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Portada de la novela LLEGARÁ EL AMOR A MI VIDA

LLEGARÁ EL AMOR A MI VIDA

Tras ser abandonada por su primer amor, Montserrat se dedica por completo a criar a su hija, dejando atrás sus sueños de una familia perfecta. Su vida cambia al conocer a Gabriel Valencia, un magnate cínico endurecido por la traición. Aunque ella intenta resistirse a su arrogancia y a sus juegos de poder, Gabriel desarrolla una fijación obsesiva por desvelar su pasado. El destino forzará sus encuentros, uniendo sus caminos a pesar de la mutua desconfianza.
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Capítulo 2

Se levantó de muy buen humor comparado a los demás días, sin duda alguna algo bueno sucedería y esperaba que fuera que a sus padres se les quitara esa idea de verlo casado.

Aún no entendía ese empeño de verlo casado y con hijos, las mujeres eran hermosas, fascinantes como para que él tuviera que atarse a una de por vida y mucho menos llenarme de niños, amaba a sus sobrinos pero de larguito más bonitos, como para para tener que estar rodeado todo el tiempo de pañales sucios y el llanto de los niños, no definitivamente esa no era su vida.

Gabriel Valencia y tenía 35 años, era muy guapo y eso nadie lo puede negar, y gracias a ello podía tener a la mujer que quisiera y cuando él quisiera, no siempre había sido mujeriego, Gabriel hubo un tiempo en el que creía en el amor, y en la familia él esperaba casarme como sus padres me habían enseñado, pero hacía diez años una mala mujer se burló de él y lo hizo sufrir demasiado así que había decidido que de ahora en adelante, sería igual, sería él quién jugaría con ellas y no me importaría sus sentimientos, y desde entonces había tenido muchísimas mujeres, y eran tantas que ya había perdido la cuenta.

Aunque por momentos también deseaba una vida como las de sus padres llenas de amor y felicidad a lo largo de estos años..

En el ámbito laboral no se quejaba, sus padres eran los dueños de uno de los mejores bancos del país, y él dirigía uno de los tres que tenían, le encantaba hacer lo que hacía.

Tenía una hermana que se llamaba Camila y tenía 26 años, era algo engreída, y como ella siempre decía, solo se junta con gente de su misma clase social, que para Gabriel eso era una tontería, y también estaba su hermano Diego que tenía 39 años, él sí se había hecho un hombre de familia, tenía diez años felizmente casado y dos hijos una niña y un niño ambos de 5 años ya que son gemelos, él también dirigía otro de los bancos y era muy feliz con su familia..

Gabriel se disponía a desayunar, para luego irme al trabajo, al bajar las escaleras se encontró con su madre que no tiene muy buena cara.

—¡Buenos días madre! ¿Qué pasa por qué esa cara?

—Gabriel tu padre quiere hablar hoy contigo cuando regreses de trabajar, te espera en el despacho a las siete, procura estar puntual.

Resopló frustrado, su padre y sus cosas, se imaginó para qué era y de solo pensarlo su día de felicidad se había ido a la mierda.

—¿Y si no puedo a las siete madre?, ¿si surgiera algo en el trabajo? ¿Qué pasa? Ustedes no pueden disponer así de mi tiempo.

—Bueno hijo ya lo sabes aquí a las siete, sino quieres más problemas.

—¿Más problemas? ¿Eso es enserio? No soy un mal hijo, no tengo vicios, soy muy responsable y trabajador, y tu me vienes con eso de problemas ¡no me jodas! Sabes que tengo mi propio apartamento, pero con eso de que me querían cerca para que los cuidara, no me he largado del todo. — digo realmente enojado

—¡Gabriel! Respetame, soy tu madre, además sabes de que quiere hablar tu padre..

—Sí, lo sé y no voy a acceder, la verdad ya se me quito el hambre así que con su permiso me retiro, desayuno en el trabajo.

Sin más salió dando un portazo odiaba que lo quisieran tratar como un niño solo porque no le daba la puta gana casarme.

Al subirme al auto, golpeó el volante, su papá no podía hacerle eso, respiró lo más profundo que pudo y se fue.

Al llegar al trabajo como siempre sus problemas se disipan ya que le gusta su trabajo, aparte Lucía una de las mujeres que trabaja ahí con él le ayuda a quitarse el estrés.

—¡Señor Valencia buenos días!

—¡Buenos Días! Emilia dile a Lucía que venga en 5 minutos y que nadie nos moleste.

—¡Sí señor!.

Sabía que muchos se imaginaban lo que hacían ahí en la oficina cosa que no le importaba porque tanto como Lucía y él hacían muy bien su trabajo, aparte que era solo para que se quitaran el stress, ni ella está interesada en una relación y él mucho menos, unos golpes en la puerta lo volvieron a la realidad.

—¡Adelante!

Entró una sexy y extrovertida Lucía y como siempre llevaba minifaldas, tenía un cuerpo de muerte, unos ojos color avellana preciosos y su cabello era negro, ella simplemente era preciosa.

—¿Me llamastes Gabi?

—Si y ya sabes para qué, estoy muy estresado, así que ponle seguro a la puerta y quítate la ropa.

Ella sin más hace lo que él dijo, una vez desnuda, él se quitó el saco y la corbata solamente, no pensaba desvestir me, se bajó la cremallera y sacó su potente erección, le dijo que se sentara a horcajadas, ella lo hizo y de una sola estocada la penetró, besó sus labios para ahogar sus gemidos y los de él, y tras de todo esa condenada mujer sabía moverse muy bien, seguro por eso traía al novio loquito, porque sí, esa mujer estaba comprometida y miren donde estaba en ese momento, por eso Gabriel sabía todas las mujeres son iguales.

Sus movimientos de caderas eran maravillosos, hacían que me olvidara de todo, él agarró sus caderas con fuerza y empezó a marcar el ritmo lo quería rápido y brusco.

—¡Oooohhh!, ¡Gabi así!, así mi amor no pares.

—Vamos, dámelo Lucía.

En cuanto dijo eso ella tuvo su orgasmo y él antes de concluir también la levantó un poco y se regó fuera de ella, ya que del estrés se le olvidó usar un condón, lo bueno es que ahí tenía un baño.

—Ve rápido a darte un baño y te vas.

—¿Por qué no te bañas conmigo? — Dijo de camino al baño..

—Tu sabes muy bien que no me baño, ni duermo con mujeres, eso es muy íntimo para compartirlo.

—Estás mal Gabriel, algún día vas a ver que bañarse o dormir con alguien es estupendo.

—Tú sabes que ya lo hice una vez y se burlaron de mí, ya no me interesa nada de eso. — ella igual siguió su camino y entró al baño.

Pasaron unos minutos y solo se oía la ducha abierta, y después salió secándose solo el cuerpo ya que solo el cuerpo se lavó..

—¡No todas son iguales! — dijo ella para seguir la conversación de hace un momento.

—¿A no? ¿Y qué le haces a tu prometido?

—Es diferente yo se porque lo hago, ahora si me disculpas tengo trabajo que hacer.... — y sin más dio media vuelta y se fue.

Gabriel se duchó, y se puso muy bien su traje, miro el reloj y eran las 9:40 am, la verdad tenía hambre, llamó a Eric y le dijo que fueran a desayunar, él era uno de sus mejores amigos.

De camino se decidieron por algo rápido y pasaron a una panadería.

—La verdad amigo tus padres están locos. — le dijo al oír lo que Gabriel le decía.

—¡Lo sé!, pero no me dejaré, ¡no lo haré!. — él ya estaba decidido.

—Se me olvidó traer las flautas de queso que me pidió Miranda, ve hacer fila. — dijo Eric

—Ok ve Romeo..— Le digo y los dos nos echamos a reír.

Delante de él había una mujer pequeña y muy sexy con unas nalgas magníficas, ella sin querer chocó con él, y se giró en ese momento, se me quedó mirándolo con esos ojos color verdes grisescos, era una mujer demasiado hermosa para ser verdad, parecía un ángel.

—Lo siento no vi..

—Tranquila muñeca, todas tienen la misma excusa para acercarse a mi. — No se porque gilipollez dije eso, pero la verdad es que me gustaría una noche con esta muñeca, y se que no se podrá resistir a mí.

—¡Disculpa!, bajale un poco a tu ego idiota, porque en lo más mínimo me interesa chocar o acercarme creído como tú.

Y sin más da media vuelta y se va, ¿pero quién se había creído esa mocosa para hablarle así?, y ¿Porque no cayó rendida a sus encantos? Seguro era lesbiana, sonrió por sus pensamientos.

Su curiosidad pudo más, por lo que me asomó a la puerta y la vio entrar a un edificio que estaba a dos de dónde estaba en ese momento, esa niña le había encantado y le gustaría saber quién se creía que era para hablarme así.

Ya se encargaría de saber a qué se dedicaba esa bella mujer

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