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Portada de la novela La Bailarina Despreciada Vuelve

La Bailarina Despreciada Vuelve

La carrera de Sofía, una bailarina excepcional, se arruina cuando Ricardo, su prometido, le entrega su papel protagónico a su exnovia Valentina. Tras sufrir una humillación pública y ser relegada a asistente, Sofía enfrenta maltratos y la ruptura de su compromiso. Sin embargo, lejos de rendirse, se une a su hermano Alejandro, líder del arte clandestino, para ejecutar una implacable venganza contra aquellos que destruyeron su vida y sus sueños.
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Capítulo 2

El aire del gran salón de ensayos del Teatro de la Ciudad estaba tenso, cargado con el olor a madera pulida y el sudor de los bailarines. Yo, Sofía, estaba en el centro, ejecutando los últimos movimientos de la coreografía principal. Cada pirueta, cada extensión, era una promesa. La promesa que Ricardo, mi prometido y el dueño de este imperio del espectáculo, me había hecho, el papel protagónico en "El Lago de los Cisnes" era mío.

La música se detuvo abruptamente.

Ricardo entró en la sala, su traje caro y su sonrisa perfecta no lograban ocultar la frialdad en sus ojos. A su lado, como una sombra venenosa, caminaba Valentina, su exnovia. Una influencer con millones de seguidores y una sonrisa que nunca llegaba a sus ojos.

"Sofía, detente."

La voz de Ricardo cortó el silencio. Todos los ojos se posaron en mí. Sentí una ola de calor subir por mi cuello.

"Tenemos un cambio de planes," continuó él, sin mirarme directamente. Su atención estaba en Valentina, quien se aferraba a su brazo con una delicadeza estudiada. "El papel principal ya no es tuyo."

Me quedé helada. Las palabras no tenían sentido.

"¿Qué?" logré susurrar.

"Valentina será nuestra nueva Odette," anunció Ricardo a toda la sala. "Su popularidad nos traerá una publicidad que tú, querida, simplemente no puedes ofrecer."

La humillación fue instantánea y pública. Los susurros de los otros bailarines eran como un zumbido de avispas a mi alrededor. Valentina, la influencer que apenas sabía mantenerse en puntas, me había reemplazado. A mí, que había dedicado mi vida entera al ballet.

"Ricardo, tú me lo prometiste," le dije en voz baja cuando se acercó, mi voz temblando de ira y dolor. "Dijiste que este era mi momento, nuestro momento."

Él se rio, una risa corta y sin alegría.

"Las promesas cambian, Sofía, como cambian los negocios," dijo, su aliento olía a café caro y mentiras. "Valentina y yo estamos juntos de nuevo. Ella es la mujer que debe estar a mi lado, en el centro del escenario y en mi vida. Es lo mejor para la imagen de la compañía."

Sentí como si el suelo se abriera bajo mis pies. No solo me quitaba mi sueño, sino que destrozaba nuestro compromiso frente a todos, como si no significara nada.

"Pero no te preocupes," añadió con un tono condescendiente, "no te quedarás sin hacer nada. Necesitamos a alguien que se encargue del vestuario de las bailarinas secundarias. Una especie de asistente de guardarropa. Te quedará bien el papel."

Ser la asistente de guardarropa. Pasar de ser la estrella a la sirvienta. La sangre me hervía en las venas. Mi mente, antes llena de música y movimientos, ahora solo tenía un pensamiento: venganza. Asentí lentamente, una sumisión falsa cubriendo la tormenta que se desataba dentro de mí. Debía jugar su juego, por ahora.

"Claro, Ricardo," dije, mi voz sorprendentemente firme. "Lo que sea mejor para la compañía."

Él pareció satisfecho con mi respuesta. Se inclinó y me susurró al oído, su voz un veneno dulce.

"Esa es mi chica. Siempre tan comprensiva. Ahora ve, las bailarinas necesitan ayuda."

Me di la vuelta, sintiendo su mirada y la de Valentina clavadas en mi espalda. Mientras caminaba hacia el área de vestuario, sentí un empujón violento que me hizo tropezar. Fue uno de los guardias personales de Ricardo.

"Muévete más rápido," gruñó.

Caí al suelo. Mi rodilla golpeó con fuerza la madera. Un dolor agudo me recorrió la pierna. Ricardo no hizo nada. Solo observaba, con una expresión de aburrimiento.

Valentina se acercó, su rostro una máscara de falsa preocupación.

"¡Ay, Sofía, pobrecita! ¿Estás bien?" dijo, su voz goteando sarcasmo. "Ten más cuidado, el suelo puede ser muy resbaladizo para las que no están acostumbradas a estar de pie."

Se agachó a mi lado, su perfume caro llenando mis fosas nasales y provocándome náuseas.

"No te preocupes," susurró para que solo yo la oyera, "yo cuidaré muy bien de Ricardo. Y del escenario. Tú concéntrate en los hilos y las agujas."

La miré a los ojos y vi el triunfo y el odio puros. En ese instante, supe que esto no era solo por un papel en un ballet. Era una guerra, y ella acababa de disparar el primer tiro. Pero yo no era una víctima indefensa. Tenía un hermano. Un hermano con un tipo de arte muy diferente, y una red de contactos que Ricardo y Valentina no podían ni imaginar.

Mi plan apenas comenzaba a formarse.

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