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Portada de la novela Infinito amor

Infinito amor

Después de una fiesta imprevista, Georgia acaba compartiendo una noche con Garrett, un jugador de fútbol al que solo conocía de vista. Este encuentro fortuito cambia su vida radicalmente al confirmarse su embarazo con apenas dieciocho años. Mientras sus planes de futuro se desvanecen y sus padres intentan controlar su destino, ella afronta una difícil elección: la soledad o el apoyo de Garrett. ¿Estará él dispuesto a asumir su papel en esta nueva realidad?
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Capítulo 2

Empiezo contándole su comportamiento después de haber “aceptado” tomar un trago conmigo y su cara es como para ponerla en cuadro, no sea como cubrirse la cara para que no vea lo colorada que está.

Y eso me da risa, porque aún no le cuento la mejor parte cuando…

 Después de ese trago fuimos a la pista de baile, mientras sonaba “Sobrio” de Maluma. Y no sé porque una razón me hizo acordar a ella,

 “Yo por mi parte no hago otra cosa más que pensarte.

Estoy bebiendo supuestamente para olvidarte.

Pero es obvio, que me duela que me tengas odio.”

—¡Otro trago! —gritó Georgia, mientras me tironeaba de la camisa, para llegar hasta la barra.

—¿No era que no querías emborracharte? —pregunté y ella solo se reía. ¿tanto le pegó el vodka?

—¡No seas cobarde! —me gritó, mientras se dirigía sol hacia la barra.

A todo esto, Karen se había ido a la casa de un chico que acababa de conocer, después de compartir saliva durante una media hora.

—Un vodka por favor —pidió Georgia y yo había hecho una seña al barman para que me sirviera uno a mí también. —¿Estás seguras de que seguirás tomando? —pregunté y ella frunció el ceño.

—Primero querías que te aceptara un trago y, ahora no quieres que siga tomando ¿Quién te entiende Garrett? —preguntó una vez que nos dejaron los tragos en la barra.

—Bien, como quieras, pero después no quiero reclamos —contesté tomándome de una sola vez el líquido mientras sentía como quemaba en mi garganta.

Pasó una hora y Georgia ya estaba borracha, creo que más borracha que Karen, decidí que ya era hora de llevarla casa, bueno a mi casa, porque quedaba más cerca.

Cuando la recuesto en el sofá me tironea de la camisa logrando que termine besándola, si a Georgia Parks, esa chica con la que me costó una hora para que aceptara tomar un trago conmigo, y casi termina tomándose lo que no se podía y sí, bailó como toda borracha sobre la mesa, nunca había tenido la oportunidad de conocer su lado “rebelde” ella, toda correcta y de repente “boom” se descontroló.

—Georgia no, —respondí cuando me aparté de ella —No puedo hacer esto contigo en este estado —agregué y ella me miraba confundida.

—¿No querías besarme? —preguntó sentándose en el sofá.

—Antes sí, pero ahora estás borracha —respondí sentándome a su lado.

—¿Y? no quería hacerlo antes, quiero hacerlo ahora —contestó asiéndose para adelante, besándome otra vez, y sí esta vez no la aparte.

El beso sabia a chocolate, mezclado con vodca y un toque de limón. Cada vez se ponía más intenso, sus manos estaban en mi nuca y las mías en sus caderas, hasta que una cosa llevó a la otra y terminamos en mi cama.

—¡No te creo! —grita levantándose de golpe de la mesa y agrega—; ¿Cómo no me frenaste? ¿Por qué lo permitiste? —pregunta histérica.

—No te obligué, ¿Piensas que me aproveche de ti? —pregunto lo más tranquilo aun sentado en la silla frente a la mesa? —Te pregunté si estabas segura y dijiste que sí —agrego mirándola, me duele que no me crea.

—Yo no soy así y no, claro que no pienso que te aprovechaste, es solo que no me reconozco —se sincera mirando el suelo mientras canto una canción.

—Que los tragos hicieron estragos en su cabeza, ella con cualquiera no se besa —entono y ella solo se ríe tapándose la cara.—  quiero que sepas que me interesa y que no hay un día que no pare de pensar en su belleza.

—¡Ya! No sigas —ordena mientras se sienta otra vez en la silla, recordando aquella canción de Maluma, que bailó sobre la mesa anoche, casi a tal punto de perder la memoria. —Eres un tonto Garrett —agrega mientras me tira una servilleta.

—Recién la recuerdo —respondo mientras ella niega con la cabeza.

Terminamos de desayunar y “quedamos” en buenos términos, no puedo creer que se haya mucho tan borracha, como para no recordar absolutamente nada. Aunque si es l primera vez que toma alcohol puede ser que no recuerde nada. Y sí yo no estaba totalmente borracho, sabía lo que hacía.

Estoy enamorado de ella desde que Karen me la presentó, fue como amor a primera vista, a Georgia le pasa todo lo contrario me odia u odió desde el primer día que me conoció, supongo que ya no me odia tanto, es decir pasamos una noche juntos ¿hay razón para que me siga odiando? No, yo creo que ya no.

Después de ir a correr, quedé en ir con Nick, ir a comer a uno de los bares cerca de su casa, para hablar de Georgia. La verdad no sé cómo afrontar esto, no somos nada, pero algo entre nosotros pasó.

—No me digas que hicieron, lo que yo creo que hicieron —dice como si fuera un trabalenguas, antes de siquiera sentarme en la silla.

—¿Karen te contó? —pregunto y este niega la cabeza.

Nick es mi mejor amigo, compañero de futbol y sí, también es novio de Karen, la mejor amiga de Megan. Que casualidad ¿no?

—¿Qué me tiene que decir? —inquiere haciéndole una seña a la moza para que nos traiga el menú del día.

—Estuve con Georgia —le confieso cuando la moza se va y este me escupe el agua que había alcanzado a beber.

—¡Lo sabía! —grita haciendo que la poca gente del lugar, voltee a vernos.— Lo siento —se disculpa y vuelven a lo que estaban haciendo.— Tengo que decirle a Kevin que me dé los 50 dólares —agrega sacando el celular de su chaqueta.

—¿Apostaron? —pregunto incrédulo, mientras veo que está mandando un mensaje.

—Él que no, yo que sí, con eso me alcanza para comprarme el juego de play —responde como si tuviera cinco años.

—Nick, se dan cuenta que soy su amigo ¿no? —pregunto y levanta la cabeza para verme.

—Lo somos, estoy orgulloso de ti, mi pollito creció —responde secándose una lagrima falsa.— Pero dinero, es dinero asique —agrega pero no puede seguir porque es interrumpido por la moza.

—Gracias —respondemos al mismo tiempo y ella nos sonríe para luego retirarse.

No puedo creer que hayan apostado ¿Qué clase de amigos son? Georgia se llega a enterar de esto y va a gritar más fuerte de lo que hizo hoy.

Solo espero y no se entere por ahora.

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