Portada de la novela Los chicos también se enamoran

Los chicos también se enamoran

9.5 / 10.0
Leonardo Harrison intenta conquistar a Anabel en Los chicos también se enamoran. Esta romance novel de young adult explora cómo un joven popular termina en la zona de amigos. Una modern novel sobre redención y el desafío de ganar un corazón que ya pertenece a otro.
Resumen de Los chicos también se enamoran
Leonardo Harrison, el galán más popular del campus, se fija un nuevo objetivo: conquistar a la recién llegada Anabel. Sin embargo, su habitual encanto fracasa y lo que empezó como un juego deriva en una amistad sincera. Por primera vez, el joven mujeriego cae rendido de amor, pero enfrenta un obstáculo insuperable: el novio de ella. Atrapado en el rol de mejor amigo, Leonardo debe lidiar con sus miedos y evolucionar para intentar ganar su corazón.
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Los chicos también se enamoran Capítulo 1

- ¡PORQUE TE AMO! ¡ESTOY ENAMORADO DE TI! ¡ESTOY LOCO POR TI! – Grité con todas mis fuerzas, exasperado y sin aliento.

Ella estaba parada frente a mí, a unos metros, sus ojos, que estaban cristalizados por las ganas de llorar que sofocaba, se abrieron como platos y se puso algo pálida; mientras que yo, no podía dejar de mirarla fijamente, con la respiración agitada. “¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda! ¡La cagué!” Solo eso pensaba, no sé por qué lo hice, solo brotó de mí en el momento, como vómito verbal, sin poder contenerlo, fue un momento de desesperación.

Jamás hubiera creído que me confesaría así. Al enamorarme de ella, al enterarme de que podría tener una oportunidad con ella, lo imaginé diferente. ¡Diablos! Si hasta lo planeé. Lo repetía cada vez todo en mi mente y de la forma más romántica. No es que hubiese supuesto que siendo romántico, la confesión de mis sentimientos funcionaria y que ella inmediatamente caería a mis pies, ella no es ese tipo de chicas.

Nada más quería ofrecerle algo diferente, algo nuevo; quisiera haber podido mostrarle con un bonito gesto, todo lo que le puedo ofrecer, que puedo ser lo que ella quiera, ¡Hasta romántico! Si es que a ella eso le gusta.

En fin… Seguíamos allí parados uno frente al otro, ella seguía sin decir palabra, sus expresiones cambiaban a cada segundo, parecía ¿Sorprendida? ¿Asustada? ¿Enojada? Aunque la conocía desde hacía tres años y me había dedicado en ese tiempo a observarla, analizarla y estudiarla, en este preciso momento no podía adivinar o imaginar lo que ella pensaba, no podía saber y eso me frustraba.

Había pasado un minuto, pero para mí, se sentía como una hora; mi respiración ya se había normalizado, pero podía ver cómo ella seguía agitada. De pronto la vi observar alrededor, lo que la hizo tensarse más y nuevamente me miró sonrojada, bajando la mirada. Su actitud me hizo notar, que a nuestro alrededor se agolpaban las personas, prácticamente toda la universidad estaba detenida en nuestra periferia observándonos y murmurando, “¿Es que no tienen nada que hacer?” reflexioné, “¡Mierda! ¡Si es el intermedio para el almuerzo! Todos están libres”, lo había olvidado.

En ese momento, la ira se comenzó a apoderar nuevamente de mí, el ver todas esas personas chismosas descaradamente a nuestro alrededor. Debió ser muy visible mi rabia porque al volver la vista hacia ella, movió ligeramente la cabeza en negación; ella sabía lo que yo pensaba, sabía que empezaría a vociferar para todo el mundo insultos y ella, con un simple gesto, me detuvo.

Yo imaginaba lo que murmuraban a nuestro alrededor, “El playlover enamorado de su mejor amiga, ¡Qué cliché!”, pero eso no me importaba. Volví a olvidar que toda esa gente estaba a nuestro alrededor, mi mente se concentró en algo más; el hecho de que ella me haya hecho un pequeño gesto para detenerme, de que por fin reaccionará de alguna forma hacia mí, me dio también una pequeña esperanza; así que di un paso hacia ella para acortar el espacio entre nosotros, solo tres metros nos separaban.

Ella vio mi intención y como un animalito asustado que está al acecho del cazador, dio un paso hacia atrás lentamente. Pude ver en sus labios un “No”, con esa mirada determinada. Los murmullos a nuestro alrededor aumentaron, ella se ponía roja, se estaba enojando y estaba muy avergonzada, lo sé, la conozco y ¡Por fin podía entender su expresión!.

- Anabel. - Susurré.

Estire mi mano hacia ella muy lentamente, con cuidado de no asustarla, “¡Qué estupidez! ¡¿Por qué con ella todo tiene que ser tan complicado?!”. No funcionó, ella se sobresaltó y sin más, rápidamente dio media vuelta, salió corriendo, a toda la velocidad que podía, como yo nunca había visto correr a nadie y menos a ella, hacia la salida de la universidad, dejándome completamente perplejo, congelado, sin saber qué hacer.

Amigos, chicas, ¡Así fue mi primera confesión de amor! ¡Qué mierda!.

Mi nombre es Leonardo Harrison y les explico, soy el típico chico guapo, atlético, divertido, playlover o mujeriego, cómo deseen llamarlo… ¡El típico cliché!. Pero ojo, no soy tóxico, ni egocéntrico (bueno un poco), no tengo traumas infantiles o familiares, no me gusta andar humillando a nadie… En general, soy un buen muchacho al que solo le gusta mucho el sexo.

Cuando hablo de que es mi primera confesión, lo digo porque nunca me he enamorado, ¡Nunca! He salido con muchas chicas, con la mayoría exclusivamente tenía sexo por una noche, con algunas privilegiadas, llegué a tener noviazgos de uno, dos o hasta tres meses, pero únicamente porque eran superardientes en todos los sentidos; y luego, terminaba por aburrirme y las dejaba.

¡Claro! Siempre trato de ser todo un caballero con ellas, me educaron muy bien en mi casa, para ser un chico respetuoso; sea al día siguiente o después de algún tiempo, según sea el caso, nos separamos de la forma más amena y cordial. Seguramente, aun así, muchas me odian, aunque siempre sigo tratando con las chicas con la misma soltura, como si nada hubiese pasado. Sé que eso suena cruel, pero trato de ser lo más honesto que puedo, el sexo es todo lo que me interesa, no me gusta ser hipócrita, creo que, ¡Es peor engañar a las mujeres!. Y aunque suene falso de mi parte, para mí, son la mejor creación que Dios nos dio.

En fin, cómo les contaba, por primera vez en mi vida, estaba enamorado y no era algo reciente, llevaba mucho tiempo, un par de años; no sé a ciencia cierta cuando ocurrió, fue de pronto; en algún momento de nuestra amistad, me di cuenta, fue como un balde de agua fría y ya era muy tarde, ya la amaba. Pero era imposible intentar algo con ella, no porque no quisiera o porque fuera un cobarde, sino que… uff… es complicado.

Ella, al contrario de mí, no es un cliché, no es la típica chica supersexy que seduce con solo la mirada y un movimiento de sus labios, ni tampoco es el cliché más común, la niña virginal y tímida que no tiene más que un par de amigos y enamora con su mirada inocente.

Quizás por eso me enamore, ella es… Diferente.

En fin…

Amigos… Chicas… Para que entiendan mejor lo que sucedió aquí, voy a contarles mi historia de amor, lo mejor que pueda, como comenzó todo hace tres años… Sé que no es nada común que sea un chico el que cuente este tipo de historias, pero antes de juzgarme, sepan que… ¡Los chicos también se enamoran!.

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Tabla de contenidos de Los chicos también se enamoran

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