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Portada de la novela Las reglas de Julia

Las reglas de Julia

La vida de Julia cambia radicalmente tras una serie de eventos fortuitos que transforman su identidad. Al adentrarse en un mundo desconocido, asume el papel de Ama y descubre una nueva dimensión de su propia intimidad. No obstante, en pleno proceso de autodescubrimiento, aparece alguien capaz de tambalear sus firmes estructuras. Este encuentro inesperado la empujará a cuestionar sus deseos reales y el rumbo que desea para su futuro personal.
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Capítulo 3

Entonces la tomé del pelo de nuevo y la obligué aque se diera la vuelta y me miraba. Me acerqué a ella y la besé con fuerza, y aunque encontré su boca cerrada, he de decir que no me importaba.

Eva separó sus piernas al sentir mi mano justo en su sexo, por encima de las bragas. La sentí con la respiración acelerada, y aunque no quería demostrar que el tacto de mi mano le producía placer, yo podía percibirlo. Mi mano la tocaba por encima de las bragas. Yo no le decía nada. La miraba y quizás en mi cara había una expresión un poco dura, como de castigo, como de venganza. No sé. Lo cierto es qe Eva no se atrevía a mirar mientras la cogía de un brazo y se lo ponía detrás de su espalda, inmovilizándola y metía mi otra mano por dentro de sus bragas, recorriendo la suavidad de su vientre y luego, aquella maraña de pelos.

Pronto encontré su clítoris, como la creta de un gallo, asomando entre los labios cubiertos de pelo. Estaba ligeramente mojado. Lo acaricié suavemente, casi sin rozarlo, con la yema de los dedos y luego prroseguí hasta alcanzar la humedad de la boca de su sexo. No me hizo falta más que introducir el dedo levemente para que Eva comenzara a moverse en mi mano, a doblar ligeramente las rodillas y a gemir quejidos placenteros, mientras apoyaba su cabeza en mi hombro.

La abandoné sin decirle nada. Me dí la vuelta triunfante. Ella se ponía bien las bragas de mamá y la falda. Me hizo un gesto para que le devolviera sus bragas.- ¡Mañana!.- Le dije simplemente esto. Puso cara entre enfadada y preocupada.

Aquella noche, al meterme en mi cama, lo hice con las bragas de Eva en la mano. Las olí varias veces, comprobando la similitud de dicho olor con el que el rastro de su sexo había dejado en mi mano. Pensé en Eva, imaginé de nuevo como había sido mi primera experiencia lésbica y me masturbé mientras Paula dormía cerca de mí.

No sabía como Eva reaccionaría durante los siguientes días. La verdad es que al principio me daba vergüenza mirarla y pasar cerca de ella. La evitaba. Pero Eva parecía normal y poco a poco, al levantar la vista y ver su tipo de mujer menearse como si tal cosa por delante d mí, me animó a tener una segunda aventura.

Una tarde, después de comer, me acerqué a ella. Mi madre dormía la siesta y Paula estudiaba en su habitación, encerrada y concentrada. Eva lavaba algunos vasos que no merecía lavar en el lavavajillas. Me acerqué por detrás y comencé a subir la falda de su uniforme. Eva comenzó a advertirme - Julia... Julia... ¡Julia!.- Cuando mis manos tocaban la caliente piel de sus nalgas hizo un gesto brusco y dándose la vuelta me miró muy enfadada.- ¡Julia! ¡He dicho que no!.-

Me fui muy enfadada y defraudada. Esta vez no podía hacerle chantaje y por eso no me había dejado. O al vez era que había gente en la casa. No me debía engañar. Lo del otro día había sido por haberla pillado con las manos en la masa.

Urdí un plan bastante cruel. Empecé por hacer desaparecer unos pendientes de Paula. Naturalmente, las culpas iba a Eva. Mi madre le preguntaba si los había visto y ella aseguraba que no. Aquello hacía que Eva se pusiera nerviosa y tensa. Luego, al poco tiempo yo misma escondí mis pulseras y pendientes, y aunque yo defendí a Eva mi madre la culpaba. Habló con ella en un tono muy hostil. Eva casi se moría de miedo.

Esa tarde volví a quedarme a solas con Eva. Fregaba el pasillo. Desde atrás aparecía una imagen muy graciosa, pues movía el trasero al compás de la fregona.

-¿Quieres que desaparezcan tus problemas?.- Le dije, sin más preparativo. Eva dejó de fregar y se dio la vuelta.

- Me gustaría.-

- Lo único que tienes que hacer es dejar que sea u novia.-

- Ya sabes que no me gusta que me toques.-

- En ese caso...debes saber que se ha perdido una pulsera de mamá. Yo diré que te he visto entrar al cuarto.-

- ¿Cómo puedes ser capaz de hacerme esto?-

- Por que te deseo. O eres mía o te vas de casa.-

Una lágrima se deslizaba por la mejilla de Eva. Miraba hacia abajo pero cuando le ordené - ¡Desabróchate la camisa!.- Eva comenzó a desabotonar su camisa y dejar al descubierto su cuerpo, en el que apenas destacaba un vulgar sujetador de color crema.

Eva me seguía obedeciendo mientras me iba acercando poco a poco - Ahora desabróchate el sujetador.- Aparecieron aquellos pechos redondos con unos pezones oscuros y grandes que deseaba comerme. Seguía ordenándole .- Ahora desabróchate la falda y tírala lejos.-

Las lágrimas habían desaparecido del rostro de Eva, que me mantenía la mirada y me reprochaba con los ojos lo que estaba haciendo. Tenía un tipo, así, sólo con las bragas y unos calcetines entre sus pies y las zapatillas de trabajo, muy excitante. Me acerqué a ella y puse mi mano en su barbilla para besarla en la boca. Me encontré con la frialdad de una boca inerte. Al segundo beso que le dí atrapé su labio entre l os míos y tiré de ellos lentamente y luego metí mi lengua en su boca.

Metí sus brazos detrás de la espalda, cruzándolos e introduciendo sus manos en las bragas, y sacando cada mano por el otro extremo de las bragas, por donde se mete la otra pierna. Eva estaba así inmóvil y de pié. Mi boca soltó su labio y se deslizó poco a poco, a lo largo de su cuello y sus hombros hacia sus pechos. Me tomé mi tiempo en lamerlos poco a poco, hasta que finalmente, mis labios se posaron sobre la guinda de sus pezones, intentando atrapar su punta que había crecido y se estaba hinchando al sentir mis labios.

En ese momento comencé a deslizar una mano por su vientre. La sentí erizarse al escurrir mis dedos por su sexo cubierto por sus bragas. Sus muslos se pusieron tensos y más aún cuando superando el clítoris y la apertura de su sexo, le parecían que se dirigían hacia su ojete, pero lo que hice fue atrapar sus dos manos, capturando un dedos de una y otra mano que mantuve aferrados con fuerza.

En ese momento solté sus pezones, que presionaba suavemente con mis labios y me fui agachando poco a poco, deslizando mi lengua por sus costillas, su vientre y tras superar su ombligo, empecé a sentir la textura de sus bragas y el olor de su sexo. Mis labios se abrieron a donde se preciaba que estaba su clítoris y lo atraparon y comencé a moverlos, con lo que su botón recibía el estímulo a través de la cada vez más mojada tela de las bragas.

Estiré mi otra mano, la que no sostenía las manos de Eva, a través de su cuerpo hasta sentir la suave textura de us senos y luego, la exquisita rugosidad de sus pezones. Dejé que su punta se escurriera entre mis dedos y comencé a mover mi mano a un lado y otro, lentamente y en sentido circular. Sentía sus pechos endurecerse en mi mano , y su clítoris crecer entre mis labios.

Tiré de sus manos hacia abajo. Eva casi se desequilibra, pero al doblar algo su espalda hacia detrás, su clítoris apareció más entre mis labios. Mi lengua comenzó a rozarlo. El olor de su sexo me llenaba, me excitaba. Sentía su respiración cada vez más acelerada, hasta que de pronto, empezó a mover su sexo contra mi boca. Restregué su sexo con la muñeca de la mano que la tenía presa. Sentía a Eva moverse contra mí y lanzar ahogados susurros de placer.

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