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Portada de la novela Infinito amor

Infinito amor

Después de una fiesta imprevista, Georgia acaba compartiendo una noche con Garrett, un jugador de fútbol al que solo conocía de vista. Este encuentro fortuito cambia su vida radicalmente al confirmarse su embarazo con apenas dieciocho años. Mientras sus planes de futuro se desvanecen y sus padres intentan controlar su destino, ella afronta una difícil elección: la soledad o el apoyo de Garrett. ¿Estará él dispuesto a asumir su papel en esta nueva realidad?
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Capítulo 3

Ya una semana después de esa noche, comienzo a sentirme un poco mal, mareamos vómitos, algo muy raro en mí, Karen insiste en que me haga un test embarazada ¿yo? Puff, falta mucho para eso, primero; me gradúo, segundo; me caso y tercero; tengo hijos. Todo tiene que ir en ese perfecto orden, pero aquellas palabras no salen de mi cabeza desde el momento en que las dijo:

—¿Estás segura de que usó condón? —preguntó Karen casi haciéndome escupir el poco café que entro a mi boca.

—Menos mal que estamos en mi casa y no en lugar público —respondí para luego buscar una servilleta para secarme las manos, que tenía mojadas con café.

—No respondiste a mi pregunta —me regañó cruzada de brazos.

—No lo recuerdo —murmuré y ella puso la mano en su oreja, como haciendo de que no oyó lo que respondí.

—Dime, que no dijiste lo que estoy pensando —respondió cerrando los ojos. — ¡Dilo Georgia! —habló más fuerte.

—Lo siento, no lo recuerdo —le dije tapándome la cara.

—Te informo amiga, que estás embrazada —respondió Karen y yo niego la cabeza repetidamente. — Espérame aquí, ya vuelo —agregó, para luego levantarse de la silla y salir del departamento.

Habían pasado unos cuarenta y cinco minutos desde que Karen me trajo el test y se fue porque hubo un problema en su trabajo. Desde entonces no me lo he hecho, estoy parada en el baño con la puerta cerrada y la caja en la mano. No puedo hacerlo, pero otra parte de mi decía que lo hiciera ¿Qué hago?

Después de meditarlo un buen rato decido que era el momento de me hiciera el test y saber si estaba o no embarazada.

Después de hacerlo, un suspiro tembloroso se escapa de mis labios mientras intento contener el llanto, peinó mi cabello hacia atrás, tratando de refrescar mi rostro.

—Solo cinco minutos, Georgia. Puedes hacerlo —intenté darme ánimos, pero sabía que no ayudaban demasiado, los nervios aumentaban aún más.

Un minuto se alarga tanto como un día. Cada vez que miro la manecilla esta parece no avanzar, como haciéndomelo apropósito.

Intento no pensar en lo que sucederá después, realmente lo intento, pero el nudo instalado en mi garganta es un constante recordatorio de que mi futuro está a punto de irse a la mierda. Todo por un trago y esa maldita noche.

Estoy segura que mi cuerpo está bañado en sudor. Intenté mantener la calma. Volví a mirar el reloj. Los cinco minutos habían pasado.

Respiro hondo, mientras mis ojos se dirigen con temor al pequeño test de embarazo que tengo en mis manos, pero me niego a mirarlo.

Lo dejo caer al suelo y yo caigo junto con el.

—No, no, no ¿Qué voy a hacer? —el espacio del baño parece hacerse más pequeño a cada segundo que pasa.

Tengo que jadear para volver a respirar.

¿Alguna vez han sentido un ligero estremecimiento cuando algo no saldrá como lo esperaban? Bueno, pues yo tuve uno en el instante el que su copa rozo la mía o, mejor dicho, en el que sus labios rozaron los míos.

Desde ese momento me enteré que algo cambiaría. Sin embargo, nunca supe que ese algo, se volvería un alguien, en un pequeño o, pequeña alguien.

No sé cómo les diré a mis padres después de recordar que estoy embarazada, sé que pegaran un grito al cielo, pero…el bebé o la bebé, no tienen la culpa de la estupidez que Garrett y yo cometimos porque sí, la culpa es de ambos, solo espero que él quiera hacerse cargo.

Pero… primero iré a “visitar” a mis padres, tal vez me apresuro un poco, pero en unos meses se me empezara a notar el vientre y no es algo que quiera ocultar, por eso cuanto más rápido lo sepan mejor.

Decido maquillarme solo un poco para luego tomar mi bolso la llave del y obviamente las del departamento una vez me las olvidé del lado de afuera y tuve suerte, porque nadie entro a robar. Pura suerte.

No sé si estoy orinada por un elefante o que. Es decir, cuando estoy por estacionar en el garaje de la casa de mis padres me encuentro que está ocupado, pero antes de que pueda bajarme y gritarle al que puso el auto donde dice “prohibido estacionar” no se trata del auto de algún vecino como yo pensé, sino de Marcos Vans, mi ex novio del secundario.

 ¿Qué rayos hace aquí?

—Oh, tesoro no sabía que vendrías —dice mi madre mientras sale a recibirme, justo cuando estoy abriendo el portón.

—¿Estas espiando por la ventana? —le pregunto mientras dejo un beso en su mejilla y nos encaminamos hacia la casa.

—Hay cielo para nada —responde haciendo un gesto con la mano, como restándole importancia, pero no le creo.

Recuerdo una vez cuando un “novio” en la primaria me dio mi primer beso, aunque no sé si tenga que llamarlo “beso” es decir apoyo sus labios en los míos y se separó, ese fue el “beso” que mi madre dice que vio por la ventana cuando estaba barriendo, uno: la aspiradora la rompí accidentalmente y dos: ¿Qué hace aspirando al lado de la ventana?

—Hay una visita para ti —dice interrumpiendo mis pensamientos sin darme cuenta que ya estoy dentro de la casa y frente A marcos.

—Hola Georgia, estas hermosa como siempre —me halaga y yo hago un gran esfuerzo para no rodar los ojos, como esa típica carita que está forma parte de los emojis.

—Hola marcos —saludo, solo por educación, ignorando que mi madre se encuentra a mi lado aplaudiendo como niña de cinco años. — ¿Y papá? —pregunto mientras volteo a ver a mi madre.

—Está trabajando —responde para luego sentarse junto a Marcos e ignorando que estoy aquí.

—Bien, lo espero —informo, después de sentarme en el cómodo sofá individual, odio que él esté aquí, pero ese no es problema para que mis padres sepan que serán abuelos.

Después de dos largas horas de esperas mi padre llego, debo decirles y me importa un pepino que Marcos esté aquí lo saben sí o sí.

—Cielo, que alegría verte —dice mis padres mientras entra dejando su saco colgado en el perchero cerca de la puerta.

—Hola pa, es que necesito hablar con ustedes —le digo ignorando a Marcos.

—¿Cómo va la universidad? —pregunta y yo me pego mentalmente ¿de verdad?

—Bien papá, pero…—me interrumpe.

—¿Te están molestando? —pregunta sentándose en el sofá.

—Estoy embarazada —suelto de golpe y la habitación queda en silencio.

En un completo silencio.

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