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Portada de la novela La doble vida de un mentiroso

La doble vida de un mentiroso

Alberto Prondell proyecta la imagen de un empresario triunfador con una familia ejemplar. No obstante, sus viajes de negocios esconden una realidad distinta que sale a la luz lejos de casa. Su estabilidad se tambalea al enamorarse de una joven bondadosa, lo que lo sitúa en una encrucijada: su pasión por ella frente a un matrimonio blindado por intereses financieros. Para no perder nada, Alberto teje una peligrosa red de mentiras que sostiene su doble identidad.
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Capítulo 2

Por Alice

Lo había visto tomando algo en la barra de la discoteca donde solíamos ir.

En general son chicos de nuestra edad los que van.

A lo sumo de 24 o 25 años.

Él se veía como de 27 años o tal vez más.

Sobresalía del montón, era alto, atractivo, muy atractivo, cabello negro, o castaño oscuro, y desde donde yo estaba no se veía el color de sus ojos.

Tenía un cuerpo musculoso, muy fibroso, perfecto.

Se notaba distinto, como si este no fuera su ambiente

Yo pensé que como había gente de seguridad en la discoteca, tal vez sea seguridad privada de alguien importante, pero no, estaba tomando alcohol y eso no lo haría el personal de seguridad si estaba protegiendo a alguien.

¿Quién será?

Me pregunté.

No era asiduo, porque nosotras íbamos todos los sábados y jamás lo había visto.

-Dejá de mirarlo, igual no se va a dar cuenta de qué existís.

Dijo Lili, la muy mala onda de mi amiga.

-Yo no miré a nadie.

A ella no le importaba, si total, no era su novio.

-Te está mirando a vos.

Dijo en mi oído, Any

-No lo creo, eso lo pensás para llevarle la contra a Lily.

Respondí también en su oído.

Ambas reímos.

-No es así, ella es envidiosa y vos una ingenua, ¡Por favor!  Prestá atención, no es la gran amiga que crees.

Cuando giré para contestarle, alguien me agarró la mano e invitándome a bailar, y me llevó a la pista.

Era él, el hombre que estaba mirando.

¿Habrá pensado que lo estaba invitando a bailar, porque lo miraba?

La música era lenta, se bailaba juntos, me atrajo hacía él sin dejar que pase ni una hoja entre ambos, parecía un abrazo más que un baile, cuando le iba a decir que se separe un poco, levanté la vista y me encontré con su mirada fija en mi boca y un segundo después, me la devoró, porque no se podía decir de otra manera. no era un beso cualquiera.

Nunca, jamás, me habían besado así, parecía hambriento, con una pasión que me hizo temblar hasta el alma.

Me invadió un cosquilleo interno que jamás había sentido, que no sabía que se podía sentir.

Sí, me habían besado antes, 4 o 5 chicos, algún compañero de clases, algunos novios que tuve.

Pero nada, absolutamente nada, se comparaba con ese beso.

De pronto dejó de besarme y me soltó, como si quisiera tranquilizarse.

Me miraba muy serio.

Su mirada iba de mis ojos hacia mi boca... me estaba poniendo muy nerviosa.

- ¿Cómo te llamas?

Me preguntó mientras seguíamos bailando.

Comenzamos a hablar, no mucho.

Miré a nuestro alrededor, estábamos en el medio de la pista.

Yo esperaba que mis amigas no hubiesen visto que me besó.

No era correcto besarse con un desconocido y más de esa forma.

Me volvió a atraer hacía él, me acariciaba la espalda, sentí su mano en mi cadera, bueno, en mi cola.

¿Cómo se atrevía? Lo miré para quejarme cuando me volvió a besar de esa manera única.

Sentí otra vez su lengua dentro de mi boca.

En lugar de separarme y volver con mis amigas... me encontré devolviéndole el beso, y con mis manos, acariciándole la nuca y fue cuando sentí algo calentito en mi estómago, era su erección.

Vibré por dentro, algo quemaba mi entrepierna y se endurecieron mis pezones.

No puedo sentir esto con un desconocido.

Jamás me había pasado, hasta estaba agitada.

Hubo chicos que buscaban un acercamiento indebido, pero siempre me alejé y nunca, con un beso, sentí ese calor abrasador...

Charlamos un poco, quería tranquilizarme antes de volver con las chicas.

Hasta su mirada me quemaba.

Quedamos en vernos al día siguiente que era domingo.

Mis padres confiaban en mí, por lo cual les tenía que decir que tenía que ver a un chico.

Soy adulta, estudio y trabajo, estoy cursando 2° año del profesorado de historia.

Me hubiera gustado seguir filosofía y letras, pero por obra del destino y la economía de mi familia, preferí seguir una carrera que me permitiría trabajar como docente.

Tenía muy buena memoria y se me daba perfecto enseñar, siempre practicaba con mi hermanita Elisa.

Le enseñaba cosas, ella volcaba todas sus dudas en mí, su hermana mayor, claro, le llevaba 10 años, sentía que yo era una de sus heroínas, la otra era la mujer maravilla.

Elisa siempre me decía que la mujer maravilla y yo, nos parecíamos, que yo era la doble de Linda Carter.

Volví con mis amigas, porque ya era la hora en que el padre de Any nos iba a buscar.

Era el único de los tres papás que tenía auto y era un santo, la verdad hay que decirla. 

Podía parecer rígido y serio, pero nunca se quejaba.

En el auto, Lily abrió su boca y me acordé de las palabras de Any

- ¡Cómo te besaste con ese chico!

Lo dijo bien alto, para que Don José escuchase, inmediatamente sentí la mirada de Don José a través del espejo retrovisor.

-Mentira, apenas fue un beso en la mejilla.

Le dije desmintiendo sus palabras.

-Es verdad, yo los vi, no inventes.

Me encubrió Any.

-Bueno, chico, muy chico no era.

Siguió con su monólogo, porque nadie le preguntó nada.

Ponzoñosa, pensé y otra vez sentí la mirada de Don José.

-Tiene 25 años -mentí - y sólo bailamos.

- ¡Y cómo bailaron! No se despegaban.

A ésta la mato.

La miré enojada y luego miré a Any, y ella me hizo una seña como diciendo ¨te lo dije¨

-Fue una sola canción la que bailé con él, ¿Qué pasa, estás enojada porque me sacó a bailar a mí en lugar de a vos?

Le pregunté fastidiosa.

-Niñas, no peleen.

Se oyó la voz de Don José. queriendo mediar, antes que la cosa se pusiera peor.

-No te preocupes, todo está bien, papucho de mi vida.

Dijo Any, muy zalamera.

El resto del viaje fue en silencio.

Ya no le pude decir a Any que lo iba a ver en unas horas.

Porque no quería que Lily se entere.

Me acosté mirando el techo, tenía mil sensaciones en mí.

Esas mariposas aparecieron en mi estómago, esas que sentís cuando te enamorás.

¿Fue amor a primera vista?

¿Me habré enamorado?

¿Le habrá sucedido lo mismo a él?

Y su erección... ¿Fue porque se enamoró?

Idiota, me dije, los hombres sienten eso por todas y por cada una de las chicas a las que besan.

¡Y cómo sabe besar! Se ve que tenía mucha experiencia.

Sería una sensación que él estaba acostumbrado a sentir.

Por su edad, no creía que las cosas terminaran siempre con un beso, seguramente tendría relaciones sexuales con un montón de mujeres.

Con esa estampa, esa seguridad y ese poder sexual que emanaba de él...

Ese pensamiento me trajo una tristeza que no tenía por qué sentir, ya que lo acababa de conocer.

¿Y si se quedó excitado y terminó en la cama con otra?

Mi angustia creció.

Calmate Alice, me dije, no podés sentirte así.

Acabo de recibir los mejores besos de mi vida y quiero seguir teniéndolos.

Quiero saborear su boca, quiero tenerlo cerca, sentir su erección, provocada por mis besos y sus caricias en mi trasero, quiero más, quiero sentir más.

¡Dios! ¿Qué estoy pensando? No es correcto, soy virgen, no es que piense llegar virgen al matrimonio, sólo quiero entregarle mi virginidad al hombre correcto, lo quiero hacer por amor, por amor verdadero y creo que acabo de conocerlo.

Me senté en la cama, pegando un grito, despertando a mi hermanita.

Compartimos la habitación.

Nuestra casa no es ni grande ni pequeña.

Sin embargo, compartimos la habitación y el cuarto que está pegado al nuestro, lo hicimos escritorio, es nuestro bunker.

Me encanta compartir con mi hermanita, aunque le llevo 10 años, la pasamos genial, ella es muy despierta, precoz, diría yo.

-Dormite Elisa

-Es que me despertaste con un grito, me asusté.

-Ni siquiera fue un grito, es que... conocí al chico más lindo que existe, me enamoré.

-Contame.

Ya estaba sentada en la cama.

Le conté la parte contable para una nena de 10 años.

Se durmió con una sonrisa, para ella era un cuento de amor... y para mí, también.

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