Portada de la novela La doble prometida

La doble prometida

9.5 / 10.0
En La doble prometida, Mía suplanta a una heredera para salvar a su hermano en este romance de misterio. Casada con el severo Héctor, enfrenta traiciones y una atracción prohibida. Descubre esta novela romántica y lee libros gratis online sobre secretos y ambición en un mundo de millonarios.
Resumen de La doble prometida
Mía es una actriz en la miseria que, presionada por la enfermedad de su hermano, accede a suplantar a la heredera Lara tras su huida. Lo que inició como un reemplazo nupcial rápido se transforma en una farsa prolongada frente a Héctor, su implacable marido. Entre chantajes y una vigilancia asfixiante, nace un deseo peligroso que amenaza su plan. Ahora, ella debe decidir si huir de la mentira o encarar una realidad que podría acabar con todo.
Leer más

La doble prometida Capítulo 1

El velo le rozaba las pestañas como una telaraña, suave y pegajosa, recordándole a Mía Castellanos que cada paso hacia el altar era un paso más lejos de su propia vida. Sintió un cosquilleo en la nuca, justo donde la pequeña prótesis de silicona moldeaba la línea de su mandíbula para hacerla idéntica a Lara Salazar.

Era una pieza diminuta -apenas unos milímetros de gel translúcido, pegado con un adhesivo que ardía en la piel- pero suficiente para estrecharle el rostro, alargarle la barbilla y dibujar la sombra exacta bajo los pómulos, igual que Lara. Con cada respiración, sentía el borde áspero rozar su piel real, recordándole que no era más que una máscara bien colocada.

Si sudaba demasiado, si se movía en falso, si él la besaba demasiado cerca... la mentira se desprendería.

Respiró hondo. El aroma de las orquídeas blancas que decoraban la antesala era tan fuerte que le dio náuseas. Tragó saliva. Miró su reflejo en el espejo de cuerpo entero: una diosa de marfil y encaje, con la sonrisa congelada de quien ya no puede retroceder.

-Tienes que mirarlo como lo haría Lara -susurró Beatriz, la asistente de Lara, inclinándose sobre su hombro-. Altiva. ¡Como si todos aquí te debieran algo! Especialmente él.

Beatriz ajustó una perla en la diadema. Su aliento sabía a café amargo y a prisas mal disimuladas. Detrás de ellas, dos maquillistas revisaban cada línea de sombra, cada pestaña postiza. Una mancha, una gota de sudor, y el teatro se vendría abajo.

-Recuerda -insistió Beatriz, sujetándola por los hombros para que no temblara-: eres Lara. Fuiste a la escuela de ballet en París. Te rompiste el tobillo a los diecisiete. Odias las gardenias. No soportas el chocolate con leche. ¿Qué más?

Mía parpadeó. La cabeza le daba vueltas, no solo por el peso de la peluca rubia, sino por el miedo.

-Me dan náuseas los perfumes muy dulces -recitó, con la voz apenas audible.

Beatriz sonrió, satisfecha.

-Perfecto. Dos días. Solo tienes que engañar a todos durante dos días. Luego te vas. La transferencia se hará de inmediato.

El cheque, pensó Mía. El cheque que saldará las deudas médicas de su hermano. El cheque que compraría un mes más de vida. El precio de su conciencia.

Las puertas dobles del salón se abrieron con un crujido solemne.

La música de violines brotó como un río de cristal. Al fondo, una alfombra blanca -no roja, blanca como una lápida recién pulida- la condujo directamente al hombre que la esperaba: Héctor Rivera.

Era más alto de lo que imaginaba. El traje negro, perfectamente entallado, resaltaba la tensión contenida en sus hombros anchos. Sus ojos oscuros -más oscuros que en las fotos de revista- la recorrieron de pies a cabeza, fijos, sin pestañear, como si desnudara la mentira capa por capa.

Mía sintió el pulso en la garganta. Quiso bajar la mirada, pero Lara no lo haría. Alzó el mentón un par de milímetros. Forzó una sonrisa pequeña, casi burlona, que practicó frente al espejo durante horas.

Un paso. Otro. Cada tacón golpeó la alfombra como un disparo. A cada lado, una multitud de rostros: familiares, políticos, empresarios. Caras sonrientes, bocas murmurando felicitaciones, ojos brillantes de curiosidad y envidia. Nadie sospechaba que bajo esa piel de porcelana se escondía una actriz de tercera, entrenada para no tartamudear ni llorar.

Beatriz, oculta entre los invitados, hizo un leve gesto con la mano: Lenta. Erguida.

Mía respiró hondo. La seda del vestido le rozó los tobillos. Sintió el roce húmedo de una gota de sudor bajándole por la espalda, mezclándose con la cinta adhesiva de la prótesis.

Héctor no sonrió. Ni se movió. Esperó a que ella llegara hasta el arco de flores, apenas inclinó la cabeza y extendió la mano. Mía colocó la suya sobre la de él: firme, fría, como el mármol. Por un segundo, su pulgar rozó la piel bajo el puño de la camisa; un detalle minúsculo, pero suficiente para sentir la corriente eléctrica que vibraba entre ellos.

-Lara. -Su voz era grave, metálica. Casi áspera-. Llegaste tarde.

Mía reprimió un escalofrío. No era una pregunta, ni un reproche. Era un reto. Una grieta.

Ella parpadeó despacio, como Lara. -Tuve... un contratiempo -respondió, modulando la voz con precisión quirúrgica. Ni demasiado dulce ni demasiado insegura.

Los labios de Héctor se crisparon apenas. En su mirada, algo se endureció. Sabe que algo no encaja, pensó Mía. No aún, pero pronto...

El sacerdote carraspeó. La música se apagó. Un murmullo expectante llenó el salón como una marea.

Los flashes de las cámaras estallaron. Mía sintió cada destello como un pinchazo en la sien.

Yo, Lara Salazar, te acepto...

Las palabras le sabían a sangre y a mentiras. Cada frase memorizada se mezclaba con la imagen de su hermano en la camilla del hospital. Resiste, se ordenó. Dos días. Dos días. Después, desaparecerás.

Cuando Héctor le colocó el anillo, sus dedos rozaron la piel interior de su muñeca. Un toque fugaz, casi accidental, pero Mía sintió la presión de su mirada, clavada en ella como un bisturí. Había calor allí, pero también peligro.

Aplausos. Brindis. Sonrisas. La música resurgió como un vendaval. Mía apenas escuchó a la multitud felicitarla. Cada beso en la mejilla era un alfiler que la mantenía despierta. Cada copa alzada era un recordatorio de que estaba sola. Rodeada de gente, pero más sola que nunca.

Cuando Héctor se inclinó para besarla frente a todos, sus labios rozaron los suyos apenas. Fríos. Su aliento sabía a menta, pero el beso fue una amenaza disfrazada de promesa.

-Bienvenida a la familia, Lara -susurró contra su oído. La forma en que pronunció su nombre hizo que la espalda se le helara bajo la seda.

Mía sonrió. Mantuvo la pose. Fingió felicidad.

Y en algún lugar, bajo el velo, una lágrima tibia se abrió paso hasta perderse entre el maquillaje. Nadie la vio. Ni siquiera Héctor.

Pero tarde o temprano, lo vería todo.

Continuar leyendo

Tabla de contenidos de La doble prometida

Ch. 1 Ch. 2 Ch. 3
Ch. 4
Ch. 5
Ch. 6
Ch. 7
Ch. 8
Ch. 9
Ch. 10
Ch. 11
all

También te puede gustar

Novelas de Nuevo Lanzamiento

Portada de la novela Amores En Torneios
9.3
Lo que comenzó siendo un simple trabajo de niñera dio un vuelco drástico al estallar la pandemia. Quedé confinada en una casa del lago junto a tres hombres magnéticos. Bryce, el artista millonario, busca en mí su musa perdida; Liam, un seductor británico, me desafía constantemente, y Pax, el ingenioso contador, me conquista con su humor. Entre el cuidado del bebé y noches de pasión, formamos un refugio pasional mientras el mundo exterior colapsa.
Portada de la novela Me clasifiqué entre los tres primeros en la lista de ricos del país
9.4
Tras recibir un diagnóstico de tumor cerebral, la protagonista descubre que su esposo, Ethan Wood, le es infiel con su propia agente. Ante la traición, decide divorciarse y reinventarse en los sectores de la inversión y el arte. Su éxito financiero es tan arrollador que alcanza el podio de la riqueza en Preayork. Mientras sus rivales celebran su supuesta agonía, un giro médico inesperado revela que su enfermedad terminal fue un error de diagnóstico.
Portada de la novela La Leona Renacida
9.3
Tras la traición de Sofía, Isabela Montoya renace con el deseo de cambiar su trágico final. Al volver a su fiesta de presentación, encara a Ricardo, Mateo y Alejandro, quienes intentan doblegarla. Sometida a una tortura atroz y acusada de haber perdido la razón, Isabela está a punto de ser desfigurada para siempre. Justo cuando el peligro es inminente, su madre despierta milagrosamente del coma para rescatarla y vengar la deslealtad de su propia familia.
Portada de la novela Mi lugar seguro
8.2
Después de romper una relación de larga duración, Sasha opta por un cambio radical al aceptar un empleo en Corea. Su intención es distanciarse por completo de su pasado para sanar sus heridas en un país lejano. No obstante, su plan da un giro cuando se cruza con un hombre misterioso que carga con sus propios demonios. Pese a lo complicado que resulta este desconocido, él se volverá, inesperadamente, en el refugio seguro que ella buscaba desesperadamente.
Portada de la novela No es un BETA ❝Yoonmin❞
8.9
Namjoon encarga la protección de su hermano Jimin a su amigo Min Yoongi, un alfa solitario y escritor apasionado al café. Al haber pasado la edad de presentación sin cambios, todos asumen que el joven es un beta. Bajo esta premisa de seguridad, ambos conviven en aislamiento sin sospechar que la biología del chico podría transformarse. El destino se complica cuando surge la duda: ¿qué pasará con el huraño alfa si Jimin resulta ser un omega?
Portada de la novela No Ganará Amor desde Un Egoísta
8.8
Mientras Sofía cuida de su madre, Mateo le lanza una exigencia cruel: quiere que su suegra done un riñón para salvar a la suya. Tras destapar la infidelidad de su marido y perder su hogar por sus engaños legales, Sofía entiende que su boda fue solo una trampa de control. Decidida a no sacrificarse más por un egoísta, solicita el divorcio y prepara su traslado a Madrid. Allí planea recuperar su carrera y libertad, dejando atrás un pasado de mentiras.
Capítulos
Leer ahora
Compartir