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Portada de la novela La cita equivocada

La cita equivocada

Harold, un viudo de setenta años radicado en Ciudad de México, sigue atrapado en el luto por su esposa Ana. Intentando ayudarlo, sus sobrinos David y Alexander lo inscriben en una aplicación de citas que premia con dinero a las parejas que se comprometan. Sin embargo, un error lo lleva a conocer a la persona incorrecta. Apoyado por su círculo de amigos, el protagonista enfrentará un dilema: buscar una conexión sincera o priorizar la recompensa económica.
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Capítulo 1

Hoy se cumple un año más de la muerte de Ana, la mujer de la vida de Harold. Ana estuvo enferma por algún tiempo, tenía un problema en el corazón. Un día, no se pudo más y su cuerpo cedió.

Harold no ha salido con ninguna otra mujer, Ana fue su gran y único amor.

Sus sobrinos Alexander y David, que se la pasan viendo la computadora, vieron por internet un sitio de citas para personas de la tercera edad. 

"Oye Alexander deberíamos inscribir a mi tío Harold en este centro de citas".

"Nos matarla ese señor".

"Ya hace diez años que se murió la tía Ana y Harold no ha salido con nadie. Ya es hora que le demos una manito", dice David.

"Y crees que le conseguiremos una novia aquí?".

"Vamos a probar. Además aquí dice que si Harold se compromete con la mujer que le consiga ganará un millón de pesos de premio". 

"Guao. Bueno vamos a intentarlo pero se lo decimos al tío después que le consigan la novia no vaya a ser que ese hombre nos mate", Alexander sabe que, en serio, Harold los golpearía.

Y así comienzan Alexander y David a llenar el formulario de inscripción. Nombre, apellido, dirección, edad. 

Todo está listo y solo falta presionar el botón de enviar. Y hay va, ya está listo. 

Pasan varios días hasta que llega a la computadora un mensaje de Gmail que dice 'Su solicitud ha sido aceptada'.

"Alexander, mira, llegó un mensaje".

"¡Aceptado!".

La señora elegida es Irma que tiene sesenta y ocho años. Es madre soltera y maestra jubilada que crió a dos hijas, Judy y Jannet. Ahora están solas y viven por su cuenta.

Judy es diseñadora gráfica y trabaja en una revista local en el departamento de marketing. Le encanta lo que hace y dedica todo su tiempo a trabajar.

Por otro lado, Jannet es repostera y tiene un pequeño negocio en el centro, tiene una pequeña de cinco años llamada Arianna, la consentida de la abuela. Ambas viven cerca de su mamá y se preocupan por ella. Irma es su ejemplo de vida. 

Alexander y David están emocionados y quieren contar a su tío lo que hicieron pero no saben cómo. Así que le dicen a su hermana Sara que los ayude.

"Ustedes están locos? Cómo se les ocurrió semejante cosa?".

"Harold necesita salir, compartir su vida con otra mujer", le dice David quien siempre es el más osado y se le ocurre este tipo de ideas

"Vamos hermanita, ayúdanos. Si no funciona, qué perdemos?", dice Alexander.

"Bueno, le voy a hacer un almuerzo el fin de semana y aprovechamos de decirle, pero se lo dicen ustedes. Y más vale que el tío Harold lo tome bien".

Y así, como siempre, Sara tiene que enmendar lo que hacen sus hermanos.

Desde pequeños Sara siempre ha sido la que defiende y ayuda a sus hermanos. Ella es la mayor de los tres por eso actúa como su salvadora.

Y cómo no si Alex y David siempre están metidos en problemas por andar inventando.

Sara está casada con un buen hombre llamado Carlos. Se quieren mucho aunque todavía no tienen hijos. Pero en el futuro tendrán como doce, dice Carlos. 

Sara le va a preparar a Harold la comida que más le gusta: los tacos mexicanos.

Sara lo prepara muy bien. Lo aprendió de su madre que hace tiempo también murió y que, como dice Sara, le dejó todo lo mejor de ella. 

Harold mientras tanto pasa su día jugando ajedrez con sus amigos Luis, Henry y Roberto. Se conocen desde hace mucho. Son compadres, amigos y hermanos. 

Sara llama a su tío para hacerle la invitación. 

"Tío estás invitado este fin de semana a mi casa,  te invito a almorzar".

"Claro Sarita, tengo tiempo que no voy a tú casa y sabes que me encanta como haces la comida".

"Siempre es un placer tío. Van a venir los muchachos también".

"Ha. Entonces voy a tener que llegar temprano porque sino me dejan sin nada,  porque esos dos viven para comer. Por eso no se han casado".

"Es verdad tío", dice Sara mientras se ríe de las cosas de su tío. 

"Entonces te espero tío,  no vayas a fallar".

Harold ama a su sobrina y nunca la dejaría embarcada.  

En ese momento llega Carlos del trabajo. Él tiene un taller mecánico y le gusta mucho su trabajo. 

Sara le dice a a su esposo que el fin de semana Harold y los muchachos están invitados a comer.  

"Qué hicieron ahora David y Alexander, porque seguro que hicieron algo y tú lo tienes que remediar".

"Cómo se te ocurre eso. Solo vienen a comer".

Pero Carlos conoce a su esposa y sabe que algo pasa. 

"¿Qué hicieron?".

"Bueno, eh", titubea Sara. 

"Sara dime,  no quiero sorpresas después".

"Nada,  mi amor,  tranquilo".

Carlos no insiste más pero mejor se prepara para cualquier sorpresa que haya. 

Amanece el sábado y Sara está muy ocupada preparando la comida.  Carlos la ve cada vez que pasa cerca de la cocina,  él sabe que pasa algo sospechoso.  

En algún momento se le pasa por la mente que Sara está embarazada y no se lo quiere decir aún.  

Y, curiosamente,  ese es el mismo pensamiento que tiene Harold. 

"Harold,  vamos al club en la tarde para jugar?", pregunta Henry para recordarle a Harold que tienen una cita para jugar como todos los sábados. 

"Voy más tarde Henry porque Sarita me invitó a comer."

"Que bueno. Sarita siempre te ha querido como un padre".

"Sí.  Me dijo que también invitó a David y a Alexander así que tengo que llegar temprano porque sino se lo comen todo".

"Será que tiene que decirles algo importante?", dice Roberto. 

"¿Será que está embarazada?", les dice Luis para terminar de despertar la curiosidad. 

"Yo también estaba pensando en eso. Cuando termine de almorzar nos vemos y les cuento".

Y así Harold se despide para cambiarse de ropa   para que le dé tiempo de llegar temprano a la casa de Sara.  

Llegan Alexander y David,  Sara tiene casi todo listo.  Alexander y David están un poco asustados pero saben que Sara lo tiene todo bajo control como siempre. 

A los pocos minutos llega Harold y trae consigo dos flores azules que compró para Sara. 

"Tío,  gracias.  Están  bellas. Sabes que me encantan las flores azules".

"Lo sé.  Por eso te las traje".

Se dan un beso  cariñoso y Harold saluda a todos. Alexander y David sonríen y se miran. Carlos los mira a los dos y se pregunta qué se traerán entre manos todos.

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