Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela La Conexión Culinaria.

La Conexión Culinaria.

Stella Stone, una heredera cansada de su rutina, decide cambiar su destino tras conocer al brillante Thomas Maverick. Pese a no saber cocinar, se propone superar al repostero, pero el fracaso y el dolor la obligan a endurecerse. Años más tarde, Thomas se ha convertido en un poderoso magnate del sector gastronómico. Ahora, convertida en una mujer fuerte y experta, Stella regresa para enfrentarse a él y demostrar su talento en un duelo culinario final.
Capítulos
Compartir

Capítulo 3

Había servido más de veinte platos está mañana, a las personas les pareció curioso mi traje. Entonces, por consecuencia el local empezó a llenarse de gente, hombres venían con sus esposas, hijos y amigos. Algunos chicos de mi edad se me quedaban viendo y golpeaban el hombro de sus amigos, me sentía avergonzada, no quería pensar que por usar esto iban a sexualizarme.

Caminé con lentitud hasta la cocina y cerré la puerta apoyando mis brazos de ella.

—Estoy cansada

—No más que yo —sonrió Thomas poniendo su mano izquierda en la mesa.

—¿Es la primera vez que viene tanta gente?

Asintió—. Creo que los hombres piensan que tú traje es sexy.

—Los hombros son unos tontos —mascullé—. ¡Un chico ha intentado tocarme el culo!

—¿Cuál?

—Uno de cabello —me corté cuando soltó una carcajada y entendí. El se refería a que no tenía nada de trasero, mis mejillas se sonrojaron, tape mi cara y corrí para darle un pequeño empujón en el brazo—. Los jefes no deberían bromear.

—Tienes mi edad, eres divertida y Alfred piensa que eres linda. Eso hace que sea menos incómodo. Nunca quise tratar a mis empleados como si fuera superior a ellos.

—¿Por qué?

—No me hubiera gustado que a mí tratan así —acoto—. Es mejor como estamos ¿No crees? O prefieres que te grité y te eche cuando cometas tu primer error.

—Para nada —agrande los ojos—. Así estamos perfecto.

—Lo sé

Se giró para seguir atendiendo la cocina y le eché un vistazo al local. Alfred hablaba con una chica, tenía el cabello largo, pecas y cejas delgadas. Era atractiva, me preguntó si será algún familiar de él.

En mis pensamientos me parecía a la cenicienta, con todo los platos que lavar, arreglar y cuidar, no quería ni imaginar lo que María sufría conmigo cada vez que le dejaba todo el trabajo a ella. Mis padres decían que era una exagerada, nunca había hecho nada por mi vida, sin embargo, siempre sentía que era algún tipo de empleada con todo el trabajo por hacer. Me gustaría cambiar ese lado de mi, dejar de ser tan dependiente y empezar a organizar mi vida. No quería seguir viviendo de mis empleados, tampoco quería que Thomas pensara que solo era una niña mimada y por eso no podía seguirles el ritmo.

Seguía parada en medio de la cocina con la mente en otro lugar, entendía que ya no podía seguir viviendo cómoda. Esta era mi nueva vida, trabajar, salir, y encargarme de no parecer que olvidé a todos «Los trabajos me hacen creer que debí nacer en otro mundo»

—Thomas ¿Debería salir?

—Es obvio Stel, necesito que lleves estos pedidos, luego regresas lavas los trastes y le dices a Alfred que cierre el local.

—Esta hablando con una chica—anuncié

Se asomó por la puerta y negó

—Es su novia. Quizás sea importante, espera a que se alejen.

—Entendido, iré a hacer lo que me pediste.

Asintió. Sus órdenes nunca habían sido complejas. En realidad, la mayor parte del tiempo terminamos temprano, cerramos y cada quien va a su casa. Las cosas funcionaban así con Thomas. Había accedido a trabajar por lo atractivo que me pareció en primera instancia, ahora solo puedo verlo como mi jefe, un chico joven que sueña con tener éxito y convertirse en alguien importante. Al terminar todas mis tareas, decirle a Alfred que cerrará y limpiar todo. Me senté en una de las mesas, tenía varias llamadas perdidas de Walter, cuyo mensaje final fue «Vete a la mierda».

Se había hecho demasiado tarde para ir a la piscina. Todos debían estar enfadados conmigo. Tenían razón, trabajar iba a separarme de ellos. Negué con la cabeza y despejé esos pensamientos ¿Cómo podía decir eso? Parecía que dependía de ellos, el hecho de que trabajará no significaba nada, con organización podía estar en ambas partes, les mandé un mensaje de disculpa y me acerqué a Alfred con una enorme sonrisa.

—Mañana deberás atender a un chico que hará remodelaciones.

—¿A qué te refieres?

—Haremos el local más grande, ya le he enviado un mensaje y el modelo.

—Thomas no ha dicho nada—comentó dejando su delantal—No haré nada que el no me diga.

—Es una sorpresa—susurré—No se lo digas Alfred.

—Va a enfadarse.

—Quiero hacer esto por el, haremos un nuevo evento.

—No lo hagas Stella. Thomas ha trabajo duro por lo que tiene, no arruines esto. Es tu jefe, si necesitas el dinero solo cállate y presta atención.

—Genial —rodé los ojos—. Gracias por tu ayuda.

Su respuesta me dejó un mal sabor en la boca. No había dicho nada malo, quería ayudar y el solo me hacía sentir mal. Agarré uno de los vasos de vidrio y caminé hasta la cocina, una especie de roca estaba en el suelo y tropecé. El vaso salió volando, callo justo al lado de la basura y los vidrios rodaron por la estancia.

Mi torpeza no tenía límites.

—¿Estás bien?—preguntó Alfred preocupado. Me levanté sin decir nada y le pasé por un lado.

Salir del local fue la solución a mi mala actitud. ¿Estaba bien ser así de caprichosa? Lo dudaba, pero nunca cambiaría lo que soy por agradarle a alguien más. Ciertas mujeres cambian lo que son por estar con un hombre, ciertos hombres esconden lo que son por estar con alguien de alto estatus. En conclusión, ser tu mismo nunca parece una opción en la sociedad actual.

Mi fecha de cumpleaños se aproximaba, mi tía me organizaría una fiesta y se encargaría de traer al mejor diseñador de modas. Ella ha optado por Aron Blake, el millonario que le he mencionado con anterioridad. No he hablado de ello con Clara. Estoy segura que va a emocionarse, incluso yo lo estaba, conocer a alguien así, siempre era impactante. Me sentía patética por haber salido del trabajo y no avisarle a Thomas, mis mensajes no le llegaban y la culpa empezaba a recorrerme.

A las cuatro de la tarde estaba sentada en casa, con una taza de helado. Mi jefe marco a mi número y me indicó que estaba mal salir así del trabajo, que debía avisar, que todo eso había sidó una tontería y que caerse era normal. Un rubor se extendió por mis mejillas y le asegure que no sucedería de nuevo, que no pensé bien las cosas y había sidó un comportamiento infantil de mi parte.

—Hola—dijo Walter cuando abrí la puerta. Estaba en pijamas y el chico frente a mí me veía con una sonrisa.

—¿Qué haces aquí? Estoy ocupada.

—¿Comiendo helados?

—Es mejor pasatiempo del que crees—me encogí de hombros.

—Vine para decirte que dejes el trabajo. Es irónico Stel, vives bien. No necesitas esa basura.

—Estoy bien con mi trabajo—aseguré—A pesar de vivir bien, quiero ganar mi propio dinero.

—No harás nada con él—rodó los ojos. Agarró una manzana y se sentó en el mueble de cuero que tanto amaba—Te conozco.

—Esto es una tontería.

—¿Qué importa un repostero? Deberías salir con nosotros, hoy me hiciste falta. El solo es alguien de bajo nivel, no está a tu alcance.

—¿Y tu sí? Solo vives follando con cualquiera Walter, si vas a venir a denigrar mi trabajo, puedes irte—Le abrí la puerta y su mirada se endureció. Le había molestado lo que dije.

La respuesta que me dio me hizo enfadar. No podía creer que juzgará a alguien por cuánto dinero tenía. Thomas Maverick era guapo, podría estar con él fácilmente, incluso me atrevía a decir que enamorarlo no estaría mal. Su personalidad me atraía y si hacía cosas que le gustaran, quizás algo podría surgir entre nosotros dos.

De jefe a empleada ¿Eh?. Si Eleanor logro casarse con un millonario arrogante, yo podría conquistar al buenorro de la cafetería. Me comí mi helado y le envié un mensaje a Thomas para salir está misma tarde. Su respuesta llegó rápido y aunque me negó la salida, me propuse insistirle un poco.

—No puedo creer que estemos aquí—comentó viendo lo que tenía delante de él.

Después de media hora rogándole, accedió a salir conmigo. Estábamos en un pequeño picnic organizado por mí y le prepare tres dulces que le gustaban. No sabía cómo habían quedado, pero esperaba no haber arruinado las recetas.

Cuando introdujo el primer bocado a su boca, puse una mueca, no de desagrado. Pero si una que demostraba mi miedo.

—Ha quedado genial—halago con una sonrisa—Siento que es poco profesional estar aquí contigo—comentó

—¿Te parece inadecuado?

—Eres mi empleada—murmuró viendo el suelo—No pienso que sea profesional de mi parte, se siente como una cita. Y ni siquiera te conozco bien—rió con sarcasmo.

—Esta bien Thomas. Es una salida de amigos, aparte yo fui quien te pidió empleo.

—Tienes razón, pero seguimos estando en la misma situación.

—Podemos irnos—respondí con desgano. No quería que todo acabará aquí, no habíamos pasado ni una hora juntos, nunca podía encontrar a alguien que realmente quisiera pasar tiempo conmigo.

Mis parejas anteriores encontraban millones de excusas para huir de mí. Mi suerte en el amor era nula, no existía. Sin embargo, el agarró mi brazo y sonrió.

—Seamos amigo Stel.

—¿Lo dices enserio?

—Totalmente—aseguró comiendo helado—Da igual que seas mi empleada.

—Grandioso, pensé que tendría que huir. Quizás podrían llevarme algunos marcianos, así evitaba la pena que pasaría al decirte que esto lo preparé antes de enviarte un mensaje—Tape mi boca al darme cuenta de lo que había soltado, mis mejillas se encendieron y Thomas soltó una risita.

—Eres torpe

—Sin duda, debería callarme.

—Deberías seguir hablando, no me incómoda.

—A mi sí

—Bueno ¿Qué haces en tus ratos libres?

—Me quedó en la piscina, o sino observó a las personas pasar por mi casa.

—La segunda opción suena interesante—respondió irónico—Yo prefiero pasar mi día en la cocina.

—Había olvidado decirte algo, me tomé la molestia de auto contratarme como tú manager—confesé—Te he inscrito en un concurso.

—¿Qué?—espetó—Soy muy joven Stella, nadie va a aceptarlo.

—Eres mayor de edad—rodé los ojos—No importa que seas joven, estás preparado y puedes hacerlo. Deberías tener más confianza en ti mismo.

—La tengo—asintió—¿Qué concurso es?

—No recuerdo el nombre—susurré—Pero te enviaré el correo donde te aceptaron, deberás llevar a una asistente de cocina. Podría ser Alfred.

—El no sabe nada de esto, no podría llevarlo a él.

—¿Puedo ir yo? Ambos aprenderemos.

—Debo pensarlo—anunció.

¿Qué estaba haciendo? ¿Alguien me lo explica? Siento que estaba dando mi disposición para cosas que no debería, empezaba a pensar en cada una de las tonterías que había dicho el día de hoy. Mi mente iba a estallar, no estaba dispuesta a seguir por este camino, ir a un concurso, viajar con el, quedarme con el unos días. Todo parecía muy absurdo.

—Creo que tienes razón—Hable de repente—Tal vez sea muy pronto para hacer esto.

—Lo sé—susurró viendo el suelo—Deberíamos dejarlo para otra ocasión.

—Yo…Debemos hacerlo por esta vez, luego nos encargamos de lo demás.

—¿Segura?

Asentí sonriendo.

«Eso Stel, finge que sabes cocinar, finge que puedes ser asistente de un repostero»

—Perfecto, gracias por esto. No me arrepiento de que llegarás a mi.

—Ese día me sentí una acosadora.

Rió—También pensé lo mismo Stella Stone.

—Fue una locura de mi parte, lamento mi demencia.

—Ni que lo digas

La tarde transcurrió tranquila, nos contamos chistes, pasamos unas hojas de ensayo sobre cómo diríamos nuestra presentación y relatamos varias historias de nuestra vida.

El día de hoy fue un desastre, tuve tantos pensamientos contradictorios que aún no se con cual quedarme. «Ayudar a Thomas o no hacerlo» «Intentar ligar a Thomas o no hacerlo»

Debía organizar mi vida ¿No lo creen?

¡Sigue viendo!
¡La historia se está poniendo intensa! Cambia a la App para seguir leyendo
Desbloquear todos los episodios
Abrir el sitio web oficial

También te puede gustar

Portada de la novela Después de sus cien engaños, rompí con él para siempre
9.4
Tras tres años de matrimonio soportando las infidelidades de Ricardo Montenegro a cambio de costosos collares, la protagonista llega a su límite con la joya número cien. Esta vez, la amante es su propia hermana mayor, su antigua maltratadora. Ante la peor traición, decide no reclamar; en su lugar, le entrega un contrato inmobiliario para que lo firme a cambio de su aparente consentimiento. Tras ver marcharse a Ricardo con ella, revela su verdadero plan: el acuerdo de divorcio definitivo.
Portada de la novela En el corazón de la Mafia.
8.5
Olivia Martin sobrevive en una jaula de oro bajo el dominio de Esteban Bellancinni, un criminal letal conocido como el Diablo que la trata como un simple objeto. Tras la fachada de opulencia, ella oculta un profundo deseo de libertad. Su destino cambia al conocer a Jarvis Fenton, el enigmático guardaespaldas de su opresor. Movido por los ruegos de Olivia, Jarvis decide arriesgarlo todo en una peligrosa travesía de pasión y traición contra su propio jefe.
Portada de la novela La compañera rechazada del Alfa multimillonario
8.9
Emily Reed sobrevive a la humillación de su pareja, un atentado contra su vida y ataques hacia su hijo. En busca de seguridad, termina bajo la protección de Ethan Carter, un Alfa multimillonario y proscrito cuya ferocidad intimida a cualquiera. En este mundo de sombras y violencia, la mujer que fue repudiada se transforma en la posesión más valiosa del hombre más peligroso de la manada, quien no dudará en desafiar las reglas por ella.
Portada de la novela LA EMPLEADA DEL CEO
8.8
Emma es una joven brillante que desempeña su labor en la clínica de Noah, un influyente y poderoso multimillonario. Tras ser víctima de una dolorosa traición amorosa, su destino cambia por completo cuando su jefe le propone un acuerdo sorprendente. Este pacto transforma su nexo laboral en un apasionado romance. Convertidos en la pareja perfecta, ambos deberán luchar contra los constantes desafíos que amenazan con destruir su nueva e intensa conexión.
Portada de la novela La Sustituta No Perdonará
8.9
Sofía pensó que Ricardo era su salvador tras saldar sus deudas, pero la aparición de Isabella desenmascara una verdad dolorosa: ella solo es un reemplazo. Tras sufrir humillaciones y el desprecio hacia el legado de su abuela, el millonario la cautiva para favorecer a su antiguo amor. Sin embargo, el encierro transforma a Sofía. Decidida a recuperar su libertad, huye a París para empezar de cero, enterrando sus sentimientos y convirtiéndose en la dueña de su destino.
Portada de la novela Niñera del Millonario Heroico
9.2
Mi meta era la profesionalidad, pero ser la niñera de un millonario tan arrogante como atractivo desata una tensión inevitable. Tras huir de un pasado oscuro en busca de paz, descubro que el peligro me ha seguido, obligando a mi jefe a transformarse en mi protector. Entre encuentros nocturnos cargados de deseo y la amenaza que me acecha, debo luchar por mi libertad mientras garantizo la seguridad de los niños que están bajo mi cuidado.