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Portada de la novela La heredera todopoderosa desenmascarada

La heredera todopoderosa desenmascarada

Después de sufrir la traición y el desprecio de su familia adoptiva, Catalina recupera su lugar legítimo al mando de un imperio colosal. Mientras sus antiguos parientes y su ex prometido intentan lucrarse con su fortuna, ella exhibe su maestría en medicina, ciberseguridad y moda. Determinada a no ceder ante chantajes, su imponente ascenso cautiva a un influyente magnate, quien deja atrás su frialdad para entregarse por completo a ella.
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Capítulo 1

"Catalina, ya no eres miembro de la familia Warren. Recoge tus cosas y vuelve con tus verdaderos padres, ahora mismo", dijo Ariela Warren, como si estuviera dictando una sentencia.

Estaba vestida con ropa costosa y sus joyas de oro destellaban fríamente bajo las luces, mientras observaba a Catalina Warren con desprecio. Con unos de sus brazos rodeaba protectoramente a otra joven, cuyos delicados rasgos guardaban un parecido asombroso con los suyos.

Esa chica levantó su rostro bañado en lágrimas y, con la voz temblorosa por una fragilidad calculada, chilló: "¡Mamá, por favor! Lo has malinterpretado todo. Catalina nunca me empujaría por las escaleras a propósito. ¿Cómo podría querer matarme?".

Ella era Lilia, la verdadera hija biológica de los Warren.

Un mes antes, Roger Warren sufrió un grave accidente automovilístico y requirió con urgencia una transfusión de sangre. Catalina, a quien todos habían creído su hija durante los últimos veinte años, se sometió a las pruebas de rutina, pero los resultados revelaron una verdad devastadora: no compartía lazos de sangre con la familia Warren.

El descubrimiento conmocionó al clan. Valiéndose de todos los recursos a su alcance, Roger y Ariela iniciaron una investigación y no tardaron en encontrar a su verdadera hija, Lilia, quien había crecido en un remoto pueblo pesquero, muy lejos del lujoso mundo en el que ellos vivían. Y así, Lilia regresó.

A partir de ese momento, la vida de Catalina se transformó en una pesadilla. Su hermana parecía amable e inocente en la superficie, pero a puerta cerrada orquestaba un plan tras otro, asegurándose siempre de dejarla malparada.

Además, Roger y Ariela no dudaban ni un segundo en ponerse del lado de su verdadera hija.

Repetían las mismas palabras una y otra vez, como si quisieran grabarlas a fuego en los huesos de Catalina: que le había robado a Lilia la vida que le pertenecía por derecho, que todo lo que había disfrutado le pertenecía a ella, razón por la que tenía una deuda impagable con ellos.

A Catalina, esa lógica le parecía absurda. Ella era una bebé, así que no pudo cambiar su lugar con la otra por su cuenta, ni había reescrito el destino. Una enfermera descuidada cometió un error dos décadas atrás, pero ahora le exigían que asumiera sola las consecuencias.

Solo entonces Catalina comprendió la verdadera naturaleza de los Warren. La verdad era simple y fea: Roger y Ariela llevaban tiempo queriendo deshacerse de ella. Solo lo habían pospuesto por temor a que el escándalo público pudiera afectar el inminente debut en la bolsa del Grupo Warren.

Al comprender la verdad, la chica decidió que mantenerse en ese ambiente tóxico carecía de sentido.

Posó su mirada en la rodilla de Lilia, donde un moretón suave, casi imperceptible, sobresalía sobre su piel, por lo demás impecable.

"Si de verdad quisiera matarte, te habría hecho saltar desde la azotea. Eso habría sido más rápido. Empujarte por las escaleras te deja viva y libre para acusarme. Sería una forma muy estúpida de cometer un asesinato", se defendió finalmente Catalina.

Aunque habló serenamente, el tono era tan frío que se propagó por la habitación.

Por un momento, nadie habló. Lilia, Roger y Ariela la observaron con incredulidad. Esa no era la Catalina que conocían: la chica obediente y callada que siempre había soportado la injusticia en silencio.

"Entonces... ¿de verdad quieres matarme?", susurró Lilia, con una expresión mezcla de sorpresa y angustia.

Sin embargo, un fugaz destello de triunfo brilló en sus ojos. Por dentro, se regocijaba del resultado, pues pensó que Catalina estaba cavando su propia tumba.

Esas simples palabras bastarían para que sus padres la despreciaran todavía más. Y eso significaba que su plan de expulsar a Catalina de forma permanente estaba siendo un éxito.

Ariela fue la primera en recuperarse. Señaló a Catalina con un dedo tembloroso y, con el rostro contraído por la ira, escupió: "¡Monstruo malagradecido! ¡Enloqueciste! ¡Llamaré a la policía ahora mismo y denunciaré tu intento de homicidio!".

"Adelante", contestó tranquilamente Catalina. Acto seguido, posó su mirada en Lilia, mientras una leve y enigmática sonrisa se dibujaba en sus labios. "No soy yo quien debería temer una investigación policial".

La expresión de la farsante vaciló, y un atisbo de pánico asomó por su semblante.

¿Qué quería decir Catalina con eso? ¿Alguien se había dado cuenta de algo? Rápidamente descartó la idea, convenciéndose de que su enemiga solo estaba fanfarroneando; al fin y al cabo, no había habido testigos que corroboraran sus acusaciones.

Con eso en mente, sollozó con más sentimiento y se aferró con más fuerza a su madre, lo que aumentó la furia de esta última.

"Bien, veamos lo terca que sigues siendo cuando llegue la policía", bramó Ariela, sosteniendo su teléfono con determinación.

Lilia sintió una oleada de pánico, pues temía que una investigación policial pudiera desentrañar la intrincada red de engaños que había urdido contra Catalina.

Justo cuando Ariela estaba a punto de marcar, una voz profunda resonó en el aire.

"Basta", dijo Roger, dando un paso al frente. Con una expresión grave y conflictuada, continuó: "Vivió con nosotros durante veinte años. Nos consideró sus padres. Aún podemos ofrecerle una alternativa".

Él sabía lo que estaba en juego. Una investigación policial atraería atención indeseada, y cualquier mácula en el prestigioso apellido Warren podría poner en peligro los intereses de la empresa.

Lilia se sintió aliviada de inmediato. Se hundió en su asiento y observó a Catalina con satisfacción. Sabía que ya no importaría lo que su enemiga fuera a decir.

Roger extrajo un pequeño fajo de billetes de su cartera y se lo tendió a Catalina, mientras le decía con un tono condescendiente: "Tu verdadera familia reside en esa empobrecida y remota Villa Nube. Toma esto para tu viaje y déjanos. A partir de este momento, no tienes ningún vínculo con la familia Warren".

Catalina se quedó mirando el dinero, y el desdén brilló en sus ojos.

Durante años, les había ofrecido a los Warren consejos valiosos que contribuyeron a construir su reputación. Les había aportado honor, contactos y beneficios. Y ahora, la desechaban con unos cuantos billetes. ¡Qué irrisorio!

"Quédatelo", contestó ella, manteniendo su postura y su dignidad intactas. "Quizás lo necesites para tus tratamientos para el cerebro y los ojos".

Acto seguido, clavó su mirada aguda e inflexible en Lilia, y remató: "Pero antes de irme, quiero la verdad. Cuéntanos: ¿cómo te caíste exactamente por las escaleras?".

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