el respaldo emocional de su familia, ella aguardó el silencio de la noche para rociar combustible y quemar su hogar. Catorce personas murieron en el incendio provocado por sus manos. Sin rastro de arrepentimiento ante la policía o sus padres, Luz afirma con frialdad que cada víctima merecía ese cruel destino.
Portada de la novela Deuda Heredada.
8.7
Emma Romero se enfrenta a un sacrificio extremo para salvar a sus seres queridos, asumiendo una deuda que no le pertenece. Su única salida es someterse a un contrato ineludible con Mateo Falcone, un despiadado jefe de la mafia que no tolera la deslealtad. Atrapada en un mundo de sombras y poder, Emma deberá sobrevivir a la crueldad de un hombre implacable. En este juego de traiciones y peligro, sus vidas se entrelazan en un destino oscuro y definitivo.
Portada de la novela El CEO y EL Enemigo
9.7
Logan Bravo es un CEO implacable que exige orden total en su negocio y su vida conyugal. Arrastra un rencor generacional que lo obliga a detestar a la familia Oliveira, pero su mundo se tambalea con la aparición de Vivian Oliveira. Aunque la lógica le dicta rechazo, ella desata en él una pasión física tan intensa que resulta perturbadora. Atrapado entre su lealtad familiar y una atracción prohibida, Logan intentará resistirse a este deseo que amenaza su control.
Portada de la novela La Prometida Del Capo Italiano
8.2
Bajo los códigos de la mafia italiana, Laura contrae nupcias con Alexander Caruso para garantizar una tregua familiar. Ella esperaba encontrar a un hombre honorable, pero tras el enlace, el capo muestra su faceta más despiadada y la humilla. Alexander desconoce que su esposa no es la mujer sumisa que aparenta y que guarda oscuros secretos. Al ser desafiada, Laura empuña un arma oculta, iniciando una guerra personal donde el infierno apenas comienza.
Portada de la novela La revancha del dragón
8.3
Viviana, destinada a ser la Montero Celestial, es traicionada por su prima Siena, quien le arrebata el título y el afecto de Lucas. Tras cuatro años de destierro, Lucas vuelve con una noticia devastadora: una deidad maligna ha asesinado al padre de Viviana. Forzada a volver para las honras fúnebres, un asalto brutal la obliga a elegir su destino. ¿Mantendrá su vida corriente o combatirá en una guerra total contra el ser más perverso de la existencia?