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Portada de la novela La Hacker del joven Abogado

La Hacker del joven Abogado

Rachel, una hábil experta en informática, decide intervenir las redes sociales de una mujer por encargo de su mejor cliente, el abogado Dylan Maldonado. Esta incursión digital revela un secreto oscuro que pone sus vidas en grave peligro. Obligados a escapar para sobrevivir, ambos se sumergen en una huida frenética cargada de adrenalina y drama. En medio del caos y la persecución, nace entre ellos un romance apasionado e inevitable.
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Capítulo 3

Narrador.

Eran las cinco de la madrugada cuando Dylan despertó y tomó una toalla de su armario para ir al baño, asearse, y comenzar un día más.

—¡Oh por Dios! —gritó al salir de la habitación y encontrarse a la morena saliendo del baño.

Rachel se asustó también, así que se afincó de la pared, pero cuando se calmaron solo pudieron reír un poco.

—Disculpa... Pensé que dormirías poco, me quedé investigando lo de la chica y... se me fue el tiempo, me quedé dormida en tu sofá, perdona —le explicó la morena, mientras escaneaba con descaro el cuerpo del recién levantado—. ¿Ya te vas a trabajar?, ¿tan temprano?

—No y... no —respondió, sintiendo la calidez envolver su pecho por el simple hecho de saber que ella se había tomado en serio lo de la búsqueda de la mujer—. No te preocupes, si tienes algo de sueño aún puedes dormir en mi cama, yo... Me levanto temprano para entrenar, y luego voy a trabajar pero... Se supone que hoy debo ver a mis hermanos...

—¿Tienes hermanos? —Se sorprendió Rachel, pues nunca lo había escuchado hablar de ellos.

Dylan era el mayor de tres hermanos. Su madre, quien había sido madre soltera, murió  de un infarto cuando él tenía casi diecisiete años y sus hermanos entre cinco años y siete años. Así que desde entonces su abuela los cuidaba, y en cuanto Dylan cumplió la mayoría de edad también se hizo responsable.

Dylan le pidió un momento para asearse y luego se encontró con ella en la sala, y viendo su chaqueta en el sofá, pensó que debía hacer algo por ella…

La confianza que sentía con ella era verdaderamente única, porque en menos de cinco minutos ya le había contado toda su historia con sus hermanos y padres. Cosa que la morena agradeció.

—Lo siento mucho, Dylan... No debió ser fácil —opinó, sintiéndose triste también porque Dylan era un excelente hermano, y ella... bueno, ella tenía una historia complicada.

—Pero bien, dejemos de hablar de mí —dijo Dylan mientras le extendía unas tostadas y él se tomaba su batido—. Iré a entrenar y... te puedes quedar si quieres.

—¿Quedar?, ¿a qué te refieres? —cuestionó ella, sintiendo que él tenía nervios.

—Bueno, yo... —Se aclaró la garganta—. Tú me dijiste que estabas investigando a Hanna, ¿encontraste algo? —cambió el tema.

Rachel se sintió un poco decepcionada.

—Ehm, no mucho, espero una solicitud de amistad en la que al parecer es su cuenta en otra red... —le contó para morder una tostada.

Dylan asintió lentamente. No sabía por qué realmente no se sentía tan entusiasmado con la idea de encontrar o saber más de Hanna.

En ese momento su teléfono sonó, así que Dylan lo buscó en el saco del día anterior y vio el mensaje de su abuela diciéndole que ella y los chicos viajarían a México este día porque la hermana de su madre estaba algo enferma.

Dylan se preocupó, respondió a su abuela y exhaló.

—Cambio de planes, tengo todo el día libre —expresó a la morena, la cual sonrió, y por un momento la idea fugaz de él y Rachel saliendo del departamento yendo quizás por un helado o al parque pasó por su mente, pero su idea se hizo trizas cuando ella habló.

—Tomaremos todo el día para investigar a Hanna juntos ¿te parece?

—De acuerdo... —respondió él sintiéndose extraño—. Quedas en casa, iré a entrenar.

Dylan habló  y se fue tan rápido que no le dio tiempo a ella de decir más.

Una vez que la morena se encontró sola, verificó si Hanna había aceptado su solicitud, pero no lo había hecho, así que, aún con sueño, aceptó la invitación de Dylan a dormir en su cama.

Se tumbó en ella y el perfume de él controló sus sentidos. Su piel se erizó, el cuerpo de Dylan pasó por su mente, pero no estaba acostumbrada a despertarse tan temprano, así que el sueño la venció.

...

Rachel despertó al escuchar ruido en el apartamento. Había dormido tan tranquila y profundamente que cuando vio su teléfono maldijo porque ya eran las nueve de la mañana.

Había una notificación en su teléfono, la cual con el corazón en la garganta abrió.

Hanna había aceptado su solicitud, y al hacerlo, le dejaba ver sus fotografías, así que entró rápidamente, encontrándose con una chica hermosa; de piel blanca, cabello castaño y ojos verdes.

Su autoestima quedó en el suelo cuando vio a la chica en otras fotos con ropa perfecta y vestidos de noche, con maquillaje espectacular y un brillo que enamoraría a cualquier hombre.

Bloqueó su teléfono sintiendo un nudo en su garganta, se levantó y entró al baño directamente.

Se vio al espejo y se dijo a sí misma que no podía sentirse así.

Una vez que se lo repitió lo suficiente, se dio cuenta no sólo de que Dylan había comprado un cepillo dental para ella, sino que también su propio jabón, había una toalla extendida allí y... ¿ropa?

¿Pero de dónde habían sacado a este hombre? Era tan atento y gentil que a la morena le causaba una felicidad contenida.

Mayormente los chicos con los que ella dormía tenían cosas para chicas en sus casas porque estaban acostumbrados a dormir con muchas de ellas y les gustaba estar preparados; sin embargo, Rachel sabía que las cosas eran diferentes para Dylan.

Él parecía ser un tipo perfecto y era tan ordenado, mientras ella era la reina del desorden.

Tomó una ducha e intentó dejar todo en su lugar. Se recogió el cabello rizado con una coleta y vio su ropa. Era una camisa negra holgada con jeans cortos azul oscuro. Se sentía cómoda y agradecida.

Al salir del baño se encontró con Dylan recogiendo la comida que ella había dejado en la mesa la noche anterior.

Sintió vergüenza, así que se apresuró en ir a ayudarlo, pero este se sorprendió, dejando caer el refresco en las piernas desnudas de la morena.

El hombre de ojos grises, avergonzado, fue en busca de algo para ayudarla a limpiarse, y tragó hondo por la posición en la que se encontraban segundos después: él agachado pasando un pañuelo por sus muslos y ella con los labios de su boca entreabiertos, abrumada por todo lo que estaba sintiendo.

El aire comenzó a pesar. Y los músculos de ambos se tensaron cuando él sin dejar de mirarla, pasó con lentitud el pañuelo, sin ser consciente, por su entrepierna.

—Dy-lan… —Rachel cerró los ojos para romper el contacto.

Él juró sentir las piernas de la chica temblar después de decir aquello. Y reaccionando al dejar de verla, decidió que no era buena idea seguir así, por lo tanto al ponerse de pie le extendió el pañuelo con las manos hechas gelatina.

¿Qué había sido eso?, ¿desde cuándo Rachel parecía tan nerviosa con él?, ¿no era él el único que se sentía así por ella?

Rachel encontró estabilidad en su cuerpo, aclaró su garganta, se terminó de limpiar, y con su teléfono en mano le puso al abogado una clara fotografía de la chica ya no tan misteriosa.

Dylan suspiró al cruzarse primero con los ojos de la morena, pues su cabeza daba vueltas por lo que acababa de pasar. No obstante, al mirar la pantalla volvió a suspirar. Esa chica era más hermosa de lo que hubiera podido pensar antes.

—¿Qué dices? —preguntó ella—. ¿Quieres volver a intentarlo con ella?

El hombre sonrió de medio lado viendo los labios de la morena fijamente. Y sus pálpitos aumentaron cuando se encontró de nuevo con su mirada brillosa.

¿Lo quería?

—Sí…

¿Pero qué era lo que quería?, ¿buscar a Hanna o seguir viendo los labios naturalmente hermosos de su Hacker?

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