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Portada de la novela La vida secreta de un matrimonio

La vida secreta de un matrimonio

Lo que parece un matrimonio idílico entre dos antiguos compañeros de universidad es, en realidad, un pacto ficticio tras tres años de convivencia. Su perfecta fachada solo busca complacer las exigencias de sus familias, pero mantener la farsa se vuelve difícil cuando el amor auténtico empieza a brotar entre ellos. Mientras lidian con sentimientos imprevistos, la pareja enfrentará a peligrosos pretendientes dispuestos a arruinar su secreto.
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Capítulo 2

Como era de esperarse en la facultad de filosofía y letras casi siempre había seminarios relacionados a temas de interés para ambos, pero incluso así era imposible que se dieran a conocer dada la cantidad de estudiantes que componía el enorme edificio, lo cual rodeaba la cifra de miles de futuros profesionales. Era mucho más difícil concebir esta idea considerando que ambas carreras estaban a cuatro pisos de distancia, mientras que Erick utilizaba el ascensor para evitarse la molestia de los escalones, la alegre damisela tan solo caminaba unos cuantos metros desde la entrada del edificio hasta su salón de clase, entre el gentío que se formulaba por los pasillos jamás nadie hubiera pensado el inicio de esta amistad. Para empezar la universidad en si tenía un largo terreno para diferentes actividades, pero la facultad donde residían sus clases era tan solo un viejo edificio de 10 pisos de altura, por lo que algunos docentes debían aventurarse en el ascensor una y otra vez para impartir clases en diferentes asignaturas, este ajetreo de licenciados y magísteres se debía a la reducida cantidad de docentes para cada carrera, esto mientras que algunos siendo únicamente de contrato simplemente se iban por otras lances laborales.

En el pasillo del primer piso de la facultad se encontraba la carrera de ciencias sociales, todo el piso tenía salones enormes que albergaban estudiantes en historia, filosofía y demás temáticas dignas de un profesor de sociales, aunque era una carrera muy respetada por su asignatura, de hecho la mayoría de estudiantes en sí no deseaban ser profesores y por ciertos motivos habían terminado allí como castigo divino del destino o un juego del azar más bien, sin embargo, el caso de Luperca era distinto como el de muy pocos que realmente habían escogido el camino de la docencia, ella siempre soñó ser la guía de sus futuros estudiantes al mismo tiempo que sentía una enorme curiosidad por la historia, su ánimo parecía contagiar a los demás estudiantes haciendo que la ilusión de ser buenos profesores influyera en sus vidas, pero pese a eso su alegría siempre mantenía una oscuridad escondida, pues sí; tenía el mal hábito de esconder sus emociones negativas ante las demás personas, no era igual que Erick quien fingía ser sociable cuando realmente era frío, sino que ocultaba sus tristezas y enojos con la excusa de no preocupar a sus allegados, así pues era muy difícil interpretar la sombra oculta entre tanta luminosidad, pero dado el tiempo de experiencia al lidiar con sus problemas personales mejoró exitosamente su máscara hasta engañarse a sí misma.

Por otro lado, en la carrera de Lengua y literatura todos allí tenían sus diferentes propósitos por los cuales deseaban ser licenciados de aquella especialidad, pero el caso de este muchacho era algunas veces considerado trivial por sino extraño, un misterio de ese nivel lo tachaba de mentalidad simple pues su respuesta ante el por qué quería ser profesor simplemente se rebajaba en un “solo quiero leer más libros” y pues así este joven de alegre sonrisa era considerado el más reservado de los estudiantes, pese a ello fue foco central de toda conversación que se iniciaba en los salones dejando grandes risas entre sus compañeros, su sonrisa gentil y mirada cálida hacían brotar un gran valor entre sus colegas y todo aquel que conociese en cuestión de segundos, su gran carisma encantaba a sus compañeras al igual que conseguía llevarse bien con todos, pero algunas veces disfrutaba de pasar tiempo a solas como lobo solitario caminando de lado a lado hasta encontrar lugares tranquilos donde poder escuchar sus propios pensamientos ¿Qué podría estar pensando allí en solitario? En realidad ese era su tiempo consigo mismo sin tener que fingir ser alguien más, porque sí, su verdadera personalidad era realmente de un ser impávido al igual que mantenía una actitud distante y en algunas ocasiones incluso su tono de voz era grave como si te sumergieras en un profundo océano tras escucharlo, su mirada era intimidante bajo los cristales de sus redondos anteojos que casi siempre debía acomodarlos mientras respiraba hondo y perdiéndose en el paisaje que miraba con tanta atención imaginaba como sería si no tuviese que fingir tanto.

Eran mundos tan distintos que casi siempre terminaban fluyendo paralelamente por lados contrarios, el destino entre ellos los distanciaba lo suficiente para tan solo verse a lo lejos y prestar la misma importancia que cualquier otra persona, por ejemplo: si Erick ansiaba ir por una hamburguesa, Luperca iba por una ensalada de frutas, siempre cruzándose en el camino, pero nunca fijándose entre sí ¿Entonces cómo llegaron a conocerse? Todo empezaría en el tercer semestre cuando ambos mundos chocaron por primera vez.

El tercer semestre llegó como un relámpago luego de tantos meses, fue en ese momento cuando se decidió hacer un cambio de profesores en toda la facultad y para la asignatura de didáctica de la pedagogía, uno de los profesores de la carrera de literatura renunció, luego de tantos años trabajando para la institución finalmente estaba pensando en su retiro dejando a su compañero de didáctica también a cargo de sociales, este hombre para evitar tener que subir las pesadas escaleras hasta el cuarto piso de literatura decidió indicar que ambas clases se unirían cuando él lo necesitase, era mucho más sencillo dado que ambas clases coincidían en horario y facilitaría para los estudiantes de literatura la gran tarea de hacer fila para el ascensor durante las atosigadas mañanas.

La primera vez que cruzaron miradas fue cuando el profesor hizo el anuncio sobre las futuras clases, dada la cantidad de estudiantes se optó por el salón más grande de filosofía con apenas sesenta asientos, podría haber sido su primer encuentro; claro si no fuese porque en realidad querían ir al lugar del otro y es que los primeros días fueron un caos: ambas clases peleaban por los mejores asientos como fieras contra su presa dado la poca adecuación de estos para más de cincuenta alumnos, llegar temprano era el delirio para ganar un puesto que permitiera recibir las clases de manera adecuada en lo que ambos personajes se mantenían como siempre a conseguir su objetivo, ella buscaba asientos junto a la ventana para disfrutar del paisaje en lo que él buscaba asientos junto a la pared y cerca de la salida, dos posiciones diferentes que se dieron a notar enseguida dado que pasaron así por dos semanas consecutivas sin chocar entre sí.

Los demás solo podían imaginar que alguno de los dos gustaba del otro y por ello justificaban absurdamente su esquiva actitud, de que otro modo estarían tan perfectamente sincronizados para absurdamente ser antagónicos, los rumores sobre esto solo era una excusa más para continuar con los incesantes conflictos de los dos grupos. Pero no era del todo convincente para una persona en especial, se trataba de la compañera de Erick cuyo nombre era Luna, una bella joven de cabello corto que demostraba mucha seguridad en su vestimenta y actitud, igual que el satélite su brillo peculiar llamaba la atención de quién admirase su intrépida personalidad, al mismo tiempo era muy difícil de convencerla, desde luego debían mostrar pruebas contundentes para poder verificarle cualquier novedad y por su puesto fue la única que notó la supuesta relación entre estos incompatibles seres. La perspicaz señorita notaba la cómica forma de ser de ellos, pero algo en Lupe le parecía tierno e incluso curioso de ver, la distracción de Luperca le facilitaba ignorar el mundo entero cuando se sumía en sus pensamientos, por otro lado, aquel popular muchacho seguía llamando la atención de sus compañeras de Carrera sin sentirse especialmente atraído por alguna en especial, pensaba que Luperca era bonita a diferencia del extraño nombre que tenía pero solo lo llegaba a notar por comentarios de sus amigos, aun así no bastaba con que fuera bonita para que la mayoría de estudiantes la admiraran como un cuadro del mejor pintor a la lejanía, por mucho que él la observaba no hallaba nada de especial más que el de saber sobre su esparcimiento mental que la protegía de sus pretendientes.

Uno de esos atareados días el profesor dejó libre el salón para acudir a una reunión entre las demás autoridades, Erick solo pensaba en aprovechar ese momento y escapar a su auto para descansar de la obligación social a la que se había condenado, por lo que entre el apuro olvidó su bolígrafo en la mesa mientras los demás desalojaban el lugar como si fuesen liberados del cautivo salón, pronto el lugar quedó desértico dejando solo a Luperca quien se había quedado dormida.

— ¿Te gusta viajar a la fantasía? —interrogó Luna sacando de su meditación a la joven y estirando su mano frente a ella se presentó con un semblante suave— Soy Luna.

Luna siempre fue muy hábil para interpretar la personalidad de alguien con solo ver su rostro, con Erick ella era la única que sabía de su verdadero rostro por lo que mantenía cierta distancia, el mentir de otros era algo tan normal para ella que casi siempre se aburría de lo predecibles que podían llegar a ser, luego de un tiempo se adaptó hasta que finalmente dejó de creer en los demás, al menos así fue hasta que algo atravesó su pecho como una bala perforando todas sus inhibiciones.

— Le haces honor a tu nombre —contestó suavemente, pero impactando a Luna con una sonrisa gentil en lo se mantenía inmóvil— ¿quieres que te ayude con algo?

— No, Solo me estoy presentando —indicó titubeante bajando la mano y mirándola con cierto recelo— ¿Cómo te llamas?

— Luperca.

— Es un nombre raro —bromeó levemente mientras tomaba asiento junto a ella esperando que se molestara— ¿no te incomodan por eso?

— Lo sé, pero me gusta —sonrió de nuevo— si quieres puedes decirme Lupe.

La indescifrable mujer era capaz de burlar los intentos de Luna por fastidiarla, sin embargo, al poco tiempo estas insinuaciones se esfumaron y comenzó una charla sobre otros asuntos, la joven que antes no creía en nadie de pronto sentía la confianza de sonreír e incluso soltar una que otra carcajada frente a las gracias que su acompañante hacía, el miedo y la suspicacia que conservaba en tan solo unos minutos se había dispersado entre que los demás continuaban con sus actividades. Las clases continuaron mientras Erick miraba por el rabillo de su ojo a las dos muchachas ahora buenas amigas, de pronto una ligera sonrisa se dibujó en el rostro del joven, era la primera vez que miraba a Luna disfrutar de una charla y le parecía muy tierna la forma de ser de Luperca, pero tan pronto como se dio cuenta de aquella satisfacción el joven cubrió su boca con la mano, en lo que su pensamiento intentaba disimular semejante reacción de su parte ¡acabo de alegrarme por ellas! Pensó por segundos en lo que volvía a la conversación de sus supuestos amigos, ligeramente sacudió su rostro y se dejó llevar como siempre de su excelentísima actuación de chico agradable.

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