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Portada de la novela Lazos de nuestro destino

Lazos de nuestro destino

Cklear Gu, de 27 años, enfrenta la ruina emocional en un matrimonio tóxico con Charles Vans, un abogado de Ciudad H que ha destruido su confianza. Mientras ella se siente marchita por las críticas de su esposo, el exitoso León Heart la ama en silencio desde las sombras. Entre presiones familiares y miedos internos, Cklear deberá descubrir que el divorcio no es el final, sino el camino hacia un destino inevitable donde el amor verdadero aún la espera.
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Capítulo 2

Cklear estaba asustada y perdida, su corazón aún estaba agitado y su respiración parecía agitarse nuevamente, las personas pasaban junto a ella y la miraban de forma extraña, se sentía atacada, juzgada.

Quería huir de ahí, no podía decidir si caminar a la derecha o izquierda así que dio un paso para cruzar la carretera, la bocina de un auto sonó y Cklear sólo cerró los ojos.

De nuevo unos brazos la envolvían, ese aroma le era bastante familiar y hasta cierto punto tranquilizante para ella.

-Cklear… ¿Estas bien?- de nuevo esa voz

-“Es un sueño?” “¿Tan mal estoy que empiezo a alucinar?” – alzó la vista y se topó de nuevo con aquellos ojos negros y aquel cabello ondulado en la frente.

Rápidamente se separó de él.

-¿Cómo?... Tú… ¿qué haces aquí?- dijo ella. Con la cabeza agachada temiendo que alguien los viera juntos.

-Es mi primer día en la ciudad… no esperaba que nos encontráramos… ha pasado mucho tiempo, Cklear-

-Si, yo… Espero que todo vaya bien- Cklear se dio la vuelta dispuesta a desaparecer de la vista de aquel hombre -.”No debí salir de casa, sabía que era mala idea”- se reprochó.

-Espera...- el hombre la detuvo poniéndose frente a ella -¿Qué hay de tu desayuno?- señaló la bolsa.

-Puedes comértelo si deseas- Cklear intento caminar para evitarlo pero él de nuevo se puso frente a ella.

-Espera, no puedes irte sin desayunar… te enfermaras-

-Sólo déjame ir- suplicó.

El hombre miró el reloj caro en su muñeca -Tengo 45 minutos aún, te invito a desayunar- la sonrisa bajo esos labios carnosos la puso nerviosa.

-“No es buena idea, no debí salir de casa” “¿Por qué me tenia que topar con él?” – Cklear tomo un poco de aire -lo siento, soy una mujer casa… no debería estar a solas con otro hombre- dijo con decisión.

El hombre no sabía si reír o llorar ¿Aún lo consideraba un hombre? ¿Podía haber algún tipo de…? Bueno, lo mejor ahora era no hacerse ideas extrañas…- Pero Cklear… ¿Aún somos amigos no?... Vayamos a desayunar por los viejos tiempos- insistió.

Las personas a su alrededor seguían pasando y los miraban murmurando. Cklear comenzó a sentirse atacada de nuevo, y el hombre frente a ella no tenía intenciones de dejarla ir.

-Bien… creo- aceptó en voz baja, aunque en su mente se decía - “No es buena idea” –

El hombre rodeo los hombros de Cklear para hacerla girar hacia el otro lado y comenzaron a caminar. Realmente se le podía ver feliz.

-No he estado en esta ciudad en mucho tiempo, es increíble cuánto ha cambiado, ¿No te parece una extraña coincidencia que nos encontremos justo en mi primer día?-

Cklear no respondió.

El teléfono del hombre comenzó a sonar, buscó en la bolsa de su larga gabardina y contestó.

-Te quedaste dormido… si, sí… iré al restaurant de siempre, quiero presentarte a Alguien, Estoy seguro de que te agradará- el hombre miró a Cklear y sonrió.

Ella sólo negó con la cabeza, conocía perfectamente el significado de aquella expresión en el hombre.

- “¿Realmente ha pasado mucho tiempo? No se ve cambiado ¿O si?”- con esto en la mente Cklear por fin, observó al hombre junto a ella, mientras él seguía hablando por teléfono.

El hombre era de aproximadamente 1.85 de alto, piel no tan blanca, cabello negro y un poco ondulado, perfectamente despeinado; sus ojos negros aunque a veces parecían grises por el sol, su espalda ancha, sus brazos se veían mas ejercitados, su mandíbula perfecta, sus manos anchas y largas. Su gabardina larga y gris le impedían ver su dorso. Así que su mirada regresó a la cara.

“Solo creció un poco más” pensó. Aunque en realidad el porte y elegancia con la que el hombre vestía y caminaba daban una clara impresión de superioridad y encanto.

La mirada del apuesto hombre coincidió con la de ella, esos profundos ojos y la forma en que sus labios se movía la estaban hechizando.

“Esto esta mal, debo ir a casa… ¿Qué pasaría si me ven con él?, No debería sentir nada, estoy casada… ¿Esto es infidelidad?... No debí salir de casa”- a pesar de recriminarse mentalmente, Cklear no dejo de ver al hombre.

Pronto su gran mano la sostuvo de la frente haciéndola detenerse y salir de sus pensamientos.

-…Adiós- colgó la llamada y trató de poner seriedad, aunque la risa le estaba ganando -… ¿Acaso tienes 3 años? Fíjate por donde caminas… ¿O a caso, soy más interesante de ver?-

Cklear miró al frente y se dio cuenta que casi se golpea con un semáforo.

-Es tu culpa León… - dijo molesta y quitó la mano de su frente -...Ya he caminado mucho y estoy hambrienta-

El hombre soltó una carcajada que ruborizo las mejillas de Cklear. Ambos sintieron una extraña conexión, como si fueran los mismos jóvenes de 17 años.

-Vamos es aquí-

León y Cklear entraron al restaurante, la chica de servicio reconoció rápidamente a León.

-Por aquí- dijo

-Yen, Doble T vendrá en unos minutos, podrías cambiar la mesa para tres-

-Por supuesto señor León- contestó

León jaló una silla e hizo un ademán para que Cklear se sentará, y un poco incómoda acepto.

-Dijiste… que no habías venido a la ciudad… y resulta que aquí te conocen muy bien- reclamó Cklear.

-Es el único lugar al que vengo cuando se trata de atender los negocios… no me gusta quedarme mucho tiempo, esta vez será mi estancia más larga, regresaré en dos días al extranjero….- “la ciudad perdió su encanto desde que te perdí”-añadió en sus pensamientos.

-Es muy lujoso…- observó Cklear, el restaurant tenía bastante clase y buen gusto.

--Me ha costado mucho levantar la empresa familiar, puedo darme un gusto de vez en cuando- Bromeó León.

Un chico trajo café y un poco de pan y entregó el menú.

-Jhon me da gusto que te hayas quedado- le dijo León.

-Es gracias a usted señor Heart, me dio una buena oportunidad no podía dejarla pasar- contestó avergonzado el chico.

-Dime León y te dejaré una buena propina- bromeó – ¿Podrías traer un moka late para la señorita? El café expreso no le gusta - interrumpió antes de que el chico sirviera la taza de Cklear.

--oh, por supuesto, señor- El chico los dejó solos nuevamente.

Cklear se asombró un poco de que aún recordara eso, y algo en su pecho comenzó a extenderse.

-¿Te parece si pedimos unas tostadas con huevos, algo de fruta con yogurt, unos chilaquiles verdes y una tarta?- la forma en que León sostenía el menú con sus manos y miraba el menú eran de retrato.

-Ya estoy gorda Gracias- respondió Cklear sarcásticamente -“Debo salir de aquí, no quiero que Charles se moleste”-

León sonrió divertido, está era su Cklear tan enérgica y berrinchuda.

Jhon llegó con el late de Cklear y tomó la orden, justo cuando se iba , León vio llegar a las mesas de la zona común, situadas debajo de la zona vip, al famoso abogado Charles Vans acompañado de una mujer, actuando muy cariñosos.

-León, yo… te agradezco esto… pero debo irme- Cklear no se sentía cómoda. De nuevo sus inseguridades le estaban atacando la mente. No quería que nadie la malinterpretara.

Él la detuvo sosteniendo su mano con un poco de pánico –Aún no traen la comida… me… sentiré mal si te vas sin probar el late aunque sea-

-Yo… no lo sé, esto es muy raro- “No me siento bien, esto se puede mal interpretar”

León necesitaba saber si el matrimonio de Cklear aún seguía en pie después de lo que había visto así que lanzó una pregunta sin pensar mucho -¿Charles sigue prohibiéndote salir con tus amigos?-

Cklear inmediatamente se molestó, apartó la mano de León y dijo -Charles no me prohíbe nada, no hables así de mi esposo… es mejor que me vaya-

-Discúlpame Cklear, es sólo que tu nerviosismo no es normal… - León se culpó por actuar tan desesperado.

Cklear se puso de pie dispuesta a irse -Estos años han sido difíciles para mi, me da mucho gusto verte León, se ve que te va bien-

León pudo sentir la soledad en sus palabras – Quédate a desayunar, por favor, te contaré todo lo que he hecho estos años… aún quiero que conozcas a mi amigo- Él no se rindió, no quería perder la oportunidad de conversar con ella.

Los profundos ojos negros brillaban con gran pasión, Jhon entró con el carrito de comida y comenzó a poner los platos sobre la mesa.

--Cklear… por favor- suplicó de nuevo - “Te extrañé” – pensó él.

La chica se sentó de nuevo - “¿Qué estoy haciendo? Debo ir a casa, con mi esposo… ese es mi lugar, no debí salir de casa.” -

Comenzaron a comer en silencio, ninguno sabía como romper la incomodidad.

León observó que había panqueques y jalea de fresa, así que sirvió un poco en un plato, lo decoró con fruta y finalizó con la jalea.

-Toma… necesitas nutrientes- dijo y espero la reacción de Cklear que tomo el plato sin ver a su acompañante.

Un hermoso conejo hecho con comida y palabra “Lo siento” escrita con jalea la hicieron sonreír, levanto la vista y se encontró nuevamente con la sonrisa coqueta de León. Su rostro era perfecto y bastante varonil.

-No deberías jugar con la comida- lo regañó a modo de juego.

-Siempre quise ser chef, si no hubiera tenido que hacerme cargo del negocio familiar-

-Mentiroso, querías una banda de rock-

León se rio bajito y comenzaron a platicar más sueltos.

Cklear le contó de la muerte de su padre, la venta del bufette jurídico y de su hermano en el extranjero. León le contó sobre su trabajo de asesor en una empresa, su relación cercana con su jefe y de vez en cuando recordaban algunos momentos graciosos del pasado.

Cklear se olvidó por un momento de todas sus inseguridades, incluso se atrevió a reírse con las anécdotas que León contaba, no se había sentido de esta forma en mucho, mucho tiempo. Incluso parecía como si nunca se hubieran alejado.

León no le quitó la vista de encima ni un minuto, deseaba guardar cada instante en su corazón, junto a los otros recuerdos, los ojos cafés claros de Cklear brillaban por momentos con un toque dorado por el sol, sus movimientos delicados y su risa tan alegre, incluso la forma en que comía y sorbía el café le hacían inmensamente feliz.

-Entonces… ¿No estas trabajando ahora?-

-Lo dejé, soy una simple ama de casa- respondió con cierta frustración.

--¿No te interesa un empleo?-

-No lo sé, mi esposo tiene un empleo bueno y no me falta nada-

León miro inconscientemente a Charles en la mesa de abajo, seguía abrazando a la chica con él y de vez en cuando se besaban.

-Tienes una gran capacidad intelectual que esta desperdiciada- León tomó un poco de café. “ese maldito hombre… menos mal que estoy aquí” pensó.

-¿Tardará mucho tu amigo?, Realmente tengo que ir a casa-

León revisó su reloj -Llegara pronto… te agradará, aprendí mucho de él-

-No lo entiendo ¿Tienes una empresa y trabajas de su asesor?-

-Si… es una larga historia… pero en resumen hicimos una apuesta, seguiremos así hasta que uno de los dos venda su empresa al otro y trabajé para él-

-Siempre has sido extraño León- Cklear sonrió sinceramente.

Los ojos negros brillaron una vez más, León deseaba poder volver a acercarse a ella y besarla como antes de que sus destinos se separaran … su cuerpo, sus instintos, su piel rogaban por cualquier contacto físico con ella. Se había estado controlando todo este tiempo debido a que ella lucía diferente, triste y apagada pero ahora esa sonrisa y esos ojos lo hechizaban…

“Realmente te extrañe Cklear” -Pensó León y tomo otro sorbo de café para controlarse.

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