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Portada de la novela La pasante del CEO

La pasante del CEO

Cuatro años después de huir para escapar de Polo, Leana comienza sus prácticas en una prestigiosa compañía. Sin embargo, su mundo se tambalea al descubrir que aquel hombre de su pasado es el CEO y su nuevo superior. Pese a las cicatrices familiares y su firme decisión de cerrar su corazón al amor, la joven deberá enfrentar la persistente seducción de su jefe. En un entorno de oscuros secretos y deseo, ¿logrará ella salvaguardar su inocencia?
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Capítulo 2

Desde que tiene conciencia Leana ha sabido que es una luchadora, su madre pasaba muy poco por casa, durante el día trabajaba y en la tarde solo pasaba para dejarme la comida que le había comprado y para alistarse, todas las noches salía con algún tipo, muy pocas veces era el mismo, solamente mantenía relaciones algo más duraderas con aquellos que tenían la posibilidad de darle la "buena vida" que a ella le interesaba y su padre, bueno, a ese nunca lo conoció, cuando su madre salió embarazada y se lo contó hizo lo típico, irse; suena a cliché, lo sé, pero es lo que hay, estas cosas suceden en la vida real, quizás a alguno de los lectores de esta historia les ha pasado, así que esto también va dedicado a ustedes.

Leana pasó toda su infancia en esas circunstancias, por tanto, tuvo que aprender a hacerse sus cosas por sí misma, limpiar la casa, lavar sus ropas, y sí, también defenderse sola ante el abismo voraz que es la vida.

Como tenía tanto tiempo libre y nadie que la regañara o le prohibiera hacer las cosas, sobre los dieciséis años comenzó a salir sola con sus amigas, esperaba a que su madre se fuera a sus andanzas y se encontraba con ellas en un parque que quedaba cerca de un bar llamado “Instinto”.

Sus amigas fueron las encargadas de ayudarla en todo ese mundo de la moda y como Leana era bastante grande para su edad, le quedaba la ropa de su madre y a escondidas las utilizaba para sus noches de chicas.

En una de esas noches de salida, ya cuando era un poco más mayor, a punto de cumplir los dieciocho, decidió ponerse un vestido rojo corto con la espalda afuera, quería impresionar a un chico que frecuentaba el bar, no lo conocía y nunca había hablado con él, pero resaltaba entre todos siempre, era alto, muy alto, tenía el pelo rubio, los ojos color avellana y una sonrisa increíble, probablemente él no supiera ni de su existencia por eso se había decidido por ese vestido rojo, se notaba que el chico era mayor que ella y de alguna forma tenía que llamar su atención.

Llegaron al lugar sobre las diez de la noche, era viernes y ella sabía perfectamente que ya él estaba dentro del bar, los viernes siempre llegaba temprano y se iba tarde, no podían entrar al bar pues eran menores de edad, así que se tenía que resignar a esperar por su salida.

Ya eran pasadas las doce de la noche, sabía que él estaba por salir, sin decirle nada a ninguna de las chicas, caminó hasta la puerta del bar, unos pocos minutos después lo vio dirigiéndose hacia la salida, retrocedió unos pasos, tomó su móvil en las manos y comenzó a caminar como si leyera algún mensaje, pasó por la entrada de “Instinto” justo cuando él salía y "accidentalmente" chocaron.

Su móvil cayó al suelo y se tambaleó un poco, desde lejos el chico se veía alto, pero ahora que lo tenía justamente frente a ella, era mucho más grande de lo que se pensaba. De un momento a otro, Leana sintió las grandes manos de él sobre sus hombros, solo la soltó cuando estuvo seguro de que ella estaba estabilizada y segura se agachó, recogió su móvil del suelo y mirándola fijamente le dijo:

- Lo siento mucho, no vi que venías caminando- pronunció mientras le entregaba el celular- Leana no pudo hacer más que quedarse unos segundos embobada, esos ojos color avellana eran preciosos y al mirarlos de cerca tenían unos destellos de verde, sus labios eran carnosos y rosados y definitivamente frecuentaba el gimnasio.

- No pasa nada -logró balbucear ella finalmente- discúlpame tú a mí que ni miraba por dónde caminaba -en su interior no creía que finalmente estaba hablando con él y para su sorpresa se quedó mirándola muy fijo a los ojos mientras le sonreía dejándola inerte.

- Bueno, esto lleva una presentación oficial, hola, me llamo Polo, un placer conocerte… -dijo dejando la frase inconclusa para que ella le dijera su nombre.

- Leana, me llamo Leana -le respondió ella todavía embobada.

- Leana… me encanta el nombre, le pega perfectamente a tus ojos azules.

Al escucharlo ella no pudo evitar sonreir, sabía que iba a mencionar algo sobre sus ojos, las personas siempre lo hacían, su tez era muy blanca, su cabello castaño bastante oscuro y eso hacía que el color de sus ojos resaltara más. Leana tenía que levantar su cabeza hacia arriba para poder mirarle la cara y eso que ella no era una chica pequeña.

- ¿Estás segura que te encuentras bien? -le preguntó Polo a lo que ella le respondió asintiendo con su cabeza- Ven, vamos a sentarnos te llevaste un buen susto -le rodeó la cintura con su brazo y la llevó a un banco que estaba justo en frente de ellos, la sentó y le revisó los brazos asegurándose que no se hubiera dado un golpe.

- Listo, examen físico terminado -declaró un par de minutos después.

- ¿Eres Médico? -fue lo primero que le vino a la cabeza de ella.

- No, soy dueño de una compañía empresarial, pero aprender primeros auxilios nunca está de más -sonrió- y tú ¿a qué te dedicas?

- Soy estudiante -le dijo sin mencionar su edad, al parecer el maquillaje y el vestido que llevaba habían cumplido su objetivo.

- Eso es bueno, construirse un futuro, yo también estudié mucho y gracias a eso he podido crecer tanto en el ámbito laboral, pero ya eso te lo explicaré después -se sentó a su lado y con su dedo índice comenzó a trazar un recorrido desde su rodilla hasta el muslo y cada vez subía más, ella se congeló de inmediato, Polo le encantaba, pero no sabía nada relacionado con el tema sexual, eso le aterrorizaba.

- ¿Quieres que vayamos a un lugar más privado? El bar tiene un reservado que sería especial para que pudiéramos conversar más -le sugirió él sin poder dejar de mirarla a los ojos, había algo hipnóticos en ellos.

En cuanto escuchó sus palabras, Leana entró en pánico, eché su móvil en el bolso, se puso en pie rápidamente y solo atinó a decirle:

- Muchas gracias, por tu atención Polo, pero mañana tengo que madrugar, es hora de que me vaya -y sin esperar una respuesta por su parte, giró su espalda y se marchó.

No se atrevió a volver intentar un acercamiento hacia él, no lo vio más por mucho tiempo, pero nunca pudo olvidar su mirada fija y sus ojos clavados en los míos con esa sonrisa pícara que le regaló ese día. Sin saberlo, Leana había acabado de marcar un punto de inflexión para el resto de su vida.

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