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Portada de la novela La Madre Abogada, Esfuerzo Para Su Hija

La Madre Abogada, Esfuerzo Para Su Hija

Tras un accidente y mentiras sobre mi salud mental, Ricardo me quitó a nuestra hija, Luna. Al saber que su amante la maltrata, mi angustia se vuelve rabia. Fui una inmigrante despreciada en un matrimonio de interés, pero el odio de mi exmarido ha encendido mi voluntad. No aceptaré su fortuna ni perderé a mi niña. Como abogada tenaz, reconstruiré mi camino y enfrentaré su inmenso poder para rescatar a Luna de ese entorno cruel y recuperar mi vida.
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Capítulo 2

Sofía se miró en el espejo del pequeño baño, el vapor de la ducha barata empañaba el cristal, pero no lo suficiente como para ocultar la ansiedad en sus ojos. Se arregló el cuello del vestido sencillo, uno de los pocos que conservaba de su vida anterior, el material se sentía ajeno contra su piel. Hoy vería a Luna. Era la primera vez en tres meses que Ricardo le concedía una visita, una visita supervisada en la mansión que una vez fue su hogar.

Su corazón latía rápido, un tambor ansioso en su pecho, y el recuerdo del último año era una mancha borrosa de dolor y confusión. La amnesia había robado fragmentos de su vida, pero no el sentimiento visceral de pérdida.

Un destello de memoria la golpeó, tan nítido y brutal como siempre. El chirrido de los neumáticos sobre el asfalto mojado por la lluvia, el olor a quemado, el sonido del metal retorciéndose. Después, el silencio. Y luego, el hospital. Se recordaba a sí misma en la cama, con la cabeza vendada, preguntando por Luna, una y otra vez.

Ricardo había entrado en la habitación, su traje impecable, su rostro una máscara de fastidio.

"Sofía, cálmate. Estás haciendo una escena."

"¿Dónde está Luna? ¿Está bien?" , su voz era un susurro ronco.

"Tuvo un golpe. Nada grave, pero… tendrá secuelas. Una… discapacidad."

Escupió la palabra como si fuera algo sucio.

"Quiero verla."

"No estás en condiciones. Los médicos dicen que tu memoria está afectada, que estás inestable. No sería bueno para ella verte así."

Esa fue la primera vez que usó su amnesia en su contra, la primera de muchas. La convirtió en una mujer loca, incapaz, rota. Una excusa perfecta para deshacerse de ella y de la "inconveniencia" de una hija con necesidades especiales.

Sofía sacudió la cabeza, tratando de alejar el recuerdo. Hoy tenía que ser fuerte. Por Luna. Salió del pequeño apartamento que su padre, Pedro, había conseguido para ella y caminó hacia la parada del autobús. No podía permitirse un taxi.

La mansión de los De la Torre se erguía imponente al final de la calle privada, un monstruo de piedra y cristal que parecía burlarse de su situación. Cada ventana, cada adorno de jardín, era un recordatorio de la vida que le habían arrebatado. Tocó el timbre y la pesada puerta de madera se abrió.

No fue una sirvienta quien la recibió, sino Valentina.

Estaba de pie en el vestíbulo, con una sonrisa tensa y triunfante. Llevaba un vestido de seda que probablemente costaba más que el alquiler de Sofía de un año entero.

"Sofía, qué sorpresa. No te esperaba tan… pronto."

Su tono era falsamente dulce, pero sus ojos brillaban con malicia.

"Vengo a ver a mi hija, Valentina. Ricardo dijo que podía."

"Ah, sí. La pequeña Luna. Está arriba, preparándose. Sabes cómo es, le cuesta un poco más ahora" , dijo Valentina, disfrutando cada palabra. "Pero pasa, no te quedes en la puerta como una extraña. Oh, espera…"

Hizo una pausa dramática.

"Tú eres una extraña ahora, ¿no es así?"

Sofía la ignoró y subió la gran escalera de mármol, sus pasos resonaban en el silencio opresivo de la casa. El corazón le martilleaba contra las costillas. La puerta de la habitación de Luna estaba entreabierta y escuchó un sollozo ahogado.

Empujó la puerta suavemente. La escena que encontró le heló la sangre.

Luna estaba sentada en el suelo, llorando en silencio mientras Valentina le cepillaba el pelo con una fuerza brutal. La niña se encogía con cada tirón.

"¡Quédate quieta, Luna! ¿Quieres verte como un monstruo cuando llegue tu… visita?" , siseó Valentina, su rostro contorsionado por la rabia.

"¡Le estás haciendo daño!" , gritó Sofía, corriendo hacia ellas.

Valentina se giró, sorprendida por un segundo, pero se recuperó rápidamente. Se interpuso entre Sofía y la niña, usando su cuerpo como una barrera.

"Sofía, por favor. No hagas esto más difícil. Estoy intentando que se vea presentable para ti. Deberías agradecérmelo."

"¡Suéltala! ¡Estás abusando de ella!"

Sofía intentó rodear a Valentina, pero la mujer era sorprendentemente fuerte. La empujó hacia atrás.

"No sabes nada. No has estado aquí. Yo soy la que se ocupa de ella día y noche, mientras tú estabas… recuperándote" , dijo, la palabra "recuperándote" cargada de desprecio.

En ese momento, Ricardo entró en la habitación. Su presencia llenó el espacio, su ceño fruncido al ver la escena.

"¿Qué está pasando aquí? Sofía, te dije que te comportaras."

Sofía se giró hacia él, desesperada.

"¡Ricardo, mira lo que le está haciendo a Luna! ¡La está maltratando!"

Ricardo ni siquiera miró a su hija, que seguía sollozando en el suelo. Sus ojos estaban fijos en Sofía, fríos e impasibles.

"Valentina solo está tratando de ayudar. Tú estás exagerando, como siempre. Estás inestable. El médico me lo advirtió."

"¡No estoy loca! ¡Vi cómo la trataba!" , suplicó Sofía, las lágrimas corriendo por sus mejillas.

"Ya es suficiente" , dijo Ricardo con un tono final. Se acercó a Valentina. "Llévate a Luna a su cuarto de juegos. Parece que la visita se ha terminado."

Valentina sonrió, una sonrisa cruel y victoriosa. Agarró a Luna del brazo y la levantó bruscamente.

"Vamos, cariño. Tu mami tiene que irse."

Luna estiró su manita hacia Sofía, sus ojos llenos de miedo y confusión.

"Mami…"

Fue un susurro, pero para Sofía fue un grito que le desgarró el alma. Vio cómo Valentina arrastraba a su hija fuera de la habitación y cerraba la puerta, dejándola sola con Ricardo y el eco de la palabra "mami" .

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