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Portada de la novela La invocación de Alana

La invocación de Alana

Alana Derrow busca la gloria tras fracasar en Nueva York, pactando con la misteriosa Luzbelia. Aunque su éxito es inmediato, una serie de muertes rodea a quienes la enfrentan, vinculadas a un maniquí con poderes oscuros. Los detectives Sanford y Edmond intentan resolver los crímenes mientras Alana se siente dividida entre el fotógrafo Derek y el magnate Marc. Es un relato de lujo y ambición donde el terror acecha tras cada sombra del mundo de la moda.
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Capítulo 1

“El glamour está en tu cerebro, no en tus ojos”.

Óscar de la Renta

-Ella viene de un pueblo de Carolina del Norte. No recuerdo el nombre. Me dijo que quiere ser una supermodelo –le dijo Roy Tayler con sarcasmo a Kerry Anne Hamilton, en voz baja, mirando de manera analítica hacia el mullido sofá de su amplia oficina. Desde ahí una chica lo observaba con notable ansiedad.

Alana Derrow se irguió rápidamente en el mueble, sin despegar los ojos de Roy Tayler, el director de Tayler’s Model Management, una de las agencias de modelos, ubicada en el top tres de las más emblemáticas y prestigiosas de Estados Unidos. Su sede se hallaba en uno de los imponentes rascacielos de la Quinta Avenida, en el centro de Manhattan, en Nueva York. El sujeto hablaba, en voz baja, en un retirado ángulo de su elegante oficina con Kerry Anne Hamilton, una de las más importantes agentes.

-Admiro su paciencia. Me esperaba desde que comenzó la tarde –prosiguió Roy en voz baja, y dirigió su mirada hacia Kerry Anne.

-Eso dice mucho de su interés -admitió la mujer casi en susurro. Luego miró a la muchacha, y le sonrió de manera gentil. Ella le respondió igual.

Con frecuencia, la joven peinaba su cabello negro, y alisaba la falda de su vestido verde mar. Kerry Anne la impresionó de forma bastante grata. Su voz y gestos eran muy similares a los de la madre que disfrutó hasta los ocho años. Ya comenzaba su madurez. El paso del tiempo no puso en peligro la lindeza de su rostro de portada de revista, ni las formas de su cuerpo. Ostentaba una cabellera de color rubio platino. Embutida en un elegante conjunto blanco de pantalón y blusa con escote asimétrico, presumía un charm, que superaba el de muchas modelos de la agencia. Contaba con dos divorcios. Nunca tuvo hijos. Ésa era su gran frustración.

Roy, por su parte, le produjo una impresión distinta. Sospechó que se trataba de un soberano hipócrita, que se ocultaba tras una oportuna y calculada sonrisa. Él gozaba de una posición económica bastante holgada, gracias a sus éxitos en variados negocios, en los que contaba con talentosos e importantes socios. Su único matrimonio terminó en un divorcio en paz y en buenos términos. Su ex esposa vivía en Houston, en Texas. Tenían un hijo, de nombre Brad, quien disfrutaba de un estilo de vida abundante de lujos, sexo y drogas.

No había duda de que Roy era apuesto, a sus cincuenta y tantos años. El cabello lo tenía excesivamente endrino. Su rostro estaba limpio de arrugas. Con frecuencia vivía aventuras con mujeres hermosas, jóvenes y sobre todo, bastante frívolas. No le resultaba difícil conseguirlas. Su dinero representaba un nada despreciable atractivo.

Con movimientos airosos, el director se acomodó el cuello de su suéter, que combinaba con el flux oscuro.

-Te llamé para saber tu opinión. A mí me parece muy corriente. Como ella hay muchas en cualquier calle de Nueva York.

-Tiene porte, lo cual es esencial en cualquier modelo, más que la belleza -comentó Kerry Anne, con tono analítico-. Es alta, tiene rostro fotogénico, buen cuerpo… Sus ojos oscuros transmiten. Ese peinado al estilo Bettie Page la favorece bastante. Sólo debería eliminar unos kilitos.

Roy miró a Kerry Anne con suspicacia.

-Lo dices porque te simpatizó, desde que te la presenté y…

-No –lo interrumpió discretamente-, lo digo porque llevo años en este medio. Muchos más que tú.

-¿Entonces?

Kerry Anne replicó con sapiencia:

-Hay que sacarle brillo, Roy. No pretenderás que venga de Carolina del Norte convertida en una supermodelo. Hay que ser pacientes.

-Las modelos de mi agencia deben producir mucho dinero -tras una mueca, dijo-: Le daremos un chance. Tal vez sea otra versión de Linda Evangelista o Claudia Schiffer o Shannon Summers por descubrir.

-Estoy de acuerdo. ¿Qué edad tiene ella?

-La misma de mi hijo, Brad.

-Veinte -comprendió ella-. ¿Tiene portafolios?

-Varias fotos, que envió por correo electrónico, de cuando ganó el concurso, La Chica Encantadora –dijo con una sonrisa burlona-. Un concurso pueblerino.

-Peor es nada. No todas las chicas tienen dinero para pagarle a un fotógrafo profesional.

-Con tal de que genere dividendos, todo está bien. Recuerda que, de mis numerosos negocios, Tayler’s Model Management es uno de mis favoritos… Confiaré en tu criterio.

-Siempre ha sido así –con cierta jactancia, ella continuó-: La mayoría de las recomendadas por mí, terminan aprobadas por la junta examinadora. Tengo muy buen ojo para descubrir nuevos talentos.

-Por lo cual te he felicitado muy a menudo.

-Me lo he sabido ganar. Es lo justo –con cierta sorna agregó-: Luego tú alardeas el haberlas descubierto.

Roy esbozó una sonrisa burlona:

-El éxito tiene muchos padres…

-Y el fracaso es huérfano –completó ella.

Kerry Anne caminó hacia Alana. Advirtió su mirada nerviosa. La chica no pudo aguantar más y se puso de pie. Sintió alivio con la sonrisa, que apareció en el rostro de la mujer.

-Alana, decidimos hacerte una prueba -su voz fue cálida y suave.

La muchacha experimentó una súbita alegría. Sus ojos oscuros brillaron. Extendió los brazos para abrazarla. La agente no esperaba una reacción tan explosiva. Roy esbozó una sonrisa despectiva.

-¡Gracias, señora! -exclamó, eufórica. De pronto, al notar lo que estaba haciendo, se apartó, con cierta vergüenza. Se llevó las manos a la cara y al cabello-. Perdóneme, es que… es que… He ido a muchas agencias y en todas me rechazaron. Tayler’s Model Management era mi última posibilidad.

-Tranquila, Alana. Te entiendo perfectamente.

-Me moría si ustedes no me aceptaban.

-No tan de prisa… Tu entrada aquí depende de varios factores.

-¿Cuáles? -preguntó, inquieta.

-El primero es lo que llamamos la prueba de fuego.

-¿Prueba de fuego?

-No te asustes –contestó, sonriente-. Se trata de una sesión de fotos.

-Yo no tengo dinero para…

-Pierde cuidado –la interrumpió suavemente-. Esas fotos corren por cuenta de nosotros.

Alana sonrió con alivio. Kerry Anne continuó:

-Dependiendo de cuán fotogénica seas y de la opinión del fotógrafo, hablaremos de nuevo.

La muchacha suspiró con notable preocupación.

-No es tan fácil como esperaba.

-No te desalientes, muchacha –le dio unas suaves palmaditas en un hombro-. Acompáñame a mi oficina. Te voy a conseguir una cita con un fotógrafo de confianza. Ahí te explicaré lo que viene después de la prueba de fuego.

Después de agarrar su cartera, que reposaba sobre el sofá, Alana y la agente se encaminaron hacia la puerta. Antes de salir, Kerry Anne miró a Roy, quien se sentó detrás de su escritorio.

-Nos vemos luego, Roy.

Él le respondió con un movimiento de cabeza.

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