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Portada de la novela Lazos de Sangre

Lazos de Sangre

En un mundo devastado por siglos de conflicto, humanos y vampiros mantienen una frágil paz. Haddasah, enviada por el Consejo humano, llega a la ciudad inmortal para capturar a un misterioso secuestrador de jóvenes. Allí forma una alianza con el poderoso Darius De'Ath, surgiendo un romance prohibido entre ambos. Mientras descubre oscuros secretos de sus superiores y su verdadera identidad, ella ocultará su pasado de cazadora para sobrevivir.
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Capítulo 2

—Y es así que poco más de cien años de innumerables luchas, conllevaron a lo que ahora llamamos «La Extinción del Viejo Mundo». La humanidad perdió cada uno de sus avances y dio inicio al Nuevo Mundo y el sistema de gobiernos que ahora nos dirige -terminé de explicar, mientras, camino hasta llegar tras el escrito —. ¿Alguna duda al respecto?

Miro a los pocos estudiantes que asisten a esta charla, la mayoría mira en cualquier dirección excepto la mía, otros simplemente duermen o mantienen sus cabezas gachas sobre sus pupitres. Como tema, este siempre ha sido muy infravalorado, nadie quiere saber sobre los inicios o simplemente las leyes. 

—Bueno, doy por terminada esta sesión. En dos días tendremos otra, como saben esta cuenta como una actividad extracurricular, no es obligatoria, ni afecta en lo más mínimo sus notas, sin embargo es un tema sumamente importante. 

Como si no me escucharan en lo absoluto, tomaron sus cosas y se marcharon despavoridos por la puerta, como una manada de animales en una estampida. Suspiré mientras negaba y acomodaba mi cabello hacia un lado, el día de hoy era particularmente caluroso. 

Calzo mi bolso por sobre mi hombro y me encamino a la salida. Por el pasillo principal hay un gran ajetreo y supongo que se trata del calendario con las fechas de las venideras Elecciones de Intercambio. El hecho de que los estudiantes se animaran más por esto que por cualquier otra actividad con respecto a la universidad, significaba que estábamos perdiendo la batalla contra los vampiros. Tanto esfuerzo por mantener las razas alejadas, por que la humanidad olvidase lo que era convivir con ellos, sin embargo cada vez existía más curiosidad humana hacia ellos, olvidando lo mortíferos que llegaban a ser. 

Y así era, como cada año un pequeño número de estudiantes eran seleccionados para un programa de intercambio, vampiros venían a la ciudad humana y humanos iban al territorio vampiro. ¿El objetivo? Era simplemente implementar el conocimientos de las razas sobre la contraria. Aquellos que fueran seleccionados para formar parte serían los que en un futuro formarían parte del Consejo Supremo Humano, personas que como yo trabajarían por mantener el frágil orden que hoy evita el estallido de una nueva guerra entre especies. 

Todo debía salir bien, si no fuese porque la juventud —huamana mayormente— se sintiesen tan atraídas hacia lo prohibido que significan las relaciones y la convivencia entre distintas especies. Las chicas humanas se sentían particularmente atraídas hacia los vampiros, era compresible si comparabas la exorbitante belleza de aquellos seres. Sin embargo algo que aún no comprendían era que su belleza era su más letal arma, aquella que utilizaban para atraer a los incautos a su engaño y alimentarse de ellos. Como todo depredador tenían la táctica perfecta para atrapar a sus presas. Así eran ellos, tan bellos como letales, una rosa plagada en espinas. 

—Señorita Sallow. —Detengo mi andar al escuchar el llamado de una joven a mis espaldas. 

—¿Qué se le ofrece? —pregunté reconociendo que era una de las que en las charlas pasaba su tiempo en todo, menos en prestar atención.

—He escuchado que usted será la elegida para seleccionar a los que este año participarán en el Intercambio de Especies —dijo con cierto brillo de esperanza en los ojos, asentí y bajé mi mirada a su cuello donde lleva un grueso pañuelo de un color oscuro, algo raro tomando en cuenta la temperatura del día. 

—Así es. Este año los participantes serán estudiantes universitarios ¿Tiene alguna duda al respecto?

—Verá, como sabe el programa de intercambio de vampiros ya acabó, la próxima semana los que residen aquí tendrán que regresar a Edevane, así que me gustaría que por favor me incluyera en el programa, realmente quiero ir allá. 

—El afán supongo que se debe a que te relacionaste con uno de ellos, cierto -guardó silencio y esa fue mi respuesta —. Si prestaras más atención a mis charlas sabrías que está prohibido que existan ese tipo de relaciones entre especies, tú y él incumplieron la décima norma de los Acuerdos de Paz. ¿Sabes que si doy esta información él estaría en problemas? —dije y sus ojos se abrieron estrepitosamente mientras negaba con frenesí. 

—¡No por favor! Escuche, él jamás me obligó a nada, lo nuestro es real, nos queremos —aseguró tomando mis manos con súplica. 

—No, no lo es —llevé mi mano al borde de su pañuelo y lo bajé sutilmente, las marcas de colmillos aún enrojecidas demuestran lo reciente que son —. Y esto le costará la vida a él, por incumplir el mayor mandamiento de los de sus especie. Está altamente prohibido alimentarse de un humano. 

—Le pido por favor que no lo reporte —sus ojos se cristalizaron —. Yo se lo permití, pero él me ama. 

—Eres demasiado ingenua —negué acariciando su rostro —. No te ama, porque si lo hiciera no comprometería tu integridad física al alimentarse de tí, sabiendo que esto puede costarte la vida. Solo te estaba usando y lo siento pero jamás te permitiré ir a Edevane. Es mejor que te alejes de esa especie para siempre. 

—¿Pero, por qué? —preguntó con deje de molestia en su voz. 

—Porque eres de mente débil —di la espalda para marcharme —. Y la gente sentimentalmente manipulable son las presas más fáciles. 

Entonces retomé mi andar para salir de la universidad. Llegué a la calle, miré hacia el cielo mientras soltaba una larga exhalación. El día estaba soleado, una brisa cálida soplaba del sur batiendo con sutileza las hojas de los árboles, cuyas raíces se expandieron quebrando el asfalto de las calles y el concreto de las aceras. Era increíble lo incontrolable que llegaba a ser la naturaleza, bastaron unos años sin las contaminaciones de la humanidad para que, nuevamente, la naturaleza volviera a reclamar como suyo el mundo y abrazara con sus verdes brazos incluso las más impenetrables ciudades. 

Dicen que antes, el mundo estaba plagado de personas, las calles por las que ahora transitamos a pie solían están bañadas en automóviles, que incluso podíamos volar en aquellos inventos llamados aviones, que existían teléfonos pequeños con los cuales podías cargar a todos lados. Ahora, cuando aquella centenaria guerra acabó con todo, solo nos queda una pequeña fracción de la humanidad que solíamos ser antes, no hay muchos autos, solo unos pocos rústicos que se utilizan como transportes públicos, no hay aviones, los teléfonos son escasos y solo los encuentras en cabinas, la electricidad existe meramente para brindarnos luz. Se acabaron los avances y más de la mitad de la población se extinguió, fuimos condenados a vivir en un mundo decadente y ser solamente la sombra de un pasado brillante que avanzaba hacia el futuro. Ahora, ahora solo somos un fragmento a la deriva que se quedó estancado en el tiempo, no avanzamos, posiblemente solo retrocedemos hacia una civilización ignorante y al borde de la extinción. Eso somos los seres humanos.

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