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Portada de la novela La cita equivocada

La cita equivocada

Harold, un viudo de setenta años radicado en Ciudad de México, sigue atrapado en el luto por su esposa Ana. Intentando ayudarlo, sus sobrinos David y Alexander lo inscriben en una aplicación de citas que premia con dinero a las parejas que se comprometan. Sin embargo, un error lo lleva a conocer a la persona incorrecta. Apoyado por su círculo de amigos, el protagonista enfrentará un dilema: buscar una conexión sincera o priorizar la recompensa económica.
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Capítulo 2

Comienza la comida, todos están muy callados y se miran unos a otros así que Sara tiene que romper el silencio.

"Tío y cómo está el ajedrez?".

"Bien hija, como siempre gano yo".

"Has pensado alguna vez en salir con una chica?".

"No hija, ya no estoy para esas cosas. Su tía fue mi único amor".

"Bueno tío sé que la quisiste mucho pero, ¿nunca pensaste en rehacer tu vida?".

"Con quién? No conozco a ninguna que la pueda sustituir".

"Y si te conseguimos una novia?", pregunta David.

Todos se miran y en especial Carlos que no sabe qué pasa con todos y mejor ni pregunta.

Harold le dice a su sobrino:

"No inventes. Las novias no se consiguen en internet".

Y Alexander, que ya no se puede guardar el secreto, dice:

"Pues ya te conseguimos una en un sitio de internet*.

Oh no! Carlos casi se ahoga del susto. Y la cara de Harold es todo un poema.

"¿Qué hicieron qué?".

Bueno, ahora tienen que decir toda la verdad.

"No te molestes tío, espera a que te explique", interrumpe David.

"Es que queremos que pruebes a salir con otra mujer".

"Están dementes? Cómo voy a salir con una mujer que no conozco?".

"Bueno, de eso se trata, de que se conozcan".

"Tío van a darte un millón del pesos si sales con una señora y se comprometen. Inténtalo", dice Alexander.

"No, no quiero eso, no estoy preparado. No me mencionen más ese tema ".

Así finaliza Harold la conversación.

Luego de salir de la casa de Sara, Harold va al club y se encuentra con sus amigos que ya están allá y han comenzado a jugar.

"Cómo te fue en la comida", pregunta Luis.

"Sí, cuál era la sorpresa?", sigue Henry.

"¿Sí está embarazada Sarita?", agrega Roberto.

"No, nada de eso", contesta Harold un poco molesto.

"Bueno, pero qué pasó entonces porque te ves algo molesto", indaga un poco más Luis.

"Seguro llegaste y Alex y David ya se lo habían comido todo", menciona Roberto causando un poco de risa.

"No, nada de eso. Lo que pasó es que los tontos sobrinos míos me inscribieron en un sitio de citas por internet y ahora quieren que salga con una mujer que ni conozco".

Todos quedan en silencio por unos segundos hasta que Henry pregunta:

"Bueno, y ¿qué vas a hacer?".

"Pues nada. No pensarás que voy a hacer semejante locura".

"Pues a mi no me parece tan mala idea", dice Luis.

"Entiende, no puedo hacer eso. Por muchos años no he salido con nadie. La única con la que salí fue con Ana y desde que se murió no he vuelto a hacer algo así".

"Pues ya es hora de que empieces. ¿Qué hubiera querido Ana que hicieras, que te quedaras el resto de tu vida solo?", le dice Henry.

"¿Quieres envejecer solo y amargado?", agrega Roberto.

"De todas maneras ellos lo están haciendo por dinero. Dicen que van a pagar un millón de pesos si la cita se concreta".

"¡Un millón de pesos! Hasta yo me quiero inscribir", le dice Henry pero él está casado con Helen, así que ni lo piense.

"David y Alexander me deberían inscribir también a mí. Desde que me divorcié de la bruja de mi esposa no me he vuelto a comprometer con nadie", así dice Luis que se divorció de su esposa hace varios años.

"Yo lo pensaría, de todas maneras qué vas a perder. Si no te gusta no se pierde nada,", le sugiere Henry.

"Solo te pierdes un millón de pesos", le recuerda Luis.

"Y si te gusta te ganas una esposa y un millón de pesos,", agrega Roberto.

A Harold sigue sin gustarle la idea pero lo va a pensar. Tal vez sus amigos tienen razón.

Pasan los días y Sara y sus hermanos están todavía esperando la respuesta de Harold.

Harold va a la casa de Alexander y David, que viven juntos, para hablar con ellos y aprovechar la oportunidad de reclamarles por meterlo en eso de las citas por internet.

"Bueno, expliquenme cómo es esto pero esto no quiere decir que acepte".

Empieza hablando David que, según su tío, es el más responsable.

"Bueno tío es solo una cita. Si todo sale bien te pagan un millón de pesos, pero si no quieren continuar con la cita no pasa nada".

"Ustedes saben que no me gusta nada estas cosas, no entiendo nada de eso del citas por internet. En mis tiempos uno conocía a la muchacha, le llevaba flores y después era que se comprometía con ella y solo si tenía la bendición de los padres".

"Bueno tío ahora todo es moderno. Las novias se pueden conseguir por internet. Y ya no hay que llevar flores", dice Alexander.

"Claro y con razón ustedes no tienen novia, par de vagabundos".

David continúa con la explicación:

"En fin tío, la cosa es que ellos te asignan una señora que se adapte a tu perfil y que te pueda gustar".

"Abe María purísima, como cambian las cosas. Y ya me consiguieron una mujer?".

"Claro tío. ¿La quieres conocer?".

Harold se lo piensas un momento pero la curiosidad mató al gato y decide echar un vistazo.

"Bueno, vamos a ver. Pero si no me gusta no voy".

"Te va a gustar tío, ya verás", sigue David muy animoso.

"Aquí está, ven para que la veas".

Sin embargo Harold no quiere ver cómo es la mujer.

"No, mejor no la veo porque si no me gusta después. No, mejor dime el nombre y dónde nos vamos a ver".

"Bueno tío se llama Irma, tiene sesenta y ocho años, es maestra jubilada. Se ve muy bonita y elegante la señora".

"Yo podría salir con ella", dice Alexander animando un poco a su tío.

"Pues debería hacer que ustedes salgan con ella a ver si se les pasa lo inventores y se consiguen novia".

Los muchachos lo que hacen es reírse de Harold.

"Pero tío pareces un adolescente en su primera cita".

"Bueno después de tanto tiempo que esperaban ustedes. Su tía fue la última mujer con la que salí".

"Se van a conseguir en el centro comercial", sigue diciendo David.

"Y mira aquí dice cómo va ir vestida ella: blusa roja con pantalón de jeans blancos. Debes grabar eso y el nombre", agrega Alexander.

"Bueno no creo que se me vaya a olvidar. Se llama cómo?".

"Irma tío. Creo que te lo vamos a tener que anotar".

"No se me va a olvidar. Irma".

"Bueno tío, ya sabe. La cita es el sábado a las dos".

"Tienes que ser puntual tío*, le recuerda David.

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