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Portada de la novela Las reglas de Julia

Las reglas de Julia

La vida de Julia cambia radicalmente tras una serie de eventos fortuitos que transforman su identidad. Al adentrarse en un mundo desconocido, asume el papel de Ama y descubre una nueva dimensión de su propia intimidad. No obstante, en pleno proceso de autodescubrimiento, aparece alguien capaz de tambalear sus firmes estructuras. Este encuentro inesperado la empujará a cuestionar sus deseos reales y el rumbo que desea para su futuro personal.
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Capítulo 2

Procuré instruirme. Leí relatos, ví fotos, agudicé la imaginación. A pesar de todo, no veía mi oportunidad. Empecé a buscar la compañía de Paula, a quedarme tarde a estudiar, como ella, estudiante de universidad, hacía. Miraba cada trocito de su piel. No me parecía sentir nada especial cuando la veía. Verla pasear con aquellas minúsculas braguitas jamás me había llamado la atención, ni percibir sus pechos moverse libremente debajo de la camiseta. Al principio dudé, pero luego, lo ví tan difícil, que me lo propuse fervientemente. La dificultad me animaba.

No me perdía película prono y al final, conocía mucho del sexo lésbico, ahora sólo faltaba practicarlo. Ya sabía mucho de tías, casi más que de tíos y empecé a aprender de mí mismo, acariciándome con cuidado y aprendiéndome todas las zonas erógenas de mi cuerpo.

No servía de nada mis roces con Paula, ni mis continuos alagos. No servía mi fingido interés por ella, ni los excesos de confianza que me tomaba, con aquellas entradas sin motivos al baño, o al dormitorio mientras se secaba o se vestía. Lo prohibido, lo comprometido de la situación empezaron a producirme una excitación que pronto empezó a ser también sexual.

No servía de nada las caricias cada vez menos disimuladas y que en alguna ocasión la habían incomodado y me había afeado. Aquellas caricias en las rodillas iban cada vez más arriba, hacia su muslo. Aquellos masajes en los hombros cada vez estiraban más los dedos, intentando llegar a su pecho, a veces libres de sujetador.

Estaba, después de varias semanas, desesperada. Ya estaba pensando en desistir cuando un día, se presentó Paula en casa con el gilipollas del novio. Mis padres no estaban y toda la obsesión de su novio era besarse delante de mí. Paula rechazaba tanta carantoña y besuqueo. Yo pensaba que era... ¡No se qué pensaba!. Paula vestida de manera informal, me miraba de reojo y rechazaba los muerdos y achuchones de su novio. Sólo cuando el chico abandonaba la casa, Paula estuvo dispuesta a besarle, y entonces, el chico la rechazó con evidente mal humor, y era lógico, pues Paula estaba m,uy hermosa

El caso es que llegaron casi a enfadarse. Paula se acostó un poco decepcionada y yo no tardé en seguirla, casi triunfante. Al ir a mi cama, que está junto a la suya y verla medio dormida, se me cruzaron los cables y el ritmo se me aceleró. El corazón se me salía por la garganta cuando me metí en su cama.

Paula se despertó.- ¿Qué haces?-

- Ya ves... me acuesto contigo.- Dije con la voz entrecortada

- Pero., ¿Porqué?.-

- Por que estás muy buena.-

Quise besarla en ese momento, y sólo lo conseguí a medias, pues reaccionó en un momento y me apartó de ella. En un principio tuve un pequeño forcejeo, pero ella se escabulló y se sentó en la cama. No podía seguir intentándome, pues me sentía tan claramente rechazada que sólo pensaba que podría hacerla mía a la fuerza, y entonces la perdería para los restos.

Paula se levantó y se puso a ver la tele. La ví salir del dormitorio en la penumbra de la habitación, excitada y alborotada. Me dio vergüenza y lloré. Estaba avergonzada. Me dormí tarde y decidí olvidarme de todo. A la mañana siguiente. Cuando Paula se levantó, comprendí que ella también estaba dispuesta a olvidarlo todo por esta vez.

Esa misma semana, mis objetivos cambiaron y empecé a fijarme en Eva. La asistenta de la casa se movía con desparpajo y tenía un tipo bonito. Veía dos problemas en la seducción de Eva. El primero era que aunque la chica pasaba muchas horas en la casa, pasaba muy poco tiempo a solas conmigo en la casa. El segundo problema era que si intentaba algo parecido a lo de Paula, Eva seguramente no reaccionaría con la misma comprensión.

Pero me di cuenta que Eva pasaba demasiado tiempo haciendo las habitaciones. Me di cuenta un sábado. Mis padres habían marchado de viaje y Paula hacía un examen en la facultad. Oía abrir a Eva los cajones lentamente y volverlos a cerrar al rato.

Intenté sorprenderla pero me sintió llegar y cerró rápidamente los cajones, pero su cara encendida la delataba. Cuando se marchó inspeccioné los cajones. Todo parecía correcto, nada parecía faltar, pero a los pocos días, Paula echó en falta una de aquellas braguitas con las que seguía paseándome delante de mis narices. Aquello me puso en la pista. Mi propia madre se quejaba de que sus bragas desaparecían y aparecían al cabo de los días.

A los pocos días, un día que tuve libre, esperé a que mamá abandonara la casa. Eva se sentiría más libre y volví a sentir los cajones abrirse. Fui lentamente a la puerta de la habitación de mis padres. A través de un espejo ví como Eva se bajaba la falda. Recogió de la cama unas bragas baratas que se metió en un bolsillo de la falda. Entonces reconocí mentalmente que las bragas qye llevaba eran de mi madre.

Entré. Al verme, Eva se asustó.

-¿Qué hacías aquí?-

-Nada. Mi trabajo.- Dijo con la cara colorada

- ¿Ah sí? ¿Y qué hacías en los cajones de la ropa? ¿Robar bragas?

Eva comenzó a tartamudear..- Es..es que es..estaba colocando la ropa.-

-Y...- Saqué con rapidez aquellas bragas baratas del bolsillo de su falda.- ¿Estas bragas por qué no las colocas?. ¡A ver! ¡Súbete la falda y enséñame si llevas bragas!-

- Pero ¿Qué dices? ¡Estás loca!.-

Cogí sus bragas y me las pasé por la cara. - Se lo diré a mamá.-

Eva me miraba con odio.- No serás capaz.-

- Le enseñaré estas bragas y le diré que busque sus braguitas de brillo. Seguro que se enfada.¿Sabes? Son las preferidas de papá.-

Eva se desmoronó. - Por favor, señorita Julia, no se lo diga a su madre.-

- ¡Eso es lo que has debido hacer desde primera hora! ¡Tratarme como a tu señora!-

- Por favor...haré lo que Usted quiera.-

Cogí a Eva del pelo y le tiré de su caballera larga y morena hacia abajo. Un leve quejido se le escapó.- Pues enséñame las bragas:-

Eva se subió la falda. Las bragas de mamá le quedaban grandes, pero las transparencias de la prenda dejaban ver un sexo cubierto de bello negro, mucho bello negro. En cambio, este bello se concentraba en el sexo, no le cubrían por encima de cinco dedos bajo el ombligo, ni se le derramaba por las ingles. Sus muslos parecían suaves y depilados. Eva era muy morena de piel, aún en esta temporada del año.

-¡Date la vuelta!.- Eva me obedeció. La transparencia del culo era quizás mejor que la del sexo. Estaba deliciosa. Sus nalgas aparecían prominentes bajo el borde subido de la falda. Comencé a acariciarle las nalgas, primero por su parte exterior, luego, buscando el calor de sus partes bajas e interiores. Me excitaba aquel calor.

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