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Portada de la novela La Hacker del joven Abogado

La Hacker del joven Abogado

Rachel, una hábil experta en informática, decide intervenir las redes sociales de una mujer por encargo de su mejor cliente, el abogado Dylan Maldonado. Esta incursión digital revela un secreto oscuro que pone sus vidas en grave peligro. Obligados a escapar para sobrevivir, ambos se sumergen en una huida frenética cargada de adrenalina y drama. En medio del caos y la persecución, nace entre ellos un romance apasionado e inevitable.
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Capítulo 2

Narrador.

Al salir del hospital y asegurarse de que Dylan estuviera bien en su apartamento, Rachel tuvo la intención de irse.

—Quédate —le pidió él, con algo de timidez, mientras mantenía la puerta abierta—. Debes tener hambre, por favor, entra.

La morena le sonrió y aceptó su propuesta.

Se quedó impresionada al examinar a mayor detalle el lugar. Era grande, mucho más que el de ella, de colores naranja y marrón, de ambiente cálido, muebles blancos y un gran ventanal que comenzaba a dejar ver cómo la tarde se desaparecía lentamente.

Rachel se preguntó cómo es que vivía en un lugar como este y prestaba sus servicios en aquél edificio de muerte.

Estaba por hablar cuando Dylan leyó su pensamiento. Le ofreció un vaso de agua que ella aceptó, y habló.

—No es mío —confesó el hombre—. No tenía dónde vivir y mi primera cliente me dio la oportunidad de vivir aquí, totalmente gratis, solo para ofrecerle mis servicios cuando ella necesite. Es dueña de este edificio.

—Wow, ¿la mujer que demandó a su esposo? —preguntó Rachel, y él asintió —. Vaya. Le quitamos un gran peso de encima, así que esto es literalmente tuyo, abogado —bromeó.

Dylan sonrió un poco. Se sentía cansado por lo que había vivido minutos antes, pero también un poco nervioso por la presencia de ella allí, así que se apresuró en revisar la nevera para preparar algo de comer.

—¿Quieres que ordene algo? —intervino ella mirando su teléfono.

—¿No debería ordenarlo yo? —Se acercó a la sala y se cruzó de brazos, pero Rachel rió—. Tú fuiste la que me mantuviste con vida en ese ascensor, así que te lo debo.

—De hecho... —Rachel se levantó, quedando a su frente—. No me pagaste la revisión de la laptop, ni mi ánimo en ese ascensor, así que me debes más que una comida.

El hombre que tenía una expresión seria en el rostro, se ahogó con la saliva. Comenzó a toser y se alejó de la sala para ir a la cocina y beber agua.

Rachel sintió que había metido la pata y que por supuesto, le había resultado incómodo, así que se prometió no hacer ningún comentario buscando alguna reacción diferente en él.

Ella no sabía que el corazón del abogado había subido a su garganta por los nervios causándole un ataque. Causa de la hermosa morena que estaba claramente coqueteando con él.

—Ya ordené... —habló Rachel.

Los siguientes minutos resultaron un poco incómodos, pues él le dijo que iría a darse una ducha mientras llegaba la comida.

Rachel recibió el pedido, y al ver que él tardaba demasiado, tomó su teléfono y comenzó a investigar a la chica mientras comía.

Le había hecho una promesa a Dylan y la cumpliría, aunque mientras lo hacía, su corazón se sentía incómodo.

No hacía falta que Dylan le dijera el usuario de la mujer, pues ella lo recordaba perfectamente; pero al entrar en esa red social, no encontró nada útil. Seguía la foto de media cara, con la descripción de dos corazones negros y una calavera.

No tenía muchos seguidores.

No seguía a muchas personas.

Había 3 fotos. Una de sushi, otra de un perro que al parecer estaba en sus piernas, y otra, de una banda de rock.

¿Pero de quién se había enamorado el joven abogado?, ¿no había visto su cara ni su vida?, ¿qué le había llamado la atención de esta mujer?

Sentía curiosidad por leer sus conversaciones con ella.

Miles de preguntas rondaban la cabeza de Rachel, quien comparó las fotos en la web pero no encontró resultados.

Cuando vio la hora se dio cuenta de que ya había pasado demasiado tiempo y Dylan no regresaba, así que dejó las cosas en la mesa de la sala y fue a buscarlo.

—¿Dylan? —Se acercó a una puerta que parecía la de una habitación—. Estuve buscando a la chica y... Su cuenta es nula —le informa—. ¿Dylan?

Abrió la puerta con cautela y suspiró.

El hombre se había quedado dormido, apenas con un pantalón de algodón. Su torso estaba desnudo, y al ser la primera vez que ella lo veía así, sintió sus mejillas calientes.

La morena se mordió el labio mientras lo observaba a detalle. Ella tenía una memoria fotográfica así que quería grabar el cuerpo del abogado en su mente.

Era bastante sensual y tan ingenuo como para dormirse de la nada siendo ella todavía una desconocida para él.

Se tomó el atrevimiento de acomodarlo en la cama ya que sus pies colgaban en el aire fuera de esta, y pudo verlo más cerca. Sus labios rosados formaban un lindo corazón, eran bastante coquetos para ser de un hombre, tenía unas pestañas largas hermosas, el cabello mojado caía en la almohada y eso lo hacía lucir tan sexy.

Rachel exhaló, pensando que si seguía investigando a la mujer, se extendería la sensación incómoda en su pecho.

¿Era una mala idea seguir con eso?

¿Pero qué estaba pensando? Después de todo estaba haciendo eso por él. Para que obtuviera un poco de calma al conocer a la mujer de la que se había enamorado.

Y si se daban las cosas y no resultaba ser un caso Catfish, quizá podría tener algo con esa chica, ¿no?

Una chica de la cual pudiera sentirse orgulloso y exhibir frente a sus colegas abogados. Porque estaba segura de que Dylan sería un renombrado abogado.

Ella lo había visto trabajar y su preocupación por sus clientes era totalmente dedicada y natural. Era su don y se sentía feliz de que hubiera alguien como él en el mundo. Llevaba poco conociéndolo pero, realmente era fácil quedarse encantada por Dylan una vez siquiera escuchas su voz.

¿Pero por qué no podía simplemente decirle una mentira respecto a la chica e intentar conquistarlo ella misma? Era evidente que algo estaba sucediendo con ella y la idea de que Dylan estuviese interesado en alguien desde el primer momento en que lo supo.

Sin embargo, había algo muy en el fondo del corazón de la morena que no la hacía sentirse merecedora de un hombre como Dylan...

Salió de la habitación sintiendo que si seguía allí podría colapsar. Sacudió el cuerpo evadiendo su escalofrío y se discutió si debía irse o quedarse hasta que Dylan despertara.

Eran apenas las siete de la noche, quizás él despertaría antes de que acabara el día y así ella se aseguraría de que él estuviera bien, y además le diría de una vez la poca información de la chica.

Decidida a que no era una mala idea quedarse, aunque la verdad era que no lo quería hacer, se sentó en el sofá con las piernas cruzadas, se quitó la chaqueta y recibió un nuevo mensaje.

Mamá: Hola, Rey, ¿cómo estás?, ¿qué haces?

La chica rodó los ojos. Su madre solía ser... algo controladora, y por esa razón desde que ya no vivía con sus padres solo hablaba con ella lo necesario. No era que odiaba a su familia, pero tampoco la consideraba como el mejor ejemplo a seguir. De hecho, siempre quiso tener una buena excusa para escapar de ellos y cuando esa oportunidad llegó no la desaprovechó.

Rachel: Estoy trabajando.

Mamá: Siempre que te escribo estás trabajando. Recuerda que no es bueno para tu salud no descansar.

—Sí mamá, usa la psicología conmigo... —murmuró.

De verdad detestaba que su madre siempre intentara hacer lo que quería con ella usando el “no es bueno para ti”, porque ella era consciente de qué era lo bueno y lo malo, y lo que por capricho quería su madre.

No obstante, y aunque pudiera seguir pensando en otras cosas de su madre, siguió con la búsqueda, encontrándose con casi nada.

Se preguntaba si ya podía dejar su lado orgulloso a un lado. Tal vez era buena idea llamar a Mauricio, su amigo obsesionado con la informática. Sin embargo, cuando estaba por darse por vencida, encontró una cuenta de otra  red social con el mismo usuario con la diferencia de un solo número.

La descripción era igual que la otra red social, pero la foto de perfil era la de un perro muy parecido al de la otra cuenta. Esta, era privada, así que sin querer irse al extremo, Rachel le envío una solicitud de amistad desde una de sus cuentas trampas esperando que la aceptara y pudiera ver más de su contenido; pues los archivos decían que había más de 50 fotografías privadas.

¿Pero por qué esta mujer era tan reservada?, ¿qué estaba ocultando?

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