Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela La Esposa del Teniente Warren

La Esposa del Teniente Warren

Iris soñaba con un futuro brillante, pero para salvar a su familia de la miseria, se ve obligada a casarse con el imponente teniente Robert Warren. Su vida se transforma en una pesadilla cuando halla el cuerpo sin vida de su marido en su despacho. Al ser descubierta en el lugar del crimen, se convierte en la principal sospechosa. Ahora, Iris debe enfrentar una acusación de asesinato que amenaza con arrebatarle su libertad y destruir su existencia.
Capítulos
Compartir

Capítulo 1

—¿Estás seguro de que este es el lugar? — preguntó la señora Ryans, sorprendida por el lujoso casón frente a ellos.

—Sí, este es. Mira, ese es el auto que reparé esta mañana —aclara el señor Jean Ryans, padre de Iris antes de bajar del auto.

La invitación del teniente había sido para toda la familia, y allí estaban los Ryans, en sus mejores fachas, en uno de los mejores barrios de la ciudad, para asistir a una fiesta en la que no hay ningún conocido suyo.

El teniente Robert Warren, quien había quedado encantado con el trabajo que había realizado Jean, era aproximadamente de la edad del padre de Iris, quizás un poco más viejo, de cabello rubio, alto y fuerte, muy bien fornido, y con una mirada azul más cortante que el filo de una navaja. Su rictus y porte decían que tenían que lo mejor era quitarse de su camino.

Ese día en la mañana el teniente Warren los había invitado a esta fiesta al quedar encantado por sus servicios de mecánica. Era un hombre de alto rango que conocía a muchas personas. Le había dicho a Jean que estaba muy complacido con su trabajo y que le gustaría presentarle a algunos amigos que podrían convertirse en sus clientes.

Esa era la solución a sus problemas económicos, sobre todo con la terrible de la enfermedad de su madre que los tenía al borde de la crisis.

Iris hace esfuerzos indecibles para no quejarse, porque entiende que, si les beneficia a todos, es responsabilidad de todos. Su madre es la primera en bajar, vestida con un traje de pantalón y chaqueta gris de los más chic, combinada con una camisa blanca y zapatos de tacón rojos.

Está enferma, sin embargo, eso no le quita su estilo auténtico y moderno. Tiene cuarenta, pero su ánimo y aspecto son de treinta. Su cabello es rubio avellana y sus ojos color miel, es su mejor amiga en el mundo y la idea de no poder ayudarla con esta enfermedad le dan mucha impotencia.

Por su parte, su padre va con su acostumbrado traje negro que lo hacen ver muy guapo y ella ha optado por un vestido color amarillo que le queda como Dios manda. Quizás pueda encontrar partido en esta fiesta, aunque dudaba hubiera gente de su edad.

—¿Lista, señoras? —el galán de su padre les sonríe, llevándolas del brazo a ambas.

Se encaminaron a la puerta y el lujo era evidente, ya que hasta las baldosas son exquisitas. Un jardín bien cuidado, puerta de caoba con detalles de cristal. Todo apunta a que hay mucha plata, tan distinto a la destartalada casa de ellos.

Tras tocar el timbre, una señora vestida de uniforme los recibe con una sonrisa. En el interior se aprecia el sonido suave de jazz y tras darle su apellido, los invita a pasar.

El interior de la casa es tres veces más lujoso que el exterior: todo en caoba, pinturas exquisitas en el recibidor y pisos de mármol oscuro hacen que la casa parezca de revista. De pronto aparece el teniente.

—¡Señor Ryans! Bienvenidos. Qué bueno que han venido, por un momento pensé que no volvería a verlos.

—Gracias, teniente Warren, quisiera presentarle a mi esposa, Rachel. Ya a mi hija la conoció esta mañana.

El anfitrión saluda a su madre besando el dorso de su mano y lo mismo con Iris, pero, una vez más, se queda con su mano más tiempo del debido. Sus ojos vuelven a estudiarla por completo y se siente incómoda con ganas de irse a casa.

—Acompáñenme, por favor. La fiesta es en el salón. Les presentaré a unos amigos.

Todos le siguen, su padre de lo más entusiasmado, no se ha fijado en nada, pero a su madre, que no se le escapa nada, la mira con intriga, al ver la actitud del caballero. Antes de que cualquier pueda decir nada más, él toma la delantera y la mira a los ojos.

—Señorita Ryans, quisiera que me diera el placer de bailar con usted esta noche.

Iris abre la boca para buscar una excusa, pero su padre se apresura a responder.

—Estará encantada, teniente Warren.

Genial, piensa sorprendida, esta será una larga noche.

*******

—Debo decir que está usted preciosa esta noche

—Gracias —responde ante el halago, más cohibida que antes.

—Cuénteme algo de usted, señorita Ryans —le pide el teniente mientras bailan una balada en medio del salón.

Su enorme mano descansa en la base de su espalda y con la otra sostiene su mano izquierda, dirigiendo el baile. Su aroma es delicioso y hoy va vestido con un esmoquin negro. Para cualquier mujer, las atenciones de un hombre como este serían el cielo, pero no para Iris.

Había algo en él que no le daba buena espina. No le gustan sus atenciones y sabía que estaba interesado, pero ella no. Iris se pasa la gran parte de la noche en silencio, resultado de su incomodidad y deseo de irse.

—¿Qué le gustaría saber, teniente? —pregunta sin encontrar qué decir.

—Lo que usted me quiera contar —sonríe.

—Pues… Soy hija única y pienso estudiar derecho el mes próximo en la universidad estatal.

—¡Vaya! Eso es una excelente noticia. ¿Alguna rama en específica? —inquiere viéndole a los ojos.

Iris esquiva su mirada antes de responder.

—Penal, si fuera posible.

—Ya puedo imaginármela en el estrado —sonríe con suficiencia.

No dice nada más, ansiosa porque el baile termine. Es el tercero de la noche y le duelen los pies. La verdad estaba ahí por su familia y había aceptado su petición porque era el anfitrión y eso es lo que se esperaba de ella, pero hay algo en él que no le agrada y no quiere descubrir qué es.

Quizás sea por el hecho de que le duplica la edad, o porque es un completo desconocido, pero no se sentía cómoda con esto y desesperadamente espera que todo esto termine.

—No ha mencionado usted matrimonio. ¿No quisiera casarse? —Su pregunta le sorprende.

Una señal de alerta se despierta en su interior. Debe de estar muy loco si por alguna razón en la vida considerara que entre él y ella podría darse algo más que este baile. Primero muerta, antes de casarse con un hombre como él.

—No, teniente. No es algo en lo que haya pensado todavía —contesto cortante.

—Estoy seguro de que lo considerará cuando llegue el indicado —sonríe y el baile termina. —¿Sería muy atrevido pedirle otro?

—Quisiera descansar algo, si me lo permite —trata de ser educada, pero no hay manera de simplificar una negativa.

—Comprendo. Más tarde será. En ese caso, le dejaré disfrutar de la cena.

Hace una reverencia de lo más formal y se marcha, mientras Iris se lanza hacia la mesa del bufé. Se sienta en un rincón del enorme salón y saborea los deliciosos canapés que han servido, mientras contempla a sus padres bailar alegremente en la pista de baile.

Le da mucha paz verlos así de felices, porque desde que su madre enfermó, no han tenido la oportunidad de volver a salir con la misma frecuencia y siendo una pareja joven, tienen todas las ganas del mundo por vivir. En realidad, ella también quisiera tener algo así. Sueña con conocer a un hombre que me mire de la misma manera que Jean mira a Rachel, no como el teniente la mira a ella.

¿Será que este hombre en verdad cree que tiene una oportunidad con Iris? Descarta la idea, pensando que se trata de una confusión suya, que ha visto cosas donde no hay. Estaba por el bien de mi familia y tras ver cómo este hombre le ha presentado a su padre a muchas personas, la mayoría de ellas, adinerada y con buena posición, piensa que ha valido la pena y que el trabajo de su papá por fin será reconocido.

—¿Qué tal los canapés? —pregunta su mamá, ahora que se ha unido a ella en el sofá.

—Deliciosos. ¿Quieres un poco? —le ofrece, pero ella niega con la cabeza.

—Déjame recuperar un poco el aliento. Había olvidado que bailar implicaba tanto esfuerzo.

Le sonríe y guarda un mechón de pelo que se ha salido de control, normal en la densa melena castaña de Iris.

—¿Y papá?

Se percata que él ha desaparecido y eso que estaba con ella hace un minuto. No está en la pista ni en ningún lugar.

—Está fuera hablando con el teniente.

—¿De qué?

—No estoy segura, cariño, solo sé que parece ser serio.

Entonces, aparecen por la puerta principal del salón, Jean muy serio, el teniente Warren con una sonrisa de esas tan extrañas que le provocaban a Iris querer salir corriendo. Se aproximan hasta donde están ellas, los demás invitados charlan y comen a su alrededor. Todos ajenos a lo que pasa porque ninguno les conoce.

—Hija, preciosa —Jean se refiere a su esposa—acompáñennos al despacho del señor Warren, por favor.

Iris lo mira a los ojos preguntando en silencio qué es todo esto, pero no le dice nada y extiende la mano para ayudarla a levantarse del sofá.

—¿De qué va todo esto, padre? —expresa la pregunta en voz alta esta vez.

—Lo hablaremos en el despacho.

Mira a mi mamá y ella también se encoje de hombros, tan intrigada como su hija. Caminan hasta la oficina del teniente Warren, su despacho es tan pulcro como el resto de su casa. Un enorme escritorio de caoba, enormes libreros detrás de él repleto de libros, dos butacas oscuras y un sofá es toda la indumentaria. Impaciente como de costumbre, Iris se lanza a preguntar de qué va todo esto, pero su padre se adelanta.

—Hija, el teniente Warren me ha pedido tu mano para casarse contigo.

Lo mira con los ojos como platos, primero a él, luego a su madre y por último a su anfitrión. Esto debe de ser una broma. Un chiste de mal gusto, porque no lo termina de creer.

—Jean… —su madre tercia, antes de que pueda decir cualquier cosa, pero él la silencia con un gesto de su mano.

—Le he dicho que sí. Nos ha hecho una muy buena oferta a la que no podemos negarnos, así que estás avisada: vas a casarte con él y no hay pero que valga.

También te puede gustar

Portada de la novela Abandonado a la Muerte, Encontrado por el Amor
9.8
Tras tres años junto al CEO Mateo Garza, mi existencia se volvió una pesadilla con el regreso de Sofía, su antigua pareja. Mateo me sometió a la humillación pública del Reto de las 100 Citas y me encarceló ignorando mis fobias. Al descubrir que solo me usaba por estatus mientras mantenía a Sofía, ella provocó un incendio del que él me culpó, abandonándome a la muerte. No obstante, el misterioso César Montes me salvó, afirmando ser mi auténtico esposo.
Portada de la novela Amor bajo los Secretos Tristes
8.5
Isabella recupera su libertad tras cinco años de cárcel injusta, pero la tragedia la persigue: le queda un mes de vida por una enfermedad terminal. Su anhelo es morir en el Cabo de la Vela junto a Mateo, quien ahora la odia y la culpa de matar a su padre. Obligada a servirle mientras él planea su boda con Sofía, Isabella soporta humillaciones constantes. En sus últimos días, ella calla una verdad devastadora para proteger al hombre que aún ama.
Portada de la novela Danza con el Diablo
8.7
Alina Montenegro halla en el ballet su único refugio frente a una realidad de abusos y miseria. Al ingresar en la Academia Imperial, la precariedad económica la empuja a trabajar en un local nocturno, donde cruza caminos con Viktor Koval. Tras su fachada elegante, él oculta a un letal asesino en serie que se obsesiona con ella. Viktor le propone seguridad a cambio de obediencia, pero el rechazo de Alina desata una sádica persecución de sangre y deseo.
Portada de la novela Demasiado tarde para arrepentirse
9.5
Lynda logra casarse con Charles Watson tras ocho años de espera y un embarazo sorpresa. La tragedia estalla cuando Eleanor, el verdadero amor de Charles, asesina a la madre de Lynda. Para encubrir el crimen, Charles humilla y chantajea a su esposa mientras ella pierde a su padre. Él cree tener el control, pero Lynda escapa con su hija para aliarse con el mayor enemigo de su marido. Ante su arrepentimiento, ella solo busca verlo caer para siempre.
Portada de la novela El canalla entró en pánico tras mi partida
7.9
Cinco años de matrimonio no bastaron para conocer a Ayden. Todo cambia cuando un video comprometedor revela una mano idéntica a la suya junto a otra mujer en la oficina. Al confrontarlo, su frialdad es la única respuesta, pero un detalle es innegable: el hombre del clip lleva el reloj de lujo que ella le regaló por su aniversario. Lo que parecía un vínculo sólido se desmorona ante una sospecha de traición que amenaza con destruirlo todo.
Portada de la novela La venganza del fantasma por amor perdido
9.4
Tras un gran logro científico, Anabella agoniza en la soledad de su sótano. Su familia, cegada por el éxito mediático de su otra hija, confunde sus gritos de auxilio con celos y manipulación. Incluso Damián, su prometido, la desprecia cruelmente en su último aliento. Ahora, ligada a este mundo como un espectro, Anabella contempla con rencor a sus verdugos. Aguarda el instante en que hallen sus restos y el peso de la verdad destruya sus vidas para siempre.