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Portada de la novela La sirvienta más sexy del CEO

La sirvienta más sexy del CEO

Una joven huérfana es rescatada de un burdel justo antes de ser entregada. Sin recursos, termina bajo el control del poderoso director de una gran firma nacional de infraestructuras. Obligada a servir en su lujosa mansión, debe portar un uniforme sugerente y acatar las estrictas reglas de su salvador. En este entorno opulento, la nueva sirvienta se ve forzada a participar en diversos juegos eróticos diseñados por el implacable y dominante CEO.
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Capítulo 3

Yo no sabía cuál era la siguiente clase que me iban a dar pero me daba igual, si era tan placentera como lo que la madame le estaba haciendo a mi ano por mí que me diesen todas las clases que hiciesen falta porque las recibiría encantada.

—A veces, —dijo la madame sin dejar de mover la mano con la que sostenía el pene de silicona— dos clientes quieren follarse a la misma mujer al mismo tiempo. Te preguntaría si alguna vez has follado con dos hombres a la vez, por el coño y por el culo, pero si nunca antes te habían follado el culo ya me sé la respuesta.

—Tenga madame. —Raquel le entregó uno de los penes de silicona que había ido a buscar al baño.

—Perfecto, sigue tú aquí. —La madame cambió de lugar e introdujo el nuevo pene de silicona en mi vagina.

—Ahhh... Mmm... Más... Quiero más...

La sensación estaba siendo increíble. Esos dos penes introducidos en mi cuerpo, aunque fueran falsos, me estaban dando tal cantidad de placer que yo no podía parar de gemir y de pedir más y más.

—Tienes que acostumbrarte a la sensación de tener dos pollas en tu cuerpo, tienes que estar tan relajada y excitada como ahora para complacer al máximo a tus clientes.

Sinceramente, las palabras de la madame me importaban un comino, lo único que quería era seguir disfrutando de aquella maravilla que acababa de descubrir.

Subí una de las manos a mis senos y empecé a pellizcarme los pezones por turnos.

—Bien, muy bien, —La madame empezó a acariciarme los senos y yo me dejé llevar por la sensación— si te tocas las tetas tú misma y te pellizcas los pezones les gustará más a los hombres.

—Los clientes de este sitio harán fila para follarte —dijo Raquel.

Tengo que admitir que en ese momento era lo que yo quería, una fila de hombres dispuestos a practicar sexo conmigo, y que preferiblemente lo hiciesen de dos en dos.

—Y si te tocas el clítoris —La madame agarró la pequeña protuberancia con dos dedos y empezó a retorcerla a un lado y a otro haciéndome gritar de placer— los pondrás muy cachondos porque sabrán que quieres más.

»Otras veces serán tres hombres los que querrán tenerte al mismo tiempo, —Me entregó el otro pene de silicona— ¿y cuál es el orificio que te queda?

—La boca. —Puse mis labios sobre el objeto y comencé a lamerlo y chuparlo como si fuese una rica piruleta o el más delicioso de los helados.

—Yo creo que está lista madame —dijo Raquel.

—Sí, Marilyn es perfecta para pasar a formar parte de nuestras filas.

Me saqué el falso pene de la boca cuando llegué al orgasmo más increíble y placentero que había experimentado en mi vida.

—¡Vaya manera de correrse, niña! Creo que, con permiso de Raquel, vas a ser una de mis mejores chicas.

En ese momento me vine abajo. Después de alcanzar el clímax me arrepentí de lo que había hecho, me sentía sucia y pervertida, pero ya no podía volver atrás.

—Vístete, —La madame me dio un par de palmadas en el trasero desnudo— Raquel va a enseñarte un par de cosas. Yo tengo que ir a cambiarme, ¡me has hecho que me mojé las bragas, niña mala!

Volví a sentirme incómoda con los comentarios de la madame, y a eso se le sumaban el remordimiento y la vergüenza por lo que acababa de pasar, pero no había nada que yo pudiese hacer al respecto. La única posibilidad que tenía era trabajar en ese club y, sin un lugar al que ir, la alternativa era dormir en la calle para comer y vestir lo que me diesen o lo que encontrase en la basura.

Abrí mi mochila y saqué un chándal cómodo para ponérmelo, pero Raquel me dijo:

—No puedes ponerte esa ropa para bajar a la sala Marilyn, mejor elige algo de aquí. —Abrió el armario.

Cuando me acerqué a verlo quedé estupefacta. El armario estaba repleto de vestidos sexys, calzonas cortas, minifaldas, tops muy escotados y todo tipo de ropa con transparencias o lentejuelas, algunas con flecos tipo cabaretera de los años veinte, otras en tonos metálicos o muy estridentes...

—Es todo de la talla M —dijo Raquel.

—¡Pero si esa es mi talla!

—Sí, la madame tiene muy buen ojo para esas cosas, rara es la vez que no acierta con la talla de una de sus chicas, y ahora tú también eres una de nosotras.

No me gustaba mucho como sonaba eso de ser la chica de la madame, pero tenía que resignarme si quería tener una comida caliente y un techo bajo el que dormir y resguardarme de la lluvia y el frío.

Tenía la idea de que mis difuntos padres me estaban viendo desde el cielo y de que se avergonzaban de mí, pero, ¿qué otra cosa podía hacer? La opción de terminar la carrera de Derecho había desaparecido, al igual que la casa en la que pasé toda mi infancia y todo lo que había dentro de ella.

Por eso elegí unos shorts vaqueros que no eran demasiado cortos y un top de crochet atado al cuello que no dejaba ver nada de mi escote. Así al menos me sentiría algo protegida al bajar a la sala. Estaba segura de que había llegado el momento de conocer a algún cliente para llevármele a la cama, mi primer servicio como trabajadora sexual, pero qué equivocada estaba...

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