
¡La revancha de la increíble exesposa del CEO!
Capítulo 2
Thalassa lloraba mientras uno de los oficiales se colocaba detrás de ella, le agarraba las manos y la esposaba. Miró suplicante a Kris, con la esperanza de que él se diera cuenta de su error y la salvara de esa humillación, pero este simplemente la observó con frialdad mientras la sacaban de la suite.
Como si eso no fuera suficiente, apenas puso un pie fuera, varios reporteros se abalanzaron sobre ella. Los flashes de las cámaras la deslumbraron.
"Thalassa, ¿es cierto que te casaste con Kris Miller solo por su dinero?".
"¿Cómo te sientes después de que se descubriera tu robo?".
La acusada nunca se había sentido tan humillada en su vida, con toda esa gente mirándola y los reporteros haciéndole toda clase de preguntas, mientras la conducían a la patrulla...
"¡Esperen! ¡Por favor, esto es un error! ¡Soy inocente! ¡Tienen que creerme!", le suplicó al oficial que la guiaba a la celda.
"Eso es lo que siempre dicen los culpables. Realmente debiste haberlo pensado dos veces antes de meterte con una mujer como Linda Miller", contestó él, entre risas, mientras la encerraba. Luego, sin dejar de reírse, la dejó sola.
Thalassa no podía parar de llorar. Sabía que su suegra nunca la había querido, pero, ¿la odiaba a tal extremo de montar una trampa tan elaborado en su contra?
Recorrió con la mirada la celda. Lo primero que notó fueron las paredes frías y desoladas, antes de fijarse en la cama que parecía haber visto mejores días. Allí estaba ella, en un lugar para delincuentes.
'¿Cómo pudo Kris hacerme esto?', se preguntó, con el corazón destrozado, mientras se dejaba caer en la cama.
No se engañó diciéndose que su matrimonio había sido perfecto, pues estaba lejos de serlo.
Durante su noviazgo, él siempre había sido un perfecto caballero, anteponiendo siempre las necesidades de Thalassa. De hecho, se había enfrentado a su propia madre y a los miembros de su familia cuando desaprobaron su relación, pues ella era de una clase social más baja. Incluso lanzó un ultimátum contra los reporteros y tabloides que tachaban a su pareja de cazafortunas.
Kris había sido el hombre perfecto, pero todo eso cambió una vez que se casaron: él se convirtió en una persona completamente diferente.
El hombre que siempre la trataba como a una reina, se convirtió en uno que la hacía llorar casi todas las noches por su frialdad.
Y lo que más la atormentaba era no ser capaz de identificar la razón del cambio.
Para colmo, tenía que lidiar con las humillaciones y vejaciones de los demás miembros de su familia, que la trataban como una sirvienta en su propia casa.
Había tenido que soportar todo eso durante su último año.
Aun así, nunca se imaginó que su esposo permitiría que la arrestaran y la humillaran como a una delincuente común. Y la situación le dolía más porque estaba esperando un hijo suyo...
Thalassa sollozó mientras se llevaba una mano al vientre. Estaba embarazada, pero su cónyuge no lo sabía. Lo había descubierto ayer, y había querido decírselo, pero él llevaba dos días sin aparecerse por su casa, además de que no se había molestado en atender sus llamadas.
La única persona que sabía de su estado era Karen, su mejor amiga. Aparte de ella, nadie más lo sabía.
"No te preocupes, bebé. Todo va a estar bien, te lo prometo", le dijo a su vientre, aunque sabía que probablemente allí solo se encontraba un coágulo de sangre, pues solo tenía dos meses de embarazo. "Tu padre pronto se dará cuenta de su error, se disculpará y todo volverá a la normalidad. Ya lo verás".
Thalassa pasó tres días más en la celda, que fueron los más agonizantes de su vida. Kris nunca fue a sacarla ni a disculparse. De hecho, nadie fue a visitarla.
Durante ese periodo, ella había exigido varias veces la llamada telefónica a la que sabía que tenía derecho, pero los oficiales siempre se la negaron. Ni siquiera le habían dado la oportunidad de llamar a un abogado.
No tenía dudas de que la responsable de todo eso era Linda Miller, quien estaba usando su influencia para atormentarla. ¿Realmente esa mujer quería encarcelarla por algo que no hizo?
En la tarde del tercer día, Thalassa estaba acostada en la cama de su celda, llorando en silencio, cuando de repente escuchó el sonido de la puerta siendo abierta. Rápidamente se incorporó, y la esperanza regresó a sus ojos al ver al señor Sawyer, el abogado de la familia Miller.
"Tienes suerte de que los Miller hayan decidido retirar los cargos. Serás liberada", le informó un oficial.
La joven sintió que su corazón saltaba de alegría, ¡pues Kris finalmente había reconocido su error! ¡Seguramente iba a disculparse por haber desconfiado de ella y las cosas volverían a estar bien!
"Muchas gracias", le dijo al abogado mientras se enjugaba las lágrimas. "Pero, ¿en... dónde está Kris?", inquirió tras salir de la celda y percatarse de que no había rastro de su esposo en el pasillo.
"Él no vino conmigo. Simplemente me envió a retirar los cargos y a liberarla", aclaró el otro.
Ella sintió el corazón apesadumbrado, pero rápidamente sonrió. Se dijo que Kris debía estar muy ocupado, pero que probablemente ya la estaba esperando en casa, y que todo volvería a estar bien.
El abogado comenzó a caminar hacia la estación principal; Thalassa lo siguió. Los policías le habían quitado su bolso y su celular ayer, así que la llevaron a firmar algunos documentos para finalmente recuperar sus pertenencias.
"¿No envió Kris un chofer? ¿O tú vas a llevarme a casa?", le preguntó la chica al abogado, apenas terminó con el trámite.
"Esa es otra de las cosas que quería hablar con usted", respondió el hombre, volteando a verla.
"¿De qué se trata?", inquirió Thalassa, con el corazón acelerado.
Sin responder, su interlocutor sacó unos papeles de su maletín y se los entregó.
A ella se le rompió el corazón al leer las palabras, en mayúsculas y negritas, que encabezaban el documento: "ACUERDO DE DIVORCIO".
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