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Portada de la novela Los Alphas de Alana

Los Alphas de Alana

Alana posee un destino excepcional en un reino de magia y deseo, pero su vida está marcada por el dolor que le causaron tres reyes Alphas. Sin saber que ella es su compañera predestinada, estos líderes la hirieron profundamente. Ahora, para evitar una muerte segura debido a su débil vínculo, los soberanos deben cooperar y redimirse. Alana enfrentará el dilema de perdonar a quienes la dañaron para salvarlos a todos mediante una unión sagrada.
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Capítulo 7

Edur recorría el amplio establo, no solo buscando una respuesta a lo que había hecho años atrás, también buscando un motivo del porque Alana dormía en los establos; cuando llego al montón de paja que obviamente no era el mismo que el de años atrás, pero si estaba en el mismo lugar donde encontró a Alana esa noche, al fin los recuerdos nítidos llegaron a él.

Había sido designado como jefe de la mafia de los lobos, se podria decir que hacerse con todo el país e incluso el continente sería fácil, pero no era el caso, así como ellos buscaban un lugar en el mundo moderno y una forma de subsistir en el anonimato, los vampiros y brujos también lo hacían, cada especie se había adaptado a pasar desapercibidos, y manejar los mismos negocios que un humano cualquiera.

Esa noche no solo se había tatuado su rostro, algo que no era una mera decoración, sino una señal para los vampiros y brujos de que la mafia redomón tenía un nuevo líder, también había consumido la droga que se le vendía a los humanos, quizás para demostrar que a él, nada lo afectaba; pero se equivocó, ese polvo sí que lo afecto, aun estando a cientos de kilómetros, la imagen de Alana llego a él, pero no fue lo único, tal vez el pensar en la joven se debía a lo que había escuchado decir a las empleadas, esa mañana cuando salió a la ciudad, eran muchas cosas las que se decían de Alana, entre ellas, que cuando los reyes no estaban, la joven iba a los establos para complacer a los lobos, a cambio de un poco de dinero; eso lo molesto, ella no tenía por qué hacer eso, los reyes la trataban y la consideraban un miembro más de la familia ¿y ella que hacía para agradecer tal trato? No solo contaminaba la manada, también ensuciaba la reputación de la familia real; todo eso lo llevo a ver por sus propios ojos que tan cierto eran los rumores de la pelirroja. En tiempo récord, regreso a la manada, sus pasos lo guiaron directo al establo y se molestó cuando vio que la joven realmente estaba allí ¿acaso estaba esperando a algun amante? ¿era a eso a lo que se dedicaba? ¿había aceptado que no tendría loba y por eso no le importaba que los hombres que aún no tenían compañera la buscaran? Sabía que no era una obligación permanecer puros para sus mates, pero… no pensaba aceptar que su familia se vea envuelta en algo tan denigrante y sucio.

— Alana.

Murmuro con pena Edur, pues el único que esa noche había cometido un acto impuro y atroz era él, algo de lo que solo se percató al ver la sangre correr entre las piernas de Alana, no solo había tomado su pureza, la había lastimado de una manera tan horrible, que cuando regreso a sus cabales, solo huyo, como un cobarde, como un perro que solo actúa por instinto de supervivencia, pues sabía que cuando sus padres se enteraran de lo que le había hecho a Alana no solo lo desterrarían, podía jurar que su madre lo mataría; pero no fue el caso, por más que espero, su castigo no llego, y cuando al fin tuvo el coraje de regresar a la manada, descubrió que Alana ya no estaba y el pedido de perdón que nunca fue dicho, anido en su pecho; desde esa noche Edur solo veía la luna, y si en algún momento podía conciliar el sueño, solo era por el veneno que le vendía a los humanos, lo único que podía silenciar su mente y acallar los gritos de Alana que se repetían en su cabeza sin descanso.

— ¡Alana! — el grito de felicidad de su madre le aceleró el corazón, al fin luego de tanto tiempo, Alana estaba en la manada y él también.

Con pasos apresurados salió del establo, para apreciar el instante donde la pelirroja abrazaba a su madre, incluso le pareció que brillaban, aunque lo más probable fuera que solo era el efecto que provocaba el sol al ocultarse.

— Luna Lina, la extrañe mucho. — en menos de un parpadeo, estaba casi pegado a ellas, no fue consiente que sus pies nunca dejaron de avanzar, hasta que ya estaba allí.

— ¿Y a mí no me extrañaste? — la voz de reclamo de Lucio era autentica, y aunque Edur se perdió en la imagen de niña pequeña que tenía Alana gracias a su estatura y delgades, no pudo evitar ver el rostro de molestia de Otto.

— Claro que lo extrañe Alpha Lucio.

— Luego que termines de saludar, baja tus cosas, al menos creo que para cargar una maleta si sirves.

— ¡Osiel! — el de ojos azules ignoro a su padre, y Edur sintió que era su momento para hacer algo.

— Yo llevare tu maleta Alana. — observo como la joven se tensó, antes de responder, aun sin verlo.

— No es necesario Alpha, yo puedo. — sintió algo raro en su pecho, no sabía si era porque no quiso voltear a verlo para responder, o si ni siquiera quiso pronunciar su nombre, pero algo de eso lo molesto.

Alana tomo su equipaje, sorprendiendo a los reyes que fuera la misma maleta pequeña con la que se fue de la manada, ¿Cómo era posible que no comprara ropa o alguna cosa? Lina no lo comprendía, después de todo, no importaba si se era loba, bruja, vampiro o humano, un adolescente siempre gastaba y compraba cosas, en especial ropa, pero al parecer en eso también era distinta Alana.

Mientras Lina la siguió de cerca para mostrarle su nueva habitación, Lucio meditaba, él si había visto el espíritu de su compañera brillar aún más, cuando al fin tuvo a Alana entre sus brazos, y una vez más se preguntaba que tendría de especial Alana para que la salud de Lina mejorara aún más por solo verla.

— Es maravilloso Luna, son todos muy buenos, y descubrí que leen y hacen películas sobre nosotros, algunas dan miedo y nos hacen ver como monstruos, otras son lindas de romance.

Alana trataba de poner al día a su luna en todo lo que había vivido el último año y Lina solo podía ver como la luz de Alana había regresado, no tan brillante como antes, pero allí estaba, al igual que algo más.

— Alana. — la llamo con voz suave, no queriendo detener su relato, pero debía preguntar.

— ¿Si luna?

— ¿Has… sentido a tu loba? — la felicidad de Alana desapareció de su rostro, pero la luz que había a su alrededor, titileo.

— No. — reconoció con tristeza.

— Bien, eso no importa cariño, eso no importa, aun eres joven.

— No creo que eso cambie algo, no soy normal, esa es la verdad. — Lina suspiro, al tiempo que acariciaba el cabello rojizo de Alana.

— Normal… creo que nadie en el mundo es normal, ahora será mejor que bajemos a cenar.

Gala y Benjamín se habían detenido a mitad de camino, sus ojos chocaban con mil cosas por decir, pero aun así las palabras no le salían, desde que habían dejado a Alana el silencio los acompaño, cada uno tratando de acomodar sus ideas para así poder poner en palabras lo que pensaban.

— No puedo creer que sea ella. — al fin fue Gala la que rompió el silencio.

— No es seguro. — acoto con cierto temor el rubio.

— ¿Lo dudas? Por favor, Benjamín, es una loba.

— No lo es, al menos no huele como una.

— Es como nosotros. — y cuando Gala lo dijo la medalla de Benjamín y el anillo que la pelirroja le había reGalado a ella, comenzaron a brillar.

— No lo creo. — murmuro el rubio, sintiendo la absurda necesidad de beber sangre de oso. — Yo… tengo sed, al fin tengo sed. — Gala se perdió un segundo en los ojos del rubio, que pasaron de ser verdes a estar completamente negros.

— Te estas transformando. — aseguro tratando de tocar su mejilla, pero sin querer, una ventisca envió al rubio al suelo boscoso.

— Mierda Gala… tu… — sin desearlo Benjamín se puso de pie a una velocidad sobre humana y es que él no era un humano, al menos no ahora.

— Son mis poderes, al fin tengo mis poderes… si era ella, la que nos faltaba.

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