Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela La dulce sirvienta y el millonario

La dulce sirvienta y el millonario

Loana crece en los márgenes de la riqueza, observando el lujo de la mansión donde su madre trabaja. Su vida cambia al enamorarse de Mihai, el joven heredero de la propiedad, quien lucha contra las rígidas expectativas de su familia aristocrática. En una Rumanía dividida por clases, ambos inician un romance clandestino. No obstante, las oscuras verdades del pasado y la presión social pondrán a Loana ante el dilema de seguir su corazón o cumplir con su deber.
Capítulos
Compartir

Capítulo 2

Mihai caminó por los pasillos de la mansión con paso firme, pero su mente estaba lejos de allí. El bullicio de los sirvientes moviéndose rápidamente para preparar la cena, el olor a madera pulida y los adornos dorados que brillaban bajo la luz de los candelabros, todo eso le resultaba ajeno en ese momento. Como siempre, el peso de la mansión sobre sus hombros lo aplastaba, pero no de la forma en que sus padres esperaban.

Él, el heredero de los Ionescu, tenía que estar preparado para todo lo que implicaba ser el próximo líder de la familia. Eso significaba asistir a reuniones aburridas, manejar negocios, cumplir con las expectativas de un apellido que llevaba siglos en la alta sociedad rumana, y, sobre todo, encontrar una esposa adecuada. Al menos, esa era la única verdad que le repetían una y otra vez, como si fuera una oración que debiera aprender de memoria.

La mansión, con sus enormes salones decorados con cuadros de antepasados y su colección de muebles antiguos, le parecía cada vez más una prisión dorada. Mientras cruzaba el vestíbulo, donde el eco de sus pasos resonaba, Mihai pensaba en el lugar que lo rodeaba y en la vida que se esperaba de él. La lujosa sala de estar, con sus cortinas de terciopelo y la chimenea siempre encendida, había sido su refugio durante años, pero ya no era suficiente.

El reloj de la entrada marcó las seis de la tarde, y eso significaba que era hora de enfrentarse a su padre, el Señor Ionescu, un hombre al que siempre le había costado mirar de frente sin sentir una presión insoportable sobre su pecho. Su padre no aceptaba excusas ni debilidades. Desde que Mihai había tenido la edad suficiente para entender las expectativas, su vida había sido una constante lucha por ser el hombre que su padre deseaba, aunque él, en su interior, nunca había compartido esa visión.

-Mihai -lo llamó su madre desde el salón principal, su voz suave pero firme-, tu padre quiere hablar contigo.

Al entrar, Mihai encontró a su padre sentado en su gran sillón de cuero, con las manos entrelazadas y una expresión grave. El aire en la habitación estaba cargado de una tensión palpable. La luz de la tarde se filtraba a través de los grandes ventanales, iluminando el rostro serio de su padre.

-Siéntate -dijo el Señor Ionescu, su voz profunda y autoritaria.

Mihai se sentó sin decir una palabra, su mente corriendo a mil por hora, buscando una excusa, una forma de esquivar la conversación que sabía que se avecinaba. Pero nada podía detenerlo.

-Es hora de que empieces a asumir tus responsabilidades -dijo su padre de manera directa, mirando a su hijo con una severidad que hacía que Mihai se sintiera pequeño a pesar de su altura-. Este año cumpliste los veinte, y ya no puedes seguir jugando a ser un niño. La mansión, los negocios, todo esto, lo que tenemos, es tu legado. Y es hora de que comiences a prepararte para tomar las riendas.

Mihai sintió cómo una oleada de incomodidad lo invadía. El tono de su padre era tan serio que no dejaba lugar a dudas: había llegado el momento. Pero él no estaba listo. No quería, ni podía, ver su vida reducida a una serie de reuniones y decisiones económicas. No podía imaginarse a sí mismo tomando el control de todo eso.

-Lo sé -respondió, intentando mantener la calma, pero el malestar era evidente en su voz.

Su padre no pareció notar la vacilación. En su mente, Mihai ya estaba listo para todo eso, o al menos eso pensaba.

-Además, ya tenemos a la joven Elena esperando. Su familia es perfecta para un matrimonio con los Ionescu. Es una buena elección para tu futuro, Mihai. Ella es educada, tiene una familia respetable y un apellido que complementará el tuyo.

Las palabras de su padre fueron como una puñalada en su pecho. Elena era todo lo que Mihai no quería: una joven perfecta, adecuada para el matrimonio, pero completamente ajena a sus deseos y sentimientos. De alguna manera, la idea de pasar su vida con alguien como ella lo aterraba. No quería una esposa que fuera simplemente un accesorio social.

Mihai se obligó a morderse el labio para no mostrar su frustración. ¿Cómo le explicaba a su padre que no podía vivir de acuerdo con sus planes? ¿Cómo podía decirle que sus expectativas de un matrimonio arreglado, lleno de promesas de dinero y poder, no eran lo que él deseaba para su vida?

-¿Y qué pasa con mis propios deseos? -preguntó finalmente, la voz temblorosa de ira contenida-. ¿Qué pasa con lo que yo quiero?

El Señor Ionescu lo miró como si acabara de decir una barbaridad. Su mirada era fría, pero en ella había un destello de desaprobación que quemaba.

-Lo que tú quieres no importa, Mihai. Lo que importa es lo que la familia necesita. No estás aquí para jugar con tus sentimientos. Necesitas tomar en cuenta lo que te hemos enseñado. -El rostro del padre se suavizó ligeramente, pero su tono permaneció implacable-. No tienes opción. El destino de esta familia está en tus manos.

Mihai no pudo evitar soltar un suspiro de frustración. Sabía que la lucha contra su padre era inútil. Nada de lo que dijera cambiaría el curso de los acontecimientos. Las expectativas de su familia siempre lo habrían definido, independientemente de lo que él quisiera.

Con un movimiento brusco, se levantó de la silla, sintiendo cómo su cuerpo se tensaba de rabia contenida. ¿Era esto lo que quería para su vida? ¿Un futuro sin ninguna posibilidad de escape?

Salió del salón sin decir una palabra más, y cerró la puerta con fuerza detrás de él. En ese instante, la mansión, que antes había sido su hogar, ya no le parecía acogedora. El lujo y la riqueza que siempre lo habían rodeado ahora parecían una cadena, algo que lo ataba a una vida que no deseaba.

Y así, mientras caminaba por los pasillos elegantes de la mansión, sintió el peso de todo lo que se esperaba de él. Las expectativas de su padre, de la sociedad, del apellido Ionescu, lo aplastaban con cada paso que daba. Y en ese momento, algo en su interior cambió. A partir de ese día, algo se agitó en su corazón, algo que no podía controlar. Algo que había comenzado a germinar en él el día en que conoció a Loana.

Pero eso aún estaba muy lejos de ser comprendido.

También te puede gustar

Portada de la novela Amor Inmortal
9.4
Barry se casó con Lea movido únicamente por un oscuro deseo de venganza, transformando su matrimonio en un tormento constante. Bajo su acecho, la vida de ella se desmoronó: su familia quebró, perdió a su hermano, su padre falleció y su exnovio terminó en prisión. Mientras Lea sufría el duelo por su progenitor, Barry se pavoneaba con otra mujer, dejando claro que su objetivo final era aniquilarla y saciar un odio implacable que no tiene fin.
Portada de la novela CEO vendido
9.6
mejor amiga. ¿Cómo terminé en la subasta? Sólo estoy aquí para cerrar un trato multimillonario. Hasta que subió al escenario. Me di cuenta de que no me reconoció. La hermana menor de mi mejor amiga. El amigo que ya no está vivo. Ella no sabe la verdad sobre lo que le pasó. Antes de poder detenerme, hice una oferta. Yo fui el idiota que logró llevársela en brazos. Ese maldito vestido. Dejó poco a la imaginación. Me dije a mí mismo que no la tocaría. No debería tocarla. No así, no después de comprarlo en una subasta clandestina. Pero quería asegurarme de que ella estuviera a salvo. ¿Cómo puede alguien tan bello, elegante e inteligente ser virgen? Ella dijo que no se podía comprar. Pero ella era todo lo que nunca supe que quería. Y ahora, ella era mía. Todo mio. Prólogo: Joe - Bonitas tetas, ¿verdad, Joe? -Geoff miró de reojo a las dos mujeres que desfilaban. Parecía un animal dispuesto a atacar. -Sí, son preciosas -dije sin siquiera mirarlas más de cerca. -¿Vas a pujar? Por supuesto que no iba a pujar. Había conocido a muchas mujeres que se parecían exactamente a las que estaban en el escenario. Incluso salí con ellos, pero a medida que pasaban los años me aburrí. No me interesaba lo que tenían para ofrecer ni la subasta en sí. Sólo estaba aquí para que Geoff firmara nuestro acuerdo y siguiéramos adelante. Abrí la boca para decirle esto, pero mis palabras fueron ahogadas por la repentina conmoción de la multitud. Dirigí mi atención a lo que había causado la conmoción. Tan pronto como se abrieron las cortinas, me sentí instantáneamente atraído hacia ella. Ella no era tan alta como las demás, pero su cuerpo se curvaba formando una figura de reloj de arena. Su largo cabello castaño le caía sobre los hombros y en suaves rizos alrededor de su rostro pecoso. Sus grandes ojos marrones escanearon los alrededores mientras lanzaba una mirada vacilante a la multitud interesada. Al igual que los demás, la condujeron por las escaleras y a través del pasillo. Nuestras miradas se encontraron. Me di cuenta de que no me reconoció. ¿Por qué lo reconocería? Nos conocíamos desde hacía mucho tiempo, pero la reconocí y no pude dejar de mirarla, incluso cuando ella apartó la mirada. Estaba nerviosa, se notaba por la forma en que tiraba del dobladillo de su vestido corto. Ese maldito vestido. Dejó poco a la imaginación, pero no pude evitar admirar su cuerpo a través de la fina tela. Estaba seguro de que si se inclinaba podría verle el culo y algo más. La idea fue suficiente para hacer que mi polla se contrajera de interés. Geoff se inclinó hacia delante en su asiento y me dio una sonrisa. "Mírala." -Prácticamente estaba babeando. -Nunca había visto a nadie como ella aquí antes. Estaba mirando y no tenía intención de detenerme. A mi alrededor, los hombres empezaron a pujar. Pronto la habitación se llenó de murmullos intercambiados mientras intentaban superarse unos a otros. Mientras tanto, sus ojos bailaban alrededor de la multitud, abiertos por la sorpresa por el efecto que estaba causando. Ella intentó alejarse, pero el guardia de seguridad estaba en el camino, empujándola hacia adelante. Al final, incluso las voces apagadas se fueron haciendo cada vez más escasas a medida que el precio subía más y más. De repente, una voz se alzó por encima del resto, ofreciendo un número embriagador. Rompí el contacto visual con ella para mirar al hombre que había hecho el movimiento. Benji Astuto. La idea de que ese miserable hijo de puta la tocara fue suficiente para impulsarme a la acción. Antes de poder detenerme, hice una oferta. Durante unos buenos diez segundos, nadie pudo igualarla. Así lo hizo Benji, dándome una sonrisa divertida. No le permití en absoluto que se apoderara de mí. Miré el escenario y aumenté mi oferta. Estuvimos yendo y viniendo, y los otros postores se retiraron. Todo el tiempo, Benji la miró como si fuera un trozo de carne, y no la impresionante belleza que yo sabía que era. Decidí que moriría antes de permitirle estar solo en la misma habitación que ella. Grité la cantidad de dólares más obscena que pudiera imaginar, mientras observaba con enfermizo placer cómo el color desaparecía de su rostro. Sus ojos se abrieron en estado de shock. Benji no pudo igualarme Y aunque lo hubiera intentado, ya sería demasiado tarde. La subasta terminó. Ella era mía. 1 - Sophia Unos días antes 'Todo va a estar bien, puedes hacerlo.' Desde muy joven aprendí a nunca dar nada por sentado y a luchar. El mundo era un lugar oscuro e indiferente, y sólo podías confiar en ti mismo para sobrevivir. Al menos eso es lo que me han dicho toda mi vida. Para mi gusto esta perspectiva era demasiado agotadora. Sí, las cosas tienden a ser malas la mayor parte del tiempo. Pero eso no significaba que tuviera que convertirme en una vieja gruñona a los 25 años. Entendí mejor que nadie que la vida te puede dar limones, pero prefiero hacer limonada que quejarme. Si no fuera limonada, sería un cóctel a base de limón realmente sorprendente, adornado con una rodaj
Portada de la novela Diamante disfrazado: Ahora mírame brillar
9.5
Tras ser víctima de una cruel trampa, Elena pasó de heredera privilegiada a paria social, rechazada por sus padres y humillada por su novio. Sin embargo, su caída solo fue el inicio de una transformación asombrosa. Ahora, convertida en una poderosa magnate de talentos ocultos, enfrenta a sus antiguos tutores y desprecia las súplicas de su ex. En medio de su ascenso, un misterioso multimillonario le propone matrimonio. El mundo verá su brillo final.
Portada de la novela La Restauradora Regresa
8.3
Sofía, una talentosa restauradora, ha sacrificado su bienestar por Ricardo, solo para descubrir una verdad devastadora: su esposo es un millonario que lleva una vida de lujos con su exnovia y el propio hijo de Sofía. Al comprender que su relación fue una apuesta humillante y que es el hazmerreír de su círculo, el dolor de Sofía se vuelve acero. Decidida a no ser una víctima más, enfrentará la traición con frialdad y exigirá el divorcio para recobrar su honor.
Portada de la novela LA TRAICIÓN, EL AMOR Y EL ODIO
8.3
Después de su despedida de soltera, Hanna halla a su prometido siéndole infiel con su cuñada. En medio de su angustia aparece Noah, un enigmático amigo de su padre, quien le ofrece un trato radical: contraer matrimonio con él para avergonzar a los traidores durante la ceremonia. Pese al caos familiar, ella accede a esta unión impulsiva. Sin saber quién es realmente su esposo, Hanna inicia un viaje marcado por el rencor y un romance imprevisto.
Portada de la novela Las Advertencias de Mi Abuela Muerta
9.7
Tras un accidente, despierto en el hospital frente a Iván Lawrence, quien simula haber perdido la memoria mientras su madre oculta la verdad. Sin embargo, el fantasma de mi bisabuela surge con una advertencia letal: Iván me arruinó en el pasado y me traiciona con Sasha. Obligada por mi abuelo a casarme para proteger el linaje Salazar, decido desafiar mi destino. Siguiendo el consejo espectral, elijo a Máximo Castillo, heredero de mis enemigos, para salvarme.