Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela LA OBSESIÓN DEL DEMONIO RUSO

LA OBSESIÓN DEL DEMONIO RUSO

Aleksandra Vólkov, heredera del poderoso líder criminal Alek Vólkov, se convierte en el blanco de una fijación letal. Damién Ivanov, el infame criminal conocido como El Demonio Ruso, ha fijado su mirada en ella con una determinación implacable. En este oscuro relato de pasión y mafia, Damién desafiará cualquier límite para reclamar a la joven princesa rusa. Se desata así un conflicto de lealtades donde el deseo no conoce fronteras ni teme consecuencias.
Capítulos
Compartir

Capítulo 3

Aleksandra Vólkov

—Hay suficiente comida para todos, si gustas te puedes sentar a comer con nosotros, Damién —le ofrecí con amabilidad a lo que él sonrió en respuesta.

—Sería un gusto, muñequita —tomó asiento a mi lado y me ruboricé al notar como Matthew nos miraba con una ceja alzada.

Y con razón, pues no le había mencionado que era mi vecino y, para completar, Damién me llamaba de esa forma, lo que daba a entender que teníamos más confianza de lo normal cuando no era así.

Comenzamos a comer en silencio y reí con nerviosismo cuando Damién me sujetó la muñeca izquierda y la llevó hasta su boca, logrando quitarme la papa frita que sostenía entre los dedos.

Lo miré sorprendida a lo que él únicamente sonrió y siguió comiendo como si nada hubiera pasado.

Levanté la mirada y me conseguí con un muy confundido Matthew, quién nos veía sin entender un carajo, a lo que en respuesta me encogí de hombros y con la mirada le di a entender que luego le explicaría todo.

Jasha por otro lado solo comía sin decir absolutamente nada y con la mirada fija en el teléfono, pues había descargado un nuevo juego con el que estaba obsesionado.

—¿Y qué edad tienes, Damién? —la pregunta de Matthew me sacó de mis pensamientos, por lo que levanté la mirada rápidamente y presté atención a la respuesta de mi compañero.

—Diecinueve, ¿Por?

—Solo curiosidad, pues rara vez los estudiantes de otros cursos se sientan con nosotros en la misma mesa, se supone que hay niveles y más bien se me hace raro verte acá con nosotros comiendo.

—Estoy sentado acá por Aleksandra, pues me apetece compartir un poco más con ella antes de tener que entrar a clases, Matthew.

—Tranquilo, no lo dije para mal, al contrario, me parece genial ya que es la primera vez que logramos compartir con estudiantes de otros cursos.

Damién pasó uno de sus brazos por mis hombros y me pegó más a su lado, ganándose una mirada confundida por parte de Matthew, quién no entendía su rara actitud y más recientes ¿Celos?

No, no, no.

No vayas por ahí, Aleksandra.

Ustedes apenas se conocen y eso no es probable.

Salí de mis pensamientos y capté la mirada de todos en la mesa cuando mi teléfono comenzó a sonar, anunciando que ya debía tomarme la pastilla para la fiebre con la que había estado lidiando días atrás.

Tomé mi bolso, rebusque en el mismo hasta que encontré la pastilla y me la llevé a la boca.

Damién me miraba confundido, pero aún así no preguntó nada al respecto y yo tampoco le di muchos detalles, pues no lo creí necesario.

Apagué la alarma del teléfono y continúe comiendo hasta que mi estómago no aguantó más comida.

—¿Aún sigues tomando pastillas para la alergia, enana? —preguntó con curiosidad Matthew y negué.

Era alérgica a muchas cosas en particular, pero la más resaltante era el polvo, por lo que siempre debía tener una pastilla para el malestar de alergia en caso de emergencia, ya que me ponía grave.

—No, esa pastilla que me tomé era para la fiebre, hace días me vi un poco mal con el malestar y el médico me recetó ese medicamento por unos días  —le expliqué rápidamente y él asintió.

Miré la hora en el reloj de mi teléfono y cuando confirmé que aún faltaba mucho para poder entrar a clases nuevamente, me levanté de la mesa ante la atenta mirada de todos y anuncié que iría al baño un momento.

—Te acompaño hasta la puerta, muñequita —volteé a ver a Damién sorprendida a lo que él me miró de vuelta con una sonrisa en el rostro.

Espera, ¿Qué?

—¿Estás seguro? Me tardaré un poco y por obvias razones no podrás entrar —que diga que no, que diga que no, que diga que no.

—Sí, tranquila, mientras te espero yo también iré al baño de los hombres, ¿Te parece?

Lo miré sin entender nada y asentí.

¿Por qué si apenas nos conocíamos había tanto interés de su parte?

¿O es que yo estaba malinterpretando las cosas?

Dios mío ilumíname, por favor.

Tomé mi bolso y él imitó mi acto al instante, dejando en la mesa sentados a Matthew y mi hermano.

Al verlo, recordé que debía avisarle donde estaría, pues a veces se desesperaba al no encontrarme y entraba en pánico.

Algo raro, lo sé.

Pero mamá decía que era porque conmigo se sentía bien y solo yo le transmitía seguridad, pues nuestra conexión era única desde que él había nacido.

A pesar de llevarnos algunos años de diferencia, éramos muy cercanos y muy unidos, por lo que estar separados durante mucho tiempo no era normal para ninguno de los dos.

—Jasha —lo llamé pero él no me prestó atención, pues estaba muy concentrado en el teléfono jugando —. ¡Hey! —puse una mano encima del teléfono e inmediatamente capté su atención.

—¿Qué pasó? Estaba en la mejor parte del juego —se quejó y rodé los ojos al oírlo.

Cuando no.

—Lo sé, pero solo quería avisarte que iré un momento al baño, ¿Me esperas o te irás con tus amigos al patio principal?

Él negó y lo miré confundida.

—Me quedaré un rato con Matthew, él prometió enseñarme otro juego divertido y quiero ver cuál es —señaló a mi amigo aún con la mirada fija en el teléfono.

Miré a Matthew esperando su confirmación y él asintió.

—Sí, estaremos en la sala de computación un rato jugando mientras se hace la hora para entrar a clases, de todas maneras te buscaremos cuando hayamos terminado, ¿Dónde estarás tú? —preguntó con interés y, cuando iba a responderle, Damién lo hizo por mí logrando sorprenderme.

—Conmigo en la biblioteca.

¿Qué?

¿En qué momento habíamos hecho planes para ir a la biblioteca?

¿Acaso tengo alzheimer y no me lo dijeron?

—¿En la biblioteca? —preguntó de vuelta Matthew y Damién asintió, pasando un brazo por mis hombros y pegándome a su cuerpo.

¡Dios mío, huele divino!

—Sí, le mostraré unos libros interesantes que conseguí allá, entonces cualquier cosa nos pueden buscar en la biblioteca —respondió y lo miré sorprendida, pues no me había mencionado nada de eso en ningún momento.

Apenas y lo había conocido ayer, sin mencionar que en las pocas horas que habíamos compartido no habíamos podido hablar de nuestros intereses a gusto.

¿Cómo sabía que me gustaba leer?

—Está bien, nos vemos entonces en unas horas, suerte —se despidió Matthew poniéndose de pie con mi hermano y desapareciendo de nuestra vista.

Nosotros imitamos su acto y comenzamos a caminar hasta el área de los baños, aún con su brazo encima de mí hombro.

—¿Como sabes que me gusta leer, Damién? —decidí preguntar para romper el hielo.

Él comenzó a acariciar mi hombro mientras aún seguíamos caminando ante la atenta mirada de algunos alumnos y no en respondió, no hasta que llegamos a la puerta de los baños de las damas.

—Tus redes sociales me dieron mucha información sobre tí —respondió y lo miré boquiabierta.

No, no, no.

Yo ahí tenía fotos de muy muy pequeña, dónde lo que tomaba era tetero y usaba pañales.

¡Tragame tierra!

Justo ahora me doy cuenta la mala idea que fue haber subido esas fotos en su momento, pues creí que sería un buen recuerdo para el futuro, pero lo que en realidad eran fotos para pasar pena.

—¿Buscaste mis redes sociales? —pregunté atónita, a lo que él asintió y sonrió en respuesta.

¡Llévame, señor!

—Sí, no fue muy difícil la verdad, debo confesar que encontré cosas muy interesantes allí —respondió con una mirada pícara y quise morirme ahí mismo.

«¡Dios, tu mejor guerrera necesita que te la lleves al cielo, amén!»

Me ruboricé al oírlo y no supe qué más responderle, pues sabía que había pasado pena y no tenía cómo remediar semejante estupidez.

Al llegar a la casa borraría una y cada una de esas fotos, lo juro.

—Gracias a Dios que puedo eliminarlas todas y así no seguirás viendo mis momentos más humildes —dije con alegría.

Pero como siempre, la felicidad me duró poco.

—De hecho, las guardé todas en mi ordenador, así que ya no hay vuelta atrás —me tensé al escucharlo y definitivamente me quise morir.

—¿Qué? Dime que estás bromeando, Damién —le pedí con seriedad al notar como se reía al ver mi cara.

—En lo absoluto, más bien me encantaron y por ello decidí tomarlas para mí.

—¿Y qué se supone que harás con mis fotos de pequeña?

—No lo sé, quizá observarlas hasta saciarme de tu belleza.

—Pero si era una bebé y ahí era todo menos hermosa.

—¿Bromeas? Sigues siendo igual de hermosa que cuando pequeña, además, me sigues pareciendo tierna  y me gustaron las fotos, así que ya son mías.

—¿Qué quieres a cambio para borrarlas de tu ordenador? Te doy lo que sea —le dije desesperada por encontrar una solución a mi problema.

Mamá y papá sabían que esas fotos habían sido subidas a esa red social, pues fue con autorización de ellos con que me creé mi perfil, pero aún así no podía evitar sentir pena al imaginar que Damién tenía en su poder mis fotos de pequeña, de mis cumpleaños, mis días de playa, en familia y demás.

Tenía prácticamente todos mis recuerdos en su ordenador.

Aunque no lo culpaba, pues si había decidido subirlas, era porque sabía que cualquier persona podría verlas y tener acceso a las mismas, pero se suponía que yo únicamente aceptaría las solicitudes de familiares o amigos cercanos, como me lo habían ordenado mis papás.

Era un trato, por lo que si se llegaban a enterar que le había aceptado la solicitud a mi vecino sin saber que era él, me matarían.

—¿Lo que sea? —preguntó pícaro y asentí.

—Sí.

Se quedó pensando durante unos minutos y, luego de un largo silencio, respondió:

—Por los momentos no me interesa nada, con tu atención me basta, así que no lograrás convencerme de borrarlas.

—No cambiarás de opinión, ¿Cierto?

Negó con una sonrisa en el rostro.

—Bien, solo te pido que por favor no se las vayas a mostrar a nadie de la escuela.

Tenía mi perfil en redes sociales con otro nombre y apellido, por lo que muy pocos de mis compañeros habían encontrado mis fotos.

Lo que también me hizo preguntarme cómo era que Damién había descubierto mi perfil, si se suponía que era secreto y no todo el mundo podía dar con el mismo.

—Ya te dije que las fotos son mías, así que créeme no tengo intenciones de compartirlas con nadie —quitó su brazo de mis hombros en cuanto varias niñas comenzaron a salir del baño.

Me separé de él, lo miré por última vez y decidí entrar al baño de una vez por todas.

Al hacerlo, me conseguí con varias niñas mirándose en el espejo, conversando, lavándose las manos, etc.

Las miré sin decir una sola palabra y fui directamente a hacer mis necesidades, pues tenía horas aguantando las ganas y sabía que no era bueno hacerlo.

Al terminar, salí del pequeño cubículo y comencé a lavar mis manos, las demás niñas me miraron, pero luego continuaron en lo suyo, pues no teníamos la suficiente confianza como para hablar de nada en particular.

Una vez acabé, salí del baño secando mis manos con el pequeño pañuelo que siempre llevaba en el bolso y me sorprendí al notar como Damién no estaba afuera esperando por mí.

Lo busqué por todas partes, pero simplemente no apareció por ningún lado.

Desanimada y creyendo que se había ido, comencé a caminar en dirección a la sala de computación a buscar a Matthew y Jasha.

Al parecer Damién no había querido esperar por mí, por lo que no forzaría nada.

Di unos cuantos pasos hasta que me sobresalté al sentir como alguien colocaba un brazo en mi hombro y me pegaba a su cuerpo.

—¿A dónde ibas sin mi, muñequita?

¡Sigue viendo!
¡La historia se está poniendo intensa! Cambia a la App para seguir leyendo
Desbloquear todos los episodios
Abrir el sitio web oficial

También te puede gustar

Portada de la novela EL AMOR DE UN ASESINO EN SERIE
9.7
Una joven que finge ceguera para asistir a clientes exclusivos se adentra en una espiral de terror tras conocer a un poderoso magnate. Tras su fachada de éxito, el empresario oculta una naturaleza sádica que ella descubre al hallar un cadáver en su habitación. Atrapada en la red de un asesino en serie, la mujer se ve obligada a participar en un juego mortal. Para salvar su vida, deberá lidiar con la obsesión de este psicópata y su insaciable sed de sangre.
Portada de la novela La infortunada carta de mentiras
8.6
Tras una década aguardando su boda con Alejandro, una mujer descubre una cruel traición: él manipuló un ritual familiar usando cartas falsas para proteger a su asistente, Ariadna. Acusada injustamente y con el corazón roto, ella escapa a Cancún para rehacer su vida con otro hombre. Sin embargo, su pasado regresa cuando Alejandro reaparece buscando perdón, justo cuando una desequilibrada Ariadna los acecha armada, desatando un peligroso caos.
Portada de la novela La Maldición De Sangre
9.3
Sofía vive con tranquilidad tras escapar del horror de su vida previa, cuando Ramiro, su esposo, y su amante Catalina la sacrificaron cruelmente. El destino le otorga una revancha: ahora Ramiro agoniza por sus pecados y su madre suplica ayuda. Decidida a no ser una herramienta de nuevo, Sofía halla un camino distinto al conocer a la madre de Mateo, el rival que Ramiro quiso matar. Una oportunidad surge para transformar su futuro y cobrar justicia.
Portada de la novela La Miserable E Igonorante Esmeralda
8.6
La vida de Esmeralda es un caos: su madre está en prisión injustamente y su padre ha quebrado. Durante una gala, el poderoso Ricardo la humilla frente a Diego, el antiguo amor que la dejó cuando ella más lo necesitaba. Ahora, Diego regresa arrepentido y le propone un plan arriesgado para salvar a su familia. Esmeralda deberá seducir y traicionar a Ricardo para desmantelar una red de corrupción, enfrentando un camino lleno de peligros y sacrificios.
Portada de la novela Los ojos de mi alma
9.1
Alexa Scarlet Ángeles, líder de los 7 Santos y prodigiosa cirujana a sus dieciocho años, esconde asombrosos dones tras una tragedia familiar marcada por la traición. Su camino se cruza con Liam Snow Aragón, el gélido CEO de BS Internacional. Entre intrigas y acción, estos dos médicos vivirán un romance imprevisto que surge de la sed de venganza y oscuros secretos. En este duelo de voluntades, deberán descubrir si es posible que una vida pague por otra.
Portada de la novela Los últimos habitantes de la Tierra
8.2
Año 2159. La humanidad huye de un mundo devastado en arcas espaciales, pero el azar deja atrás a dos desconocidos. Megan, una mujer apasionada por la lectura, despierta en la soledad absoluta de una Tierra vacía. Por otro lado, el joven Ducan pierde su oportunidad de escape tras una apuesta imprudente. Solos y sin esperanza, ambos deberán sobrevivir en un planeta moribundo hasta que el destino los une. ¿Son realmente los últimos de su especie?