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Portada de la novela La constante

La constante

Después de dos años en una empresa, Mónica logra ser aspirante a una vacante de rango superior pero al no tener el certificado técnico en contabilidad su jefe la obliga a regresar a la escuela; a regañadientes ingresa a una preparatoria donde destaca por su rápido aprendizaje y su mal comportamiento, el cual es notificado a su tutor y profesor de Matemáticas, el maestro Aarón, quien es un hombre estricto, serio y malhumorado, sin embargo, al mirarla rápidamente queda enamorado de ella. Aarón intenta mantener la relación alumna-maestro con ella pero cada vez es más difícil para él pues su rebeldía, su belleza y su inteligencia lo vuelven loco hasta que un día por azares del destino se encuentran en un antro donde beben hasta quedar completamente ebrios, se besan apasionadamente y tienen sexo esa misma noche. Después de ese desliz tratan de no tomarle importancia al suceso pero poco a poco Mónica se va enamorado de Aarón apesar de estar comprometida, pues no puede evitar comparar a su novio con su profesor.
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Capítulo 2

Más tarde llamaron a Mónica para firmar el nuevo contrato, se dio cuenta que le estarían pagando un veinticinco por ciento extra de su sueldo, por lo que no lo pensó dos veces y firmó todas las hojas.

Su trabajo fue arduo pero se acopló rápidamente al modo de trabajo de sus compañeros, así como al agrio carácter del gerente, pronto hizo amistad con dos compañeras suyas: Diana y Fernanda. Diana era su jefa inmediata, y Fernanda era amiga de Diana ambas eran contadoras, solo ella era auxiliar. Todas las tardes iban juntas a comer, en la zona de alimentos de la empresa, como tenían un rango administrativo, la planta les otorgaba el comedor pues estaban más horas que un operador, excepto Mónica que tenía su horario reducido. Como ambas contadoras ya eran casadas, regularmente se sentaban a platicar sobre sus maridos, la comida, los hijos y las mascotas, pero veían a Mon como su hija pequeña, incluso siempre le hablaban con cariño.

— Entonces, me encontré a mi ex en el mercado, en ese tiempo cuando yo estaba con él pues, era guapo, se vestía bien, incluso olía bien, pero esta vez que lo vi, ya está algo envejecido, además que que ni siquiera se había bañado, entonces miré a mi esposo y dije: Bueno, no será muy guapo pero por lo menos ya está bañado y arreglado— contaba Fernanda mientras hacía ademanes exagerados, las otras dos solo reían, Diana porque le causaba gracia y Mónica porque no quería verse mal frente a ellas.

— Ay, no, eres malvada Fer— agregó Diana.

— Y tú, mi niña, ¿tienes novio?— preguntó Fernanda con indiscreción refiriéndose a Mon.

— Sí— una sonrisa sincera se dibujó en su rostro.

— Mira, se nota el amor en su mirada— dijo Diana— ¿Cómo se llama?

— Evan, tenemos la misma edad.

— Oh, los dos son tan pequeñitos. ¿Desde cuándo se conocen?— cuestionó Fernanda haciendo su voz aguda.

— Nos conocimos en la preparatoria, pero nos salimos por falta de recursos y bueno, seguimos siendo novios. Tenemos juntos más o menos tres años. Él trabaja en una fábrica donde ensamblan autos— sin querer, Mon había dado información de más pero hubo algo que les causó curiosidad a ambas mujeres.

— Mi niña, ¿entonces no terminaste la preparatoria?— preguntó Diana abriendo mucho los ojos cual búho, Fernanda también quería saber.

— No, mi mamá enfermó y luego le salió un tumor en el cerebro que no le permite hacer movimientos finos y es inoperable, entonces renunció a su trabajo y yo tuve que buscar empleo, Evan seguía estudiando pero subieron las cuotas y ya no pudo costearlo, así que nos salimos— comentó con sinceridad.

— Eso es triste, porque eres muy buena con esto de los números— afirmó Diana.

— ¿Pero eso lo sabe Federico?— preguntó Fernanda en un murmullo.

— No lo sé, pero de todas formas, solo es un trabajo temporal.

Más tarde regresaron a su área de trabajo y Federico se encontraba en su cubículo, al verlas entrar a la oficina se levantó y con voz firme llamó a Mónica.

— Mónica, ¿podés pasar a mi cubículo por favor?

— Sí, licenciado— contestó rápidamente ella, mientras que todos guardaban silencio y los veían.

— ¡Bola de chismosos, trabajen que para eso se les paga!— gritó enfurecido Federico pues odiaba que sus trabajadores hicieran chismes.

Todos bajaron la mirada y regresaron a sus labores mientras ellos dos ingresaban al cubículo, él le pidió que tomara asiento, ella se sentó y se miraron a los ojos.

— Mirá, Mónica, vos has tenido un buen desempeño aquí. Como la empresa ha crecido, se necesita personal en esta área, sin embargo, estoy pensando en vos para tener un contrato fijo.

Su carita de Mónica se iluminó al escuchar esas palabras.

— Sí, me encantaría trabajar con ustedes— respondió con una mezcla entre emoción y nervios.

— Lo sabía, solo que estuve revisando tus documentos, así como tu hoja de vida pero no tenés formación escolar en contaduría.

Su ilusión se fue apagando lentamente con cada palabra que iba escuchando del gerente pero decidió seguir prestando atención al hombre.

— Entonces, si querés estar en esta área, es necesario que vos te gradúes como auxiliar contable. Tenés mucha habilidad para esto, explota ese talento.

Ella quería decirle que no quería regresar a la escuela pero decidió no decir nada y dejar que siguiera hablando.

— Entonces, me di a la tarea de buscar esta mañana, convenios de la empresa con escuelas que ofrezcan la carretera— le entregó unos panfletos y continuó— en cualquiera de ellas podés tener una beca, en esta escuela solo pagarías el quince por ciento de la colegiatura. Así que si vos te animas a estudiar, hablaré con Rogelio para que te de otro contrato temporal en lo que dura la carrera y una vez graduada, firmaré tu alta de planta aquí, estarías ganando un poco más del doble de tu salario actual.

La idea no le agradaba por completo a Mónica pero al escuchar las ventajas prefirió hacerlo, aunque tenía una mala corazonada.

— ¡Por supuesto que sí, jefe! Le agradezco mucho su atención.

Federico sonrió y buscó un montón de papeles.

— Bueno, entonces hay que llenar estas formas y debes ir a inscribirte, tómate el día de mañana para hacerlo. La siguiente semana me das tus papeles para hablar con Rogelio.

Mónica agradeció y salió del cubículo sin más.

— ¿Qué ha sucedido, Mónica?— preguntó Fernanda.

— Nada, solo me ha dado más trabajo— contestó desganada, pues ella no quería volver a la escuela y tampoco quería comentar nada de su conversación con el jefe.

Saliendo del trabajo, Diana la llevó muy cerca de su casa, ahí encontró a Carolina, su amiga de toda la vida, se encontraba trotando pero paró su rutina para platicar un momento.

— ¿Cómo estás, Carola?— preguntó después de darle un beso en la mejilla izquierda a se amiga.

— Bien, haciendo ejercicio porque ya van a ser los exámenes para ingresar a la milicia.

Carolina era una chica de cabello oscuro, delgada pero con los músculos bien marcados, su agilidad física era envidiable, incluso su inteligencia era brillante, su sueño más grande de Carol era ser militar y estudiar en su universidad, lamentablemente no había podido lograrlo pues le habían fallado varías cosas los intentos pasados pero se había hecho el propósito de no rendirse y si era necesario, lo intentaría hasta que ya no tuviera oportunidad por la edad, este era su tercer intento.

Ambas se dirigieron al pasto para que Carol estirara y no le diera un calambre por el esfuerzo que hacía, entonces Mónica le contó lo que le habían ofrecido en la empresa.

— Amiga, eso es lo mejor, te vas a superar, ganarás más dinero, está increíble— dijo entusiasmada Carol.

— No quiero regresar a la escuela, tengo diecinueve, estaré con niños de catorce o quince años, ¿sabes la burla que me harán?— preguntaba ella con desánimo.

— Yo pienso que es una buena oportunidad. Por fin terminarás lo que no pudiste en su momento y creo que lo harás bien.

— Pues sí. ¿Puedes acompañarme a esta escuela mañana? Mi jefe me dio el día para arreglar mis papeles.

— ¿Ves? Incluso te apoyan, sería una tontería que desperdicies esta oportunidad— dijo regañándola.

— Pues por eso me iré a inscribir.

Carol sonrió y la abrazó, se sentía feliz por su amiga, quedaron de ir juntas a la escuela. Más tarde se encontró con Evan y le contó todo, este rió un momento.

— Te mandaron a regresar a la escuela— reía muy fuerte, entonces Mónica bajó la cabeza y se puso triste, él lo notó y dejó de hacerlo.

— Hey, amor, discúlpame, actué como un tonto pero hablando en serio, míralo como la oportunidad de terminar lo que iniciaste hace años— levantó su barbilla para mirarla— eres maravillosa, inteligente y muy dedicada, puedes con esto y aunque salgamos menos tiempo, será por una buena causa. Te amo, voy a estar contigo siempre— dijo con ternura y Mónica sonrió de manera forzada.

*

*

*

Al día siguiente, Mónica se encontró con Carol, tomaron un autobús y llegaron al lugar, la escuela era bonita aunque los chicos ocupaban uniforme y eso no le agradaba a Mónica, pero se alentaba a ella misma con la beca que le estaban otorgando y el dinero que iba a ganar, entonces entregó sus papeles, una amable recepcionista recibió los papeles y la colegiatura, entonces le entregó sus libros, su uniforme y su carga horaria.

— Las clases inician la siguiente semana, el turno que aplica para su empresa es el vespertino, entonces entraría a las tres de la tarde y saldría a las siete de la noche, su revalidación de materias reduce su estancia en el plantel a dos años, entonces la esperamos. No olvide portar su uniforme.

Ambas salieron del lugar y rió Carol.

— Usarás uniforme de colegiala, hasta tienes el atuendo perfecto para provocar a Evan.

— Una no se prostituye pero sí se viste como una prostituta para que la asciendan en el trabajo— dijo Mónica muy triste.

Carol la abrazó y se fueron juntas para regresar a casa, unos metros antes de la puerta entraba un hombre alto joven de cabello corto color café y barba cerrada quien puso una cara amable y sin mirarlas solo dio los buenos días, ellas respondieron, luego siguieron su camino sin darle más importancia.

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