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Portada de la novela La ley que nos atrapa

La ley que nos atrapa

Con solo 19 años, la heredera Daisy Lascalles busca en su boda con Finlay una salida a su entorno familiar. Sin embargo, tras sufrir una humillación pública a manos de Marcus Miller y enfrentar la quiebra provocada por su hermano, su destino cambia. Decidida a vengarse, se convierte en abogada para desafiar a Marcus. Cinco años después, el reencuentro en los tribunales desata una batalla legal donde el rencor y el deseo se mezclan bajo la amenaza de enemigos externos.
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Capítulo 2

Narrador  

Como esperaba su tesoro no abrió la puerta, así que tuvo que decir lo único que sabía que, a su pequeña niña, le haría reaccionar.   

-" Daisy abre, escuché como tu padre pretende casarte con ese viejo de Lord Byron, para que seas la madre de sus hijos. ¡Por dios! ¿Cómo puede ser, si ese hombre es dos años mayor que yo? Eso es..."- antes de que terminara su frase, la puerta de la habitación de Daisy se abrió, y una desarreglada, despeinada, y claramente furiosa rubia, con unos enormes ojos verde esmeralda, apareció para decirle:   

-" ¿Qué demonios estas diciendo, Ama? ¿Qué me voy a casar con ese asqueroso de Lord Byron? Eso es imposible, nunca lo haré."- dijo la rubia furiosa, intentado parecer segura.   

Aunque, en el fondo, tanto Milly como Daisy sabían que nunca se iban a enfrentar, ni su padre, ni a sus hermanos abiertamente, desde luego, les tenían mucho miedo, no era la primera vez que esos tres usaban su crueldad en contra la menor de los Lascalles.   

Ninguno de los integrantes de esa familia, y personal de servicio de la mansión, en ese momento, estaban preparados para lo que pasó dos horas después, mientras los tres varones de la familia aún discutían en el despacho de Lord Lascalles, la mejor estrategia para recuperar y usar a la única mujer de la familia, para reponerse de todo lo que habían perdido misteriosamente, en sólo dos semanas, por su lado, Daisy, junto a su Ama, preparaban un plan de huida, y evitar así que su padre la casara con lo que para ella era un viejo vicioso, y aburrido.   

Sobre las doce del mediodía, alguien tocó en la enorme puerta de la mansión Lascalles, y como siempre, el viejo mayordomo de la familia se dispuso a atender a la visita, no anunciada.   

Sus cejas apenas se alzaron al ver frente a él, a varios hombres vestido de policía, y justo detrás de ellos, cuatro hombres altos, atractivos y fuertes, vestidos con trajes ejecutivos a medida, que debía valer más de cinco cifras, que miraban con un porte seguro, poderoso, e intimidatorio, acompañaban al cuerpo policial.   

-" ¿Qué desean, señores?"- preguntó el mayordomo demostrando su perfecta clase inglesa.   

-" Queremos hablar con el señor Vermont Lascalles."- dijo uno de los policías que parecía ser el jefe de ellos.   

El mayordomo inclinó la cabeza, y haciéndose a un lado, los dejó entrar, para luego llevarlo hasta la salita que estaba delante del despacho de Lord Lascalles.   

-" Disculpe, Milord, señorito Vermont hay unos policías que lo buscan."- se oyó decir al mayordomo, tras haber tocado, con educación la puerta, y abrirla, ligeramente, después, asomando su cabeza por la abertura de esta, e informar a sus jefes.   

Cuando los tres Lascalles, salieron del despacho, extrañados, se encontraron con el grupo, algo grande, de hombres uniformados esperándolos, junto a otros cuatro hombres, que permanecían callados, esperando detrás, fue uno de esos hombres quien llamó la atención a Vermont, enfureciéndolo.   

-" ¿Qué demonios haces aquí, en mi casa, Finlay Alacintye? ¡Maldito escoces! Ya puedes..."- comenzó a decir Vermont, con ira, pero el jefe de la policía le corto con su intervención.   

-" ¿Es usted el señor Vermont Lascalles?"- le dijo el policía, interrumpiéndolo.   

-" Si oficial, él es mi hijo Vermont. ¿Hay algún problema?"- dijo algo solicito Lord Lascalles, sujetando a su hijo por el hombro para que se calmara, ya que se le veía claramente alterado.   

-" Si lo hay Lord Lascalles, Vermont Lascalles, quedas arrestado, por falsificación y robo de información industrial clasificada. Vamos a proceder a relatarle sus derechos, mientras lo esposamos, para que nos acompañe."- a medida que el policía le hablaba Vermont, sin apenas poder creerlo, miró a su mayor enemigo, que sostenía una sonrisa, inquietante, y burlona.   

-" ¿Esto es obra tuya? ¿Verdad, maldito Alacintye?"- le dijo cortando la lectura de sus derechos, que le hacía el policía que lo esposaba en ese momento, por orden de su jefe.   

-" No estúpido Lascalles, esto es obra tuya, yo sólo tuve que poner la red, y esperar, sabía que tu solito te arruinaría la vida, te lo advertí que no usaras a mi mujer para tus problemas personales de autoestima, tu odio hacia mí te ha destruido, no te perdono que hayas mandado a esos matones a seguirla, después de la paliza que te di la última vez, y tras mi advertencia, fue otro de tus mayores errores, por cierto, soy mi cuñado Roy y yo, quienes nos estamos haciendo con la empresa Lascalles, tranquilo la cuidaremos bien."- le dijo Finlay con autosuficiencia, y pura ira en su mirada.   

Fue así como Vermont fue detenido, mientras amenazaba totalmente fuera de sí, con vengarse del propio Finlay, y de toda su familia. Esa tarde, y en los tres días venideros, más de una desgracia pasó en el seno de la familia noble de los Lascalles, William tras conocer que pronto su familia lo perdería todo, se escabulló, con miedo de que su hermano lo usara como chivo expiatorio, por el fraude que él cometió, así que reunió la mayor cantidad de dinero posible, y los objetos de valor que encontró, en la casa de los Lascalles, y tras meterlo en el coche más caro del garaje, huyó para siempre, de esa familia destruida, para no volver jamás.   

Daisy, tuvo que, desistir de su plan de huida, ya que, una hora después de haberse llevado la policía su primogénito, Lord Vermont William Lascalles, sufrió una apoplejía que lo dejó paralizado totalmente, casi en estado vegetal, y tanto Daisy como, su Ama, tuvieron que gestionarlo todo, mientras los acreedores, se disputaban lo que quedaba de valor, para poder sacar algo, de lo que quedaba de esa destruida familia, y de su enfermo padre.   

Fue así como la nueva vida de Daisy cambió, y comenzó de la manera más difícil, aunque si ella lo analizaba bien, este cambio había comenzado mucho antes, en el momento en el que un descarado ladrón, un año menor que ella, el maldito cerdo de Marcus Philip Miller, hijo menor de la famosa multimillonaria familia americana, la humilló, para proteger a su hermana Ailan, delante de todos, robándole su primer beso, algo que ella, nunca olvidaría, ni perdonaría.   

Nota de la autora: Si no conoces las historias de los padres, y de los dos hermanos mayores de los Miller, te aconsejo que te las leas primero, antes que esta. Son mis mejores novelas, y la que más han gustado. Te aconsejo que empieces en este orden, la primera es "La noche que te convertiste en la madre de mis hijos", la historia de Norman y Yvaine Miller (Los padres), a continuación, está "Promesas entre Hielo y Fuego", la historia entre Kimberly y Jason Blake ( Los padrinos), seguimos con "La amante contratada de CEO", la historia del primero de los gemelos Miller, Roy, "¡Eres mía, heredera!", la historia de la otra gemela, Ailan,, "El despertar de la Guerrera Miller" la historia de Amelia y de los dos hijos de los Blake, Angus y Connelly, y finalmente esta novela, "La Ley que nos arrastra" la última de y definitiva, la historia de Marcus, el Benjamín.

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