Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela La invocación de Alana

La invocación de Alana

Alana Derrow busca la gloria tras fracasar en Nueva York, pactando con la misteriosa Luzbelia. Aunque su éxito es inmediato, una serie de muertes rodea a quienes la enfrentan, vinculadas a un maniquí con poderes oscuros. Los detectives Sanford y Edmond intentan resolver los crímenes mientras Alana se siente dividida entre el fotógrafo Derek y el magnate Marc. Es un relato de lujo y ambición donde el terror acecha tras cada sombra del mundo de la moda.
Capítulos
Compartir

Capítulo 2

“Siendo natural y sincero, uno puede crear revoluciones sin haberlas buscado”.

Christian Dior

Al día siguiente, en la tarde, Alana se presentó en el estudio del fotógrafo, situado en un edificio cercano al Central Park. Kerry Anne le aconsejó que llevara maquillaje y distintos atuendos. Antes de tocar el timbre, se abrió la puerta de golpe. Frente a ella apareció una chica alta, de piel blanca, melena rubia, senos prominentes, y no mayor de veinticuatro años. Su rostro, de rasgos nórdicos, era hermoso, aún sin afeites.

-¡Shannon Summers, la supermodelo! -exclamó Alana, tal cual si hubiera visto a una estrella de Hollywood.

Shannon permaneció inmutable. Ni siquiera le sonrió por cortesía. Su porte de modelo no se empañaba, pese a vestir jean y franela. Había sido descubierta por Kerry Anne en una discoteca de Boston, en Massachusetts, la ciudad donde la chica nació. Después de varias semanas, su foto era publicada en la revista, Vogue. De seguida, su imagen invadió los espacios publicitarios, primero como modelo de una emblemática bebida gaseosa light, y luego de otros productos. Su resonante éxito en el mundo publicitario y en el de la moda, la convirtieron en una supermodelo.

Alana no le quitaba los ojos de encima.

-¡Me van a hacer una prueba! ¡Unas fotos! -continuó, entusiasmada-. ¡Quizás Tayler’s Model Management me contrate, y seamos muy buenas compañeras! ¡Me encantaría que llegáramos a ser grandes amigas!

Shannon le dirigió una mirada escrutadora e imprudente, como si fuera un bicho raro. Después miró a una joven de mediana estatura, regordeta y de gafas de pasta, quien la seguía con una inmensa y pesada maleta con rueditas. Se trataba de Viveca Powell, su asistente, maquilladora y estilista.

-Apresúrate, Viveca –dijo Shannon, malhumorada-. Derek casi me borra la cara con tantas fotos. Me dejó estresada. ¡Parece que el calor del verano lo aceleró! ¡Estuvo tiránico!

-¡Sí, sí, señorita Summers! –respondió con timidez la chica-. ¡Estoy muy de acuerdo con usted!

Viveca se convirtió en asistente, maquilladora y estilista de Shannon, ya que siempre le manifestó su incondicional admiración, a través de sus redes sociales. Gracias a éstas, sabía de sus gustos, viajes, trabajos, éxitos, y hasta forma de pensar.

La modelo decidió darle una oportunidad, y no la defraudó. Viveca era un paquete nada despreciable, por cuanto estaba muy preparada en materia de maquillaje y estilismo. Con el tiempo, llegó a demostrarle eficiencia, talento, fidelidad y mucha discreción.

La jovencita siempre quiso ser como Shannon, pero su físico no le brindaba las condiciones para siquiera parecérsele. Ella se conformaba con estar muy pendiente de su arreglo físico, y de supervisar sus numerosos trabajos y presentaciones. Al mismo tiempo, debía soportar sus frecuentes arranques de malhumor, y era en esos momentos cuando ponía de manifiesto otro de sus valiosos talentos: paciencia de sobra.

La modelo y la asistente salieron, presurosas. Alana las vio alejarse por el pasillo.

-Suerte -soltó Shannon, gélidamente, sin siquiera dirigirle la mirada.

La chica sintió que hizo el ridículo al tratar a la supermodelo tan efusivamente. No le quedaron dudas de la fama que tenía de difícil, de caprichosa y altanera.

-¡Hola! ¿Eres la enviada de Kerry Anne?

Alana vio en la entrada a un joven de veintiséis años. Era el asistente y mejor amigo del fotógrafo, que le tomaría las fotos. Su rostro salpicado de pecas y el cuerpo desgarbado, envuelto en ropas de gran talla, lo hacían reflejar una simpática estampa de adolescente.

-La misma –contestó ella.

-Entra -la invitó, sonriente-. Soy Justin Perkins, el asistente de Derek-. Eres muy puntual.

-Kerry Anne me exigió que fuese muy puntual.

-Y acataste la orden al pie de la letra –bromeó él-. ¡Te felicito!

Alana pasó. Era como estar en uno de esos estudios cinematográficos, donde se producían películas. Varias zonas para fotografiar, equipos sofisticados, luces… Derek Adam Tucker se le acercó, y le alargó su mano para saludarla. Contaba con la misma edad de Justin. Tenía el cuerpo delgado, pero fibroso. Su cara le recordó los bustos griegos de la época más noble: encuadrado de abundantes rizos color miel oscura, boca fina y una expresión de deliciosa serenidad. Siempre le gustaba vestir sport. A primera vista, todo él le agradó.

Se había iniciado como fotógrafo en su natal Palm Beach, en Florida. Poco a poco demostró su notable talento. Compartía su excelente reputación de talentoso profesional con la de audaz picaflor. Tuvo aventuras con muchas modelos, a quienes descubrió o con las que trabajó con frecuencia. Shannon nunca cayó en sus brazos, pese a los numerosos intentos. Sus ínfulas de supermodelo no le permitían enredarse con él. Entre ambos existía sólo una magnífica relación de trabajo.

Justin y Derek Adam se hicieron amigos en la infancia, cuando ambos vivían en Palm Beach. Al concluir la secundaria, cada uno tomó rumbos distintos, aunque no perdieron la comunicación. Cuando ya eran adultos jóvenes, se reencontraron en New York.

Para ese momento, el fotógrafo ya tenía un camino recorrido en su profesión. Al comprobar que Justin tenía talento para la fotografía, lo convenció para que estudiara en el mismo instituto, donde se graduó, ubicado en Nueva York. El joven prometía destacar en ese mundo, y se esmeraba por aprender esa pasión, que recién había descubierto.

Justin vivía en una habitación rentada en el apartamento de Erik Adam, que éste poseía en la zona de Greenwich village, considerado el barrio bohemio de Nueva York. Convivir y trabajar con el fotógrafo le permitía aprender aún más de fotografía, que en el mismo instituto.

-Un placer conocerte -le dijo, muy sonreído, recorriéndola con una mirada que la hizo sentirse desnuda. Era evidente que también ella le agradó-. Kerry Anne me comentó lo bonita que eres, pero la realidad supera sus palabras.

-Encantada. Gracias -repuso con una tímida sonrisa.

Tras intercambiar algunas palabras, Derek Adam la llevó al cuarto de baño, y le explicó cómo manejar las luces del espejo de maquillaje. De seguida, se colocó un jean ceñido y un suéter azul cielo. Trató de maquillarse lo más rápido posible.

Minutos luego, ella estaba de pie en un set, cuidadosamente iluminado por Justin. Mientras preparaba la cámara, Derek Adam le preguntó:

-¿Por qué quieres ser modelo?

Una sonrisa soñadora se asomó a su rostro.

-Las supermodelos ganan mucho dinero. Quiero ser como ellas. ¡Deseo ser rica y famosa en todo el mundo! ¡Quiero brillar!

-¿Y cuándo nació ese deseo por ser supermodelo?

-En mi infancia, que no fue muy feliz.

-¿Por qué lo dices?

Una expresión de tristeza apareció en el rostro de Alana.

-Vengo de una familia muy pobre. Mi padre abandonó a mi madre cuando yo era una bebé. Ella murió cuando yo tenía ocho años. Luego supe que mi padre falleció también.

-Lo siento mucho –dijo Derek Adam con cierto pesar.

-Mi única tía se hizo cargo de mí, hasta que murió, tiempo después de que terminé la secundaria. Fueron muy tristes sus pérdidas. Además, no tuve hermanos. Crecí entre mucha estrechez. No quiero ser pobre toda la vida. Detesto la pobreza.

-No ha sido fácil tu vida -admitió él.

-Tú lo has dicho.

-¿Y de amores qué? –preguntó con cierto interés.

Ella sonrió levemente.

-Tuve algunos novios, pero no fueron romances muy serios. Uno de ellos, me animó a que participara en el concurso, La Chica Encantadora, en mi pueblo. Después de eso terminamos. Fue cuando decidí venirme a Nueva York, para convertirme en supermodelo –reanimada, añadió-: ¡Ése es mi gran sueño!

-No creas que el mundo del modelaje es tan color de rosa -dijo, un tanto serio.

-¿Por qué? –inquirió, muy interesada.

-Para mí tiene una portada y una contraportada.

-¿Cómo es eso?

-En la portada hay glamour, satisfacciones, dinero… glorias… éxitos… halagos.

-Eso es bonito.

-Opino lo mismo -con un dejo de gravedad en la voz, añadió-: Pero en la contraportada, entre otros aspectos, hay privaciones de ciertos placeres… la envidia entre las modelos… las intrigas… la competencia entre ellas… las drogas. Hay que andar con cuidado en esa contraportada -terminó con un sincero tono de advertencia.

Seguidamente, comenzó la sesión. “Mira a la izquierda… a la derecha… más sonrisa… Bien… Bien… Une los dedos… Saca la cadera. ¡No tanto! Eso es… Basta de esto, cámbiate y vuelve pronto”. Click-click, click-click… Así estuvieron unas horas sin parar.

-Tenemos un buen material -le dijo Derek Adam, muy sincero-. Dentro de dos días ve a la oficina de Kerry Anne. Ahí tendrás una respuesta.

También te puede gustar

Portada de la novela Amor envenenado, Justicia amarga
8.3
La tragedia golpea tras una gala benéfica cuando mi madre muere envenenada. Gerardo Garza, mi esposo y un influyente abogado, decide defender a la sospechosa, Keyla de la Torre, destruyendo el honor de mi madre para ganar el juicio. Ante mis reclamos, él me chantajea cruelmente. Destrozada por su traición, firmo el divorcio fingiendo rendición, pero en las sombras orquesto un plan letal para que ambos paguen por sus actos. Mi venganza apenas comienza.
Portada de la novela Di Que Soy Tu Cariño
9.6
El matrimonio de Christine es una farsa cruel. Wesley, obsesionado con su antiguo amor Jessica, la abandona en plena boda y solo finge afecto a su regreso para cumplir sus propios fines. Tras descubrir que su relación fue una manipulación constante, Christine recibe una fría demanda de divorcio que destroza sus ilusiones. Con el corazón roto pero el alma decidida, ella se marcha jurando que su retorno estará marcado por una fuerza y determinación renovadas.
Portada de la novela El club de las amantes
8.0
Alba, Jade y Mia ansían dejar atrás la miseria de su humilde barrio. Decididas a prosperar, eligen seducir a hombres de inmensa fortuna, ignorando si tienen pareja o familia. No obstante, su ambiciosa estrategia las conduce a una trampa mortal al involucrarse con los líderes más crueles de la mafia. Lo que empezó como un plan para obtener seguridad financiera se transforma en una pesadilla donde sus vidas corren un riesgo constante y aterrador.
Portada de la novela El heredero Robado y el mellizo oculto
8.0
Isabella fue desterrada por un millonario tras sufrir el robo de su hijo, pero guardó un secreto: tuvo mellizos. Casi dos décadas después, Leonardo ejerce como el frío sucesor de la fortuna familiar, mientras Dante, el hermano oculto que creció en la miseria, emerge con el plan de destruir el legado de su padre. Tras crear su propia compañía, Dante inicia un ataque implacable contra el imperio. Ambos hermanos se enfrentan en una guerra total sin saber que comparten la misma sangre.
Portada de la novela El plan del señor Nelson para recuperar a su exesposa
9.2
Después de tres años sometida a la frialdad de Edmund Nelson, Chelsea decide divorciarse, humillando al magnate en un evento público. La vida da un vuelco cuando ella resurge como una exitosa guionista y se reencuentra con su exmarido. Arrepentido, el poderoso empresario le suplica otra oportunidad frente a todos, pero Chelsea lo rechaza con determinación. Enfocada en su carrera y su libertad, ella ya no está dispuesta a permitir que él interfiera en su camino.
Portada de la novela Esta vez no sea tu Esposa
8.8
Sofía fue seleccionada por el clan de Mateo para gestar a su sucesor, pero su primer embarazo solo le trajo desgracia. Tras la muerte de Isabella, el gran amor de Mateo, él descargó su furia contra Sofía, provocando que perdiera a su bebé y falleciera en cautiverio. Al renacer, el trauma de aquel aborto la impulsa a buscar venganza. Su plan es encumbrar a Isabella socialmente para después destruirla por completo, evitando así repetir su trágico pasado.