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Portada de la novela Las gorditas también se enamoran

Las gorditas también se enamoran

Amber Weys vive un infierno escolar debido al acoso constante de Adam Raymond. El popular mariscal de campo, oculto tras su imagen perfecta, arrastra un pasado oscuro que lo atormenta. Sin embargo, al reconocer su crueldad, Adam emprende una búsqueda de perdón. Lo que comienza como hostigamiento se transforma cuando Amber, la víctima de sus burlas, se vuelve su único apoyo, guiándolo hacia la redención en medio de una inesperada conexión emocional.
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Capítulo 3

Mi sueño se me es interrumpido por toda la algarabía de abajo, por inercia me levanto de la cama y abro la puerta, me restregó lo ojos y bajo las escaleras como un zombie.

- Siempre que vienen tus amigos dejan este chiquero- escucho la voz de mama, por su tono pude notar que estaba furiosa.

- Jack ya hemos hablado sobre esto y creo que ya eres mayor para que te esté regañando por estas cosas - papa siempre hablaba con un todo pacífico y eso es lo que lo hace muy cool, porque no lo tomas como un regaño si no como una advertencias acumuladas.

- También hay otra integrante en la casa

- Lo sentimos amber pero mira a tu alrededor.- habla mama, veo toda la casa y realmente parece un basurero.- además, el director también me llamo para decir que te golpeaste a un chico, explícame- oh. Oh. mama se ha cruzado de brazos, esto va enserio

- Mam...

- Mama, Jack solo intentaba protegerme- interrumpo a mi hermano antes de que valla a decir una estupidez- un chico quiso robarse mi tarea, jackson solo me defendió.

- ¿Es verdad lo que dice tu hermana?- mira a mi hermano con severidad.

- Si- responde seco.- mama ya me voy a bañar voy a llegar tarde a clases.

- Yo igual- subo a mi habitación subiendo antes de que alguno me detuviera.

Me despojo de la pijama y introduzco un poco el pie para saber cómo estaba la temperatura del agua, entro luego de verificar que estuviera en su punto, limpio todo mi cuerpo y en cada trazo de espuma el olor a vainilla se impregnaba en mi piel. Salgo luego de unos relajantes minutos, me visto con un jean negro roto en las rodillas y con una blusa algo holgada y como no pueden faltar, mis convers.

Bajo junto con mi mochila a desayunar, este transcurre en total silencio; al cabo de dos minutos mi hermano y yo salimos con rumbo a la escuela. Me bajo una cuadra antes y dejo que mi hermano siga, camino lo que resta con la cabeza mirando al piso y a la vez pateo una piedra. Un auto se coloca a mi lado y suena el claxon.

- ¡Amber!- de inmediato volteo al saber quien es, Rebeca esta dentro de su auto haciendo una seña para que entre.

- Hola- digo acercandome a la ventana del auto.

- Vamos te llevo lo que resta.

- Claro- subo al auto muy emocionada porque siento que ella sera una gran amiga, unas cuadras después se puede divisar la escuela y el tumulto de gente a sus alrededores; nos estacionamos en el parqueadero de la escuela. Ambas nos bajamos del auto al mismo tiempo, caminamos juntas mientras Rebaca me habla de lo que le pidió su mama para hacer el dia de ayer, no muy lejos divisó el grupo de amigos de mi hermano, todos tienen a una chica en sus piernas incluyendo mi hermano.

Ser promiscuidad es algo en lo que mi hermano se caracterizado y apenas escucho ciertos comentarios me alejo de ahí o me coloco mis audífonos, no quiero escuchar como lo hacen con mi hermano, me da hasta escalofrío pensarlo.

Tomo los libros que tocan a primera hora y me dirijo hasta el salón. Tocaba química, la materia más fastidiosa que pueda existir, normalmente no le prestó atención y aun así la gano. Tomo asiento en los puesto de atrás y espero que el resto de alumnos entre, a lo lejos pude notar una cabellera corta de color negro.

- Nunca te vi en esta clase.

- Te confieso algo.

- Claro

- Yo si- responde con humor- échate para allá- los puesto del salón eran de dos personas, me corro hacia la pared para que rebeca se siente junto a mí. El resto de alumnos entra para luego entrar el profesor.

- Buenos días.

- Buenos días- responden todos al mismo tiempo

- Hoy veremos química orgánica- todos colocan mala cara al escucha al profesor hablar. La clase de química son para locos, un grupo de chicas se encuentra hablando, otro más adelante también se encuentran hablando. – estoy pintado en la pared o que, yo vengo aquí con la disposición de enseñar y ustedes lo que hacen es hablar- ruedo los ojos, otra vez con sus discursos baratos.

La campana de cambio de clase suena y todos salen volando a la entrada incluyéndome. Me dirijo al aula de arte, hoy tocaba artística, el único lugar donde me sentí yo misma. En frente de mi se encuentra un lienzo blanco, en mi mano tengo una paleta con colores y un pincel.

- Hoy pintaremos algún tema libro, o lago que nos haga sentir bien, las mejores pinturas estarán en la feria de arte que se realizara; ya pueden comenzar- tomo mi pincel y lo mojo en la pintura negra, soy trazo tras trazos. Luego de creer que ya termine me levanto para mirar mi obra de lejos, era lo que más sabia hacer; pinte una mándala, le hago seña al profesor de que todo esta listo.- me sorprende señorita amber definitivamente esto si ira a la feria- vocifera mi profesor de artes- puede tomarse el resto de la hora- me deshago del delantal, tomo mi bolso y salgo del salón. Me dirijo a la cafetería para esperar que suene la campana del descanso

- Pero miren a quien tengo aquí- escucho aquella voz que conozco perfectamente, Adam.- a wily- se posiciona en frente de mi; lo ignoro totalmente mirando hacia otro lado.- escúchame cuando te hablo- toma mi cara con su mano presiona mis grandes cachetes

- suéltame, no me toques la cara con tus sucias manos.

- mira wily tu aqui no tienes voz ni voto, en esta escuela se hace lo que yo desee.- vocifera adam en un tono alto.

- pues fíjate que yo no voy a ser una de esas personas estúpidas que te siguen- le recriminó en el mismo tono que me hablo.

- estás jugando con fuego

- no me pienso quemar y menos en tus llamas.- me levanto de la silla con mi orgullo en alto. Pude respirar bien cuando deje la cafetería, tenia miedo de como seria la reacción de aquel chico.

La campana del descanso suena, no pienso entrar de nuevo. Me dirijo a la biblioteca para buscar algun libro para leer; saludo a la bibliotecaria y me dirijo a los estantes. La biblioteca de nuestra escuela es realmente grande así que había de donde escoger.

Tomo un libro, miro el título del libro llamado 100 años de soledad de Gabriel García marques, se me hizo interesante así que lo tomo. Ya llevo varios capitulos leído y hubo una frase que me llego directamente al corazón, me sentí tan identificada. Cito.

"Tenía la rara virtud de no existir por completo sino en el momento oportuno".

Para todas las personas que se encuentran en esta escuela no les intereso, yo no existo en esta sociedad superficial, antes las personas voluminosas eran consideradas símbolos de belleza pero ahora todo quiere tener y ser un cuerpo delgado y con músculos.

Pero en mi vida tengo a personas que les intereso como mi padre y madre y por lo que veo a Rebeca, la única persona que se ha atrevido hablarme de forma sincera.

El día paso de forma rápida, todos salieron de aquel lugar tan parecido a una cárcel. Como siempre mis padres no están, mi hermano se encuentra en su cuarto con el volumen alto y pues yo pensando como sería mi vida si yo fuera delgada.

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