Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela La Sombra del Pincel

La Sombra del Pincel

Sofía sobrevive oculta en un sótano, pintando obras que Isabella usurpa bajo el control de Alejandro. La tragedia estalla cuando su hermano Luis fallece al no recibir tratamiento médico. Tras hallar su última pieza, Isabella destroza el cuadro y le fractura la mano derecha a Sofía para anularla. Sin embargo, la artista decide contraatacar usando su mano izquierda. Su diario personal se convierte en la prueba definitiva para exponer el fraude y destruir a sus captores.
Capítulos
Compartir

Capítulo 2

El olor a trementina y a soledad llenaba el sótano.

Durante cinco años, este taller improvisado en la mansión de Alejandro había sido mi mundo y mi prisión.

Terminé la última pincelada en el lienzo, un paisaje vibrante que no sentía mío. Mis manos dolían, mi alma estaba vacía.

Esta pintura, como todas las demás, llevaría la firma de Isabella, la aclamada artista, la esposa de Alejandro.

Cada obra que ella vendía en una galería de lujo era un trozo de mi vida que se aplaudía con el nombre de otra.

La puerta del sótano se abrió con un chirrido. Era Alejandro.

Su traje caro parecía fuera de lugar en mi desordenado taller. Me miró con la misma frialdad de siempre, sus ojos sin ver a la mujer, solo a la herramienta.

"¿Ya está terminado?"

Su voz era un mandato, no una pregunta.

Asentí en silencio, sin levantar la vista del cuadro.

"Isabella lo necesita para la exposición de la próxima semana. El dinero se transferirá a la cuenta del hospital mañana."

Mi hermano. Luis.

La única razón por la que soportaba este infierno. Su tratamiento médico, carísimo y experimental, dependía de mis manos.

Alejandro se acercó al lienzo, inspeccionándolo.

"Buen trabajo. Casi tan bueno como el de Isabella."

Esa mentira, la mentira que lo cegaba, era la base de mi cautiverio. Él creía que yo, en la escuela de arte, había plagiado a Isabella, arruinando su "incipiente" carrera.

La verdad era al revés. Isabella, consumida por los celos, me robó un portafolio entero y me incriminó para ganar un premio.

Ahora, este era mi castigo. Mi retribución. Ser su esclava, su artista fantasma.

"Alejandro," dije en voz baja, reuniendo el poco valor que me quedaba. "Necesito hablar contigo."

Él ni siquiera se giró.

"Estoy ocupado, Sofía. Solo pinta."

"Es sobre Luis. Su estado..."

"El dinero estará allí," me interrumpió, cortante. "Ese es nuestro acuerdo. Tú produces, yo pago. No hay nada más que hablar."

Se dio la vuelta para irse.

"Yo te admiraba," solté, las palabras saliendo antes de poder detenerlas. "Antes de todo esto. En la escuela, yo admiraba tu visión del arte."

Se detuvo en la puerta, dándome la espalda.

Por un segundo, creí ver un atisbo de duda en su postura.

"La gente que admiras a veces te decepciona," dijo, su voz extrañamente hueca. "Tú me decepcionaste a mí, Sofía. Decepcionaste el talento de mi esposa."

Luego se fue, cerrando la puerta y dejándome de nuevo en la penumbra, con el olor a pintura y a una injusticia que ya se había vuelto mi aire.

También te puede gustar

Portada de la novela Adiós al Viejo Dolor
9.8
La música ensordecedora del rancho apenas lograba ocultar el eco de mi corazón roto. Aquí estaba yo, Sofía Ramos, la "esposa legal", observando cómo Ricardo, mi esposo, celebraba el bautizo de su hijo con Elena García, la viuda de su hermano y mi examiga. Y el niño no era mío. Mi hija Camila, de solo cinco años, se aferraba a mi mano, fantasmas en nuestra propia casa, ignoradas por todos mientras ellos posaban para las fotos, la imagen de la familia perfecta. Elena se acercó, su sonrisa dulce para los demás, pero helada para nosotras. "Sofía, querida, asegúrate de que Camila no moleste a los invitados", dijo, y discretamente, clavó sus uñas en la mano de mi pequeña. Un quejido ahogado de Camila, sus ojitos llenos de lágrimas, y una rabia hirviente me recorrió. Pero el mundo se detuvo cuando el caos estalló: gritos, disparos. Los enemigos de Ricardo nos emboscaban. Y él, sin dudarlo, empujó a Elena y a su hijo detrás de él, protegiéndolos. Luego, me miró, y en sus ojos, vi la decisión. Sin decir una palabra, corrió hacia la casa con ellos, dejándonos a Camila y a mí solas, a merced de su enemigo. Fui arrastrada, golpeada, torturada por un año, preguntándome cada día si mi hija seguía viva, si ella también sufría. Cuando por fin escapé, débil y marcada, lo único que deseaba era volver a casa, a la hacienda, con mi hija. Pero al encontrarla, el infierno no había terminado, solo había cambiado de forma. Mi pequeña Camila estaba en una jaula, en las perreras, sucia, desnutrida, sus ojos vacíos, comiendo sobras de un tazón de metal junto a perros salvajes. "¡Mami, sácame de aquí! Los perros me muerden. Elena me pega. Siempre tengo hambre", su llanto, un lamento animal, me desgarró el alma. La furia me consumió, una rabia primal que me dio la fuerza. Rompí la jaula. Y en ese mismo instante, escuché risas. Ricardo y Elena celebraban, brindando por su aniversario. El aniversario de mi abandono. El aniversario del infierno de mi hija.
Portada de la novela El Corazón Traicionado
8.6
El aire del santuario vibraba con el poder del Corazón de la Tierra, un zumbido que sentía hasta en mis huesos. Era la ceremonia anual de bendición, y como curandera y elegida, canalizaba su energía para sanar a mi gente, hasta que un grito rompió la solemnidad. "¡Traición!" Era Estrella, mi propia hermana, señalándome con un dedo tembloroso, su voz llena de un dolor que parecía real. "¡Luna! ¡Has profanado este lugar sagrado!" Me acusó de entregarme a las artes oscuras, de traer un chamán de la sombra para robar el poder del Corazón. Un murmullo de horror recorrió la sala y el Gran Consejo de Ancianos se levantó. Miré a mi hermano Sol, buscando apoyo, pero sus ojos reflejaban horror y duda. El Anciano Sol sentenció: "Has traicionado nuestra confianza, has traicionado a la Tierra misma." No hubo juicio, solo la acusación de mi hermana y la condena del Anciano. Fui declarada culpable y desterrada por quinientos años a las Tierras Áridas, ese infierno del que nadie regresa. "¡No! ¡Soy inocente!" grité, pero los guardias ya me sujetaban. Me arrebataron mis dones curativos, mutilaron mis manos, y quemaron mis tatuajes sagrados, despojándome de todo. Quinientos años fui una vasija para espíritus de arena, pariendo criaturas deformes. Cuando el Anciano Sol vino a rescatarme, no era más que una bestia salvaje y rota. De vuelta en el templo, me arrastré para comer como un perro, mientras mi hermano Sol y el Anciano Sol me veían con asco. "¿Qué te pasa? Deja de actuar así", me dijo Sol. Me tildaron de actriz, incapaces de comprender mi trauma. Fue entonces cuando la verdad me golpeó: en los ojos de Estrella no había dolor, sino triunfo. Ella lo había orquestado todo, por envidia, y ahora sus cómplices me sometían a nuevas crueldades. Me golpeé la cabeza contra la pared, deseando el fin. No morí, pero la vieja Luna sí. Años después, cuando la verdad sobre Estrella salió a la luz, Sol y el Anciano Sol me buscaron. Pero ya era una chamana errante, libre, y los rechacé. "Algunas heridas, simplemente, no se pueden perdonar."
Portada de la novela El Joven Guardaespaldas
8.8
Harta de las limitaciones impuestas por su padre, May se ve forzada a aceptar la vigilancia constante de un guardaespaldas. Lo que comenzó como un método para controlar su carácter rebelde y arrebatarle su libertad, pronto se transforma en una dinámica imprevista. Al convivir bajo el mismo techo, la hostilidad inicial hacia su custodio se desvanece, dando paso a una atracción prohibida. Ahora, su desafío se convierte en un juego de seducción de alto riesgo.
Portada de la novela Hielo y fuego - Una historia de dragones
8.4
La realidad oculta un pasado donde reinos mágicos y dragones coexistían en armonía. Ahora, el destino se prepara para dar cumplimiento a una profecía ancestral que cambiará el mundo. La leyenda relata la aparición de un elegido, un individuo con el don excepcional de despertar a una criatura mística y legendaria. Esta aventura épica sigue al protagonista en su misión por liberar el poder de la bestia más imponente de estas tierras fantásticas.
Portada de la novela La Espía Del Mafioso
8.1
La existencia de Hayley Fernández se quiebra tras una injusta condena y el brutal asesinato de su pareja. Consumida por el deseo de justicia, decide cruzar cualquier límite ético para vengarse. Su destino se entrelaza con el de Aleksandr Dmitriev, el despiadado jefe de la mafia rusa apodado Lucifer. Aunque la desconfianza es su ley, una vulnerabilidad secreta amenaza con traicionarlo cuando el amor surge como un peligro mortal entre ambos.
Portada de la novela La Hermanita Cambia El Destino
7.9
El rencor me consumía entre las llamas tras ver cómo Valentina, a quien acogimos por piedad, destruía a mi familia. Una denuncia falsa suya le quitó a mi hermano Mateo su beca de danza, llevándolo a la tumba junto a mis padres. Busqué justicia en un incendio fatal, pero he despertado milagrosamente a mis dieciocho años. Estoy en el día previo a su audición clave; es mi oportunidad para evitar la tragedia y reescribir nuestro destino para siempre.