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Portada de la novela Lazos de nuestro destino

Lazos de nuestro destino

Cklear Gu, de 27 años, enfrenta la ruina emocional en un matrimonio tóxico con Charles Vans, un abogado de Ciudad H que ha destruido su confianza. Mientras ella se siente marchita por las críticas de su esposo, el exitoso León Heart la ama en silencio desde las sombras. Entre presiones familiares y miedos internos, Cklear deberá descubrir que el divorcio no es el final, sino el camino hacia un destino inevitable donde el amor verdadero aún la espera.
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Capítulo 1

El sol entró por la ventana de la casa de los Vans, el viento travieso se coló por la habitación llegando a una mujer que dormía profundamente entre las sabanas.

Como un aliento de vida, llegó el aire fresco a ella haciéndola suspirar, y sintiendo el calor en su cara, se estiró y abrió los ojos, el despertador marcaba las 8:55am. El ruido de la regadera del cuarto provocó que se levantará rápidamente de la cama, sin siquiera ponerse pantuflas y sacó la ropa planchada, acomodándola del otro lado de la cama.

-Saco, pantalón, camisa, chaleco, corbata, calcetines, zapatos, la gabardina- enumeró, cuidando de que todo estuviese listo, Luego corrió a la cocina a preparar el desayuno y un apetecible lonche para el hombre en la ducha.

Esa mujer en la cocina, preparando todo con una sonrisa, es Cklear Gu: 1.62 de alto, de piel blanca, ojos cafés claros, cabello castaño claro, había subido un poco de peso pero su cintura aún mantenía su forma, era una agente de comercio y relaciones externas y abogada. Se había retirado hace 5 años, cuando su carrera comenzaba al igual que su popularidad, el medio la extrañó pero ella no sintió pena cuando tomó la decisión. Quería dedicarse completamente al hombre que amaba.

Aunque en estos años de matrimonio aquel amor se había desvanecido, al igual que la energía y la sonrisa de Cklear al ver que el hombre salía del cuarto con otro traje diferente al que ella eligió.

-¿Qué sucede? ¿No te gustó el color?- preguntó preocupada, mientras ponía las tazas de café recién hechas en la mesa.

-¿Qué hiciste tan tarde que apenas te levantas? Si te hubieses levantado más temprano no se me habría hecho tarde…- El hombre era Charles Vans, de 1.73 de alto, cabello café obscuro de lado corte moderno, piel blanca, de buen cuerpo pero algo delgado, ojos cafés obscuros y un abogado exitoso en ciudad H, El mejor de todos. Trabajaba para una empresa grande que abarcaba distintas ramas dentro del comercio. Él pertenecía al departamento legal en la ciudad H.

-Lo lamento, anoche fue la primera que pude dormir mejor- se excusó Cklear con timidez -Ven aquí, desayunemos juntos- agregó empujando una silla.

-¡Dios santo Cklear! ¿No es mi culpa que no puedas dormir, cierto?... ¿Lo olvidaste, no es así?... Hoy llegará el señor Thomas Thousen, desayunaremos con él… debo darle una mejor impresión- Charles tomó su maletín y caminó a la puerta.

Cklear miró el desayuno en la mesa, y se percató del lonche que preparo, corrió a dárselo en la puerta pero en cuanto Charles lo vio dijo -No Cklear, ¿Quieres que todos se burlen de mi?... Ve adentro y comete tu eso. Ya voy tarde… no me esperes a comer… te llamaré en la noche cuando me desocupe-

Cklear paró la boca para darle un beso a Charles pero el hombre se estiro solo a recoger las llaves y se marchó.

La pequeña mujercilla miro por la ventana como su esposo se marchaba a prisa en su auto. Una vez más, la soledad inundaba su casa tan temprano en la mañana, el silencio era abrumador, sus ojos de nuevo formaban las lágrimas matutinas dispuestas a salir como cada mañana desde hace 3 años.

Una ráfaga de viento volvió a colarse, esta vez por la ventana de la cocina, la cortina se meció, algunas plantitas también y el aroma del café llegó hasta Cklear impidiendo que las lágrimas brotaran.

Cklear respiró profundamente, se acercó al desayunador y tiró la comida y el café al fregadero. –“Tal vez… hoy deba salir de casa”- pensó para si misma, se asomó por la ventana y se percató de que el día estaba despejado y agradable.

-¡Hoy saldré de casa! – gritó entusiasmada, puso un poco de música y bailando descalza fue hasta su habitación, sin perder el ritmo se metió a la ducha mientras cantaba alegremente.

Algunos minutos mas tarde salió con una toalla envolviendo su cabeza y otra más en su cuerpo, se paró frente a su ropero que tenia dos puertas, una de ellas con espejo.

-“¿Esa soy yo?”- pensó mientras se veía al espejo -A quién quiero engañar… ¿Por qué debería salir?- Murmuró dejándose caer en la cama recién tendida.

Sin querer miró hacia el buró con la lámpara de noche junto a su cama, ahí estaban… sus compañeras desde hace tres años cuando su martirio comenzó, se estiró para tomar el frasco de somníferos pero este cayó al suelo, rodando hasta el armario.

-¡Dios!- gritó molesta -¿Esto es una señal? No quiero salir de casa, no es una buena idea… ¡quiero quedarme!- pataleo aún en la cama -¿Realmente… quiero quedarme?- se cuestionó.

-¡Bien! Desayunamos algo y nos regresamos- se dijo con ánimos, sin embargo al abrir el armario se topó nuevamente con sus inseguridades -¿Pero que me pongo? ¿Soy una señora, debo lucir como tal? … No tengo que ponerme… no me gusta… es muy escotado… demasiado deportivo… ni siquiera sé cuál es la moda ahora- Cklear volvió a tirarse en la cama frustrada -he engordado bastante, nada de eso me queda- se dijo.

El reloj sonó indicando las 9:30 –¿En verdad ha pasado poco tiempo?”- pensó, su estómago rugió por el hambre -Si tan sólo no ubiera actuado precipitadamente, ya estaría desayunando ahora- se quejó.

La puerta del armario sonó por el viento que se colaba, Cklear suspiró nuevamente -Puedo hacerlo- se dijo una vez más.

Finalmente escogió un conjunto azul rey, bastante formal, la falda llegaba arriba de las rodillas, mientras que la blusa era de gasa, manga larga con aberturas en los brazos y un cuello coqueto de holanes lo combinó con accesorios dorados y blancos, y unas hermosas zapatillas color negro, con detalles dorados.

Se hizo un chongo y se dejo un flequillo largo que onduló con ayuda de una plancha de cabello. Abrió el cajón de su tocador, la verdad es que se le dificultó bastante abrirlo, hacia tanto que no se maquillaba y optó por un maquillaje ligero, dado que mucho de aquellos productos hacía tiempo que habían caducado. Por último se puso un poco de fragancia floral, su favorita.

Cogió un saco por si hacía frio, una cartera y hecho un brillo, un espejo, sus llaves y sus tarjetas. Tarjetas que contenían el dinero que le había dejado de herencia su difunto padre.

Finalmente la bella mujer caminó con pasos seguros a la puerta, hoy había decidido salir y desayunar fuera de casa… si los muebles fueran personas habrían aplaudido la actitud de Cklear, pero que bueno que no lo eran, pues se habrían decepcionado de la misma forma cuando la mujer se detuvo centímetros antes de tocar la perilla de la puerta, sus pies quedaron clavados al suelo incapaces de dar un paso más.

-¿Qué estoy haciendo?... Parezco un payaso… mi ropa es anticuada y soy gorda y fea… se burlaran de mí… ¡No!, No debo salir de casa…- los ojos de Cklear comenzaron a formar lágrimas dispuestas a salir, aunque sea en un horario diferente al normalmente acostumbrado.

El teléfono de Cklear sonó en ese instante, emocionada lo sacó de su cartera, pero sólo era un mensaje del pronóstico del clima. “Día parcialmente nublado, con posible lluvia tenue” – leyó… esos eran ¡Los días favoritos de Cklear!.

-¡Bien! ¡Puedo hacerlo!...- se dio ánimos otra vez, aunque dudo de nuevo antes de tomar la perilla de la puerta -Si no lo hago ahora… viviré encerrada para siempre- se dijo, y tomó una decisión, aún con temor abrió la puerta y salió.

El viento de otoño sobre su cara, y el mecer de los arboles frente a su casa la hicieron sonreír, la nube pasajera dejo que los rayos de sol tocarán la suave y blanca piel de Cklear.

Convencida, cerró la puerta y caminó unos metros, a pesar de vivir en una zona residencial, no era de primera clase y ella no tenía problema con eso, esa casa se la regaló su papá el día que se graduó con honores de sus tres carreras.

Cklear estiró la mano y paró un taxi.

-¿A dónde la llevo?- preguntó el conductor.

Cklear dudó en su respuesta, pero finalmente recordó un restaurante donde solía ir a desayunar con Charles, así que pidió ir a esa dirección.

Al llegar y bajarse del auto se dio cuenta que ya no había ningún restaurante, ahora era una tienda de ropa y accesorios para caballero.

-“!Qué lástima!”- pensó, afortunadamente el parque seguía en su lugar, decidió caminar por el parque con la esperanza de encontrar un policía que le ayudase a encontrar un restaurante para desayunar.

Apenas cruzó la calle, miró los enormes árboles del parque, eran mas grandes y frondosos, el otoño apenas llegaba a las hojas pintándolas de naranja. Cklear caminaba sin darse cuenta y chocó con una muchachita.

-¡Oh! Lo siento, disculpa… ha sido mi culpa, por favor perdóname- se disculpó Cklear, rápidamente.

-Descuida- sonrió la chica, quien llevaba un mandil rojo y una gorra roja.

Cklear leyó las palabras en la gorra –“Café & restaurant”-

--Acabamos de abrir- dijo sonriente la chica -Toma, con éste volante te dan gratis un bizcocho relleno de zarzamora, pero debes apresurarte se agotan muy rápido y los de canela no son tan ricos, si no alcanzas pide mejor el de cajeta con nuez-

Cklear sonrió -Gracias, pero… no sé- dudó.

-De todas formas llévatelo, la promoción durará una semana más, puedes visitarnos cualquier día- agregó y siguió su camino -¡No choques!- bromeo mientras se alejaba.

Cklear miró el papel en sus manos, incluso había un croquis –“¿Qué esta extraña sensación?, Es cómo si… si esto fuera un sueño… como si algo malo me fuera a suceder. Es tan extraño”- pensó.

Su estomago volvió a hacer ruido –“Bueno, probemos el bizcocho de zarzamoras”- Cklear caminó siguiendo las indicaciones del papel.

Efectivamente el café estaba a unas cuadras del parque, sus cristales estaban muy limpios y trasparentes, había una fila esperando el café para llevar, la mayoría de ellos eran ejecutivos.

Cklear vislumbró una mesa en una esquina cerca de un ventanal, así que entró directo a ella y se sentó. Enseguida llegó un mesero.

-Buenos días, nos complace su visita el día de hoy… esté es el menú… ¿desea ordenar algún café en especial? Para que se lo traiga en lo que decide su comida- dijo amablemente el joven.

-Yo…- Cklear volvió a dudar -Yo…me gustaría un capuchino late… ha y me dijeron que había promoción- dijo entregando el papel.

El chico sonrió -Enseguida se lo traigo. Tenemos bizcochos de …-

--zarzamora- interrumpió Cklear rápidamente.

-Esta bien, se lo traeré- el chico se alejó.

La indecisa mujer miró el menú una y otra vez, como no se decidía, creyó que era mejor esperar al mesero para que le recomendará algo, así que de mientras miró a la ventana.

Una mujer joven de 20 años pasó con un vestido café de holanes con bordes dorados, sus piernas largas la hacían lucir hermosa, luego paso otra chica de estilo más roquero, su cabello negro la hacia lucir ruda pero delicada… observó a otras dos más y luego miró su reflejó a través del cristal del ventanal.

-“No, soy anticuada… ¿Qué hago aquí?, Mi ropa es un hazme reír… las mujeres como yo, no deben salir de casa” – Cklear sintió un cosquilleo en el pecho, comenzó a sentirse nerviosa.

El chico llegó con el café y el pan -aquí tiene- dijo poniendo la charola en la mesa.

-Lo siento no me gusta nada del menú, ¿Puedes poner eso para llevar?- dijo nerviosa mientras se levantaba de la mesa.

El chico se sorprendió pero asintió con la cabeza. Cklear se acerco a la caja para pagar, la mujer frente a ella volteó y la miró de arriba abajo, pagó y se fue; pero a Cklear le provocó mas ansiedad y nerviosismo, sacó su tarjeta y la entregó al chico en la caja.

-Disculpa. ¿Ya tendrás mi pedido?-dijo una mujer de cabello rubio, que portaba el uniforme de la primera chica, sin querer miró a Cklear, haciéndola sentir como si la estuviera juzgando.

Cklear comenzó a respirar rápidamente, tomo la tarjeta del cajero y caminó rápidamente hacia la puerta antes de llegar a ella la puerta se abrió de golpe, rozando la nariz de Cklear.

Todos los presentes murmuraron, pues Cklear casi es golpeada por la puerta, aunque ella estaba bastante desconcertada, todo era gris y borroso.

-“Soy una tonta, ¿Porqué vine?.. debo ir a casa… me veo mal. Me veo mal”- pensaba la pobre mujer, en shock.

-… ¿Cklear?.... ¿Cklear Gu?... Oye… ¿Cklear?...-

El murmuro de alguien llamándola la trajo de vuelta de sus pensamientos, Cklear levantó la mirada, se halló en los brazos de un hombre que la veía como sí hubiese encontrando un tesoro.

-¡Realmente eres tu…. Cklear!- dijo el hombre con gran felicidad, sus profundos ojos negros la hicieron parpadear varias veces. -¿Puedes pararte?-

La voz gruesa y varonil del hombre la trajo a la realidad.

Ella se puso de pie y se soltó rápidamente de los brazos del hombre que aún la miraba.

-¿Estas bien?- insistió preocupado

Las miradas de todos los clientes sobre ella la pusieron más nerviosa y salió rápidamente buscando dónde esconderse.

-¿La conoce?- Preguntó el camarero

-Pagaré por ella- dijo el misterioso hombre.

-No es eso, ella dejó su almuerzo-

-Gracias- el misterioso hombre tomó la bolsa y salió en busca de Cklear.

No fue difícil encontrarla pues aún estaba de pie frente al café, no sabía si ir a la derecha o a la izquierda.

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