Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela Los chicos también se enamoran

Los chicos también se enamoran

Leonardo Harrison, el galán más popular del campus, se fija un nuevo objetivo: conquistar a la recién llegada Anabel. Sin embargo, su habitual encanto fracasa y lo que empezó como un juego deriva en una amistad sincera. Por primera vez, el joven mujeriego cae rendido de amor, pero enfrenta un obstáculo insuperable: el novio de ella. Atrapado en el rol de mejor amigo, Leonardo debe lidiar con sus miedos y evolucionar para intentar ganar su corazón.
Capítulos
Compartir

Capítulo 1

- ¡PORQUE TE AMO! ¡ESTOY ENAMORADO DE TI! ¡ESTOY LOCO POR TI! – Grité con todas mis fuerzas, exasperado y sin aliento.

Ella estaba parada frente a mí, a unos metros, sus ojos, que estaban cristalizados por las ganas de llorar que sofocaba, se abrieron como platos y se puso algo pálida; mientras que yo, no podía dejar de mirarla fijamente, con la respiración agitada. “¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda! ¡La cagué!” Solo eso pensaba, no sé por qué lo hice, solo brotó de mí en el momento, como vómito verbal, sin poder contenerlo, fue un momento de desesperación.

Jamás hubiera creído que me confesaría así. Al enamorarme de ella, al enterarme de que podría tener una oportunidad con ella, lo imaginé diferente. ¡Diablos! Si hasta lo planeé. Lo repetía cada vez todo en mi mente y de la forma más romántica. No es que hubiese supuesto que siendo romántico, la confesión de mis sentimientos funcionaria y que ella inmediatamente caería a mis pies, ella no es ese tipo de chicas.

Nada más quería ofrecerle algo diferente, algo nuevo; quisiera haber podido mostrarle con un bonito gesto, todo lo que le puedo ofrecer, que puedo ser lo que ella quiera, ¡Hasta romántico! Si es que a ella eso le gusta.

En fin… Seguíamos allí parados uno frente al otro, ella seguía sin decir palabra, sus expresiones cambiaban a cada segundo, parecía ¿Sorprendida? ¿Asustada? ¿Enojada? Aunque la conocía desde hacía tres años y me había dedicado en ese tiempo a observarla, analizarla y estudiarla, en este preciso momento no podía adivinar o imaginar lo que ella pensaba, no podía saber y eso me frustraba.

Había pasado un minuto, pero para mí, se sentía como una hora; mi respiración ya se había normalizado, pero podía ver cómo ella seguía agitada. De pronto la vi observar alrededor, lo que la hizo tensarse más y nuevamente me miró sonrojada, bajando la mirada. Su actitud me hizo notar, que a nuestro alrededor se agolpaban las personas, prácticamente toda la universidad estaba detenida en nuestra periferia observándonos y murmurando, “¿Es que no tienen nada que hacer?” reflexioné, “¡Mierda! ¡Si es el intermedio para el almuerzo! Todos están libres”, lo había olvidado.

En ese momento, la ira se comenzó a apoderar nuevamente de mí, el ver todas esas personas chismosas descaradamente a nuestro alrededor. Debió ser muy visible mi rabia porque al volver la vista hacia ella, movió ligeramente la cabeza en negación; ella sabía lo que yo pensaba, sabía que empezaría a vociferar para todo el mundo insultos y ella, con un simple gesto, me detuvo.

Yo imaginaba lo que murmuraban a nuestro alrededor, “El playlover enamorado de su mejor amiga, ¡Qué cliché!”, pero eso no me importaba. Volví a olvidar que toda esa gente estaba a nuestro alrededor, mi mente se concentró en algo más; el hecho de que ella me haya hecho un pequeño gesto para detenerme, de que por fin reaccionará de alguna forma hacia mí, me dio también una pequeña esperanza; así que di un paso hacia ella para acortar el espacio entre nosotros, solo tres metros nos separaban.

Ella vio mi intención y como un animalito asustado que está al acecho del cazador, dio un paso hacia atrás lentamente. Pude ver en sus labios un “No”, con esa mirada determinada. Los murmullos a nuestro alrededor aumentaron, ella se ponía roja, se estaba enojando y estaba muy avergonzada, lo sé, la conozco y ¡Por fin podía entender su expresión!.

- Anabel. - Susurré.

Estire mi mano hacia ella muy lentamente, con cuidado de no asustarla, “¡Qué estupidez! ¡¿Por qué con ella todo tiene que ser tan complicado?!”. No funcionó, ella se sobresaltó y sin más, rápidamente dio media vuelta, salió corriendo, a toda la velocidad que podía, como yo nunca había visto correr a nadie y menos a ella, hacia la salida de la universidad, dejándome completamente perplejo, congelado, sin saber qué hacer.

Amigos, chicas, ¡Así fue mi primera confesión de amor! ¡Qué mierda!.

Mi nombre es Leonardo Harrison y les explico, soy el típico chico guapo, atlético, divertido, playlover o mujeriego, cómo deseen llamarlo… ¡El típico cliché!. Pero ojo, no soy tóxico, ni egocéntrico (bueno un poco), no tengo traumas infantiles o familiares, no me gusta andar humillando a nadie… En general, soy un buen muchacho al que solo le gusta mucho el sexo.

Cuando hablo de que es mi primera confesión, lo digo porque nunca me he enamorado, ¡Nunca! He salido con muchas chicas, con la mayoría exclusivamente tenía sexo por una noche, con algunas privilegiadas, llegué a tener noviazgos de uno, dos o hasta tres meses, pero únicamente porque eran superardientes en todos los sentidos; y luego, terminaba por aburrirme y las dejaba.

¡Claro! Siempre trato de ser todo un caballero con ellas, me educaron muy bien en mi casa, para ser un chico respetuoso; sea al día siguiente o después de algún tiempo, según sea el caso, nos separamos de la forma más amena y cordial. Seguramente, aun así, muchas me odian, aunque siempre sigo tratando con las chicas con la misma soltura, como si nada hubiese pasado. Sé que eso suena cruel, pero trato de ser lo más honesto que puedo, el sexo es todo lo que me interesa, no me gusta ser hipócrita, creo que, ¡Es peor engañar a las mujeres!. Y aunque suene falso de mi parte, para mí, son la mejor creación que Dios nos dio.

En fin, cómo les contaba, por primera vez en mi vida, estaba enamorado y no era algo reciente, llevaba mucho tiempo, un par de años; no sé a ciencia cierta cuando ocurrió, fue de pronto; en algún momento de nuestra amistad, me di cuenta, fue como un balde de agua fría y ya era muy tarde, ya la amaba. Pero era imposible intentar algo con ella, no porque no quisiera o porque fuera un cobarde, sino que… uff… es complicado.

Ella, al contrario de mí, no es un cliché, no es la típica chica supersexy que seduce con solo la mirada y un movimiento de sus labios, ni tampoco es el cliché más común, la niña virginal y tímida que no tiene más que un par de amigos y enamora con su mirada inocente.

Quizás por eso me enamore, ella es… Diferente.

En fin…

Amigos… Chicas… Para que entiendan mejor lo que sucedió aquí, voy a contarles mi historia de amor, lo mejor que pueda, como comenzó todo hace tres años… Sé que no es nada común que sea un chico el que cuente este tipo de historias, pero antes de juzgarme, sepan que… ¡Los chicos también se enamoran!.

También te puede gustar

Portada de la novela El Beso de la Víbora: La Venganza de una Esposa
8.6
Bajo un sol implacable, Mateo abandonó a su hijo Leo en un auto para proteger su coche, favoreciendo a Sofía. Tras descubrir que mi boda fue una trampa para dar celos, sufrí la humillación pública. Al exigir el divorcio, me robaron mi negocio y secuestraron a mi pequeño, intentando asesinarme con veneno de víbora. Ignoran que he sobrevivido al ataque; ahora, mi sufrimiento se transforma en una sed de justicia letal para recuperar lo que es mío.
Portada de la novela El Consejero
9.6
Desde 1931, las Cinco Familias controlan Nueva York bajo un orden implacable. En esta red delictiva, el Don y su Consejero dirigen a subjefes y soldados en una estructura de poder absoluta. Los asociados buscan ascender mediante pruebas de fidelidad extremas, mientras la vendetta rige cada ajuste de cuentas bajo supervisión del jefe. Una mirada profunda a las reglas internas, la jerarquía y los rituales violentos que sostienen al crimen organizado moderno hoy.
Portada de la novela El Precio de Su Ciego
9.7
Tras la trágica pérdida de su hija Sofía por la negligencia de su esposa Isabella, Ricardo Vargas despierta inexplicablemente en el pasado. Decidido a evitar el desastre, pone a prueba la prioridad de su mujer: si ella elige salvar a su sobrino antes que a su hija enferma, él se marchará para siempre. Al confirmarse el desinterés de Isabella, Ricardo firma el divorcio, dispuesto a cambiar su destino y proteger a la pequeña de una traición irreparable.
Portada de la novela La Reina Invisible: La Caída De Moretti
8.7
Detrás de la inmensa fortuna de Óliver Moretti, el temido Capo, siempre estuve yo como su estratega financiera. Sin embargo, nueve años de lealtad se quebraron al descubrir su plan para despojarme de todo. La traición culminó en tragedia: perdí a nuestro hijo tras un ataque de su amante, mientras él la prefería a ella. Mi devoción ahora es pura sed de venganza. He vaciado su patrimonio y lo he denunciado. Óliver suplica clemencia, pero ya no queda nada.
Portada de la novela Las manos de ella, la traición de él, el imperio de ella
8.8
Mi éxito en el modelaje de manos en CDMX se esfumó tras el ataque de Carla, la ex de mi prometido Rodrigo, quien me causó quemaduras químicas. En lugar de apoyarme, él la protegió y me humilló al confesar que yo solo cubría el vacío de su viejo amor. Tras hallar un contrato prenupcial abusivo y confirmar su engaño, cancelé la boda. Dejé atrás la sumisión y, tras una llamada clave, huí en un jet privado para reclamar mi propio destino y poder.
Portada de la novela Mis Deseos Más Profundos
8.1
Yana pensó que su primera noche sería con su gran amor, pero despertó junto a un extraño que cambió su destino para siempre. Este hombre misterioso no solo manchó su honor, sino que destruyó su futuro matrimonio y la privó de su libertad. Aunque oculta sus sentimientos tras una fachada de frialdad, él la mantiene cautiva bajo una oscura obsesión. En lo que debió ser una boda feliz, Yana solo encontró un vínculo forjado con amargura y sufrimiento.