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Portada de la novela La niñera del CEO de la mafia.

La niñera del CEO de la mafia.

Fleur, una joven audaz marcada por la pérdida de sus padres, intenta huir del entorno criminal que le arrebató todo. Su vida cambia cuando Michael Lewis la salva de una agresión y le ofrece empleo cuidando a su pequeño hijo. A medida que el afecto crece entre ellos, surge una realidad devastadora: Michael es el jefe de la mafia que causó la ruina de su familia. Ahora, el romance se enfrenta a una verdad que podría destruir su futuro juntos.
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Capítulo 2

Había sido un despertar un tanto caótico para Fleur y, tras salir de debajo del hombre desconocido con el cual había despertado esa mañana, ella corrió a refugiarse al cuarto de baño, como si fuera su tabla de salvación, por el lujo del baño era obvio de que ese no era su baño, ni siquiera recordaba haber estado nunca allí o saber en qué parte de la ciudad se encontraba en ese momento.

—Fleur, ¿Pero dónde te has metido? — se decía a sí misma tratando de recordar lo ocurrido la noche anterior, pero le era imposible su cabeza, dolía y recuerdo sin conexos se mezclaban en ella—No puede ser que hayas perdido tu virginidad con un completo desconocido— se recriminaba mientras se veía al espejo buscando alguna marca en su cuerpo, ladeando el cuello y pasando los dedos en busca de la completa normalidad que, por suerte encontró en su piel.

Necesitaba aclararse y la única forma que conocía para poner su mente en blanco era dándose un baño, por lo que volvió a asomarse a la puerta.

—Disculpa…— se asomó a la puerta notando que el desconocido estaba sobre su cama con su antebrazo izquierdo tapando sus ojos, por lo que volvió a hablar un poco más alto.

—¿Oye será que me puedes prestar un pantalón deportivo y una camisa?— Estaba claro que tendría mucha suerte si él sujetó, le prestaba lo que necesitaba, sobre todo por la forma que lo había golpeado y acusado momentos antes de correr al baño, pero, ¿De qué otra forma podía actuar despertando en la cama de alguien que no recordaba?

Michael no lograba encontrar las palabras exactas para describir a la joven que había salvado la noche anterior, y qué desagradecida encima le había golpeado, para luego correr a esconderse a su baño como si encima fuera la dueña de la casa.

Él no esperaba que lo alabara, pero haber escuchado de parte de ella. Algo como "muchas gracias por salvarme de ser abusada" habría sido suficiente.

Atrevida.

Si, esa era la palabra que él estaba buscando. Se paró de mala gana, casi gruñendo para buscar eso que la joven atrevida le había pedido, al fin y al cabo no quería una mujer desconocida andando desnuda por la casa, tenía un hijo pequeño y no sería una buena influencia para él.

—Tome, señorita atrevida— menciono Michael, colocando en sus manos uno de sus pantalones deportivos, un paquete de ropa interior de él sin usar y una sudadera — Por cierto mi nombre es Michael Lewis 

Ella no dijo nada, simplemente tomó lo que él le estaba dando y se volvió a esconder rápidamente en el cuarto de baño.

No podía negar que el hombre era guapísimo, demasiado para el gusto de Fleur quien tuvo que meterse al agua y así evitar sentir el sonrojo que no solo parecía cubrir toda su cara. El agua corriendo por su cuerpo se llevaría todo, o eso pensaba, porque tras un buen rato bajo el agua de la regadera salió.

—Contrólate Fleur— se dijo a sí misma utilizando su dedo como un improvisado cepillo de dientes, ya vestida con la ropa que el tal Michael le había prestado.

Lo que esperaba es que siguiera durmiendo así, ella no tendría que hablar con el hombre y podría escapar como si aquello jamás hubiera ocurrido, dejándolo en el olvido.

Por suerte él no estaba, se había ido. Por lo que salió de la habitación rápidamente, entre más rápido mejor, se volteó a ver dentro de la habitación, cerciorándose de haber cogido todas sus cosas, solo para encontrarse de frente a un mini Michael, quien la observaba atento y curioso, ladeando levemente el rostro como lo haría un cachorrito para intentar entender una situación desconocida.

—¿Tú eres mi nueva mami?— le preguntó el niño quien no paraba de dar vueltas a su alrededor como si la estuviera analizando— eres bonita, me gustas, mi papi ha sabido escoger bien.

¿Pero de qué hablaba ese niño? ¿Su madre?

—No, yo no soy…

—Si lo eres, tú eres mi nueva mami. Has salido del cuarto de mi padre.

—No, yo me llamo Fleur— trató de explicarle eso al niño intentando no confundirlo — solo soy una amiga — mencionó ella tratando de que su explicación sonará convincente.

—¿Entonces porque llevas la ropa de mi papá puesta, eres pobre y no tienes ropa?

Esa era una buena pregunta, no le cabía ninguna duda de que el niño no era un pequeño común y corriente, era un niño inteligente y ella no estaba demasiado acostumbrada a lidiar con niños, mucho menos niños que no conocía.

—Es solo porque tuve un pequeño accidente, por eso tu papá me prestó su ropa.

Por supuesto el pequeño no le hizo caso, es más, parecía que no quería hacerle caso a ella, pero sí que ella le hiciera caso a él y todo fuera tal y como él deseaba.

—No importa lo que me digas, estoy seguro de que tú eres la madre que le pedí a mi padre, él te buscó para que ya no esté triste.

Bueno, ahora todo tenía sentido. El niño le había pedido a su padre una madre.

Sin embargo, ella no podía ser la nueva madre del pequeño, es más, ni siquiera sabía si su padre era el mismo hombre que ella creía, tal vez este hombre compartía piso con alguien más.

—Será mejor que me vaya…

—Ven vayamos a desayunar, mi papi por fin me consiguió una nueva mami— ya halaba de ella el pequeño bribón, sin dejar de decir que ella era la madre que le había pedido a su padre.

—¿Pero dónde se encuentra tu padre?— preguntó ella, esperando en el fondo que el pequeño le dijera que su padre era otra persona y no el hombre que la había salvado. 

Sin embargo, en la cocina se encontraba Michael sirviéndose una taza de café, sorprendido por la forma que su hijo traía a la joven.

—¡Papá!— exclamo el pequeño soltando por fin a Fleur, quien se mostró sorprendida por ver a Michael con pantalones de vestir y una camisa de seda blanca sin abrochar, dejándole ver su torso y abdomen trabajado.  Lo que hizo que ella tragara pesado al imaginar que se sentiría tocar esos perfectos abdominales con sus dedos.

—¿Ocurre algo, señorita?— le preguntó él, al percatarse de su turbación y colocándose justo frente a ella con el pequeño en brazos y así poder darle una mejor vista de sus abdominales mientras besuqueaba cariñosamente a su hijo por toda la cara.

El pequeño solo se reía intentando alejarlo, pero en el fondo se notaba que se encontraba disfrutando de las atenciones y el cariño de su padre.

Fleur pensó que esa escena era demasiado tierna como aquel hombre que momentos atrás había golpeado, ahora se veía alguien no solo confiable, también muy atractivo, que los hombres que eran buenos con los niños siempre le habían parecido muy confiables.

—Ella no es una señorita cualquiera, es la nueva mamá que te pedí para mí.

Las palabras de su hijo hicieron que ahora Michael fuera el que se mostrara por un momento apenado, frente a Fleur.

—¿Es cierto eso?— le preguntó ella aprovechándose de lo dicho por el pequeño, solo para volver a ese hombre frío y serio, apenado, tal vez así dejaría de verlo atractivo.

—Es hora de que comas hijo…— mencionó Michael llevando a su hijo hasta su silla en el desayunador, sin querer explicarle bien la situación a la joven.

—Descuida, no tienes que explicar nada— mencionó ella viendo que realmente se había metido en una situación complicada con el pequeño al lado. Sobre todo al ver que él no parecía querer explicarle nada.

—Papi, que mami haga el desayuno— pidió el pequeño Michael.

—Pero no sé si ella desee hacerlo— respondió Michael viendo a Fleur.

—Claro que ella quiere, ella es mi nueva mamá y las mamás siempre hacen desayuno rico para sus hijos.

Michael no dijo nada, simplemente se quedó viendo a Fleur cómo si esperara que ella hiciera algo.

El pequeño no quería saber nada aparte de que la joven se quedara.

—¡Que ella haga el desayuno! ¡Quiero que ella lo haga!

Por primera vez Michael no sabía qué hacer con su hijo, era cierto que lo tenía un poco consentido, pero jamás se había portado de esa manera. Menos frente a alguien. Más no dijo nada, simplemente dejo que el pequeño siguiera haciendo su berrinche.

—Bien, no llores… — Fleur intervino al ver que el padre dejaría llorar y hacer escándalo al niño, además no tenía corazón para verlo llorar.

— Bien me quedaré y prepararé el desayuno para ti— se dirigió al pequeño con una sonrisa — pero solo si escuchas lo que tu papá te va a decir después.

El pequeño Michael asintió feliz de que ella hubiera aceptado quedarse y hacer el desayuno. Fleur estaba segura de que era igual de manipulador que su guapo padre, quien no dijo nada, es más, se había sentado de nuevo en la barra al lado de su hijo.

Aprovechando que el pequeño comía, ella trataba de interrogar a Michael, pero él no respondía ninguna de sus preguntas, por lo que los tres desayunaron, ella conversando con el pequeño tratando de hacerle entender que ella no era su madre y después buscando la manera para que el hijo de Michael la dejara marcharse.

—No, tú todavía no puedes marcharte — decía el pequeño Michael.

Fleur estaba desesperándose, sobre todo al ver que su padre parecía no querer ayudarla.

—Sí, prometo que volveré, ¿estarás tranquilo, si me marcho ahora?— a Fleur no le quedó de otra más que prometer regresar otro día al pequeño, ante su insistencia.

—Pero si vendrás de nuevo, ¿Verdad?— le preguntaba el pequeño no solo una vez, sino varias.

—Si yo vendré de nuevo a visitarte otro día.

Solo así fue que pudo salir de la casa de Michael, ese hombre no solo la había salvado, también la había casi obligado junto con su hijo a quedarse a desayunar con ellos.

Y solo después de que ella prometiera volver, fue que pudo salir de su casa bastante pensativa por aquella situación tan extraña que había vivido junto a Michael y Michael Junior.

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