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Portada de la novela Una esposa para mi hermano

Una esposa para mi hermano

Daniel es un CEO viudo de 40 años que vive para sus hijos y su empresa, tras haber cerrado su corazón al amor. Su vida cambia cuando Harry, su hermano, convence a Deanna, una joven soprano de 25 años, para fingir un compromiso y evadir una norma familiar. Aunque el trato es una farsa temporal, la química entre ambos surge de forma inevitable. Pese a la diferencia de edad y los secretos que los rodean, este engaño inicial se transforma en una pasión real que los obligará a luchar contra sus miedos y enemigos.
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Capítulo 8

Camila se había adelantado a su hijo y habló con sus nietos sobre lo que su padre planeaba hacer. Daniel estaba furioso—eso era algo que le correspondía a él y a nadie más. Pero Camila estaba muy preocupada por la decisión que estaba a punto de tomar y quiso prevenir a sus nietos. Las cosas se estaban yendo un poco de control.

—¿Qué le dijiste a mis hijos, mamá?

—Que piensas cometer una locura y que meterás en tu casa a una mujer que no tiene edad para ser su madre.

—Eso tenía que hablarlo yo con ellos, no tú.

—Son mis nietos, Daniel.

—Son mis hijos, y nadie puede intervenir en mis decisiones o en la manera en que los crio. Mucho menos adelantarse a hacer algo que es mi deber.

Camila no tenía malas intenciones. Estaba consternada por todo el escándalo que iba a sucederse. Daniel Crusher casado con una jovencita que era evidente solo quería su dinero. Ninguna mujer de su edad se casaba con alguien mayor y con tres niños. Era bien conocido que las únicas que reunían esas características eran o las amantes o las "esposas trofeo".

—¿Sabes el escándalo social que vas a provocar?

—Eso no me interesa, mamá. Nunca me interesó.

—Eso es porque jamás has cometido un acto tan descabellado como este.

—No quiero discutir más este asunto. Te estoy muy agradecido por todo lo que has hecho por mí y mis hijos desde que Emily murió, pero voy a pedirte que dejes de inmiscuirte en mis asuntos privados. Y sobre todo que dejes de involucrar a los niños.

Daniel era conocido por su carácter duro y explosivo cuando alcanzaba un límite, pero esta era la primera vez que Camila era el blanco directo. Jamás le había hablado de esa manera, y todo por defender a una mujer que solo buscaba desplumarlo y seguramente luego lo abandonaría. En su cabeza, Camila ya tenía toda la historia planteada: se casaría con ella, haría el ridículo, luego de sacarle un buen dinero lo abandonaría y se convertiría en el hazmerreír de toda la sociedad.

Ninguna otra mujer querría casarse con alguien así, con la reputación manchada por un amorío sin sentido. ¡Esto era un desastre! ¿Y qué pasaría con Harry y Susan? También recibirían parte de este bochorno y se verían afectados. En realidad, Camila tenía conceptos bastante anticuados y mucha imaginación.

—Cambiarás de parecer cuando la conozcas.

—Lo dudo mucho.

—Si te cierras de esa manera, solo seguirás creyendo tonterías.

Debido a su intervención indeseada, Daniel decidió que los niños no asistieran a la reunión. Sería mejor que la conocieran a solas, sin la influencia de Camila. Tal vez de esta forma borrarían lo que—Daniel estaba seguro—les había contado sobre ella. Las cosas iban a ser suaves y llanas; él lo tenía todo planificado al detalle para que sus hijos pudieran convivir con Deanna sin mayores inconvenientes. Y ahora tendría que lidiar con los preconceptos que su abuela les había implantado.

Lynda ya se había encargado de hacer correr el chisme de que a Daniel estaban a punto de "cazarlo" para convertirlo en una pieza de exposición. Esa mujer no tenía reparo alguno. Estaba convencida de que no había un mejor partido que él y que ella era su pareja ideal, pero había cambiado de rumbos y ahora andaba detrás de mujeres más jóvenes. Se notaba que le había llegado "la crisis de los 40". Y por supuesto, todo el mundo comenzó a hablar de ello.

El único que parecía impávido y sereno por la decisión de su hijo era Charles. Tenía con Daniel una relación muy peculiar debido a que en muchos aspectos eran bastante parecidos. Confiaba en su capacidad y en su manera de manejar las cosas, y por eso le había dado el puesto de CEO en la empresa. Y había sido todo un acierto, porque desde que Daniel se comenzó a hacer cargo de ella se habían diversificado y expandido vertiginosamente. Estaba convencido de que sabía bien lo que hacía.

—No le des importancia a lo que dice tu madre, hijo. Siempre exagera.

—Lo sé, papá, pero me preocupa esa costumbre que tiene de anticiparse a las cosas.

—Siempre ha sido así. Solo debes seguir firme en tu decisión; con el tiempo terminará aceptándolo... Así que dime, ¿es bonita mi nueva nuera?

—Mucho... —Esa afirmación salió de él sin siquiera pensarlo.

—Ah, qué bueno. Me alegro por ti; una mujer bonita siempre alegra los días.

¿Qué fue eso? Sí, Deanna era bonita, pero ¿mucho? Daniel no supo en qué momento había llegado a esa conclusión. Pero si lo pensaba un poco, no era del todo errado. Ella tenía muchas cosas que la hacían bonita además de su cara, sus ojos, en especial su cabello, las piernas largas, la sonrisa amena, las pecas de su espalda... Tenía carácter y optimismo por la vida, era educada aunque podía ser también indolente si se lo proponía.

¿La estaba viendo como mujer? No, claro que no. ¿Cómo podría? Era solo porque su apariencia servía para justificar su supuesta relación, y nada más. No tenía que ver ni con su porte distinguido cuando estaba seria, ni cómo gesticulaba con las manos al hablar o el mohín que hacía con los ojos cuando se enojaba. Daniel intentó justificarse a sí mismo diciéndose que solo la había observado para aprender de ella y no equivocarse demasiado durante la reunión.

________________________________________

—No vayas a mentirme diciendo que no encontraste a Daniel atractivo —le dijo Laura.

Estaban con Harry bebiendo un café afuera del campus.

—Claro que es atractivo...

—No sé si quiero escuchar esto —dijo Harry.

—Es muy popular entre las damas.

—No lo dudo. Tiene una linda sonrisa y ojos expresivos.

—No, no quiero escuchar esto —repitió Harry, pero ninguna le prestaba atención.

—Además es conocido por ser todo un caballero.

—... su cabello negro le queda bien... Y hace ese ademán con la cabeza cuando quiere afirmar algo... sus manos son muy masculinas...

—¿En qué momento miraste tanto a mi hermano?

—No lo miré, ¿de qué hablas?

—"Tiene bonito esto, bonito lo otro". ¡Vamos, Dean! Lo estuviste observando de arriba abajo. —Laura le dio un ligero golpe en el brazo.

Era verdad, ¿cuándo lo había observado tanto? Bueno, era natural; se suponía que era su prometido y que tenían meses saliendo. Era lógico que lo inspeccionara un poco. Que fuese atractivo amenizaba un poco la situación—al menos fingiría ser la esposa de un hombre guapo y tener que verlo a diario no sería tan pesado. Equilibraba un poco la balanza con su carácter "especial".

—Eres insoportable a veces, Harry, lo sabes, ¿verdad?

—No quiero oírte hablar de mi hermano como si fuera un hombre.

—¿Y qué se supone que es entonces?

—Mi hermano... es grotesco que le veas algo "atractivo".

—¿Qué?

—Eso pasa, Deanna, porque para Harry su hermano es una especie de deidad suprema. Estamos siendo blasfemas al referirnos a él como un simple mortal —le explicó Laura.

—Tienes problemas, niño. Ese hombre no está ni cerca de ser un Dios.

Y, aun así, Deanna seguía repasando en su mente todas esas pequeñas cosas que había visto en él en solo dos encuentros; los detalles que lo caracterizaban. Tenía un porte distinguido y una serenidad muy peculiar a pesar de parecer siempre rígido; si no fuera por su forma de hablar que a veces rayaba en ser despectiva, definitivamente entraría en la categoría de "hombre interesante".

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