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Portada de la novela Le di una bofetada a mi prometido y luego me casé con su némesis multimillonaria

Le di una bofetada a mi prometido y luego me casé con su némesis multimillonaria

Tras años eclipsada por su hermana, la protagonista pensó que su compromiso con Rhys Granger era un sueño cumplido. Sin embargo, una bofetada por un motivo insignificante le revela que solo es un sustituto. Decidida a no callar, rompe la relación y acaba en los brazos de un enigmático desconocido tras una noche de excesos. Para su sorpresa, él es el mayor rival de su ex, un magnate implacable que ahora no tiene ninguna intención de dejarla marchar.
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Capítulo 3

"¿En serio tenemos que hacer esto?" Estaba al final de la fila, temblando, estirándome el dobladillo de una falda que definitivamente era más corta de lo prudente. Bastaba abrir la boca y sentía que todo mi arsenal íntimo saldría a saludar al mundo.

"Amor, nos gastamos media renta para entrar aquí. Obvio que vamos con todo. ¿No lo captas?

" sentenció Yvaine con toda la autoridad de jefa de cartel, parada como si tal cosa en sus tacones de doce centímetros, desafiando el viento helado como si fuera nada. "Pero esto ya es pasarse de-" Ni acabé la frase cuando una ráfaga me azotó en la cara como si le hubiera insultado a su madre. Cerré mi chaqueta hinchada hasta la barbilla, encogiéndome como camarón congelado.

Yvaine soltó un quejido dramático. "Mira, por favor. Vamos a un bar, no a una expedición polar." "Pues yo agradezco no acabar la noche en el hospital con hipotermia, gracias," le respondí con ironía.

Rodó los ojos tan fuerte que pensé que se le iban a salir, me lanzó una mirada de decepción de arriba abajo. pero no dijo más. Pequeña victoria. Mi chaqueta sobrevivía-por ahora.

Yo pensaba que nos tocaría hacer fila como el resto de los mortales. Por eso me puse esta armadura térmica. Obvio subestimé a Yvaine.

Ella no creía en reglas. Como si lo hiciera todos los fines de semana, le pasó un billete enrollado al portero, rozándole el pecho de piedra como si fuera una chica Bond sin martini pero con plan. Diez segundos. Eso fue todo. Ya estábamos dentro.

Yvaine tenía esa belleza que hacía que los tipos olvidaran modales. Y códigos de ética. Así, entramos directo a Roxanne.

El interior era un horno revuelto con perfume caro y champán. Me arranqué la chaqueta en cuanto pusimos pie dentro, solo para recibir una mirada tipo "¿tú me quieres matar de la vergüenza?" de Yvaine.

Ella entregó su abrigo a un camarero con un gesto que decía "yo te contraté". Elegancia total. Nacida para esto.

Intenté imitarla. Casi se me cae el bolso. Tropecé como hámster recién sacado del congelador. Estilo: cero.

Parecía un venado atropellado en tacones de diseñador.

Si no supiera que cada cóctel aquí costaba lo mismo que mi cuenta entera del banco, podría haberme creído mi propia película. "¡Santo cielo!" solté, mirando la carta como si hubiera insultado hasta el último de mis antepasados.

Yvaine me fulminó de reojo y suspiró. "Relájate. Esta noche corre por mi cuenta." Exhalé con algo peligrosamente parecido a la gratitud.

Teniendo en cuenta que casi me cargo un compromiso, mis padres me quieren mandar al exilio tropical y encima estoy racionando para repelente antiserpientes, pues que Dios bendiga su generosidad. El panorama era otro rollo: actores emergentes, modelos demasiado guapos para ser reales y ejecutivos con pinta de dar charlas TED vestidos de Burberry. Un buffet de egocentrismo y feromonas, iluminado con terciopelo y apariencia de poder.

Nos acomodamos cerca de la barra, ni habíamos pedido y ya teníamos bartender echándonos el ojo. Imposible ignorarlo-alto, mandíbula esculpida, mangas remangadas justo para presumir los antebrazos bien trabajados. Ese hombre no debía estar mezclando tragos, debía estar en el Louvre. O mínimo siendo la cara de un perfume caro. Tal vez por eso el sitio costaba lo que costaba: hasta el staff era perfecto.

"Dos 75s, brandy francés." Ni tiempo me dio de buscar el trago más barato. Yvaine ya había lanzado el pedido como si estuviera en casa. "Hazlos fuertes." Y por supuesto, no se olvidó de su sonrisa de marca registrada-justo entre sexy e inocente, con esa inclinación de cabeza que decía "Uy, ¿eso fue coqueteo?

Uy, perdón." El bartender tomó el gin sin esfuerzo, medio sonriendo. "¿Noche complicada?" "Más bien un desastre nivel compromiso," soltó, señalándome con el pulgar.

"Y está por terminarse." La miré. "Qué bonito, mi drama personal ahora es radio pública.

" Me palmeó la mano en falso consuelo. "Cariño, este lugar vive de tragedias sentimentales. Sin decisiones nefastas, nadie bebería." Y con eso, se esfumó entre la gente, encendiendo su modo Reina Social como quien cambia de canal.

En menos de diez segundos, hizo un escaneo visual-como halcón cazando presa-y se giró, señalando con su uña perfecta a un lado de la pista. "A ver, escucha. Necesitas un rebote. Exhibición A: un metro noventa y algo, pelo más ordenado que la conciencia de tu ex, camisa abierta lo justo para gritar 'soy peligro' sin caer en vulgar. O tiene yate, o al menos tarjeta VIP.

" Negué con la cabeza. "Ni en sueños." Sus ojos buscaron otros rumbos. "Exhibición B: músico sobreviviendo, parece que el sueldo no llegó, pero con esa cara le financias el álbum y aún duermes tranquilo." "Paso.

" Resopló y volvió a apuntar. "Vale. Exhibición C: vibra de papá, pero de los buenos. Tipo que te agenda la cita médica y te prepara el desayuno, no el que llama 'nena' a la mesera y cree que el cambio climático es invento.

" Me tapé la cara con las manos. "Yvaine, por favor." Pero no aflojaba.

"Mira, no vas a quedarte aquí puesta como lagartija decorativa. Esta noche es para reiniciar, no para lamerte las heridas." Justo cuando iba a seguir con más candidatos tipo catálogo humano, se quedó en pausa.

Como si alguien le hubiera desconectado el sonido. Y de lo más casual, suelta: "¿Ey, vamos al baño?" Entrecerré los ojos. "¿No?" "...O mejor cambiemos de mesa, ¿sí? Este rincón vibra raro." Su sonrisa era tensa, la voz sonaba como tacones rotos.

¿Vibe rara? Llevábamos ni diez minutos, recién pedimos los tragos. Para los estándares de Yvaine, ni habíamos empezado el calentamiento.

Entonces seguí su mirada. Un reservado semiprivado. Rhys. Con el brazo sobre una mujer. Ella apoyada en su hombro, maquillaje de revista, sonrisa de catálogo. No necesitaba más pistas. Esa cara no se me va. Jamás.

Hace cuatro años, una chica se esfumó en circunstancias extrañas. Yo, tan inocente, creí que simplemente había "cedido el paso", abandonando el futuro con Rhys por nobleza. Y ahí estaba Catherine-sentada en el regazo de mi ex, tan acaramelados que parecía tráiler barato de novela erótica.

Me juré que ya lo había superado. Que era agua pasada. Pero entonces escuché lo siguiente: "La verdad, no pensé que se desmoronara por una taza.

" La voz de Catherine sonaba dulce, pero de esa dulzura tipo asesina que te arropa tras apuñalarte. Giraba el vino en su copa, los labios en una sonrisa perfecta. "Obvio la dejé en un sitio visible. Quería que la viera.

Aún no sabe que tú y yo salimos a escondidas. Ya tocaba que sospechara, ¿no?" Luego miró a Rhys, con ojos brillando de adoración. "Pero lo tuyo fue espectacular, amor. Hasta yo casi me creo que te preocupaba que nos descubriera, y no que estábamos armando la escena. Es tan ingenua-claro que creyó que llorabas por la taza, y no porque se te iba el teatro al garete.

" Rhys rió, tranquilo, sobrado. "Tuve que hacer el ridículo. Se mata intentando ser la novia ideal. Si descubre que eso no basta, se le cae el mundo.

" Catherine se recostó en él con ternura repulsiva. "Tranquilo. Mira, seguro sigue intentando arreglarlo todo. Cree que si se esfuerza lo suficiente, por fin alguien la va a valorar." Su risa bajó en volumen, con una pena fingida tan afilada que dolía. "Pero cuanto más intenta, más patética queda.

Y yo? 'Casualmente' estoy de vuelta. Sus papás ni saben nada. No pudieron detenerme. Mañana almuerzo con ellos. Porque ella renunció al compromiso y tú, amor, estás libre de culpa." Suspiró, como quien ya se ve ganando.

"¿No es perfecto? Yo jamás te solté. Solo estaba esperando que ella quitara el pie." Rhys sonrió apenas. "Tienes razón. Siempre la tienes.

" Estalló un ruido en mi cabeza, el corazón como tambor de guerra. Seguro Yvaine me decía cosas-que me calmara, que no hiciera locuras-pero no escuchaba nada. Ya no era la Mira que tragaba orgullo por migajas.

Me solté de Yvaine y giré hacia el bartender. "Dame el mejor tinto. Cárgalo a la cuenta de Rhys Granger." Ese bartender-bendito rebelde bello-ni parpadeó. Me pasó la botella como si pidiera agua.

Con la botella en mano, ya no había marcha atrás. El portero intentó frenarme, pero al ver mi cara-plan diosa furiosa bajada del infierno-decidió que vivía mejor sin meterse. Fui directo hacia Rhys y Catherine, que estaban en pleno beso de telenovela chafa. Levanté la botella-y la estrellé con todo. El vidrio tronó, astillas por todas partes.

A Rhys se le abrió la frente al instante, la sangre bajando por entre las cejas. Catherine gritó y saltó de encima. "¿¡Mirabelle!? ¡¿Estás loca?!

¿¡Qué haces aquí!?" Intentó sacar una mentira, la voz ya sonando a pánico. "No es lo que parece, juro que-" Rhys la interrumpió, agarrándola del brazo, la mirada fría. "No gastes saliva, Catherine.

Da igual. Mis papás siempre estarán de tu lado. Solo estamos corrigiendo un error.

" Catherine pasó del pánico al cinismo en segundos. Se abrazó a él como quien lame una herida y ronroneó, "Ay, amor, estás sangrando. Tenemos que ir al hospital.

" Antes de que pudiese contestar, Yvaine apareció a mi lado como tormenta, puro fuego en los ojos. Levantó la mano lista para darle una mordida de vuelta a Catherine. "¡Maldita víbora hipócrita-!

" Le agarré la muñeca, firme. "Yvaine, déjalos. Si se quedan un segundo más, se me va el apetito de por vida."

Miré directo a Catherine y dije en alto: "Este lugar se especializa en buen gusto, no en basura reciclada de saldo." La sonrisa de Catherine se congeló. La cara de Rhys se tensó, pero no les di tiempo.

Yvaine se irguió, con la barbilla bien en alto, y le ladró a los porteros: "¿Qué esperan? Llévense a estas plagas fuera de aquí con todo el cariño que se merecen."

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