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Portada de la novela La Venganza en Talla S

La Venganza en Talla S

Después de padecer ocho años de tormento físico y psicológico a manos de Aarón, Sara resurge con una fuerza renovada. Impulsada por el amor hacia su hijo y una voluntad inquebrantable, decide volver para encarar su oscuro pasado. El temor ha desaparecido, dejando paso a una frialdad implacable y un solo objetivo: la justicia. Convertida en una mujer poderosa, ejecutará un plan metódico para destruir al hombre que casi acaba con su vida.
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Capítulo 2

Sara se mira en el espejo para comprobar que todo está perfecto. Coloca una daga en una de sus piernas y una pistola en el bolsillo falso de su vestido.

Sabe que tiene que estar preparada, su exmarido no permanecerá inmóvil cuando ella le haga pasar mal el momento.

—Llego la hora, por fin te veré de igual a igual Aarón, mi verdadera prueba está por comenzar, ¡Cuento contigo, tío! —Charlie sonríe al ver, la belleza que tiene al frente.

—Estaré a tu lado, solo que esta pelea es solo tuya, no interferiré en tu decisión. —Los dos se encuentran en un avión privado que Charlie contrató para regresar a Dinamarca.

—Gracias, tío. Me siento bien de estar de regreso, por lo que veo nada ha cambiado por aquí, aunque no tuve la oportunidad de conocerla, ya que el idiota me mantuvo prisionera.

—Bienvenida de nuevo a tu pasado, solo espero que no hagas ningún tipo de locura. En este hotel nos hospedaremos, así que disfruta de la belleza que posees, ya quiero ver la cara del idiota de Aarón.

—Únicamente quiero que él pueda percibir esta belleza. Ni siquiera te imaginas las ganas que tengo de verlo.

Charlie y Sara se encuentran en el lugar en el que experimentó los peores momentos de su vida, lo que hace que sus heridas ardieran y la ira controlara sus sentimientos. Se instala en la habitación junto con Lucia, quien ha viajado con ella para ser su asistente y maquilladora personal.

—Señora, qué vestido va a elegir.

—El dorado, el de la abertura atrás, quiero ser la mujer más atractiva de la fiesta y para eso necesitaré tu ayuda.

—Desde luego, la dejaré bellísima. Tome un baño de leche y rosas, señora, eso le relajará el cuerpo.

Sara se dirigió a la bañera, donde una tina la espera, preparada con leche, para que la piel se le hidrate. Se desnuda completamente, se mira al espejo. No puede creer lo que sus ojos ven. Su cuerpo ideal, el que jamás se imaginó tener ahora, era una realidad. Unas pequeñas cicatrices que apenas se ven, le recuerdan por todo lo que tuvo que ocurrir para verse de esta manera.

Lucia la ayuda a vestirse, Sara se acomoda su pistola y la navaja en su pierna sujeta con un estuche parecido a una liga. Lucia trabaja en su peinado y el maquillaje, se ve hermosa e irreconocible, realmente ni siquiera se reconoce. Se pone los lentes de contacto de color azul, dándole un aspecto europeo.

—¿Está usted lista, sobrina? — Charlie, toca la puerta.

—¡Lo estoy, tío!

Sara abrió la puerta, Charlie sonrió al verla bella de pie a cabeza, le tomó la mano y la besó como todo un caballero, Sara le sonrió con sinceridad por última vez, porque una vez frente a su verdugo no le dará ni siquiera una sonrisa fingida, tomó el brazo de Charlie, se despidió de Lucia, diciéndole que se durmiera temprano. Subieron a una limusina que los llevara a la gala.

Sara se dio cuenta de que sus nervios la quieren traicionar. Su corazón late con rapidez al saber que están por llegar. Pero ya no se puede hacer para atrás. Se preparó tanto para este momento, no lo echará a perder. Cada paso que da más cerca está de él. Al entrar en el salón, los presentes se dirigieron a la pareja elegante que está entrando.

 De inmediato ella atrae su mirada. Aarón se siente atraído a la mujer que llama la atención de todos los hombres del sitio. Al extenderle la mano para saludarla, Sara lo ignora, y lo deja con la mano extendida, mirándola fijamente, sin bajar la mirada en ningún instante. Su mirada está llena de odio, y al verla él, no tiene ni la más mínima idea de quien es ella.

Aarón no puede quitarle la mirada de asesino, lo ha enfurecido, está furioso por su acción, nadie en su sano juicio le ha dejado con la mano extendida, y esa mujer se atrevió a humillarlo delante de su gente, que algunos por disimular desviaron sus miradas y eso no lo puede dejar pasar. La gala fue todo un éxito, Aarón fue reconocido como líder nato para la nueva organización, dio unas palabras a sus nuevos socios, de los cuales unos solo estaban ahí por sacar información, ya que la muerte de Braulio no se quedaría sin venganza.

—¡Está bien, tío! —Charlie centra su atención en Fabricio, quien evade la mirada de él.

—Desde luego, quieres algo de tomar, sobrina.

—Algo liviano, no quiero perder la cordura.

Charlie se levantó de su asiento y camino hacia la barra de bebidas. Fabricio pidió permiso para retirarse, dejando a Sara sola en la mesa. Ella sacó de su bolso de mano el celular y le mandó un mensaje a Lucia, para que se durmiera temprano.

—Por fin te dejan sola. —eso le erizo la piel, Aarón está respirando en su cuello.

—No necesito que nadie me acompañe, sé tratar con hombres de tu calaña. —escondió su nerviosismo.

—¿Crees que eres tan valiente para retarme? Ni pienses que lo que me has hecho quedará impune. ¡Maldita sea! No sabes de lo que soy capaz.

—Tan hombre eres que ahora amenazáis a las mujeres, ¡Ja! —ella usando su acento español. Aarón le cogió del brazo y simuló que iba de su voluntad, mirando a todos lados, la sacó a la fuerza del salón, llevándola a un pasillo solitario.

—¿Quién te supones que eres para hablarme así? No me conoces mujer, no tientes tu suerte. —la tiene entre su cuerpo y la pared, apretándole la quijada. Ella mira a su alrededor, nadie interviene.

Sara lo deja actuar, sabe que el hombre está a su límite, baja su mano hasta su pierna y toma su navaja especial de doble filo, después de que él termina de amenazarla, lleva la navaja hasta la vena yugular de él.

—No me amenazáis a mí, no soy tu esposa para que me sometas de esta manera. —Aarón de inmediato soltó su agarre y se alejó un poco de ella, quien no quito ni un instante la navaja de su cuello.

—¡Cálmate! No es para tanto, suelta la navaja, mujer. 

—No me conocéis, no sabéis de lo que soy capaz, te aconsejo que andéis con cuidado, porque no soy de las que amenazo.

—Suelta la navaja, me puedes herir, y eso no te conviene ni a ti ni a tu tío, no seas una mujer imprudente.

—¡¡Imprudente!! Por si se te olvidó tú iniciaste. No te equivoquéis, si me buscan me encuentran, solo te advierto que no te metáis conmigo, porque no perdonaré a basuras como tú.

—Me llamas “basura” tienes una lengua muy afilada, mujer. Si querías mi atención, te puedo asegurar que la tienes toda, la próxima vez no seré tan confiado, dejándome engañar por una carita de ángel y un cuerpo de infarto.

Aarón levantó las manos en señal de paz junto con su famosa sonrisa burlesca. Sara retiró la navaja de su cuello. Ella no tenía por qué sonreírle, si con solo tenerle cerca le hervía la sangre de ira. Al verle que él se retira señalándola con su dedo en forma de arma, se acomodó su vestido y depósito.

«Lo has hecho bien Sara, nada más cálmate» se dijo así misma. Aclaro su garganta, porque hasta seca la siente, deseaba que su tío ya estuviera en la mesa.

Sara entró con elegancia al salón, cuando fue abordada por un misterioso hombre, de unos cuarenta años, buen mozo, y por lo visto muy caballeroso, con una sonrisa moja bragas, lástima que ella ya está curada para ese tipo de personajes. Venía de una relación tormentosa.

—Hola, preciosa, que raro ver una linda rosa en medio de tanta maleza, le gustaría ser mi pareja de baile para esta pieza. —Sara miro a la mesa y Aarón estaba tomando un trago sin quitarle la mirada de encima, eso le eriza la piel, era momento de enfadarlo.

—¡Será un placer, caballero! —al extenderle la mano, él se la beso, como todo un galán de cine— Creí que los caballeros se habían extinguido.

—No se crea que todavía hay algunos.

Ella se dejó guiar por aquel hombre que hasta el momento solamente cosas buenas le ha visto, pero algo que ha aprendido es no dejarse llevar por las apariencias, en ese negocio nadie es inocente y mucho menos un buen samaritano.

—Por su acento, señorita, deduzco que es española, me encanta la suavidad de su voz.

—Pues no os habéis equivocado, y que me dice de usted.

—Aburrido, soy un simple servidor suyo, turco de nacimiento, pero tengo años de vivir en estas tierras, siguiendo el negocio familiar. ¿Qué hace una linda española, en un lugar como este?

—¡Negocios, puros negocios! Muy pronto sabrá de mí.

Ella mira a Aarón a espaldas de su acompañante, su cara no se ve nada feliz, le toca el hombro y él se da la vuelta para ver de quien se trata, al verlo no manifiesta ninguna expresión, como de igual a igual poder. Ahí ella se da cuenta de que el personaje con el que baila no es cualquier hombre.

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