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Portada de la novela La apuesta

La apuesta

Linda y René viven en Nueva York intentando dejar atrás un pasado oscuro. Ambas disfrutan de su libertad y evitan el compromiso emocional, convencidas de que no necesitan protección masculina. Sin embargo, su mundo choca con el de Williams y Deivid, dos empresarios cínicos que ven a las mujeres como simples trofeos de apuestas. Todo cambia cuando Linda entra a trabajar con ellos; su presencia desafiará las reglas de estos hombres, desatando un juego donde perder tiene un precio muy alto.
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Capítulo 7

Cuando Williams frenó en el semáforo, ella le tomó la mano por lo que él se giró a mirarla sorprendido por el contacto tan natural, y de pronto, vio como ella hizo desaparecer su dedo en el interior de su boca, al mismo tiempo que sentía como su lengua se deslizaba lenta pero fuerte, y el tirón de su pantalón le avisaba que esta vez debería descargar manualmente esa erección, porque no había modo que en este mundo él pueda sacar de su mente semejante imagen, los ojos de Linda clavado en los suyos adquiriendo poco a poco un color más oscuro, pasando del color miel al canela casi llegando al chocolate.

— Mmm, por lo menos su sabor es rico, como chocolate blanco y coco, pero demasiado aceitoso, definitivamente no es una buena combinación par un labial. — Williams estaba mudo, estaba de piedra y no solo su pene, él sentía que se estaba quemando por dentro.

Linda sonó sus dedos delante del rostro aturdido del hombre.

— Reacciona, ¿estás bien? — pregunto con un poco de burla.

— Si vuelves hacer eso te follare. — La voz de Will dejaba ver el deseo que sentía en ese momento. A lo que Linda rio.

— ¿Es una advertencia o una invitación?

— Tómalo como quieras.

— Por ahora lo único que quiero es poder llegar a tiempo a asistir a tú amigo.

Y eso lo enfureció, ¿por qué sentía que ella hablaba en doble sentido?, o mejor aún ¿por qué le molestaba?, ya en una que otra ocasión ambos habían compartido una mujer sin problema alguno. Fuera lo que fuera que lo molestara lo único que hizo fue acelerar, sabía lo que ese auto podía correr y esperaba arrancarle un grito de miedo a la atrevida muchacha, pero lo único que consiguió fue escucharla reír, ella reía como solo la adrenalina te provoca hacerlo.

Cuando llegaron a la empresa los ojos de Linda brillaban de emoción.

— Eso estuvo muy bien señor Jones. — Y cuando se bajó agregó.

— Espero que no sea para todo tan rápido y fugaz. — Cerró la puerta y se marchó, dejando a Will golpeando su cabeza contra el respaldo de su Ferrari.

Para ese entonces Deivid ya estaba esperando a Linda, estaban con el tiempo justo.

— Linda gordita, por fin llegas.

— Lo siento señor, la reunión no fue bien. — Mientras ella explica lo que sucedió Deivid no pudo sacar sus ojos del muslo casi al descubierto de ella.

— ¿Qué le pasó a tú falda? — pregunto un poco molesto de que fuera su amigo el responsable de ese desorden.

— Perdón señor, creo que subí de peso y mi ropa no lo soporto, no tuve tiempo de ir a cambiarme...

— Está bien no te preocupes, además pareces sexy así.

— Señor Deivid, las cosas que dice, ¿sexy yo? — Trato de ruborizarse, pero no pudo, Linda ya estaba anestesiada a esos cumplidos, más los fines de semana, cuando salía de caza.

— Créeme, eres sexy. Ahora vamos antes que perdamos a estos inversionistas.

— Claro señor, ya pedí un taxi, espero que me permita llegar a tiempo.

— ¿De qué hablas gordita?, si no tienes auto irás conmigo.

— No quisiera causar problemas, señor.

— No me causaras ninguno y deja de decirme señor, llámame, Deivid, por lo menos cuando estemos sólo.

— Como digas Deivid. — Al escucharla pronunciar su nombre sintió como su corazón se aceleraba.

— Vamos gordita, oh...

— Oh ¿qué señor? — pregunto con falsa inocencia y Deivid le creyó.

"Mira esa cara es pura inocencia, definitivamente contigo me coronaré ganador."

— Llegaremos tarde.

Mientras bajan al estacionamiento, Deivid trató de concentrarse en que les ofrecería a los inversionistas para que acepten el trato, pero el perfume de Linda lo distraía.

— ¿Qué perfume usas?

— No creo que lo conozcas, no es de marca.

— Es delicioso, bueno Linda gordita, este es mi auto ¿qué te parece?

— ¡Esto! ¡¿No puede ser?! Creí que el auto del señor Jones era algo increíble, pero esto me deja sin palabras. — Si definitivamente ella sabía fingir.

El resto del camino Deivid paso presumiendo su auto, sin saber que esta mujer había paseado hasta en jet privado, aun así, Linda era una maestra para fingir.

Pero cuando llegaron al restaurante Jean—Georges Linda estaba sumamente nerviosa, su corazón latía de una forma rara ante la posibilidad de encontrarse con Erick.

— Tranquila Linda gordita, todo saldrá bien, tengo todo planeado, hoy cerraremos este trato cueste lo que cueste. — Y eso fue todo lo que necesito para volver a la realidad, su joven jefe creía que sus nervios eran por el dichoso trato.

"¡Controlarte mujer! Este par de idiotas no saben hacer negocios, demuestra lo que vales, muéstrale que te necesitan más que tú a ellos.”

— Sí, Deivid, todo saldrá bien. — Linda paso un tiempo anoche revisando la propuesta y con todo el aturdimiento que tenía se olvidó de ponerlo sobre aviso.

— Deivid, hay algo que debes saber antes que entremos.

— ¿Que?

— Mira estuve revisando y estos puntos son muy confuso, a simple vista parece estar todo bien, pero estos puntos y comas mal acomodados, ellos quieren sacar provecho.

— ¡¿Dices que esto es adrede, que tratan de estafarme?!

— Sí. — respondió totalmente confiada.

Deivid leyó una vez más los documentos y reparó en que ella tenía razón, él pensó que era un error de impresión o a lo sumo de redacción, pero ellos igual lo enviaron firmado, Linda tenía razón, ellos querían embaucarlos.

— Eres muy lista gordita.

— Gracias.

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