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Portada de la novela Jugando con el Ceo

Jugando con el Ceo

Iskra es una empleada rebelde que desafía constantemente la arrogancia de su gélido jefe. Tras una impulsiva noche de pasión, su relación profesional deriva en una peligrosa disputa de poder y venganza. Mientras él intenta someterla evitando cualquier vínculo emocional, ella resiste para no perderse en un deseo voraz. En este duelo de orgullo y voluntades, las reglas se transforman, forzándolos a una lucha donde la atracción desafía toda lógica.
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Capítulo 1

El jefe insoportable

Trabajar para Leandro Vólkov es como firmar un contrato con el diablo... pero sin el beneficio de una muerte rápida.

Todos los días me levanto a las seis, me ato el cabello en un moño tan apretado que podría causarme migrañas, me pongo mi uniforme personal de "no me mires"-blusas tres tallas más grandes, pantalones rectos, cero escote, cero curvas-y me preparo mentalmente para enfrentar el apocalipsis con corbata.

Mi jefe no sonríe. Nunca. No dice "gracias", no dice "por favor". Él da órdenes con voz grave y ojos fríos, como si fuera una especie de rey caído del Olimpo corporativo. Un dios griego en traje de diseñador... que odia a la humanidad.

Y yo, su secretaria personal, soy la víctima número uno.

-¿La presentación está lista, Morel? -su voz me hizo saltar como si me hubieran echado hielo en la espalda.

-Sí, señor Vólkov -respondí sin mirarlo, concentrada en mi pantalla. No le des el gusto. No lo mires. Ignora el aroma a colonia de escándalo y esa mandíbula perfecta.

Él se acercó a mi escritorio. Mi pobre taza de café tembló.

-Espero que no tenga errores. Esta vez no tengo paciencia.

-No se preocupe. Para usted, perfección o nada -murmuré con una sonrisa tan falsa como su compasión.

-Sorprendente. Creí que para usted, solo el mínimo esfuerzo era suficiente.

Quise voltearme y lanzarle el teclado. Pero simplemente asentí y seguí tecleando.

Piensa en tu perro. Piensa en esa pizza con extra queso. Piensa en que algún día este hombre resbalará en el mármol pulido de su propia arrogancia.

Horas después, tras una larga jornada de "haz esto", "corrige aquello" y "¿es que nadie aquí piensa?", llegó ese bendito momento:

-Puedes irte, Morel. Has sido... tolerable hoy -dijo sin despegar los ojos de su portátil.

-Lo anotaré en mi diario -contesté en voz baja.

Al salir de su oficina, sentí el aire del pasillo como una bocanada de libertad. Saqué el teléfono y le escribí a Lucía, mi mejor amiga, mi cable a tierra, la única persona con la que puedo hablar sin tener ganas de golpear algo.

Iskra: ¡Otro día sobreviviendo al infierno!

Lucía: ¿Ya escapaste de Mojoncio? ¿Hoy sí vas a salir conmigo o te vas a casar con tu pijama otra vez?

Sonreí al leer su mensaje, habíamos despotricado sobre mi jefe unas mil veces y decidimos que lo llamaríamos mojoncio, a la final solo era una gran mierda.

Me apresure a responder.

Iskra: Me lo merezco. Hoy me sirvo una copa. Me ducho. Y me arreglo. Dame 30 min.

Lucía: ¡Eso! Quiero verte divina, perra.

Iskra: Tú pídelo, yo obedezco.

Esta noche soy libre. No soy la señorita "sí, señor Vólkov", ni la secretaria invisible. Esta noche soy Iskra.

Al llegar a casa, "Chico" me recibió como siempre: con saltos, ladridos y movimientos de cola dignos de un concierto de rock. Me agaché a abrazarlo.

-¿Tú también tuviste un jefe insoportable, bebé? ¿No? Pues considérate afortunado.

Dejé los tacones tirados en la entrada, me serví una copa de vino blanco, y caminé descalza hasta el baño. Encendí velas. Llené la bañera. Me sumergí entre burbujas como si fuera mi propio ritual de limpieza emocional.

-Ah... esto sí es vida.

Después de un buen rato, salí envuelta en una bata suave, el cabello mojado cayendo sobre los hombros. Abrí el armario buscando qué ponerme para salir con Lucía... pero mis ojos cayeron en un cajón que no abría hace meses.

Lo deslicé con curiosidad.

Y ahí estaba.

Un conjunto de lencería roja, tan atrevido como olvidado. Encaje, satén y una pequeña cinta negra en el centro del sujetador. Lo había comprado en un arranque de autoestima... que nunca usé.

-¿Por qué no? -me dije en voz baja, con una sonrisa.

Me lo puse.

Wow... ¿Hola? ¿Esta soy yo?

Me miré al espejo. Por primera vez en mucho tiempo, me vi mujer, no secretaria. Me vi atrevida, fuerte... hermosa.

Tomé el celular.

Iskra: ¿Demasiado?

Junto al mensaje, la foto. Posando frente al espejo con la lencería, mirando por encima del hombro, atrevida, natural, con la bata apenas caída.

Presioné enviar... justo cuando "Chico" saltó a mis piernas y me hizo perder el equilibrio.

-¡Ay! ¡Chico! ¡No me asustes así!

Me giré al teléfono.

La foto se había enviado.

Sonreí... hasta que miré con atención.

Enviado a: Leandro Vólkov.

Y el alma se me fue a los pies.

-No... no... NOOOO...

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