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Portada de la novela LA MUÑECA DE LA MAFIA 1

LA MUÑECA DE LA MAFIA 1

El amor se revela como un motor de agonía constante, dejando cicatrices en el alma que la razón no logra comprender. En esta trama cargada de romance y riesgo, entender el origen del padecimiento resulta inalcanzable. Los lazos sentimentales desafían cualquier lógica, atrapando a los personajes en una red de emociones confusas. Navegar por este laberinto afectivo y distinguir la verdad se convierte en el desafío más complejo de sus vidas.
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Capítulo 3

—Estoy cansada. —susurro levantándome de la cama y tomo asiento en un tocador para peinarme el cabello.

Veo a Brayiam a través del espejo sentado aún en la cama. Mirándome fijamente. Como si fuera un radar.

Realmente me intimida.

— ¿Dónde voy a dormir? ¿Y dónde vas a dormir tú? —pregunto cortante mirándome en el espejo y dejando mi cabello perfecto, porque me obsesiona verme bien.

—Aquí responde, en mí mismo tono.

—Me sorprendo y lo miro nerviosa por el espejo.

—Michel, yo te voy a dar tiempo —habla no muy convencido de sus palabras.

Me levanto del espejo dispuesta a enfrentarlo, y de la nada entra un hombre sin tocar, lo miro mal por su atrevimiento y falta de prudencia y respeto.

Al ver que Brayiam no dice nada lo miro. Y el muy descarado me mira y me graba con la mirada.

— ¡Plancha, deja de mirar a mi mujer! —Habla amenazante.

Se levanta de la cama y se pone delante de él.

El hombre mira temeroso cuando ve la mirada asesina que le lanza Brayiam.

—Disculpe señor. —Grosbfiab lo mira mal y me mira a mí, y lo vuelve a mirar a él y lo miro también.

— ¿Qué quieres? —Pregunta serio y seco.

Me mira a mí, como diciendo ¿¡Que mierda haces aquí!?

—Señor ya llegó el cargamento estamos esperando sus órdenes. —Habla con miedo y Brayiam lo mira fulminante, cuando mira así me da miedo. Siento la mirada de Brayiam como diciendo vete, antes de que me lo diga yo me giro, voy al tocador y escucho mientras cepillo mi cabello. Entra otro hombre, ¡Hay dios, esto si no lo voy a aguantar!

—Brayiam. —Lo llamo y lo miro a los ojos seriamente e incómoda por la mirada del nuevo idiota — ¿Te puedo pedir algo? —Pregunto. El me mira fijamente y asiente. Miro a ese hombre que me mira, Brayiam se gira y mira al que me está mirando.

— ¿Se les perdió algo? —Pregunta molesto y lo encara. Sus hombres niegan. —Plancha, Tenedor, esperaran afuera de hoy en adelante. —Salen molestos de la habitación. —Claro muñeca, pídeme lo que quieras. —Me acaricia la mejilla, quiero que se aleje pero no soy capaz de hacerlo. Está al frente mío y es tan alto, yo mido 1,73 y el 1,99. Me siento y me veo tan pequeña e insignificante ante él, realmente intimida y más siendo tan musculoso. Toma mi rostro con delicadeza y busca mi mirada.

—Es que yo soy nadie para pedir algo. —Susurro apenada, alza mi mentón, me mira y sus ojos penetrantes me envuelven. Es guapo muy guapo, pero no para mí.

—Eres la señora de esta casa. —Habla seguro —Que quede claro. —Afirma, yo lo miro y le sonrío —Dime muñeca. —Son las primeras palabras tiernas que escucho salir de su boca.

—Será que le puedes pedir a esos tipos que antes de entrar toquen o que simplemente no entren, no sé. —Digo apenada mirando a la puerta —O esperen afuera a que tú salgas. No me siento cómoda ante sus miradas y no me gustó cuando ese señor entró y yo estaba en estas fachas y me vio de esa manera. —Me analiza con la mirada y yo lo miro a los ojos y él también me mira a mí. —Yo sé que es tu casa, tus reglas y todo, pero no me gustan esas cosas —acaricia mi cara y mi mira con esos ojos tan penetrantes, se me acerca y no me muevo. Quedo paralizada y siento su respiración. Me va a dar un beso, lo sé, por como mira mis labios con deseo. Pero no quiero, y eso refleja mi mirada de miedo. Él lo ve y besa mi frente, se le nota que le costó mucho hacerlo.

—No te preocupes. —Susurra roncamente y yo asiento.

—Gracias por todo. —Susurro, lo miro a los ojos fijamente, en ellos noto deseó y eso no me gusta.

— ¿Qué tal si me esperas y hablamos un momento? —Susurra en mi oído, Su nariz se entierra en mi cabello y respira profundo, me siento tan incómoda, se pone derecho y me mira y yo a él. Veo excitación en su mirada. —me esperarás —Me ordena. Lo miro y asiento no muy convencida.

Lo veo salir por la puerta y estoy confundida ¿Qué quiere? Cada momento me saca más de nota. Yo no lo voy a esperar ¿Qué tal que quiera sexo conmigo? ¡De que quiere, quiere! Pero no ahora, me acuesto de lado en la cama, quiero dormir.

***

— ¿Qué mierda fue eso de allá arriba? —Lo agarro de la camisa y le pego, sangra un poco. —Más te vale que no la vuelvas ni a mirar, porque te mato, le doy otro golpe.

Señor yo. —lo miro enojado —Si usted nunca… —dice con miedo.

—Con ella es diferente, ella no es igual a las otras zorras. Y ya lo sabes te mato. —Cojo un arma y le apuntó en la cabeza.

—Señor, le juró que no va a volver a pasar. —suplica como un maldito.

—Alemán ¡Ya!. —Miro al perro que me mira tranquilo. —No lo va a volver a hacer ¿Cierto? —El muy maldito asiente.

—La próxima no te aviso. —bajo el arma y me siento hablar con el perro de negocios y nos tomamos unos tragos de whisky.

***

Siento la puerta abrirse, cierro los ojos y me hago la dormida en la oscuridad. Miro de reojo y veo que Grosbfiab me mira y yo me hago la dormida. Pasa para el baño, yo estoy algo nerviosa. Veo que sale sin camisa y con unos pantalones de pijama y se acuesta a mi lado. Me mira y cierro los ojos, es un hombre muy apuesto, puede tener la mujer que quiera ¿Porque yo? ¿Que tengo yo que no tienen las demás? Se acuesta y apaga la luz de la lámpara de su lado, siento su mirada en mí. Cuando me estoy quedando dormida siento que me tocan lentamente

—Aron. —Susurro adormilada —Te amo mucho. —siento una mano acariciándome la cara y va bajando lentamente. —Estas aquí, digo esperanzada, dejo que me toque y sonrío, me gusta, me muevo ante las caricias que bajan de mi pecho a mi pierna. —Aron te amo —hablo más fuerte.

— ¿Aron? —Escucho esa voz y abro los ojos enseguida y muy agitada, me encuentro con esos ojos tan penetrantes color gris. —Mi nombre es Brayiam Grosbfiab que no se te olvide —con un dedo toca mi cabeza bruscamente y lo miro confundida.

— ¿Brayiam? —pregunto apenada y me mira furioso.

—Brayiam que no se te olvide, ese es mi maldito nombre BRA-YI-AM. —habla molesto y me empuja, caigo acostada, se levanta de la cama y va al baño.

Yo me giro y me quedo de espalda, entierro mi cabeza en la almudada y cierro los ojos. Me quedo así hasta que me duermo. Siento unos labios suaves en los míos. —me besa delicadamente, luego se separan enseguida. Me quedo estática hasta que escuchó la puerta y sé que él se fue. Salgo disparada al baño y me doy una ducha larga, quiero aclarar mi mente, eso quiero. Tener la cabeza fría y tratar de hacer la situación lo más llevadera posible los días que pase aquí. Eso haré, hay que ponerle la mejor cara a la peor situación. Salgo y miró el armario, veo un vestido color azul ajustado, sencillo pero muy bonito, me lo pongo. Me miro en el espejo y me siento algo apretado, resaltan mis pechos, mi cintura y ni hablar de mi trasero que se ve gigante. Empiezo a maquillarme muy natural pero elaborado. Solo me falta peinarme. Tocan la puerta.

— ¿Quién? —pregunto.

— ¿Puedo pasar? —es la voz de una señora.

—Sí, adelante —hablo mirando a la puerta y entra la señora de anoche. —Buenos días. ——Digo amablemente. Se nota que es una hermosura de persona.

—Buenos días señora —me dice dulcemente y yo le sonrío.

—Dime MI o muñeca, todos me dicen así, bueno mi familia —digo algo triste.

—Señora no este triste, ahora el señor es su familia. —yo no digo nada y le sonrió. — ¿Le ayudo? —toma un cepillo y comienza a peinarme. Es usted muy bella. —me asegura, y eso me ha traído tantos problemas, mi belleza, a veces hubiera preferido ser fea.

—Muchas gracias. ¿Lleva mucho tiempo trabajando con el señor? —Le pregunto mirándola a través del espejo, asiente. — ¿Cree que es buena persona? —Ella sonríe.

—Lo es. Sólo tiene un temperamento fuerte, pero cuando esta de buenas, es muy bueno, ayuda a las personas. —Yo la miro no muy convencida. —Él está muy interesado en usted. —Me asegura y sonrío por amabilidad.

— ¿Porque lo dice? —pregunto mirándola a través del espejo.

—Porque la trajo aquí. La ha presentado como la señora, como su mujer —yo suspiro, al pensar que así me iba a llamar Aron, pero no fue así.

—Yo creo que lo que quiere es acostarse conmigo. —Hablo no muy feliz. — ¿Sabe? Cuándo lo conocí, la primera impresión que me dio, es que no es de ninguna mujer, porque su corazón no es de nadie. —Me maquillo. — ¿Sabe que se acostó con mi prima? eso es lo que más miedo me da.

—Yo no le voy a decir que lo que usted dice no es verdad, porque lo es —asiento —pero usted es diferente, hay algo de usted que a él le gusta, usted le pone feliz. —Usted podría enamorarse de él, es un hombre mayor que usted, pero maduro, guapo, inteligente con dinero, de buenos sentimientos. —Me asegura, yo niego.

—Yo me enamore de alguien y por eso termine aquí, eso lo debe saber. —Mi corazón pertenece a alguien, aunque me haya lastimado, mentido y traicionado. Mi corazón es de él, y mira, por ir en busca del amor terminé aquí. Mi familia me odia, mi padre que es mi todo, me odia y yo estoy con un hombre que no conozco, para que mi padre pueda salvar su gran imperio y enseñarme una lección. —digo con tristeza.

—El señor también tiene un pasado triste, pero yo no creo que no puede haber nada. ¿Sabe porque? —Me giro y la miro —usted es buena y el también y el uno puedo curar al otro. —Yo le sonrió.

—Lo dudo. —Me miro convencida al espejo.

—Si ese hombre volviera ¿Usted regresaría con él? —Yo niego.

—No… El me engaño y no solo por eso nuestro amor es imposible, yo no lo voy a perdonar nunca y no creo que estuviera realmente enamorado de mí. Yo lo dejé todo por él y el solo quiso llegar a mi padre a través de mí. Así que no, no puedo perdonarle lo que le hice a mi familia y lo que me hizo a mí. Aunque se estuviera muriendo jamás lo perdonaría. —Digo segura.

—Y el señor jamás lo permitiría. —Me mira —Ya está lista. El señor la espera para desayunar —Yo asiento.

Bajamos al comedor, hay hombres armados, veo al de ayer, ni siquiera me mira y le veo dos moretones en la cara, solo espero que Brayiam no haya hecho eso. Llego al comedor y veo a Brayiam leyendo el periódico.

—Buenos días. —Digo algo nerviosa, él me mira serio.

—Buen día —habla molesto. Devuelve su mirada al periódico y me mira otra vez, yo espero que me invita a sentar —puedes sentarte. —Yo asiento y me siento.

Una muchacha guapa le sirve el desayuno a Brayiam, lo atiende muy bien y yo como si no estuviera.

—María atienda a la señora —habla serio y sonríe, yo lo miro seria.

Veo como esa estúpida me mira con odio, matándome con la mirada y se nota que le gusta Brayiam. Me ignora ¿Quién se cree esa estúpida?

— ¿Qué va a comer —habla de mala gana y me mira sarcástica.

— ¿Qué manera tiene de preguntar la servidumbre. —Hablo con sarcasmo.

— ¿Qué vas a comer? —me pregunta y lo miro seria, sigue molesto.

—Nada, no tengo hambre —digo levantándome de la mesa y dirigiéndome a la salida.

— ¿¡Qué crees que haces!? —Escucho su voz detrás de mí.

—Me largo de aquí —digo segura. No estoy dispuesta a que él me trate como se le dé la gana.

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