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Portada de la novela Una esposa para mi hermano

Una esposa para mi hermano

Daniel es un CEO viudo de 40 años que vive para sus hijos y su empresa, tras haber cerrado su corazón al amor. Su vida cambia cuando Harry, su hermano, convence a Deanna, una joven soprano de 25 años, para fingir un compromiso y evadir una norma familiar. Aunque el trato es una farsa temporal, la química entre ambos surge de forma inevitable. Pese a la diferencia de edad y los secretos que los rodean, este engaño inicial se transforma en una pasión real que los obligará a luchar contra sus miedos y enemigos.
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Capítulo 2

No sé cómo me fui al bar donde estaban mis amigas, la cabeza me daba vueltas, me reía sola de lo audaz que había actuado y no podía creer todo lo que había sucedido.

Con mis amigas estuvimos un buen rato comiendo y bebiendo, pero no fui capaz de contarles nada. A eso de las once de la noche me fui a mi casa y a pesar de que seguía muy excitada por todo lo vivido, me dormí de inmediato ya que el alcohol había hecho lo suyo.

A eso de las cuatro de la mañana sonó mi teléfono, era un número desconocido. Era él, mi adonis. ¿Hola dice, tienes tiempo para terminar lo que dejamos inconcluso?

Yo casi me desmayo de la emoción y sorpresa, sí claro, dije como en automático y le di mi dirección.

Mientras él venía en camino, fui al baño a lavarme la cara, los dientes, y tratar de estar algo presentable. Menos mal no tuve que cambiarme el pijama, ya que siempre he acostumbrado a dormir con pijamas lindos y sexis. A los veinte minutos estaba afuera de mi edificio. Abrí la puerta de acceso y le dije cuál era mi departamento.

Cuando sentí el timbre en mi puerta, me bajó una ansiedad y nerviosismo que no podía controlar.

Abrí y él estaba apoyado en el umbral de la puerta vestido con jeans y una camisa blanca, se veía delicioso y mi temperatura subió de manera estrepitosa.

Hola dijo tímidamente, hola dije yo, no tan tímida y lo hice entrar a mi departamento.

Le pregunté por qué había venido a esa hora y no lo había hecho más temprano. Dijo que lo había pensado mucho y no se decidía, pero que su nivel de excitación era tan grande que no dejaba de pensar en lo sucedido y que no se podía sacar de la cabeza mis labios besándole el piercing. Inmediatamente mi cuerpo reaccionó, me tomé un vaso de soju para darme valor y me puse en papel de mujer fatal. Puse música en mi equipo de música y me acerqué a él lentamente. Él se sentó en el sofá y me miraba embelesado, me senté en sus piernas mirándolo y comencé a besarle el piercing, despacio, luego con mi lengua y después le comí toda la boca. Comenzamos a besarnos lentamente, pero luego de segundos, la pasión y la calentura hicieron que los besos ya no fueran sensuales, sino que muy sexuales. Mientras nos besábamos él me tocaba las nalgas con tantas ganas, me las masajeaba, metía sus manos entre medio de mis pantaletas… ¡oh dios mío! la sensación era tan rica a pesar de ser algo tan sencillo. Luego vino el turno de mis senos, se los comió como quiso, los besaba, mordía, masajeaba que casi acabo solo con eso.

Era mi turno para comérmelo entero. Le quité la polera y vi su cuerpo esculpido que hasta vergüenza del mío sentí. Tenía no un six pack, sino que un eight pack, sus pectorales, sus brazos musculosos, su vientre plano, era un big boy sin ser un fisicoculturista, la justa medida. Lo besé entero y poco a poco fui bajando. Llegué a su pantalón y lo miré, él me miraba sin pestañar, desabroché el botón y bajé el cierre lentamente, le saqué los pantalones y solo quedó en ropa interior. Cuando se lo bajé y quedó completamente desnudo con su tremenda erección yo me sorprendí, ya que mucho había escuchado que los asiáticos la tenían pequeña, pero eso no era ni pequeño ni delgado, era grande y gruesa, tal vez no inmensa, pero para mí era perfecta. Comencé a besarla y pasarle la lengua sin dejar de mirarlo a los ojos. Él estaba fuera de sí, aunque logré sentirlo un poco sorprendido. De todas maneras, se dejó llevar.

¡Te quiero dentro de mí ahora! Me subí a sus piernas y él me introdujo toda su anatomía y comencé a moverme mientras él me acariciaba los senos y me agarraba fuerte las caderas y las nalgas. No sé cuánto tiempo estuvimos así, pero llegó mi éxtasis y junto con el mío, el suyo. Ha sido uno de los mejores orgasmos que he tenido, los espasmos y jadeos eran los protagonistas en ese momento. Estaba mareada de placer y me dejé caer en su pecho. Estuvimos así un tiempo hasta que pudimos recobrar el sentido. La respiración se volvió más pausada y volvimos a ser nosotros. Nos miramos con algo de vergüenza y nos pusimos a reír. Me fui al baño a vestirme y cuando volví él estaba vestido sentado en el sofá, me miró y me dijo: ¡No hemos usado preservativo! Oh, caí en la cuenta. No me había acordado de ese gran detalle, tanta fue mi calentura que se me pasó completamente. Le dije que, si bien habíamos sido irresponsables, yo tomaba la píldora por lo que al menos por embarazo no había problema. Le dije que mientras había estado en Corea, no había tenido relaciones sexuales con nadie, pues no había conocido a nadie aún y que cuando viajaba a mi país y teníamos relaciones con mi novio, él siempre usaba preservativo. Le pregunté si él se cuidaba cuando tenía relaciones con otras personas y me dijo que me quedara tranquila, que se cuidaba mucho. No sé por qué, pero eso me molestó. No es que esperara que fuera un célibe, pero tampoco quería que fuera un mujeriego y promiscuo que se acostaba con todas o con muchas.

Me dijo que en general a pesar de ser muy asediado, no había tenido muchas mujeres en su vida, ya que su estilo de vida se interponía con alguna posible relación amorosa. Que su foco era su carrera profesional y que no le interesaba para nada formar una familia o tener novia o alguna relación. Me lo dejó clarito sin siquiera yo haber preguntado algo. Le pregunté si quería seguir teniendo sexo conmigo, ya que a mí tampoco me interesaba alguna relación y menos con alguien tan famoso.

Cuantos años tienes le pregunté, dijo treinta y uno. ¡Ah! dije yo, eres menor que yo, tengo treinta y seis. No es tanta la diferencia para sexo casual, pero sí para una relación, al menos cuando una mujer es mayor, ya que las mujeres solemos ser más maduras.

No creo que sea mi caso dijo él, ya que soy bastante maduro, salí muy joven de la casa de mis padres, para vivir solo, debido a mi carrera profesional. He pasado momentos donde al estar solo, tuve que hacer frente a muchas situaciones y eso me hizo madurar mucho. De todas maneras, no tengo intención de tener una relación amorosa por ahora. No hace mucho terminé una relación, ya que ella quería que pasara más tiempo con ella y en algún momento formalizar nuestra relación. Yo no estaba enamorado, pero sí me gustaba y pasaba buenos momentos con ella cada vez que quería.

Le dije que yo sí quería en algún momento formar una familia, pero que, por supuesto se quedara tranquilo conmigo, que él no era lo que yo esperaba y quería como esposo y padre de mis hijos. Me preguntó por qué él no encajaba en eso y le dije que, en primer lugar, era menor que yo y si bien eso no era gravitante, sí me importaba en ese momento. Además, que no tenía ningún interés, al contrario de otras mujeres en tener de novio a alguien tan famoso, no se puede vivir tranquilo ni hacer nada sin que otras personas lo sepan. Me gusta el anonimato, eso da mucha libertad, además que no me gusta que terceros se metan en la relación o incluso la manejen, ya que sabía por comentarios de otras personas, que los Idols (cantantes de K-pop) son manejados por sus agencias, en donde ellos casi no tienen ni voz ni voto.

Me dijo que eso había sido un problema al comienzo, ya que una vez cuando era mucho más joven y había tenido una novia de adolescencia, a la agencia no le gustaba su novia y los hicieron terminar, pero que al pasar los años y a la vez que ellos como grupo ganaban más popularidad, fama y dinero, fueron teniendo más libertades que muchos otros Idols.

Dijo también que ahora los miembros de su banda elegían a sus novias sin preguntar el parecer de la agencia y que la agencia no se metía en su vida privada a menos que fuera estrictamente necesario.

Decidimos seguir viéndonos de vez en cuando para tener sexo casual.

Así estuvimos como dos meses, viéndonos mucho, no de vez en cuando, siempre en mi casa, ya que él se arriesgaba mucho al llevar a alguien a la suya, pues a pesar de vivir en un condominio privado y muy custodiado, siempre había fans o paparazis al acecho intentando capturar alguna foto o primicia de él.

Había días en que pasaba muchas horas en mi casa, teníamos sexo, comíamos juntos, conversábamos mucho, veíamos series y películas, jugábamos y bailábamos. Yo le enseñaba español y él me enseñaba coreano. Él era muy entretenido, me reía mucho con sus locuras, era muy espontáneo y le encantaba hablar. Tenía carisma, por eso creo que era muy popular. Le enseñé a bailar bachata, merengue y salsa, que son los ritmos tropicales de Latinoamérica, los cuales me encanta bailar. Casi siempre nuestras clases de baile terminaban en sexo. Le conté de la salsoteca en Seúl donde iba a bailar muchas veces y se entusiasmó de ir algún día.

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