Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela La doble prometida

La doble prometida

Mía es una actriz en la miseria que, presionada por la enfermedad de su hermano, accede a suplantar a la heredera Lara tras su huida. Lo que inició como un reemplazo nupcial rápido se transforma en una farsa prolongada frente a Héctor, su implacable marido. Entre chantajes y una vigilancia asfixiante, nace un deseo peligroso que amenaza su plan. Ahora, ella debe decidir si huir de la mentira o encarar una realidad que podría acabar con todo.
Capítulos
Compartir

Capítulo 2

Los aplausos aún retumbaban en sus oídos cuando Mía sintió cómo el peso del vestido la encadenaba a esa mentira brillante. Era tan hermoso como una trampa: cada capa de encaje, cada perla cosida a mano, cada puntada estaba hecha para sostener una ilusión. Y ella era la pieza más frágil de todas.

Las luces del salón la cegaban por momentos. La enorme lámpara de araña derramaba destellos dorados sobre las mesas, las copas tintineaban, los invitados se apiñaban para admirar a la pareja perfecta. Todos reían, cuchicheaban, lanzaban miradas envidiosas. Nadie veía el leve temblor en los dedos de Mía, ni la gota de sudor que amenazaba con despegar la diminuta prótesis de silicona que llevaba pegada a la línea de la mandíbula. Una pieza tan pequeña, apenas un molde que afinaba el contorno de su mentón, que le estrechaba el rostro para convertirla en Lara Salazar.

Era su escudo y su condena: si la tocaban demasiado, si la besaban donde no debían, si sudaba demasiado... todo se vendría abajo.

-¿Lista? -la voz de Héctor llegó a su oído como un golpe seco.

Él estaba a su lado, imponente, con ese traje negro perfectamente entallado. Tenía la postura de alguien que controla una habitación entera con solo mover un dedo. Extendió su mano hacia ella, esperando que cumpliera su papel. Mía respiró hondo, ajustó el velo para cubrir la raíz de la peluca y colocó su mano sobre la de él.

La orquesta comenzó a tocar un vals solemne. Los acordes se elevaron hasta el techo abovedado, rebotaron en los muros de mármol y volvieron cargados de expectación. Era el momento que todos esperaban: la novia radiante, el esposo impecable, el primer baile que sellaba una unión bendecida por el dinero y las apariencias.

-No tiembles -murmuró Héctor mientras posaba su otra mano firme en la curva de su cintura. El calor de su palma atravesó capas de satén y encaje. -Pareces... nerviosa.

-Es la emoción -mintió ella, en un susurro que esperaba sonara convincente.

Héctor arqueó apenas una ceja. La giró con un movimiento preciso y elegante. Mía sintió cómo los focos seguían cada paso, cada pestañeo, cada grieta diminuta en su actuación. Por dentro, rogaba que la prótesis siguiera en su sitio. Que la línea que la convertía en Lara no se derritiera con el calor de los reflectores.

-Te ves... distinta -soltó él de pronto, tan bajo que la música casi devoró sus palabras.

Un frío le recorrió la espalda.

-¿Distinta? -repitió Mía, obligándose a sostener la sonrisa. El barniz de la máscara no debía cuartearse. -Debes estar cansado.

Héctor no respondió de inmediato. La música parecía ralentizarse mientras la giraba, la atraía de nuevo hacia su pecho. Su perfume -una mezcla de cedro, menta y algo oscuro- le mareaba la cabeza.

-Estás... más suave -murmuró, rozando su oído con los labios. -Lara nunca deja de morder.

Mía reprimió un escalofrío. No muerdas, no contestes, no te traiciones.

-Hoy es un día especial -improvisó, dibujando una sonrisa ensayada frente a los flashes que chisporroteaban a su alrededor-. Hoy soy toda dulzura.

Él soltó una risa breve, seca, que murió antes de llegarle a los ojos. Sus dedos se clavaron un poco más en su cintura, como recordándole quién tenía el control.

La orquesta subió el tono, obligándolos a girar una vez más. Cada paso era una trampa: si tropezaba, si el velo se desplazaba, si alguien la rozaba demasiado ... adiós a todo. Pensó en su hermana esperándola lejos, en el dinero prometido, en la promesa de volver a ser nadie. Solo dos días. Dos días más.

Cuando la música murió, los aplausos la sacudieron como una ola. Héctor la soltó despacio, sin dejar de mirarla. Ella intentó no parpadear demasiado rápido, no bajar la mirada. Lara no se doblega.

Los invitados se arremolinaron a su alrededor como abejas. Tías perfumadas de flores marchitas, primos ansiosos de fotos, políticos con sonrisas de mármol. Todos querían un fragmento de la novia perfecta. Mía cedía una mejilla, una sonrisa, un "gracias" calculado. Mientras, sentía la peluca tirar de su cuero cabelludo y el borde de la prótesis rozar la piel ya irritada.

En medio de ese torbellino, Héctor se perdió entre un par de socios, pero sus ojos la encontraron desde lejos. La observaba. Nunca dejaba de observarla. Como si oliera algo podrido tras el velo blanco.

Entonces, una copa de champán apareció entre sus manos. La burbuja perfecta. El mozo se inclinó, deseándole felicidad. Mía la sostuvo, insegura. El frío del cristal se clavó en su palma húmeda.

Héctor regresó. A un paso de distancia, levantó su propia copa y la chocó con la de ella. El sonido fue limpio, casi frágil.

-No bebas demasiado esta noche -dijo él, sin apartar la mirada.

Mía forzó una carcajada leve. El borde de la copa rozó sus labios, pero no bebió.

-No bebo -respondió, automática, sin pensar.

Un silencio seco, tan fino que casi dolía, se extendió entre ellos.

Héctor ladeó la cabeza. Sus ojos, tan oscuros como un pozo sin fondo, la taladraron.

-¿No bebes? -repitió, como quien confirma un rumor ridículo.

Fue entonces cuando Mía sintió que el suelo se abría bajo sus pies. En su mente, imágenes: Lara brindando en fiestas, sosteniendo copas de vino tinto, riendo con la copa a medio vaciar. Un fallo estúpido, uno que ninguna capa de silicona podía cubrir.

-No... mucho -corrigió ella, tragando saliva-. Hoy solo quiero recordarlo todo.

Héctor no respondió. Solo rozó el borde de su copa con la yema del dedo, como acariciando la idea de descubrir qué había detrás de su nueva esposa.

El brindis terminó sin que ella probara una gota. Cuando Héctor se alejó para saludar a un grupo de inversores, Mía sintió cómo la copa temblaba entre sus manos. Se giró, buscando un rincón donde respirar.

Se apoyó contra una columna, escondida del bullicio. Sentía la piel arder bajo la prótesis, la raíz de la peluca picarle detrás de la oreja. No podía rascarse. No podía beber. No podía tropezar.

Dos días. Solo dos.

Pero cuando levantó la vista, allí estaba él de nuevo. De pie, medio oculto tras la penumbra, observándola como un halcón paciente. La copa aún en la mano, los labios tensos en una sonrisa que no era una sonrisa.

Era la promesa de que, tarde o temprano, alguien pagaría por cada mentira.

También te puede gustar

Portada de la novela Amor Anulado, La Caída de la Mafia: Ella lo Arrasó Todo
8.5
Después de tres años de matrimonio con Leandro Garza, el poderoso jefe de la mafia de Monterrey, Maya enfrenta una amarga traición. Su esposo mantiene un romance público con Valeria, ignorando el embarazo de su mujer. Ante tal humillación, el afecto de Maya se torna en venganza. Ejecutando sus derechos legales, vacía las cuentas, exige el divorcio y se esfuma con una identidad secreta, hundiendo al hombre que amaba en una absoluta ruina emocional.
Portada de la novela Anal serio en la sauna
9.0
Kristina busca trabajo y termina rendida ante el carisma de Aslan, su nuevo jefe. Lo que inicia como atracción se transforma en una pesadilla de manipulación donde él la somete a humillantes encuentros grupales con sus socios. Tras lograr escapar de ese entorno tóxico, ella intenta olvidar su dolor entre excesos y saunas. Sin embargo, su pasado regresa cuando Aslan reaparece con una propuesta imprevista. ¿Podrá ella evitar caer de nuevo en sus redes?
Portada de la novela Arrebaté la fortuna de la verdadera heredera
9.0
Michelle ha vivido dos décadas como una Walsh, pero la aparición de la heredera legítima lo cambia todo. Durante una gala, su esposo Javier Andrews y sus padres adoptivos la presionan para que entregue sus acciones en nombre de la justicia. Sin embargo, Michelle se niega a ser la víctima sumisa que todos esperan. En un acto de rebeldía que escandaliza a los presentes, humilla a su rival con una copa de vino, desafiando a Kaiden Walsh para forjar su propio camino.
Portada de la novela El CEO  un amor destinado.
7.9
Dos mujeres que huyen de su pasado coinciden en un pueblo lejano para criar juntas a sus hijos, forjando un vínculo inquebrantable. Con el tiempo, el amor florece entre los jóvenes, pero el destino los golpea cuando el padre de Enrre le exige volver a la ciudad. Aunque él jura regresar por Crysthel, cuando logra liberarse cuatro años más tarde para buscarla, se encuentra con la amarga sorpresa de que ella se ha marchado sin dejar ninguna pista.
Portada de la novela Enamorarse lleva tiempo
9.4
Después de soportar dos años de desprecios y burlas constantes, Rosalynn pone fin a su matrimonio con Brian, un millonario que jamás valoró su presencia. Tras el divorcio, ella asume una identidad anónima como estilista en la propia compañía de su exesposo. Sin saber quién es realmente, Brian cae rendido ante el encanto y la destreza de esta mujer. Al desvelarse el secreto, el magnate deberá lidiar con la culpa y las consecuencias de su pasado.
Portada de la novela La Heredera Es Liona
9.3
Sofía Ramos, dueña de un emporio de moda, es abandonada por sus cuatro prometidos durante un trágico accidente para rescatar a Laura, su asistente. Al despertar de un coma, Sofía descubre que Alejandro y Laura conspiran para robarle su legado. Impulsada por la traición, decide contraatacar y exige nupcias con el imponente General Ricardo Sánchez. Decidida a reclamar su poder, la heredera enfrentará a sus enemigos para demostrar que nadie podrá usurpar su trono.